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Libro Genesis

 

Génesis 1


1 Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra.


2 La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas cubrían la faz del abismo, y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.


3 Y dijo Dios: "¡Hágase la luz!" Y hubo luz.


4 Y vio Dios que la luz era buena, y separó Dios la luz de las tinieblas;


5 Dios llamó a la luz "Día", ya las tinieblas las llamó "Noche". Cayó la tarde y llegó la mañana. Ese fue el primer día.


6 Entonces Dios dijo: "¡Que haya algo firme en medio de las aguas, para separar unas aguas de otras aguas!"


7 E hizo Dios una bóveda, y parte de las aguas quedó sobre la bóveda, y parte de las aguas quedó debajo. Y así fue.


8 Dios llamó a la bóveda "cielos". Cayó la tarde y llegó la mañana. Ese fue el segundo día.


9 Dios también dijo: "¡Que las aguas debajo de los cielos se reúnan en un solo lugar, y que se descubra la tierra seca!" Y así fue.


10 Dios llamó a lo seco "tierra", ya todas las aguas las llamó "mares". Y vio Dios que era bueno.


11 Entonces dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla, y árboles frutales en la tierra que den fruto según su género, y cuya semilla esté en ellos. Y así fue.


12 Y produjo la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árboles que dan fruto según su género, y cuya semilla está en ellos. Y vio Dios que era bueno.


13 Cayó la tarde y llegó la mañana. Ese fue el tercer día.


14 Entonces Dios dijo: "¡Que haya lumbreras en la bóveda celestial, para que puedan separar el día de la noche y sirvan como señales para las estaciones, los días y los años!


15 ¡Sed como lumbreras en la bóveda celestial, y alumbrad sobre la tierra! Y así fue.


16 E hizo Dios las dos grandes lumbreras: el sol, para ser el rey del día, y la luna, para ser la reina de la noche. Además, hizo las estrellas.


17 Y las puso Dios en la bóveda celestial, para alumbrar sobre la tierra,


18 para que señoreen en el día y en la noche, y separen la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.


19 Cayó la tarde y llegó la mañana. Ese fue el cuarto día.


20 Y dijo Dios: ¡Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, a través de la bóveda celestial!


21 Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se arrastra y que las aguas produjeron según su especie, y todo animal alado según su especie. Y vio Dios que era bueno.


22 Y Dios los bendijo con estas palabras: "¡Reprodúzcanse, multiplíquense! ¡Llenen las aguas de los mares! ¡ Que las aves se multipliquen sobre la tierra!"


23 Cayó la tarde y llegó la mañana. Ese fue el quinto día.


24 Entonces dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su especie; y bestias, serpientes y animales terrestres según su género!” Y así fue.


25 E hizo Dios animales de la tierra según su especie, y ganado según su especie, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.


26 Entonces Dios dijo: "¡Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza!" ¡Que domine sobre toda la tierra, sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo y las bestias, y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra!


27 Y Dios creó al hombre a su propia imagen. Fue creado a la imagen de Dios. El hombre y la mujer los crearon.


28 Y Dios los bendijo con estas palabras: “¡Fructificad, multiplicaos y llenad la tierra! ¡ Domínala ! ¡Sed los señores de los peces del mar, de las aves del cielo, y de todas las criaturas que se arrastran sobre la tierra!


29 Y dijo Dios: He aquí, os he dado toda planta que da semilla que hay sobre toda la tierra, y todo árbol que da fruto y semilla. servirán de alimento.


30 Para todos los animales de la tierra, y para todas las aves de los cielos, y para todo lo que se arrastra sobre la tierra y tiene vida, toda planta verde les servirá de alimento. Y así fue.


31 Y vio Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno. Cayó la tarde y llegó la mañana. Ese fue el sexto día.



Génesis 2



1 Así fueron acabados los cielos y la tierra y todo lo que existe.


2 Dios terminó la obra que había hecho en el séptimo día; y en ese día descansó de todo su trabajo.


3 Y bendijo Dios el día séptimo, y lo santificó, porque en ese día reposó de todo su trabajo.


4 Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados, el día que Dios el Señor hizo la tierra y los cielos,


5 y toda planta del campo antes que existiera sobre la tierra, y toda hierba del campo antes que naciese, porque Dios el Señor aún no había hecho llover sobre la tierra, y no había quien labrara la tierra.


6 Más bien, un vapor subió de la tierra, el cual regó toda la superficie de la tierra.


7 Entonces, del polvo de la tierra Dios el Señor formó al hombre, y sopló en su nariz aliento de vida. Así el hombre se convirtió en un ser con vida.


8 Y Dios el Señor plantó un jardín en Edén, en el oriente, y allí puso al hombre que había formado.


9 El Señor Dios hizo brotar de la tierra todo árbol agradable a la vista y bueno para comer; También en medio del jardín estaban el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.


10 De Edén salía un río que regaba el jardín, y de allí se dividía en otros cuatro ríos.


11 Uno de ellos se llama Pisón, y es el que rodea toda la tierra de Javilá, donde hay oro.


12 El oro de esa tierra es bueno, y también hay bedelio y ónice.


13 El segundo río se llama Guijón, y es el que rodea toda la tierra de Cus.


14 El tercer río se llama Hidekel, y es el que corre al oriente de Asiria. El cuarto río es el Éufrates.


15 Dios el Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que pudiera cultivarlo y cuidarlo.


16 Y Dios el Señor le dio al hombre el siguiente mandato: "Puedes comer de todo árbol del jardín,


17 pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás.


18 Entonces Dios el Señor dijo: "No es bueno que el hombre esté solo; Te ayudaré a tu medida.»


19 Y así, Dios el Señor formó de la tierra todos los animales del campo, y todas las aves de los cielos, y los llevó a Adán para ver qué nombre les daría; y el nombre que Adán dio a los animales vivientes es el nombre que permaneció con ellos.


20 Adán nombró todos los animales y aves del cielo, y todo el ganado del campo, pero para Adán no había ayuda de acuerdo a su medida.


21 Entonces Dios el Señor hizo que Adán cayera en un sueño profundo y, mientras dormía, le quitó una de sus costillas y luego cerró esa parte de su cuerpo.


22 De la costilla que sacó del hombre, Dios el Señor hizo una mujer, y se la llevó al hombre.


23 Entonces Adán dijo: "Esto es ahora carne de mi carne y hueso de mis huesos; ella será llamada "mujer",1 porque fue tomada del hombre»2


24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán un solo ser.3


25 Y aunque Adán y su esposa andaban desnudos, no se avergonzaban de andar así.


Génesis 3


1 La serpiente era el animal más astuto de todo lo que Dios el Señor había creado. Así que le dijo a la mujer: "¿Así que Dios te dijo que no comieras de ningún árbol en el jardín?"


2 Respondió la mujer a la serpiente: Del fruto de los árboles del jardín podemos comer,


3 pero Dios nos dijo: "No comeréis del fruto del árbol que está en medio del jardín, ni lo tocaréis , de lo contrario moriréis".


4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: "No morirán.


5 Dios sabe que el día que comáis de él, se os abrirán los ojos y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.


6 La mujer vio que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos y deseable para alcanzar la sabiduría. Entonces tomó uno de sus frutos y se lo comió; y se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él también comió.


7 En ese momento se les abrieron los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; luego tejieron hojas de higuera y se cubrieron con ellas.


8 El hombre y su mujer oyeron la voz de Dios el Señor, que iba y venía por el jardín, con el viento del día; entonces corrieron a esconderse entre los árboles del huerto, para huir de la presencia de Dios el Señor.


9 Pero Dios el Señor llamó al hombre y le dijo: "¿A dónde vas?"


10 Y él respondió: "Oí tu voz en el jardín, y tuve miedo, porque estoy desnudo. Por eso me escondí".


11 Dios le dijo: "¿Y quién te enseñó que estás desnudo? ¿Has comido del árbol del cual te mandé que no comieras?


12 Y el hombre respondió: "La mujer que me diste por compañera fue la que me dio del árbol, y yo comí".


13 Entonces Dios el Señor dijo a la mujer: "¿Qué has hecho?" Y la mujer dijo: "La serpiente me engañó, y comí".


14 Entonces Dios el Señor dijo a la serpiente: “¡Por ​​lo que has hecho, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo! ¡Te arrastrarás sobre tu vientre y comerás polvo todos los días de tu vida!


15 Enemistad pondré entre la mujer y ti, y entre su descendencia y tu descendencia; ella te herirá en la cabeza, y tú la herirás en el calcañar.


16 A la mujer dijo: "Aumentaré en gran manera los dolores cuando des a luz a tus hijos. Tu deseo te llevará a tu marido, 4 y él te dominará".


17 Al hombre le dijo: “Desde que aceptaste lo que tu esposa te dijo, y comiste del árbol del cual te mandé no comer, la tierra será maldita por tu culpa; comerás de ella con dolor todos los días . de tu vida.


18 Espinos y cardos te producirá, y comerás hierbas del campo.


19 El pan comerás con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado;porque polvo eres, y al polvo volverás.


20 El nombre que Adán le dio a su esposa fue Eva,5 porque ella era la madre de todos los vivientes.


21 Entonces Dios el Señor hizo túnicas de pieles para vestir al hombre y a su mujer.


22 Y dijo Dios el Señor: "Ahora el hombre es como uno de nosotros, porque conoce el bien y el mal. No será que yo extienda mi mano, y también tome del árbol de la vida, y coma, y ​​"viva para siempre".


23 Entonces el Señor lo sacó del jardín de Edén, para que pudiera trabajar la tierra de la cual había sido tomado.


24 Echó fuera al hombre, y al oriente del jardín de Edén puso querubines, y una espada encendida que giraba en todas direcciones, para guardar el camino del árbol de la vida.


Génesis 4


1 Adán se encontró con Eva, su esposa, y ella concibió y dio a luz a Caín, y dijo: "Por la voluntad del Señor he adquirido un hombre".


2 Luego dio a luz a Abel, hermano de Caín. Abel era pastor y Caín cultivaba la tierra.


3 Pasado el tiempo, aconteció que Caín trajo al Señor una ofrenda del fruto de la tierra.


4 Y Abel también tomó algunos de los primogénitos de sus ovejas, algunos de los mejores entre ellos. Y el Señor miró con agrado a Abel y su ofrenda,


5 pero no miró con agrado a Caín ni a su ofrenda. Y Caín se enojó mucho, y decayó su semblante.


6 Entonces el Señor le dijo a Caín: "¿Por qué estás enojado? ¿Por qué está abatido tu semblante?


7 Si haces el bien, ¿no serás exaltado? Pero, si no lo hace, el pecado está listo para dominarlo. Sin embargo, su deseo lo llevará a ti, y tú lo dominarás.»7


8 Entonces Caín dijo a su hermano Abel: "Vamos al campo". Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.


9 Y el Señor dijo a Caín: "¿Dónde está tu hermano Abel?" Y él respondió: "No lo sé. ¿Soy yo el guardián de mi hermano?"


10 Y el Señor le dijo: "¿Qué es lo que has hecho? Desde la tierra, la voz de la sangre de tu hermano me pide que le haga justicia.


11 ¡Ahora, pues, serás maldito de la tierra, que abrió su boca para recibir de tus manos la sangre de tu hermano!


12 Cuando labres la tierra, no volverá a darte su vigor.Y andarás por la tierra como errante y forastero.


13 Caín dijo al Señor: "Mi castigo es demasiado grande para soportarlo.


14 Hoy me echas de la tierra, y tendré que esconderme de tu presencia.Caminaré por la tierra como un errante y un extraño, y sucederá que cualquiera que me encuentre me matará.


15 Pero el Señor le respondió: "El que mate a Caín será castigado siete veces". Y el Señor puso una señal en Caín, para que cualquiera que lo encontrara no lo matara.


16 Caín dejó la presencia del Señor y habitó en la tierra de Nod, 8 al este de Edén.


17 Y Caín encontró a su esposa, y ella concibió y dio a luz a Enoc. Entonces edificó una ciudad, y llamó a esa ciudad Enoc, en honor a su hijo.


18 Y a Enoc le nació Irad.Irad engendró a Mejuyael, Mejuyael engendró a Matusalén y Matusalén engendró a Lamec.


19 Y Lamec tomó para sí dos mujeres; una de ellas se llamaba Ada;el otro, Silá.


20 Adah dio a luz a Jabal, quien fue el padre de los que viven en tiendas y crían ganado.


21 El nombre de su hermano era Jubal, quien fue el padre de todos los que tocan el arpa y la flauta.


22 Sila también dio a luz a Tubal Caín, fabricante de todas las obras de bronce y hierro; y la hermana de Tubal Cain era Noamah.


23 Entonces Lamec dijo a sus esposas: "Ada y Sila, escuchen mi voz; esposas de Lamec, presten atención a mis palabras. Si estoy herido, mataré a un hombre; si me golpean, mataré a un joven". .


24 Y si Caín será vengado siete veces, Lamec será vengado setenta veces siete.


25 Adán volvió a encontrarse con su esposa, y ella dio a luz un hijo, a quien llamó Set, 9 porque dijo: "Dios me ha dado otro hijo en lugar de Abel, a quien Caín mató".


26 Set también tuvo un hijo, a quien llamó Enós. Desde entonces, el nombre del Señor comenzó a ser invocado.


Génesis 5


1 Este es el libro de los descendientes de Adán. El día que Dios creó al hombre, lo hizo a su semejanza.


2 Varón y hembra los creó, y los bendijo. El día que fueron creados les puso por nombre Adán.


3 Y Adán vivió ciento treinta años, y engendró un hijo a su imagen y semejanza, y lo llamó Set.


4 Después de engendrar a Seth, Adán vivió otros ochocientos años, y engendró más hijos e hijas.


5 Y todos los días que vivió Adán fueron novecientos treinta años. Luego murió.


6 Set vivió ciento cinco años y engendró a Enós.


7 Después de engendrar a Enós, Set vivió otros ochocientos siete años, y engendró más hijos e hijas.


8 Y fueron todos los días que vivió Set novecientos doce años.Luego murió.


9 Enós vivió noventa años y engendró a Cainán.


10 Después de engendrar a Cainán, Enós vivió otros ochocientos quince años, y engendró más hijos e hijas.


11 Y todos los días que vivió Enós fueron novecientos cinco años. Luego murió.


12 Cainán vivió setenta años y engendró a Malaleel.


13 Después de engendrar a Malaleel, vivió Cainán otros ochocientos cuarenta años, y engendró hijos e hijas.


14 Y fueron todos los días que vivió Cainán novecientos diez años. Luego murió.


15 Malaleel vivió sesenta y cinco años y engendró a Jared.


16 Después de engendrar a Jared, Malalel vivió otros ochocientos treinta años, y engendró más hijos e hijas.


17 Y fueron todos los días que vivió Malaleel ochocientos noventa y cinco años. Luego murió.


18 Jared vivió ciento sesenta y dos años y engendró a Enoc.


19 Después de engendrar a Enoc, Jared vivió otros ochocientos años, y engendró más hijos e hijas.


20 Y todos los días que vivió Jared fueron novecientos sesenta y dos años. Luego murió.


21 Enoc vivió sesenta y cinco años y engendró a Matusalén.


22 Después de engendrar a Matusalén, Enoc siempre caminó con Dios durante trescientos años, y engendró más hijos e hijas.


23 Y todos los días que vivió Enoc fueron trescientos sesenta y cinco años.


24 Enoc siempre caminó con Dios, y un día desapareció porque Dios se lo llevó.


25 Matusalén vivió ciento ochenta y siete años, y engendró a Lamec.


26 Después de engendrar a Lamec, Matusalén vivió otros setecientos ochenta y dos años, y engendró hijos e hijas.


27 Y fueron todos los días que vivió Matusalén novecientos sesenta y nueve años. Luego murió.


28 Lamec vivió ciento ochenta y dos años, y engendró un hijo,


29 a quien llamó Noé, 10 luego dijo: "Este niño nos hará descansar de las obras que tenemos que hacer con nuestras manos, a causa de la tierra que el Señor ha maldecido".


30 Después de engendrar a Noé, Lamec vivió otros quinientos noventa y cinco años, y engendró hijos e hijas.


31 Y todos los días que vivió Lamec fueron setecientos setenta y siete años. Luego murió.


32 Cuando Noé tenía quinientos años, engendró a Sem, Cam y Jafet.


Génesis 6


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1 Cuando los hombres comenzaron a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas,


2 Aconteció que los hijos de Dios vieron que las hijas de los hombres eran hermosas. Luego tomaron para sí esposas, a quienes eligieron de entre ellos.


3 Y el Señor dijo: "Mi espíritu no peleará para siempre con el hombre, porque él no es más que carne. Vivirá hasta ciento veinte años.


4 En aquellos días había gigantes en la tierra, y también después de eso los hijos de Dios unieron a las hijas de los hombres y engendraron hijos. Estos fueron los grandes héroes que ganaron fama desde la antigüedad.


5 El Señor vio que la maldad de los hombres en la tierra era grande, y que todos los planes y pensamientos del corazón de ellos eran siempre para hacer solamente el mal.


6 Y pesó sobre el Señor haber hecho al hombre en la tierra. Le dolía mucho en el corazón.


7 Y el Señor dijo: "Borraré de la faz de la tierra al hombre que creé, lo mismo que las bestias, los reptiles y las aves del cielo. ¡Me arrepiento de haberlos hecho!”


8 Pero Noé halló gracia ante los ojos del Señor.


9 Noé era un hombre justo. En sus acciones fue perfecto, porque siempre caminó con Dios. Estos fueron sus descendientes:


10 Noé engendró tres hijos, que fueron Sem, Cam y Jafet.


11 Delante de Dios la tierra estaba corrompida y llena de violencia.


12 Cuando Dios miró la tierra, halló que estaba corrompida; en verdad, toda carne había corrompido su camino sobre la tierra.


13 Entonces Dios dijo a Noé: "He decidido acabar con todos los seres, porque a causa de ellos la tierra está llena de violencia. ¡Los destruiré, junto con la tierra!


14 Hazte un arca de madera de gofer, con cámaras en ella, y cúbrela con brea por dentro y por fuera.


15 Hazlo de esta manera: su largo será de ciento treinta y cinco metros, su ancho será de veintidós metros y medio, y su altura será de trece metros y medio.


16 Haz una ventana y termínala a medio metro de altura desde la parte superior. Aparta la puerta del arca, y haz un piso bajo, y un segundo y un tercer piso.


17 Traeré un diluvio sobre la tierra, y destruiré todo ser bajo el cielo en el que haya un aliento de vida. ¡Todo en la tierra morirá!


18 Mas estableceré mi pacto contigo, y entrarás en el arca, y contigo tus hijos, tu mujer, y las mujeres de tus hijos.


19 De todos los seres vivientes pondrás en el arca dos de cada especie, macho y hembra, para que sobrevivan contigo.


20 De las aves según su especie, de las bestias según su especie, y de todo reptil de la tierra según su especie, entrarán contigo dos de cada especie, para que sobrevivan.


21 Toma contigo todo lo que se pueda comer, y almacénalo, porque eso les servirá de alimento.


22 Y así lo hizo Noé. Hizo todo conforme a lo que Dios le mandó




 

Génesis 7

1 Entonces el Señor dijo a Noé: "Entra en el arca, tú y toda tu casa, porque en esta generación he visto que eres justo delante de mí.


2 De todo animal limpio tomarás siete parejas, cada macho con su hembra; pero de los animales que no son limpios una sola pareja, un macho con su hembra.


3 También de las aves del cielo tomarás siete parejas, macho y hembra, para mantener viva su especie sobre la faz de la tierra.


4 Porque dentro de siete días haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches, y borraré de la faz de la tierra todos los seres vivientes que he hecho.


5 Noé hizo todo conforme a lo que el Señor le mandó.


6 Cuando el diluvio de las aguas cayó sobre la tierra, Noé tenía seiscientos años.


7 Para protegerse de ellos, Noé entró en el arca, junto con sus hijos, su esposa y las esposas de sus hijos.


8 Los animales limpios y los que no lo eran, las aves y todo lo que se arrastra sobre la tierra


9 Y entraron en el arca de dos en dos, macho y hembra, junto con Noé, como Dios lo había mandado,


10 y en el séptimo día las aguas del diluvio cayeron sobre la tierra.


11 El día diecisiete del segundo mes del año seiscientos de la vida de Noé, todas las fuentes del gran abismo fueron rotas y las cascadas de los cielos fueron abiertas,


12 y llovió sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches.


13 Aquel mismo día, Noé y sus hijos Sem, Cam y Jafet entraron en el arca, junto con la esposa de Noé y las tres esposas de sus hijos,


14 Así como cada animal salvaje según su especie, cada animal doméstico según su especie, cada reptil que se arrastra sobre la tierra según su especie, cada especie de ave según su especie.


15 En el arca entraron, junto con Noé, y de dos en dos, todos los seres que tenían aliento de vida.


16 Los que entraron fueron macho y hembra de todo ser viviente, tal como Dios lo había mandado. Entonces el Señor cerró la puerta.


17 Cuarenta días duró el diluvio sobre la tierra, y subieron las aguas y alzaron el arca, que flotaba sobre la tierra.


18 Las aguas sobre la tierra subieron y crecieron tanto que el arca flotaba sobre la superficie de las aguas.


19 Las aguas subieron tan alto sobre la tierra que hasta las montañas más altas quedaron cubiertas.


20 Después de cubrir las montañas, las aguas subieron otros siete metros.


21 Así murieron todas las criaturas que se arremolinaban sobre la tierra, tanto las aves como el ganado y las bestias, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todos los seres humanos.


22 Murió todo lo que había sobre la tierra, todo lo que tenía en sus narices el aliento del espíritu de vida.


23 Fueron borrados de la faz de la tierra todos los seres que en ella habitaban, tanto hombres como bestias, reptiles y aves del cielo. Fueron borrados de la tierra, y solo quedaron con vida Noé y los que estaban con él en el arca.


24 Y las aguas permanecieron sobre la tierra ciento cincuenta días.




Génesis 8


1 Pero Dios se acordó de Noé y de todos los animales y bestias que estaban en el arca con él. Entonces Dios hizo pasar un viento sobre la tierra, y las aguas se retiraron.


2 Las fuentes del abismo y las cascadas de los cielos fueron cerradas, y cesó la lluvia de los cielos.


3 Las aguas sobre la tierra disminuyeron gradualmente, y después de ciento cincuenta días retrocedieron,


4 y el día diecisiete del séptimo mes el arca descansó sobre las montañas de Ararat.


5 Las aguas continuaron descendiendo hasta el décimo mes, y el primer día del décimo mes quedaron al descubierto las cimas de las montañas.


6 Después de cuarenta días, Noé abrió la ventana del arca que había hecho,


7 y envió un cuervo, el cual salió y estuvo yendo y viniendo, hasta que las aguas sobre la tierra se fueron secando.


8 También dejó salir una paloma, para ver si las aguas se habían retirado de la faz de la tierra,


9 pero al no hallar la paloma donde asentarse, volvió al arca, donde estaba él, porque las aguas aún cubrían la faz de toda la tierra. Entonces Noé extendió la mano y, tomándola, la hizo entrar consigo en el arca.


10 Esperó aún otros siete días, y volvió a enviar a la paloma fuera del arca,


11 y al atardecer la paloma volvió a donde él estaba, pero ya traía en el pico una hoja de olivo. Así entendió Noé que las aguas se habían retirado de sobre la tierra.


12 Todavía esperó siete días más, y volvió a enviar a la paloma, pero ésta ya no volvió a donde él estaba.


13 El día primero del mes primero del año seiscientos uno de Noé, se secaron las aguas sobre la tierra. Entonces Noé quitó la cubierta del arca, y miró, y resultó que la superficie de la tierra se estaba secando,


14 y a los veintisiete días del mes segundo la tierra ya estaba seca.


15 Entonces habló Dios a Noé, y le dijo:


16 Sal del arca tú, tu mujer, tus hijos y las mujeres de tus hijos que están contigo.


17 Saca todos los animales que están contigo; a todo ser viviente: aves y bestias, y todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y las personas de la tierra. ¡Sed fecundos y multiplicaos en la tierra!”


18 Así que Noé salió con sus hijos, su esposa y las esposas de sus hijos.


19 Y del arca salieron todos los animales, y todo reptil, y toda ave, y todo lo que se mueve sobre la tierra, según su especie.


20 Noé edificó un altar al Señor y, tomando todo animal limpio y toda ave limpia, ofreció un holocausto en el altar.


21 Cuando el Señor percibió ese olor agradable, dijo en su corazón: "No volveré a maldecir la tierra por causa del hombre, porque desde su juventud las intenciones del corazón del hombre son malas. Y no volveré a destruir todo ser viviente, como lo he hecho.


22 Mientras dure la tierra, no habrá escasez de semilla ni de cosecha, ni de frío ni de calor, ni de verano ni de invierno, ni de día ni de noche.



Génesis 9

1 Dios bendijo a Noé y a sus hijos, y les dijo: "Reprodúzcanse y multiplíquense: ¡llenen la tierra!


2 El temor y el pavor de vosotros estará en todos los animales de la tierra, en todas las aves de los cielos, en todo lo que se mueve sobre la tierra, y en todos los peces del mar. Están en tus manos.


3 Todo lo que se mueve y tiene vida les servirá de alimento, los mismos vegetales que las plantas verdes. Les he dado todo.


4 Pero la carne con su vida, que es su sangre, no la comerán.


5 Porque ciertamente demandaré esa sangre de tu vida; Lo demandaré de las manos de todos los animales y de las manos del hombre; Exigiré la vida del hombre de manos del hombre, su hermano.


6 La sangre del que derrame sangre humana será derramada por otro hombre, porque el hombre ha sido hecho a imagen de Dios.


7 Pero vosotros, reproducíos y multiplicaos; fructificad y multiplicaos sobre la tierra.”


8 Dios también habló a Noé y a sus hijos con él. El les dijo:


9 "Mira, yo establezco mi pacto contigo y con tu descendencia que te nacerá después.


10 Y también con todos los seres vivientes que están con vosotros: las aves, los animales y todas las bestias de la tierra que están con vosotros, tanto los que salieron del arca como todos los animales de la tierra.


11 Estableceré mi pacto con vosotros, y no volveré a exterminar a ningún ser con aguas de inundación, ni habrá otro diluvio que destruya la tierra.


12 Dios también dijo: «Ésta es la señal del pacto que yo establezco con ustedes, y con todo ser vivo que está con ustedes, por los siglos y para siempre:


13 He puesto mi arco en las nubes, el cual servirá como señal de mi pacto con la tierra.


14 Cuando yo haga venir nubes sobre la tierra, entonces mi arco se dejará ver en las nubes


15 y me acordaré de mi pacto, el pacto que he hecho con ustedes y con todo ser vivo, de cualquier especie; no volverá a haber un diluvio de aguas que destruya a todo ser vivo.


16 El arco estará en las nubes, y yo lo veré y me acordaré de mi pacto perpetuo. Es el pacto entre Dios y todo ser vivo, con todos los seres que hay sobre la tierra.»


17 Dios también le dijo a Noé: «Ésta es la señal del pacto que he establecido con todos los seres vivos que habitan sobre la tierra.»


18 Los hijos de Noé que salieron del arca fueron Sem, Cam (que es el padre de Canaán), y Jafet.


19 Estos tres son los hijos de Noé. Con ellos se pobló toda la tierra.


20 Después Noé comenzó a labrar la tierra y plantó una viña,


21 y bebió del vino, y se embriagó, y se quedó desnudo en medio de su tienda.


22 Cuando Cam, padre de Canaán, vio la desnudez de su padre, se lo dijo a sus dos hermanos, que estaban afuera.


23 Entonces Sem y Jafet tomaron ropa, la pusieron sobre sus propios hombros y, caminando hacia atrás, cubrieron la desnudez de su padre, mientras volvían el rostro para no ver la desnudez de su padre.


24 Al despertar Noé de su embriaguez, se enteró de lo que le había hecho su hijo más joven,


25 y dijo: "Maldito sea Canaán". Será siervo de siervos de sus hermanos”.


26 También dijo: "Que el Señor mi Dios bendiga a Sem, y que Canaán sea su siervo.


27 Engrandezca Dios a Jafet; habite en las tiendas de Sem, y sea Canaán su siervo.


28 Después del diluvio, Noé vivió trescientos cincuenta años,


29 Y fueron todos los días de Noé novecientos cincuenta años. Luego murió.




Génesis 10

1 Estos son los descendientes de los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, quienes tuvieron hijos después del diluvio.


2 Los hijos de Jafet: Gomer, Magog, Madai, Javán, Tubal, Mesec y Tiras.


3 Los hijos de Gomer: Ashkenaz, Rifat y Togarma.


4 Los hijos de Javán: Elisa, Tarsis, Kitín y Rodanín.


5 Con ellos fueron pobladas las costas, cada uno según su lengua y según sus familias en sus naciones.


6 Los hijos de Cam: Cush, Misrayin, Fut y Canaan.


7 Los hijos de Cus: Seba, Javila, Sabta, Ragama y Sabteca. Los hijos de Ragama: Sebá y Dedan.


8 Cus engendró a Nimrod, quien se convirtió en el primer hombre poderoso en la tierra.


9 Éste fue un vigoroso cazador delante del Señor. Por eso se dice: «Así como Nimrod, vigoroso cazador delante del Señor.»


10 Las ciudades principales de su reino fueron Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar.


11 De esta tierra salió para Asiria, y allí edificó Nínive, Rejobot, Calaj,


12 y Resén, la gran ciudad que está entre Nínive y Calaj.


13 Misrayin engendró a Ludim, Anamim, Lehabim, Naftuhim,


14 Patrusim y Casluhim, de donde salieron los filisteos, y también a Caftorim.


15 Canaán engendró a Sidón, su primogénito, a Jet,


16 y a los jebuseos, amorreos, gergeseos,


17 jivitas, araceos, sineos,


18 arvadeos, semareos y jamatitas. Después se dispersaron las familias de los cananeos.


19 El territorio de los cananeos se extendía desde Sidón, en dirección a Gerar, hasta Gaza; y en dirección de Sodoma, Gomorra, Adma y Zeboyin, hasta Lasa.


20 Éstos son los hijos de Cam, por sus familias, lenguas, tierras y naciones.


21 También tuvo hijos Sem, que era padre de todos los hijos de Éber y hermano mayor de Jafet.


22 Los hijos de Sem fueron Elam, Asur, Arfaxad, Lud y Aram.


23 Los hijos de Aram fueron Uz, Jul, Geter y Mas.


24 Arfaxad engendró a Selaj, y Selaj engendró a Éber.


25 A Éber le nacieron dos hijos. Uno de ellos se llamó Peleg,11 porque en sus días la tierra se dividió. Su hermano se llamó Joctán.


26 Y Joctán engendró a Almodad, Selef, Jasar Mávet, Yera,


27 Hadorán, Uzal, Diclá,


28 Obal, Abimael, Sebá,


29 Ofir, Javila y Jobab; todos estos fueron hijos de Joctán.


30 La tierra que habitaban se extendía desde Mesa, en dirección a Sefar, hasta la región montañosa del este.


31 Estos fueron los hijos de Sem por sus familias, lenguas, tierras y naciones.


32 Estas son las familias de los hijos de Noé por sus descendientes y naciones. De ellos fueron esparcidas las naciones sobre la tierra después del diluvio.




Génesis 11

1 En la tierra todos tenían entonces un mismo lenguaje y las mismas palabras,


2 pero sucedió que, cuando partieron del oriente, encontraron una llanura en la tierra de Shinar y se establecieron allí.


3 Y se dijeron unos a otros: "Hagamos ladrillos y cozámoslos en el fuego". Y los ladrillos les sirvieron de piedras, y el asfalto les sirvió de mezcla,


4 y dijeron: "Vamos a edificar una ciudad, y una torre cuya cúspide llegue al cielo". Hagámonos famosos, en caso de que terminemos extendiéndonos por toda la tierra".


5 Pero el Señor descendió para ver la ciudad y la torre que los hijos de los hombres estaban edificando,


6 y dijo: "Este pueblo es uno, y todos tienen un mismo idioma. Ya han comenzado su trabajo, y ahora nada les hará renunciar a lo que han planeado hacer.


7 Bajemos, pues, allá y confundamos su lengua, para que nadie entienda la lengua de su compañero.


8 Así los dispersó el Señor por toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.


9 Por eso se llamó a la ciudad Babel, porque allí confundió el Señor12 la lengua de toda la tierra, y desde allí los dispersó por toda la faz de la tierra.


10 Estos son los hijos de Sem: dos años después del diluvio, Sem engendró a Arfaxad. Tenía entonces cien años.


11 Después de engendrar a Arfaxad, vivió Sem quinientos años, y engendró hijos e hijas.


12 Arfaxad vivió treinta y cinco años y engendró a Selaj.


13 Después de engendrar a Sela, vivió Arfaxad cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas.


14 Selaj vivió treinta años y engendró a Heber.


15 Después de engendrar a Heber, Selaj vivió cuatrocientos tres años, y engendró hijos e hijas.


16 Heber vivió treinta y cuatro años y engendró a Peleg.


17 Después de engendrar a Peleg, vivió Eber cuatrocientos treinta años, y engendró hijos e hijas.


18 Peleg vivió treinta años y engendró a Reu.


19 Después de engendrar a Reu, Peleg vivió doscientos nueve años, y engendró hijos e hijas.


20 Reu vivió treinta y dos años y engendró a Serug.


21 Después de engendrar a Serug, Reu vivió doscientos siete años, y engendró hijos e hijas.


22 Serug vivió treinta años y engendró a Nacor.


23 Serug vivió después de engendrar a Nacor doscientos años, y engendró hijos e hijas.


24 Nacor vivió veintinueve años y engendró a Teraj.


25 Después de engendrar a Téraj, Najor vivió ciento diecinueve años, y engendró hijos e hijas.


26 Téraj vivió setenta años, y engendró a Abrán, a Najor y a Harán.


27 Estos son los hijos de Taré: Taré engendró a Abram, Najor y Harán; y Harán engendró a Lot.


28 Harán murió antes que su padre Teraj, en Ur de los caldeos, que era la tierra donde nació.


29 Abram y Nacor se casaron. El nombre de la mujer de Abram era Sarai, y el nombre de la mujer de Najor era Milca, la cual era hija de Harán, padre de Milca e Isca.


30 Pero Sarai era estéril; Yo no tuve hijos.


31 Y Teraj tomó a su hijo Abram y a su nuera Sarai, y a su nieto Lot, hijo de Harán, y partió con ellos de Ur de los caldeos para ir a la tierra de Canaán, pero cuando llegaron a Harán se quedaron allá.


32 Y los días de Teraj fueron doscientos cinco años; y Téraj murió en Jarán.



Génesis 12

1 Pero el Señor le había dicho a Abram: "Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.


2 Haré de ti una gran nación. Te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás una bendición.


3 Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré a los que te maldigan; y en ti serán benditas todas las familias de la tierra".


4 Y Abram fue, tal como el Señor le dijo, y Lot fue con él. Abrán tenía setenta y cinco años cuando salió de Jarán.


5 Abram tomó a Sarai, su esposa, y a Lot, el hijo de su hermano, y todos los bienes que habían acumulado y la gente que habían adquirido en Harán, y partieron para ir a la tierra de Canaán. Y llegaron a la tierra de Canaán.


6 Abram atravesó toda aquella tierra, hasta llegar a Siquén, hasta la encina de Moro. En ese tiempo los cananeos habitaban esa tierra.


7 Y el Señor se apareció a Abram y le dijo: "A tu descendencia daré esta tierra". Y edificó allí un altar al Señor, que se le había aparecido.


8 De allí se fue a una montaña al este de Betel, donde plantó su tienda. Al oeste estaba Betel y al este Hai. Allí edificó un altar al Señor e invocó el nombre del Señor.


9 De allí partió Abram para el Neguev, avanzando poco a poco.


10 Aconteció que hubo hambre en la tierra, y Abram descendió a Egipto para vivir allí, porque el hambre en la tierra se agravó.


11 Cuando estaba por entrar en Egipto, dijo a Sarai, su esposa: "Mira, sé bien que eres una mujer hermosa,


12 así que cuando los egipcios te vean, dirán: "Esta es su esposa". Entonces me matarán y te dejarán con vida.


13 Por favor, di que eres mi hermana, para que gracias a ti yo esté bien, y gracias a ti también viva.


14 Y así sucedió. Cuando Abram entró en Egipto, los egipcios vieron que su esposa era muy hermosa.


15 También la vieron los príncipes del faraón, y la alabaron ante él, así que la mujer fue llevada a la casa del faraón,


16 quien por causa de ella trató bien a Abrán, pues le dio ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos.


17 Pero el Señor hirió a Faraón ya su casa con grandes plagas, también a causa de Sarai, la esposa de Abram.


18 Entonces el faraón llamó a Abram y le dijo: "¿Qué es lo que me has hecho? ¿Por qué no me aclaraste que ella era tu esposa?


19 ¿Por qué dijiste: "Tú eres mi hermana"? ¡Podría haberla tomado como mi esposa! Así que aquí está tu esposa; tómalo y sal de aquí".


20 Entonces Faraón dio órdenes a su pueblo acerca de Abram, y lo echaron de allí junto con su esposa y todo lo que tenía.




Génesis 13

1 Abram salió de Egipto para el Neguev, junto con su esposa y todo lo que tenía, y Lot se fue con él.


2 Abram era muy rico en ganado, plata y oro.


3 Del Néguev volvió de sus viajes a Betel, al lugar donde había estado antes su tienda, entre Betel y Hai.


4 En ese lugar, Abram previamente había levantado un altar. Allí invocó el nombre del Señor.


5 Lot, que iba con Abram, también tenía ovejas, vacas y tiendas.


6 No les bastaba la tierra para habitar juntos en un solo lugar, porque sus posesiones eran muchas,


7 así hubo contienda entre los pastores del ganado de Abram y los pastores del ganado de Lot. Los cananeos y los ferezeos habitaban entonces en aquella tierra.


8 Abrán le dijo entonces a Lot: «No debe haber altercados entre nosotros dos, ni entre mis pastores y los tuyos, pues somos hermanos.


9 ¿Acaso no tienes ante ti toda la tierra? Te ruego que te apartes de mí. Si te vas a la mano izquierda, yo iré a la derecha; y si te vas a la derecha, yo iré a la izquierda.»


10 Lot levantó los ojos, y vio que toda la llanura del Jordán era de riego, como el huerto del Señor. Era como la tierra de Egipto en dirección de Soar, antes de que el Señor destruyera a Sodoma y a Gomorra.


11 Entonces Lot escogió para sí toda la llanura del Jordán y se fue hacia el oriente. Así se apartaron el uno del otro.


12 Abrán acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma y habitó en las ciudades de la llanura.


13 Pero los hombres de Sodoma eran malos y grandes pecadores contra el Señor.


14 Después de que Lot se apartó de Abrán, el Señor le dijo a Abrán: «Levanta ahora tus ojos, y desde el lugar donde estás mira hacia el norte y hacia el sur, hacia el oriente y el occidente.


15 Toda la tierra que ves, te la daré a ti y a tu descendencia para siempre.


16 Yo haré que tu descendencia sea como el polvo de la tierra. Si hay quien pueda contar el polvo de la tierra, entonces también tu descendencia podrá ser contada.


17 Levántate, recorre la tierra a todo lo largo y lo ancho de ella, porque a ti te la daré.»


18 Entonces Abrán levantó de allí su tienda y se fue a acampar en el encinar de Mamre, que está en Hebrón. Allí edificó un altar al Señor.


Génesis 14

1 En los días en que Amrafel era rey de Sinar, Arioc rey de Elasar, Quedorlaomer rey de Elam, y Tidal rey de Goyín, sucedió


2 que estos reyes declararon la guerra contra Bera rey de Sodoma, Birsa rey de Gomorra, Sinab rey de Adma, Semeber rey de Zeboyin, y el rey de Bela, que es Soar.


3 Todos ellos se juntaron en el valle de Sidín, que es el Mar Salado.


4 Durante doce años habían servido a Quedorlaomer, pero en el año trece se rebelaron contra él.


5 Pero en el año catorce Quedorlaomer y los reyes que estaban de su parte fueron y derrotaron a los refaítas en Astarot Carnayin, a los zuzitas en Jam, a los emitas en Savé Quiriatayin,


6 y a los horeos en el monte de Seir. Llegaron hasta la llanura de Parán, que está junto al desierto.


7 Luego volvieron y llegaron hasta Enmispat, que es Cades, y devastaron todo el territorio de los amalecitas, y también el de los amorreos, que habitaban en Jasesón Tamar.


8 Salieron entonces el rey de Sodoma, el rey de Gomorra, el rey de Adma, el rey de Zeboyin y el rey de Bela, que es Soar, y en el valle de Sidín presentaron batalla contra ellos,


9 es decir, contra Quedorlaomer rey de Elam, Tidal rey de Goyín, Amrafel rey de Sinar, y Arioc rey de Elasar. Eran cuatro reyes contra cinco.


10 Pero el valle de Sidín estaba lleno de pozos de asfalto, así que cuando huyeron el rey de Sodoma y el de Gomorra, algunos cayeron allí. Los demás huyeron al monte.


11 Los vencedores tomaron toda la riqueza de Sodoma y de Gomorra, y todas sus provisiones, y se fueron.


12 También tomaron a Lot, sobrino de Abrán, que moraba en Sodoma, y sus bienes, y se fueron.


13 Pero uno de los que escaparon fue y se lo dijo a Abrán el hebreo, que habitaba en el encinar de Mamre el amorreo. Éste era hermano de Escol y de Aner, y estos dos eran aliados de Abrán.


14 Al oír Abrán que a su pariente lo habían hecho prisionero, armó a sus criados, los nacidos en su casa, que eran trescientos dieciocho, y los persiguió hasta Dan.


15 Y él y sus siervos cayeron sobre ellos de noche, y luego de atacarlos los persiguieron hasta Hoba, al norte de Damasco.


16 Así recobró todos los bienes, y también a su sobrino Lot y sus bienes, y a las mujeres y demás gente.


17 Cuando volvía de haber derrotado a Quedorlaomer y a los reyes que estaban con él, el rey de Sodoma salió a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey.


18 Entonces Melquisedec, que era rey de Salén y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino


19 y lo bendijo así: «Bendito seas, Abrán, del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra,


20 y bendito sea el Dios Altísimo, que puso en tus manos a tus enemigos.» Y le dio Abrán los diezmos de todo.


21 Entonces el rey de Sodoma le dijo a Abrán: «Dame las personas, y quédate con los bienes.»


22 Pero Abrán le respondió al rey de Sodoma: «He levantado mi mano al Señor, Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra,


23 para jurar que no tomaré nada de lo que es tuyo, ni siquiera un hilo ni una correa de calzado, para que no digas: “Yo enriquecí a Abrán”.


24 Solamente tomaré lo que comieron los jóvenes, y también tomarán su parte Aner, Escol y Mamre, los hombres que fueron conmigo.»


Génesis 15

1 Después de estos sucesos, la palabra del Señor vino a Abrán en una visión. Le dijo: «No temas, Abrán. Yo soy tu escudo, y tu galardón será muy grande.»


2 Abrán respondió: «Mi Señor y Dios, ¿qué puedes darme, si no tengo hijos, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?»


3 También dijo Abrán: «Mira que no me has dado descendencia. Mi heredero será un esclavo nacido en mi casa.»


4 Pero vino a él palabra del Señor, y le dijo: «Tu heredero no será éste, sino tu propio hijo.»


5 Entonces lo llevó afuera, y allí le dijo: «Fíjate ahora en los cielos, y cuenta las estrellas, si es que las puedes contar. ¡Así será tu descendencia!»


6 Y Abrán creyó al Señor, y eso le fue contado por justicia.


7 El Señor también le dijo: «Yo soy el Señor. Yo te saqué de Ur de los caldeos, para darte esta tierra como herencia.»


8 Y Abrán respondió: «Señor, mi Señor, ¿y cómo sabré que la he de heredar?»


9 El Señor le dijo: «Tráeme una becerra, una cabra y un carnero, todos de tres años. Tráeme también una tórtola y un palomino.»


10 Abrán tomó todos estos animales, y los partió por la mitad, y puso las mitades una frente a la otra; pero no partió las aves.


11 Bajaban las aves de rapiña sobre los cuerpos muertos, y Abrán las ahuyentaba,


12 pero al caer el sol el sueño venció a Abrán, y le sobrevino el temor de una gran oscuridad.


13 Entonces el Señor le dijo: «Debes saber que tu descendencia habitará en una tierra extraña, y que allí será esclava y la oprimirán durante cuatrocientos años.


14 Pero también yo juzgaré a la nación a la cual servirán, y después de eso ellos saldrán de allí con grandes riquezas.


15 Y tú te reunirás en paz con tus padres, y serás sepultado en buena vejez.


16 Y después de cuatro generaciones volverán acá; porque hasta ahora no ha llegado todavía a su colmo la maldad de los amorreos.»


17 Y sucedió que, cuando el sol se puso y ya todo estaba oscuro, podía verse un horno humeante y una antorcha de fuego, la cual pasaba entre los animales divididos.


18 En aquel día el Señor hizo un pacto con Abrán. Le dijo: «A tu descendencia le daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río Éufrates,


19 hasta la tierra de los quenitas, los quenizitas, los cadmoneos,


20 los hititas, los ferezeos, los refaítas,


21 los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos.»


Génesis 16 

1 Saraí, la esposa de Abrán, no le daba hijos, pero tenía una sierva egipcia que se llamaba Agar.


2 Entonces Saraí le dijo a Abrán: «Ya ves que el Señor me ha hecho estéril, así que te ruego que te allegues a mi sierva; tal vez tendré hijos de ella.» Y Abrán atendió al ruego de Saraí.


3 A los diez años de que Abrán había habitado en la tierra de Canaán, Saraí, la esposa de Abrán, tomó a Agar, su sierva egipcia, y se la dio por mujer a Abrán, su marido.


4 Y él se allegó a Agar, y ésta concibió; y al darse cuenta de que había concebido, comenzó a mirar con desprecio a su señora.


5 Entonces Saraí le dijo a Abrán: «¡Que mi afrenta recaiga sobre ti! Yo te di por mujer a mi sierva, y al verse encinta me mira con desprecio. ¡Que juzgue el Señor entre tú y yo!»


6 Y Abrán le respondió a Saraí: «Pues tu sierva está en tus manos. ¡Haz con ella lo que mejor te parezca!» Y como Saraí la humillaba, ella huyó de su presencia.


7 Pero el ángel del Señor la encontró junto a un manantial en el desierto, que es el manantial que está en el camino a Shur,


8 y le dijo: «Agar, sierva de Saraí, ¿de dónde vienes, y a dónde vas?» Y ella respondió: «Estoy huyendo de Saraí, mi señora.»


9 El ángel del Señor le dijo: «Regresa con tu señora, y ponte en sus manos.»


10 Además, el ángel del Señor le dijo: «Voy a multiplicar tu descendencia. Llegarán a ser tantos, que no podrán ser contados.»


11 El ángel del Señor también le dijo: «Tú has concebido, y darás a luz un hijo. Le pondrás por nombre Ismael, porque el Señor ha oído tu aflicción.


12 Será un hombre indómito; luchará contra todos, y todos lucharán contra él, pero a pesar de todos sus hermanos establecerá su residencia.»


13 Como el Señor le había hablado, ella le dio este nombre: «Tú eres el Dios que ve», pues dijo: «¿Acaso no he visto aquí también al que me ve?»,


14 y al manantial lo llamó «Pozo del que vive y me ve». Ese pozo está entre Cades y Bered.


15 Agar dio a luz un hijo de Abrán, y éste le puso por nombre Ismael.


16 Abrán tenía ochenta y seis años de edad cuando Agar dio a luz a Ismael.


Génesis 17

1 Abrán tenía noventa y nueve años de edad cuando el Señor se le apareció y le dijo: «Yo soy el Dios Todopoderoso. Anda siempre delante de mí y sé perfecto.


2 Yo estableceré mi pacto contigo, y haré que te multipliques en gran manera.»


3 Abrán se postró entonces sobre su rostro, y Dios habló con él. Le dijo:


4 «Éste es el pacto que hago contigo: Tú serás el padre de muchísima gente.


5 Tu nombre ya no será Abrán, sino que ahora te llamarás Abrahán, porque te he puesto como padre de muchísima gente.


6 Yo haré que te multipliques en gran manera. De ti saldrán naciones y reyes.


7 Estableceré mi pacto contigo y con tus descendientes. Será un pacto perpetuo, y yo seré tu Dios y el de tu descendencia.


8 A ti y a tu descendencia les daré toda la tierra donde ahora habitas, la tierra de Canaán, como herencia perpetua, y yo seré el Dios de ellos.»


9 Dios también le dijo a Abrahán: «Tú, por tu parte, guardarás mi pacto; tú y tu descendencia, por sus generaciones.


10 Éste es el pacto que yo hago con ustedes, y que ustedes guardarán; es decir, tú y tu descendencia: Todo varón que haya entre ustedes será circuncidado.


11 Ustedes circuncidarán la carne de su prepucio, como señal del pacto entre nosotros.


12 A los ocho días de nacido será circuncidado todo varón que haya entre ustedes, en todas sus generaciones; lo mismo los nacidos en casa como los comprados por dinero a cualquier extranjero, y que no sean de su linaje.


13 Será circuncidado el que nazca en tu casa, y el que compres con tu dinero; mi pacto estará en la carne de ustedes como pacto perpetuo.


14 Todo hombre incircunciso, que no haya circuncidado la carne de su prepucio, será eliminado de su pueblo por haber violado mi pacto.»


15 Dios también le dijo a Abrahán: «A Saraí, tu mujer, ya no la llamarás Saraí. Ahora su nombre será Sara.16


16 Yo la bendeciré, y también te daré un hijo de ella. Sí, yo la bendeciré, y ella será la madre de las naciones, los reyes y los pueblos que de ella nacerán.»


17 Abraham entonces se postró sobre su rostro, y riéndose dijo en su corazón: "¿A un hombre de cien años le nacerá un hijo? ¿Y Sara, que tiene noventa años, va a concebir?


18 Y Abraham dijo a Dios: "¡Dígnate dejar vivir a Ismael!"


19 Pero Dios le respondió: "Lo que he dicho es que Sara, tu esposa, te dará un hijo, y le pondrás por nombre Isaac. 17 Confirmaré mi pacto con él como un pacto perpetuo para su descendencia.


20 En cuanto a Ismael, también te he oído, y lo bendeciré y haré que se reproduzca y se multiplique en gran manera. Será padre de doce príncipes, y haré de él una gran nación,


21 pero yo estableceré mi pacto con Isaac, el hijo que Sara te dará el año que viene por estos días.


22 Y cuando Dios terminó de hablar con Abraham, se fue de allí.


23 Ese mismo día Abrahán tomó a su hijo Ismael y lo circuncidó, lo mismo que a todos los siervos nacidos en su casa y a todos los que había comprado con su dinero; es decir, circuncidó la carne del prepucio de todos los varones que vivían en su casa, tal y como Dios se lo había dicho.


24 Abrahán tenía noventa y nueve años de edad cuando circuncidó la carne de su prepucio.


25 Su hijo Ismael tenía trece años cuando fue circuncidado.


26 Abrahán y su hijo Ismael fueron circuncidados el mismo día.


27 Con él fueron circuncidados todos los hombres que había en su casa, tanto los siervos nacidos en casa como los que había comprado de extranjeros por dinero.


Génesis 18

1 Después el Señor se le apareció a Abrahán en el encinar de Mamre, mientras él estaba sentado a la entrada de su tienda, en el calor del día.


2 Al levantar los ojos vio que allí, junto a él, había tres varones. Al verlos, rápidamente se levantó de la entrada de su tienda para recibirlos. Se postró en tierra,


3 y dijo: «Señor, si en verdad he hallado gracia ante tus ojos, te ruego que no te apartes de este siervo tuyo.


4 Mandaré traer un poco de agua, para que ustedes se laven los pies, y luego podrán descansar debajo de un árbol.


5 Traeré también un bocado de pan, para que recobre fuerzas su corazón, y luego seguirán su camino. ¡Para eso han pasado ustedes cerca de este su siervo!» Y ellos dijeron: «Haz todo tal y como has dicho.»


6 Entonces Abrahán fue de prisa a la tienda de Sara, y le dijo: «Toma pronto tres medidas de flor de harina, amásala, y cuece unos panes.»


7 Luego corrió Abrahán a donde estaban las vacas y tomó un becerro tierno y bueno, se lo dio al criado, y éste se apresuró a prepararlo.


8 Tomó además mantequilla y leche, y el becerro que había preparado, y poniéndolo ante ellos se quedó a su lado debajo del árbol, mientras ellos comían.


9 Ellos le dijeron: «¿Dónde está Sara, tu mujer?» Y él respondió: «Aquí, en la tienda.»


10 Uno de ellos dijo: «Ten por seguro que volveré a ti, y conforme al tiempo de gestación Sara tu mujer tendrá un hijo.» Sara, que estaba a la entrada de la tienda detrás de él, escuchaba todo.


11 Abrahán y Sara eran ya viejos y de edad avanzada, y Sara ya no tenía lo que es costumbre en las mujeres.


12 Por eso Sara se rió consigo misma, y dijo: «¿Después de haber envejecido voy a tener placer, si también mi señor ya está viejo?»


13 Pero el Señor le dijo a Abrahán: «¿Por qué se ríe Sara? Ha dicho: “¿Será cierto que voy a dar a luz siendo ya vieja?”


14 ¿Acaso hay para Dios algo que sea difícil? En el momento indicado volveré a ti, y conforme al tiempo de gestación Sara tendrá un hijo.»


15 Sara lo negó, y dijo: «No me reí. Más bien, tuve miedo.» Pero él dijo: «No es cierto. Tú te reíste.»


16 Aquellos varones se fueron de allí, y miraron en dirección a Sodoma. Abrahán los acompañaba.


17 Entonces el Señor dijo: «¿Acaso voy a ocultarle a Abrahán lo que voy a hacer?


18 ¡Si Abrahán va a ser una nación grande y fuerte, y en él serán bendecidas todas las naciones de la tierra!


19 Yo sé que él ordenará a sus hijos y a sus descendientes que sigan el camino del Señor, y que sean justos y rectos, para que el Señor cumpla en Abrahán su promesa.»


20 Entonces el Señor le dijo: «Puesto que el clamor contra Sodoma y Gomorra va en aumento, y su pecado se ha agravado demasiado,


21 voy ahora a descender allá, para ver si lo que han hecho corresponde a las quejas que han llegado hasta mí. Si no es así, lo sabré.»


22 Y aquellos varones se apartaron de allí, y fueron hacia Sodoma; pero Abrahán seguía estando delante del Señor.


23 Y se acercó Abrahán y le dijo: «¿Acaso vas a destruir al justo con el injusto?


24 Tal vez haya cincuenta justos en la ciudad. ¿Acaso destruirás ese lugar, y no lo perdonarás por los cincuenta justos que estén allí adentro?


25 ¡Lejos sea de ti hacer morir al justo con el impío, y tratar al justo como al impío! ¡Jamás hagas tal cosa! ¿Acaso el Juez de toda la tierra no debe hacer lo que es justo?»


26 El Señor respondió: «Si dentro de la ciudad de Sodoma encuentro a cincuenta justos, por ellos perdonaré a todos los que estén allí.»


27 Abrahán replicó y dijo: «Aquí estoy ahora, atreviéndome a hablar con mi Señor, aunque sólo soy polvo y ceniza.


28 Pero tal vez falten cinco justos para completar los cincuenta; ¿por faltar esos cinco destruirás toda la ciudad?» Y el Señor dijo: «No la destruiré, si encuentro sólo cuarenta y cinco.»


29 Abrahán volvió a hablarle, y dijo: «Tal vez sólo se hallen cuarenta...» Y el Señor respondió: «Aun por esos cuarenta no lo haré.»


30 Abrahán insistió: «Espero que mi Señor no se enoje, si sigo hablando; pero tal vez sólo se encuentren treinta...» Y el Señor respondió: «Aun si encuentro treinta, no lo haré.»


31 Abraham dijo: "Aquí estoy ahora, atreviéndome a hablar a mi Señor; tal vez sólo se encuentren veinte..." Y el Señor respondió: "Ni siquiera por esos veinte los destruiré".


32 Pero Abraham dijo otra vez: "Espero que mi Señor no se enoje si hablo una vez más; pero tal vez sólo se encuentren diez..." Y el Señor respondió: "Ni siquiera a esos diez los destruiré".


33 Cuando el Señor terminó de hablar con Abraham, se fue de allí; y Abraham volvió a su lugar.


Génesis 19 


1 Al atardecer los dos ángeles llegaron a Sodoma. Lot estaba sentado a la entrada de Sodoma, así que cuando los vio, se levantó para recibirlos. Se inclinó hasta el suelo,


2 y dijo: "Mis señores, les ruego que vengan a la casa de este siervo suyo y pasen la noche allí. Se lavarán los pies, y por la mañana podrán levantarse y seguir su camino”. Pero ellos respondieron: "No, pero pasaremos la noche en la calle".


3 Como Lot los apremiaba demasiado, se fueron con él. Cuando entró en su casa, les ofreció un banquete de panes sin levadura, y comieron.


4 Pero antes de acostarse, los hombres de la ciudad rodearon la casa. Todo el pueblo estaba allí reunido, todos los hombres de Sodoma, desde el más joven hasta el más viejo.


5 Llamaron a Lot y le dijeron: "¿Dónde están los hombres que vinieron a tu casa esta noche? Sácalos, porque queremos tener relaciones con ellos.»


6 Lot salió a la puerta para hablar con ellos, pero cerró la puerta detrás de él.


7 Y les dijo: "Hermanos míos, os ruego que no cometáis tal maldad.


8 Tengo aquí dos hijas mías, que no han conocido varón. Los voy a sacar, y tú puedes hacer con ellos lo que mejor te parezca; pero no hagáis nada a estos hombres, porque han venido a refugiarse bajo mi techo.


9 Pero ellos respondieron: "¡Hazte a un lado!" Y agregaron: "¡Este extranjero vino a vivir entre nosotros, y ahora quiere ser juez!" ¡Bueno, lo vas a hacer peor que ellos!" Y trataron a Lot con gran violencia, y se acercaron para derribar la puerta.


10 Entonces los hombres extendieron la mano y trajeron a Lot a la casa con ellos; luego cerraron la puerta,


11 y los hombres que estaban a la entrada de la casa, desde el más joven hasta el más viejo, los hirieron con ceguera, y se cansaron de buscar la puerta.


12 Y los hombres dijeron a Lot: "¿Todavía hay alguien más contigo? ¿Yernos, hijos, hijas? ¡Lo que sea que tengas en la ciudad, sácalo de aquí!


13 Porque vamos a destruir este lugar. ¡Ya hay demasiadas quejas contra ellos, que han llegado a oídos del Señor! Por eso el Señor nos ha enviado a destruirlo".


14 Entonces Lot salió y habló a sus yernos, es decir, a los que habían tomado a sus hijas, y les dijo: "¡Levántense, salgan de esta ciudad, porque el Señor la va a destruir!" Pero sus yernos pensaron que Lot estaba bromeando.


15 Cuando amaneció, los ángeles apresuraron a Lot y le dijeron: "Levántate y toma a tu mujer y a tus dos hijas que tienes aquí, para que no mueras cuando la ciudad sea castigada".


16 Pero como él se demoraba, los hombres lo tomaron de la mano y, junto con su esposa y sus dos hijas, lo sacaron de la ciudad y lo echaron fuera de ella, conforme a la misericordia que el Señor tuvo para con él.


17 Una vez que los hubieron sacado, le dijeron: "¡Corre, ponte a salvo! No mires atrás, ni te detengas en todo este llano. ¡Huye a las montañas, para que no perezcas!”


18 Pero Lot les dijo: "No, mis señores, por favor.


19 Veo que este siervo tuyo ha hallado gracia a tus ojos. Tú has magnificado tu misericordia hacia mí concediéndome la vida; pero no puedo huir a los montes, no sea que me haga daño y muera.


20 ¡Mira esa ciudad! ¡Está muy cerca y es pequeño! ¡Déjame escapar a ella, y así puedo salvar mi vida! ¿Es cierto que eres pequeño?"


21 Y él le respondió: "Acepto esta súplica tuya. No destruiré esa ciudad de la que me hablaste.


22 Pero date prisa y corre hacia ella, porque no podré hacer nada hasta que llegues allí". Por eso esa ciudad recibió el nombre de Soar.18


23 Y cuando el sol comenzaba a salir sobre la tierra, Lot vino a Soar.


24 Entonces el Señor hizo llover azufre y fuego del cielo sobre Sodoma y Gomorra,


25 y destruyó las ciudades y toda aquella llanura, junto con todos los habitantes de aquellas ciudades y los productos de la tierra.


26 Pero la mujer de Lot miró hacia atrás y se convirtió en una estatua de sal.


27 A la mañana siguiente, Abraham se levantó y fue al lugar donde había estado hablando con el Señor,


28 y cuando miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura, vio que subía humo de la tierra, como el humo de un horno.


29 Cuando Dios destruyó las ciudades de la llanura y asoló las ciudades donde vivía Lot, se acordó de Abraham y sacó a Lot de en medio de la destrucción.


30 Pero Lot tenía miedo de quedarse en Zoar, así que se fue de allí y se fue a la montaña, y allí se quedó a vivir en una cueva, junto con sus dos hijas.


31 Y la hija mayor dijo a la menor: "Nuestro padre es un anciano, y ya no hay ningún hombre en la tierra que se nos acerque, como es costumbre en toda la tierra.


32 Démosle vino a nuestro padre para que lo beba, y luego nos acostaremos con él. Así es como mantendremos viva la descendencia de nuestro padre".


33 Esa misma noche le dieron a beber vino a su padre, y el mayor fue y durmió con él, pero él no supo cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó.


34 Al día siguiente, la mayor le dijo a la menor: "Como sabes, anoche dormí con mi padre. Démosle a beber vino también esta noche, para que ahora vayas y te acuestes con él. Así es como mantendremos viva la descendencia de nuestro padre".


35 Y esa noche también le dieron a beber vino a su padre, y la menor fue y se acostó con él; pero tampoco supo cuándo se acostó ella, ni cuándo se levantó.


36 Y así, las dos hijas de Lot concibieron de su padre.


37 La mujer mayor tuvo un hijo, y lo llamó Moab, que es el padre de los moabitas hasta el día de hoy.


38 La menor también tuvo un hijo, y lo llamó Ben Ami, que es el padre de los amonitas hasta el día de hoy.


Génesis 20


1 De allí partió Abraham para la tierra del Neguev, y acampó entre Cades y Shur. En Gerar vivió como un extranjero.


2 Allí Abraham presentó a Sara, su esposa, como su hermana. Entonces Abimelec, rey de Gerar, mandó llamar a Sara para tomarla por mujer.


3 Pero una noche Dios visitó a Abimelec en un sueño y le dijo: "Puedes hacerte pasar por muerto, porque la mujer que has tomado ya está casada".


4 Como Abimelec no se había acercado a ella, dijo: "Señor, ¿también quitas la vida a personas inocentes?


5 ¿No me dijo: "Tú eres mi hermana"? Y ella también dijo: "Tú eres mi hermano". ¡En esto he actuado con sinceridad de corazón, y mis manos están limpias!


6 Y en sueños Dios le dijo: "También sé que has obrado con sinceridad de corazón. Y fui yo quien te impidió que pecaras contra mí; por eso no dejé que la tocaras.


7 Ahora devuélvele a ese hombre su esposa, porque es profeta y orará por ti. Así vivirás. Pero si no lo devuelves, quiero que sepas que tú y todos los tuyos seguramente morirán".


8 A la mañana siguiente Abimelec se levantó y llamó a todos sus siervos, y claramente les repitió todas estas palabras. Esto les provocó mucho miedo.


9 Después, Abimelec llamó a Abrahán y le dijo: «¿Cómo pudiste hacernos esto? ¿Qué pecado cometí contra ti, que has traído sobre mí y sobre mi reino un pecado tan grande? ¡Lo que has hecho conmigo es algo que no se hace!»


10 También le dijo Abimelec a Abrahán: «¿En qué pensabas cuando hiciste esto?»


11 Y Abrahán respondió: «Pues simplemente pensé que aquí no hay temor de Dios, y que me matarían por causa de mi mujer.


12 Aunque la verdad es que sí es mi hermana. Es hija de mi padre, pero no hija de mi madre. Por eso la tomé por esposa.


13 Cuando Dios me hizo salir de la casa de mi padre y andar errante, yo le dije: “En todos los lugares a los que lleguemos, tú me vas a hacer el favor de decir que yo soy tu hermano.”»


14 Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, y siervos y siervas, y se los dio a Abrahán. Además, le devolvió a Sara, su mujer.


15 Y le dijo Abimelec: «Mira, aquí delante de ti está mi tierra; quédate a vivir donde mejor te parezca.»


16 A Sara le dijo: «A tu hermano le he dado mil monedas de plata. Eso te cubrirá como un velo a los ojos de todos los que están contigo, y ante todos. Tu honor está a salvo.»


17 Entonces Abrahán oró a Dios, y Dios sanó a Abimelec, a su mujer y a sus siervas, y ellas tuvieron hijos,


18 pues por causa de Sara, mujer de Abrahán, el Señor había cerrado completamente la matriz de toda mujer en la casa de Abimelec.


Génesis 21

1 El Señor visitó a Sara y actuó en ella tal y como se lo había prometido.


2 Y Sara concibió y le dio un hijo a Abrahán en su vejez, en el tiempo preciso que Dios le había anunciado.


3 Al hijo que le nació a Abrahán, y que dio a luz Sara, Abrahán le puso por nombre Isaac.


4 Abrahán circuncidó a su hijo Isaac a los ocho días de nacido, tal y como Dios se lo había ordenado.


5 Cuando nació su hijo Isaac, Abrahán tenía cien años.


6 Sara dijo entonces: «Dios me ha hecho reír, y todo el que lo sepa se reirá conmigo.»


7 Y añadió: «¿Quién le hubiera dicho a Abrahán que yo, Sara, habría de amamantar hijos? ¡Pues le he dado un hijo en su vejez!»


8 El niño creció, y fue destetado. El día que Isaac fue destetado, Abrahán ofreció un gran banquete.


9 Pero Sara vio que el hijo que Agar, la egipcia, le había dado a luz a Abrahán se burlaba de su hijo,


10 así que le dijo a Abrahán: «Despide a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de una sierva no va a compartir la herencia con mi hijo Isaac.»


11 Estas palabras le parecieron muy preocupantes a Abrahán, por causa de su hijo.


12 Pero Dios le dijo a Abrahán: «No te preocupes demasiado por causa del niño ni de tu sierva. Hazle caso a Sara en todo lo que te diga, pues por medio de Isaac te vendrá descendencia;


13 aunque también del hijo de la sierva haré una nación, porque es descendiente tuyo.»


14 Al día siguiente Abrahán madrugó, tomó pan y un odre con agua, y luego de ponérselo a Agar en el hombro, le entregó el niño y la despidió. Y ella salió y anduvo sin rumbo fijo por el desierto de Berseba.


15 Cuando le faltó agua al odre, tendió al niño bajo un arbusto


16 y fue a sentarse frente a él a la distancia de un tiro de arco, pues decía: «No quiero ver cuando el niño muera.» Ya sentada frente a él, prorrumpió en llanto.


17 Pero Dios oyó la voz del niño. Entonces el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: «¿Qué te pasa, Agar? No tengas miedo, que Dios ha oído la voz del niño ahí donde está.


18 Vamos, levanta al niño y sosténlo de la mano, porque yo haré de él una gran nación.»


19 Y Dios le abrió los ojos, y ella vio un manantial; entonces fue y llenó el odre con agua, y le dio de beber al niño.


20 Y Dios estaba con el niño, y éste creció y se estableció en el desierto, y fue tirador de arco.


21 Ya establecido en el desierto de Parán, su madre tomó para él una mujer de la tierra de Egipto.


22 Por ese mismo tiempo sucedió que Abimelec fue a hablar con Abrahán, y lo acompañó Ficol, jefe de su ejército. Le dijo: «Dios está contigo en todo lo que haces.


23 Así que júrame aquí mismo, por Dios, que no me tratarás mal a mí, ni a mi hijo ni a mi nieto, sino que me tratarás con la misma bondad con que te he tratado, y que harás lo mismo con la tierra en la que habitas.»


24 Y Abrahán respondió: «Lo juro.»


25 Pero Abrahán reconvino a Abimelec por un pozo de agua que los siervos de Abimelec le habían quitado.


26 Y Abimelec respondió: «No sé quién haya hecho esto, ni tú me lo hiciste saber, y tampoco yo lo supe hasta hoy.»


27 Abrahán tomó entonces ovejas y vacas, y se las dio a Abimelec, y los dos hicieron un pacto.


28 Del rebaño, Abrahán apartó siete corderas,


29 y Abimelec le preguntó a Abrahán: «Y estas siete corderas que has apartado, ¿qué significan?»


30 Y él respondió: «Significan que vas a recibir de mi mano estas siete corderas, para que sirvan de testimonio en mi favor de que yo cavé este pozo.»


31 Por eso a aquel lugar lo llamó Berseba;19 porque allí los dos hicieron un juramento.


32 Allí en Berseba hicieron un pacto. Luego se levantó Abimelec, y Ficol, el jefe de su ejército, y juntos volvieron a la tierra de los filisteos.


33 En Berseba Abrahán plantó un árbol tamarisco, y allí invocó el nombre del Señor, el Dios eterno.


34 Y Abrahán vivió mucho tiempo en la tierra de los filisteos.


Génesis 22

1 Después de esto, sucedió que Dios puso a prueba a Abrahán, y lo llamó: «¡Abrahán!» Y él respondió: «¡Aquí estoy!»


2 Y Dios le dijo: «Toma ahora a Isaac, tu único hijo, al que tanto amas, y vete a la tierra de Moriah. Allí me lo ofrecerás en holocausto, sobre uno de los montes que yo te diré.»


3 Al día siguiente, Abrahán se levantó, le puso la albarda a su asno, y se llevó consigo a dos de sus siervos y a su hijo Isaac. Cortó leña para el holocausto, y se dispuso a ir al lugar que Dios le dijo.


4 Tres días después, Abrahán levantó los ojos y a lo lejos vio el lugar.


5 Entonces Abrahán dijo a sus siervos: «Esperen aquí, con el asno, y el niño y yo iremos hasta ese lugar; allí adoraremos, y luego volveremos aquí mismo.»


6 Y tomó Abrahán la leña del holocausto, y la echó sobre Isaac, su hijo; luego, tomó en su mano el fuego y el cuchillo, y juntos siguieron caminando.


7 Entonces Isaac le habló a Abrahán, su padre, y le dijo: «Padre mío...» Y él respondió: «Aquí estoy, hijo mío.» Isaac dijo: «Aquí están el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?»


8 Y Abrahán respondió: «Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío.» Y juntos siguieron caminando.


9 Cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, Abrahán edificó allí un altar, luego acomodó la leña, y atando a Isaac su hijo lo puso en el altar, sobre la leña.


10 Entonces extendió Abrahán su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.


11 Pero el ángel del Señor lo llamó desde el cielo, y le dijo: «¡Abrahán, Abrahán!» Y él respondió: «¡Aquí estoy!»


12 Y el ángel dijo: «No extiendas tu mano sobre el niño, ni le hagas nada. Yo sé bien que temes a Dios, pues no me has negado a tu único hijo.»


13 Abrahán levantó entonces los ojos, y vio que a sus espaldas había un carnero, trabado por los cuernos en un zarzal. Y Abrahán fue y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.


14 A ese lugar Abrahán le puso por nombre «El Señor proveerá.»20 Por eso es que aún hoy se dice: «En un monte el Señor proveerá.»


15 Por segunda vez, el ángel del Señor llamó a Abrahán desde el cielo


16 y le dijo: «Yo, el Señor, he jurado por mí mismo que, por esto que has hecho, de no negarme a tu único hijo,


17 ciertamente te bendeciré; multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que hay a la orilla del mar; ¡tu descendencia conquistará las ciudades de sus enemigos!


18 En tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, por cuanto atendiste a mi voz.»


19 Y Abrahán volvió a donde estaban sus siervos, y juntos se levantaron de allí y se fueron a Berseba. Allí en Berseba Abrahán se quedó a vivir.


20 Después de todo esto, le fueron a dar esta noticia a Abrahán: «¡Fíjate que también Milca le ha dado hijos a tu hermano Najor!»


21 Su primogénito fue Uz; luego nació su hermano Buz, y luego Kemuel, padre de Aram;


22 Quesed, Jazó, Pildas, Yidlaf y Betuel.


23 Este Betuel fue el padre de Rebeca. Éstos son los ocho hijos que tuvo Milca de Najor, el hermano de Abrahán.


24 También su concubina, que se llamaba Reúma, dio a luz a Teba, Gaján, Tajás y Macá.


Génesis 23

1 Sara llegó a vivir ciento veintisiete años,


2 y murió Sara en Quiriat Arbá, que es Hebrón, en la tierra de Canaán. Abrahán fue a llorar por Sara y a hacer duelo por ella.


3 Cuando Abrahán dejó de llorar a su muerta, fue a hablar con los hititas; les dijo:


4 «Yo soy entre ustedes un extranjero, un forastero. Pero denme entre ustedes una propiedad para sepultura, y sepultaré allí a mi muerta.»


5 Los hititas le respondieron a Abrahán:


6 «Señor nuestro, escúchanos: para nosotros tú eres un príncipe de Dios; sepulta a tu muerta en el mejor de nuestros sepulcros. Ninguno de nosotros te negará su sepulcro, ni te impedirá que entierres a tu muerta.»


7 Abrahán se puso de pie, e inclinándose ante los hititas, el pueblo de aquella tierra,


8 les dijo: «Si es la voluntad de ustedes que yo sepulte a mi muerta, préstenme atención e intercedan por mí ante Efrón hijo de Sojar,


9 para que me dé la cueva de Macpela, la que tiene en los límites de su heredad. Pídanle que me la ceda por su justo precio, para que yo tenga entre ustedes una sepultura.»


10 Este Efrón estaba allí, entre los hititas, pues allí vivía, así que en presencia de los hititas y de todos los que entraban por la puerta de su ciudad le respondió a Abrahán. Le dijo:


11 «No, señor mío, escúchame: yo te cedo la heredad, y te cedo también la cueva que está en ella; te la cedo en presencia de los hijos de mi pueblo. Sepulta a tu muerta.»


12 Entonces Abrahán se inclinó ante el pueblo de la tierra,


13 y en presencia del pueblo de la tierra le respondió a Efrón. Le dijo: «Más bien, si te parece, te ruego que me escuches. Yo mismo te daré el precio de la heredad, y entonces sepultaré allí a mi muerta.»


14 Pero Efrón le respondió a Abrahán, y le dijo:


15 «Señor mío, escúchame: la tierra vale cuatrocientas monedas de plata; ¿qué es esa cantidad entre tú y yo? Ve y entierra a tu muerta.»


16 Y Abrahán aceptó el precio fijado por Efrón, y ante los hititas como testigos le entregó a Efrón la cantidad establecida, es decir, cuatrocientas monedas, de buena ley entre mercaderes.


17 Así fue como la heredad que Efrón tenía en Macpela, al oriente de Mamre, es decir, la heredad con la cueva que estaba en ella, más todos los árboles que había en la heredad y en todos sus contornos, quedó


18 como propiedad de Abrahán, teniendo como testigos a los hititas y a todos los que entraban por la puerta de la ciudad.


19 Después de esto Abrahán sepultó a Sara, su mujer, en la cueva de la heredad de Macpela, al oriente de Mamre, que es Hebrón, en la tierra de Canaán.


20 Y la heredad y la cueva que en ella había quedó como una posesión de Abrahán para sepultura, cedida por los hititas.


Génesis 24

1 Abrahán ya era viejo, y muy entrado en años; y el Señor había bendecido a Abrahán en todo.


2 Y Abrahán le dijo a uno de sus criados, el más viejo de todos, y que era el que administraba todo lo que tenía: «Pon ahora tu mano debajo de mi muslo.


3 Voy a hacer que me jures por el Señor, el Dios de los cielos y la tierra, que no tomarás para mujer de mi hijo a ninguna de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito.


4 Más bien, irás a mi tierra, con mis parientes, y allí tomarás mujer para mi hijo Isaac.»


5 El criado le respondió: «Tal vez la mujer no quiera venir conmigo a esta tierra. ¿Debo entonces llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?»


6 Y Abrahán le dijo: «Ten mucho cuidado de no llevar a mi hijo allá.


7 El Señor, el Dios de los cielos, me sacó de la casa de mi padre y de la tierra de mis parientes; él mismo me habló, y con juramento me dijo: “Esta tierra se la daré a tu descendencia”, así que él enviará a su ángel delante de ti, y de allá tomarás una mujer para mi hijo.


8 Si la mujer no quiere venir contigo, quedarás libre del juramento que me has hecho. ¡Pero de ninguna manera lleves allá a mi hijo!»


9 Entonces el criado puso su mano debajo del muslo de Abrahán, su señor, y le hizo un juramento en cuanto a este asunto;


10 luego tomó diez de los camellos de su señor y se puso en camino. Llevaba consigo todos los mejores regalos que tenía su señor. Cuando llegó a la ciudad de Najor, en Mesopotamia,


11 hizo que los camellos se arrodillaran fuera de la ciudad, junto a un pozo de agua. Era la hora de la tarde en que las jóvenes salen por agua.


12 Entonces dijo: «Señor, Dios de mi señor Abrahán, te ruego que me concedas tener hoy un buen encuentro. Ten misericordia de mi señor Abrahán.


13 Mírame aquí, junto a la fuente de agua, ahora que las hijas de los hombres de esta ciudad salen por agua.


14 Permite que la joven a quien le diga: “Por favor, baja tu cántaro para que yo beba”, y que me responda: “Bebe, y también les daré de beber a tus camellos”, sea la joven que tú has elegido para tu siervo Isaac. Así sabré que tú has tenido misericordia de mi señor.»


15 Sucedió que, antes de que él acabara de hablar, apareció Rebeca, que había salido con su cántaro al hombro. Rebeca era hija de Betuel, quien era hijo de Milca, la mujer de Najor, el hermano de Abrahán.


16 Esta joven era de aspecto muy hermoso, y aún virgen, pues no había conocido varón; ella bajó a la fuente, llenó su cántaro, y se dispuso a volver.


17 Pero el criado corrió hacia ella y le dijo: «Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu cántaro.»


18 Ella respondió: «Bebe, señor mío.» Y presurosa bajó el cántaro que llevaba, y le dio a beber.


19 Cuando acabó de darle de beber, dijo: «También sacaré agua para tus camellos, hasta que acaben de beber.»


20 Y rápidamente vació su cántaro en el bebedero, y todavía corrió al pozo para sacar agua, y sacó para todos los camellos.


21 El hombre estaba admirado de ella, pero callaba, para saber si el Señor había prosperado su viaje, o no.


22 Cuando los camellos acabaron de beber, el hombre le dio a ella un pendiente de oro que pesaba cinco gramos y dos brazaletes que pesaban cien gramos,


23 y le dijo: «Dime, por favor, ¿de quién eres hija? ¿Y habrá en la casa de tu padre un lugar donde pasemos la noche?»


24 Ella le respondió: «Soy hija de Betuel, el hijo que Milca tuvo de Najor.»


25 Y añadió: «Además, en nuestra casa hay paja y mucho forraje, y lugar para pasar la noche.»


26 Entonces el hombre se inclinó y adoró al Señor.


27 Dijo: «Bendito sea el Señor, el Dios de mi amo Abrahán, que no le negó a mi amo su misericordia y su verdad, pues me puso el Señor en el camino a la casa de los hermanos de mi amo.»


28 Rebeca corrió a la casa de su madre, y contó allí estas cosas.


29 Ella tenía un hermano que se llamaba Labán, y Labán salió corriendo a ver al hombre, que estaba junto a la fuente.


30 Y es que vio el pendiente y los brazaletes en las manos de su hermana, cuando dijo: «Así me habló aquel hombre.» Labán salió a ver a ese hombre, y lo encontró junto a la fuente, con los camellos.


31 Entonces le dijo: «Bendito del Señor, ¿por qué te quedas afuera? Ven que ya he preparado la casa, y lugar para los camellos.»


32 El hombre fue a la casa, y Labán desató los camellos y les dio paja y forraje. Al hombre y a quienes lo acompañaban les dio agua para que se lavaran los pies,


33 y le sirvieron de comer. Pero él dijo: «No comeré hasta que haya dicho lo que tengo que decir.» Y Labán le dijo: «Habla.»


34 El hombre dijo: «Yo soy criado de Abrahán.


35 Y el Señor ha bendecido mucho a mi amo, y lo ha engrandecido; le ha dado ovejas, vacas, plata, oro, siervos y siervas, camellos y asnos.


36 Sara, la mujer de mi amo, tuvo en su vejez un hijo de mi señor, y mi señor le ha dado a su hijo todo cuanto tiene.


37 Y mi amo me puso bajo juramento. Me dijo: “No tomes como mujer para mi hijo a ninguna de las hijas de los cananeos, en cuya tierra habito;


38 más bien, irás a la casa de mi padre, con mis parientes, y allí tomarás mujer para mi hijo.”


39 Yo le dije: “Tal vez la mujer no querrá seguirme.”


40 Entonces él me respondió: “Yo he andado siempre en presencia del Señor, así que él enviará su ángel para que vaya contigo y prospere tu camino. Y tú tomarás para mi hijo una mujer de mi familia y de la casa de mi padre.


41 Así quedarás libre de mi juramento. Si vas con mi familia, y ellos no te dan a la joven, entonces quedarás libre de mi juramento.”


42 Hoy, al llegar a la fuente, dije: “Señor, Dios de mi señor Abrahán, si tú quieres, prospera el camino por el cual ando.


43 Aquí estoy ahora, junto a la fuente de agua. Permite que la joven que salga por agua, y a la que yo le diga: ‘Por favor, dame de beber un poco de agua de tu cántaro’,


44 y que me responda: ‘Bebe, y sacaré también agua para tus camellos’, que sea ésta la mujer elegida por ti, el Señor, para el hijo de mi señor.”


45 Antes de que yo terminara de hablar en mi corazón, vi que Rebeca salía con su cántaro al hombro, y que bajaba a la fuente y sacaba agua. Entonces le dije: “Te ruego que me des de beber.”


46 Enseguida ella bajó su cántaro, y me dijo: “Bebe, y también les daré de beber a tus camellos.” Y yo bebí, y también a mis camellos les dio de beber.


47 Entonces le pregunté: "¿De quién eres hija?" Y ella me respondió: "Soy hija de Betuel, el hijo que Nacor tuvo con Milca". Y puse un arete en su nariz, y brazaletes en sus brazos;


48 Entonces me incliné y adoré al Señor. Bendije al Señor, Dios de mi señor Abraham, por haberme guiado por el camino de la verdad para tomar como hijo suyo a la hija del hermano de mi señor.


49 Y ahora, si vas a tratar a mi señor con misericordia y verdad, dime; y si no, dímelo también; así que sabré a qué apegarme".


50 Labán y Betuel le respondieron así: "Esto viene del Señor, y no podemos decirte ni bien ni mal.


51 Aquí tienes a Rebeca; tómala y vete, y que sea la mujer del hijo de tu señor, tal como ha dicho el Señor.


52 Cuando el criado de Abraham los oyó decir estas palabras, se inclinó a tierra delante del Señor;


53 luego sacó el criado alhajas de oro y plata, y vestidos, y se los dio a Rebeca. También a su hermano y a su madre les dio cosas preciosas.


54 Luego él y los varones que venían con él comieron y bebieron, y allí pasaron la noche. Al día siguiente se levantaron, y el criado dijo: «Envíenme a mi señor.»


55 Pero su hermano y su madre respondieron: «Que se quede la joven con nosotros por lo menos unos diez días, y después de eso partirá.»


56 Pero él les dijo: «Ya que el Señor ha prosperado mi camino, no me detengan más. Despídanme, y entonces volveré a mi señor.»


57 Entonces ellos respondieron: «Llamemos a la joven, y preguntémosle a ella.»


58 Y llamaron a Rebeca, y le dijeron: «¿Quieres irte con este varón?» Y ella respondió: «Sí, quiero irme con él.»


59 Y así, dejaron ir a su hermana Rebeca y a su nodriza, y también al criado de Abrahán y a sus hombres.


60 A Rebeca la bendijeron así: «Hermana nuestra, que seas la madre de miles y miles, y que tus descendientes conquisten las ciudades de sus enemigos.»


61 Rebeca se levantó entonces, junto con sus doncellas, y montando en los camellos siguieron al criado, el cual tomó a Rebeca y se fue.


62 Isaac, que vivía en el Néguev, regresaba del pozo llamado «El que vive y me ve».


63 Era la hora de la tarde, e Isaac había salido al campo, para meditar. Pero al levantar los ojos, vio que se acercaban los camellos.


64 También Rebeca levantó los ojos, y vio a Isaac. Entonces se bajó del camello,


65 y le preguntó al criado: «¿Quién es este varón que anda por el campo y viene a nuestro encuentro?» Y el criado le respondió: «Es mi señor.» Entonces ella tomó el velo y se cubrió,


66 y el criado le contó a Isaac todo lo que había hecho.


67 Isaac tomó entonces a Rebeca por mujer, y la llevó a la tienda de Sara, su madre, y la amó. Así se consoló Isaac después de la muerte de su madre.


Génesis 25

1 Abrahán tomó otra mujer, cuyo nombre era Cetura.


2 Ésta le dio a luz a Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac y Súaj.


3 Jocsán engendró a Sebá y a Dedán. Los hijos de Dedán fueron Asurim, Letusim y Leumim.


4 Los hijos de Madián fueron Efa, Efer, Janoc, Abidá y Eldá. Todos estos fueron hijos de Cetura.


5 Y Abrahán le dio a Isaac todo cuanto tenía.


6 A los hijos de sus concubinas, Abrahán les dio regalos mientras todavía vivía, y los envió hacia el oriente, a la tierra oriental, lejos de su hijo Isaac.


7 Abrahán llegó a vivir ciento setenta y cinco años,


8 y murió en buena vejez, anciano y lleno de años. Exhaló el espíritu, y fue reunido a su pueblo.


9 Sus hijos Isaac e Ismael lo sepultaron en la cueva de Macpela, que fue heredad de Efrón hijo de Sojar, el hitita, y que está frente a Mamre,


10 Esa heredad la compró Abrahán de los hititas, y allí fueron sepultados Abrahán y Sara, su mujer.


11 Después de la muerte de Abrahán, Dios bendijo a su hijo Isaac, y éste se quedó a vivir junto al pozo «El que vive y me ve».


12 Éstos son los descendientes de Ismael, el hijo que Abrahán tuvo con Agar la egipcia, sierva de Sara.


13 Los nombres de los hijos de Ismael, nombrados por orden de nacimiento, fueron: Nebayot, primogénito de Ismael; le siguieron Cedar, Adbel, Mibsán,


14 Misma, Duma, Massa,


15 Hadar, Tema, Jetur, Nafís y Quedemá.


16 Éstos son los hijos de Ismael, y sus nombres, en el orden de sus villas y campamentos: doce príncipes de sus pueblos.


17 Ismael llegó a vivir ciento treinta y siete años. Después de eso exhaló el espíritu y murió, y fue reunido a su pueblo.


18 Murió en presencia de todos sus hermanos. Y los ismaelitas se asentaron desde Javilá hasta Shur, que cuando se viene de Asiria queda frente a Egipto.


19 Éstos son los descendientes de Isaac, hijo de Abrahán: Abrahán engendró a Isaac.


20 Isaac tenía cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Padán Aram, y hermana de Labán el arameo.


21 Isaac rogó al Señor por Rebeca, su mujer, porque era estéril; y el Señor escuchó sus ruegos, y ella concibió.


22 Pero los hijos luchaban dentro de ella, así que ella dijo: «Si esto es así, ¿para qué estoy aquí?» Fue entonces a consultar al Señor;


23 y el Señor le respondió: «En tu seno hay dos naciones. Dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; un pueblo será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor.»


24 Cuando se cumplieron sus días para que diera a luz, resultó que en su vientre había gemelos.


25 El primero en salir era rubio y todo velludo; y le pusieron por nombre Esaú.


26 Después salió su hermano, con la mano aferrada al talón de Esaú; y le pusieron por nombre Jacob.21 Isaac tenía sesenta años de edad cuando ella los dio a luz.


27 Los niños crecieron, y Esaú fue un hombre de campo y un cazador experto; pero Jacob era un hombre tranquilo, que habitaba en tiendas.


28 Isaac amaba a Esaú, porque comía de lo que cazaba; pero Rebeca amaba a Jacob.


29 Cierto día, Jacob preparó un guiso, y Esaú, que volvía del campo, cansado,


30 le dijo a Jacob: «Por favor, dame a comer de ese guiso rojo, que estoy muy cansado.» Por eso fue llamado Edom.22


31 Y Jacob le respondió: «Pues véndeme hoy tu primogenitura.»


32 Esaú dijo: «¿Y para qué me sirve la primogenitura, si estoy a punto de morir?»


33 Jacob le dijo: «Pues júramelo hoy mismo.» Y Esaú le hizo un juramento a Jacob, y le vendió su primogenitura.


34 Entonces Jacob le dio a Esaú pan y el guiso de lentejas, y Esaú comió y bebió; luego se levantó y se fue. Así fue como Esaú menospreció la primogenitura.


Génesis 26

1 Sucedió que hubo hambre en la tierra, además de la que hubo en los días de Abrahán. Así que Isaac se fue a vivir en Gerar, con Abimelec, rey de los filisteos.


2 Y el Señor se le apareció y le dijo: «No vayas a Egipto. Quédate a vivir en la tierra que yo te diré.


3 Habita como extranjero en esta tierra, y yo estaré contigo y te bendeciré. A ti y a tu descendencia les daré todas estas tierras, y así confirmaré el juramento que le hice a Abrahán, tu padre.


4 Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y a tu descendencia le daré todas estas tierras. Todas las naciones de la tierra serán bendecidas en tu simiente,


5 porque Abrahán escuchó mi voz, y guardó mis preceptos, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes.»


6 Y así, Isaac se quedó a vivir en Gerar.


7 Los hombres de aquel lugar le preguntaron acerca de su mujer, y él respondió: «Es mi hermana»; y es que tuvo miedo de decir: «Es mi mujer», al pensar que tal vez los hombres del lugar lo matarían por causa de Rebeca, pues ella era de hermoso aspecto.


8 Después de que él estuvo allí muchos días, sucedió que Abimelec, el rey de los filisteos, al asomarse por una ventana vio que Isaac acariciaba a Rebeca, su mujer.


9 Entonces Abimelec llamó a Isaac y le dijo: «¿Así que en realidad ella es tu mujer? ¿Por qué, entonces, dijiste que era tu hermana?» Isaac le respondió: «Es que pensé: “Tal vez por causa de ella puedo morir.”»


10 Pero Abimelec le dijo: «¿Por qué nos has hecho esto? Un poco más y alguno del pueblo hubiera dormido con tu mujer, ¡y nos habrías hecho pecar!»


11 Entonces Abimelec ordenó a todo su pueblo: «El que toque a este hombre, o a su mujer, puede darse por muerto.»


12 Isaac sembró en aquella tierra y Dios lo bendijo, y ese año cosechó cien veces lo sembrado


13 y se hizo rico y prosperó. Tanto se engrandeció que llegó a tener mucho poder.


14 Tuvo rebaños de ovejas y manadas de vacas, y mucha servidumbre. Los filisteos lo envidiaban.


15 Todos los pozos que en los días de Abrahán, su padre, habían abierto sus criados, los filisteos los habían tapado y rellenado con tierra.


16 Por su parte, Abimelec le dijo a Isaac: «Apártate de nosotros, pues ya eres más poderoso que nosotros.»


17 Entonces Isaac se fue y acampó en el valle de Gerar, y allí se quedó a vivir;


18 volvió a abrir los pozos de agua que en los días de Abrahán su padre se habían abierto, y que después de la muerte de Abrahán los filisteos habían cegado, y volvió a ponerles los nombres que su padre les había dado.


19 Luego los siervos de Isaac cavaron en el valle, y encontraron allí un manantial de agua viva;


20 entonces los pastores de Gerar contendieron con los pastores de Isaac, pues decían: «Esta agua es nuestra.» Por eso Isaac llamó a ese pozo «Esek»,23 porque habían contendido con él.


21 Abrieron otro pozo, y también riñeron por él; y le puso por nombre «Sitna».24


22 Luego Isaac se apartó de allí, y abrió otro pozo, y ya no riñeron por él, así que le puso por nombre «Rejobot»,25 pues dijo: «Ahora el Señor nos ha hecho prosperar, así que fructificaremos en la tierra.»


23 De allí, Isaac se fue a Berseba.


24 Y esa misma noche el Señor se le apareció y le dijo: «Yo soy el Dios de Abrahán tu padre. No tengas miedo, pues yo estoy contigo; y por causa de Abrahán, mi siervo, yo te bendeciré y multiplicaré tu descendencia.»


25 Isaac edificó allí un altar, e invocó el nombre del Señor; luego plantó allí mismo su tienda, y sus siervos abrieron un pozo.


26 Abimelec fue desde Gerar a visitarlo. Lo acompañaban su amigo Ajuzat y Ficol, el capitán de su ejército.


27 Y les dijo Isaac: «¿Por qué vienen a mí, si ustedes me odian, y hasta me echaron de entre ustedes?»


28 Pero ellos respondieron: «Nos hemos dado cuenta de que el Señor está contigo. Por eso dijimos: “Que haya ahora un juramento entre nosotros, entre tú y nosotros.” Queremos hacer un pacto contigo,


29 de que no nos hagas ningún daño, así como nosotros no te hemos tocado. Nosotros sólo te hemos tratado bien, y te dejamos ir en paz, y ahora tú eres bendecido por el Señor.»


30 Entonces Isaac les ofreció un banquete, y ellos comieron y bebieron.


31 Al día siguiente se levantaron de madrugada, y el uno al otro se hicieron juramentos. Luego Isaac los despidió, y ellos se marcharon en paz.


32 Ese mismo día los criados de Isaac fueron a darle buenas noticias acerca del pozo que habían abierto, y le dijeron: «Hemos hallado agua.»


33 Isaac lo llamó «Sebá»; de allí que el nombre de aquella ciudad sea Berseba, hasta este día.


34 Esaú tenía cuarenta años cuando tomó por mujeres a Judit, la hija de Berí el hitita, y a Basemat, la hija de Elón el hitita,


35 las cuales fueron motivo de amargura para Isaac y Rebeca.


Génesis 27

1 Un día, cuando Isaac ya era anciano y sus ojos se le habían nublado hasta perder la vista, llamó a Esaú, su hijo mayor, y le dijo: «¡Hijo mío!» Y Esaú respondió: «¡Aquí estoy!»


2 Isaac le dijo: «Mira, ya soy viejo, y puedo morir en cualquier momento.


3 Así que toma tus armas, es decir, tu aljaba y tu arco, y ve al campo y caza algo para mí;


4 hazme luego un guisado, como a mí me gusta, y tráemelo para que lo coma. Así, yo te bendeciré antes de que muera.»


5 Mientras Isaac hablaba con su hijo Esaú, Rebeca escuchaba. Y Esaú se fue al campo para cazar algo y traerlo.


6 Entonces Rebeca fue a hablar con su hijo Jacob, y le dijo: «Acabo de oír a tu padre hablar con tu hermano Esaú. Le dijo:


7 “Caza algo, y tráemelo; hazme un guisado, para que yo lo coma y ante el Señor te bendiga antes de que muera.”


8 Así que, hijo mío, escúchame y haz lo que voy a ordenarte:


9 Ve al ganado ahora mismo, y de entre las cabras tráeme de allí dos buenos cabritos. Con ellos haré para tu padre un guiso, como a él le gusta.


10 Luego tú se lo llevarás a tu padre, para que él coma y te bendiga antes de que muera.»


11 Pero Jacob le dijo a su madre: «Si te fijas, mi hermano Esaú es muy velludo, pero yo soy lampiño.


12 Puede ser que mi padre me palpe; entonces creerá que me estoy burlando de él, y en vez de bendición recibiré maldición.»


13 Y su madre le respondió: «Hijo mío, ¡que caiga sobre mí tu maldición! Tú, hazme caso y ve a traerme los cabritos.»


14 Jacob fue por los cabritos, y se los llevó a su madre; y ella hizo un guisado, como le gustaba a Isaac.


15 Luego, tomó Rebeca la ropa de Esaú, su hijo mayor, la mejor ropa que ella tenía en casa, y con ella vistió a Jacob, su hijo menor;


16 además, con la piel de los cabritos le cubrió las manos y la parte del cuello donde no tenía vello,


17 y puso en las manos de Jacob, su hijo, el guisado y el pan que ella había preparado.


18 Entonces Jacob fue a ver a su padre, y le dijo: «¡Padre mío!» Isaac respondió: «Aquí estoy. ¿Quién eres tú, hijo mío?»


19 Jacob le dijo a su padre: «Soy Esaú, tu hijo primogénito. Ya hice lo que me pediste. Así que ven y siéntate a comer de lo que he cazado, para que me bendigas.»


20 Isaac le dijo a su hijo: «¿Cómo fue que tan pronto hallaste algo que cazar, hijo mío?» Y él respondió: «Es porque el Señor, tu Dios, me permitió encontrarlo.»


21 Isaac le dijo a Jacob: «Acércate, hijo mío, que voy a palparte para saber si eres mi hijo Esaú, o no.»


22 Jacob se acercó a Isaac, su padre, y éste lo palpó y dijo: «La voz es la de Jacob, pero las manos son las de Esaú.»


23 Y no lo reconoció, pues tenía las manos velludas como las de Esaú, así que lo bendijo,


24 aunque le preguntó: «¿Eres tú mi hijo Esaú?» Y Jacob respondió: «Sí, yo soy.»


25 Dijo también Isaac: «Acércame lo que cazaste, hijo mío, para que yo coma y luego te bendiga.» Y Jacob le acercó el guiso, y además le llevó vino, e Isaac comió y bebió.


26 Entonces Isaac le dijo: «Ahora, hijo mío, acércate y dame un beso.»


27 Jacob se acercó y lo besó. Cuando Isaac percibió el olor de su ropa, lo bendijo así: «¡Fíjense en el aroma de mi hijo! ¡Es como el aroma del campo que el Señor ha bendecido!


28 ¡Que Dios te dé del rocío del cielo y de las grosuras de la tierra! ¡Que te dé abundante trigo y vino!


29 ¡Que te sirvan los pueblos! ¡Que las naciones se inclinen ante ti! ¡Conviértete en señor de tus hermanos, y que ante ti se inclinen los hijos de tu madre! ¡Malditos sean los que te maldigan, y benditos sean los que te bendigan!»


30 Pero sucedió que, cuando Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de la presencia de su padre, su hermano Esaú volvió de andar cazando.


31 También él hizo un guisado, y se lo llevó a su padre y le dijo: «Levántate, padre mío, y come de lo que tu hijo ha cazado, para que me bendigas.»


32 Isaac, su padre, le dijo: «¿Y tú quién eres?» Y él le contestó: «Pues soy Esaú, tu hijo primogénito.»


33 A Isaac le sobrevino un gran estremecimiento, y dijo: «¿Y quién es el que vino aquí, y trajo lo que cazó, y me dio a comer de todo ello antes de que tú vinieras? Yo le di mi bendición, y ha quedado bendito.»


34 Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, lanzó una grande y amarga exclamación, y dijo: «¡Bendíceme también a mí, padre mío!»


35 Isaac dijo: «Es que vino tu hermano, y con engaños tomó tu bendición.»


36 Y Esaú respondió: «¡Qué bien le queda el nombre Jacob! ¡Ya me ha suplantado dos veces! ¡Primero me arrebató mi primogenitura, y ahora me ha arrebatado mi bendición!» Y añadió: «¿No has reservado una bendición para mí?»


37 Isaac le respondió a Esaú: «Es que yo lo he puesto como señor tuyo, y le he entregado a todos sus hermanos para que sean sus siervos; además, lo he provisto de trigo y de vino; ¿qué puedo hacer ahora por ti, hijo mío?»


38 Esaú respondió a su padre: «Padre mío, ¿acaso no tienes más que una sola bendición? ¡Bendíceme también a mí, padre mío!» Y levantó Esaú el tono de su voz, y lloró.


39 Entonces Isaac, su padre, le respondió así: «Tendrás tu habitación en lo mejor de la tierra, y gozarás del rocío de los cielos de arriba.


40 Vivirás gracias a tu espada, y servirás a tu hermano; y una vez que te hayas fortalecido te quitarás del cuello su yugo.»


41 Esaú llegó a odiar a Jacob por causa de la bendición que había recibido de su padre, y dijo en su corazón: «Ya están cerca los días de guardar luto por mi padre. Entonces mataré a mi hermano Jacob.»


42 Cuando llegaron a oídos de Rebeca estas palabras de Esaú, su hijo mayor, ella mandó llamar a Jacob, su hijo menor, y le dijo: «Mira, tu hermano Esaú halla consuelo cuando piensa en matarte.


43 Así que hazme caso, hijo mío, y prepárate a huir a la casa de mi hermano Labán, que vive en Jarán.


44 Quédate a vivir con él por algún tiempo, hasta que se calme el enojo de tu hermano.


45 Cuando se haya aplacado la ira de tu hermano contra ti, y olvide lo que le has hecho, yo te haré volver de allá. ¿Por qué voy a perderlos a ustedes dos en un solo día?»


46 A Isaac, Rebeca le dijo: «Mi vida es un fastidio, por culpa de las hititas que viven en esta tierra. Si Jacob toma como mujer a alguna de estas hititas, ¿para qué quiero seguir viviendo?»

Génesis 28

1 Entonces Isaac llamó a Jacob, y lo bendijo. Además, le ordenó: «No tomes como mujer a ninguna cananea.


2 Levántate y vete a Padán Aram, a casa de Betuel, tu abuelo materno, y toma allí por mujer a una de las hijas de Labán, el hermano de tu madre.


3 ¡Que el Dios omnipotente te bendiga y haga que te reproduzcas y te multipliques, hasta que seas un gran conjunto de pueblos!


4 ¡Que Dios te dé la bendición de Abrahán, a ti y a tu descendencia, para que heredes la tierra donde ahora vives, y que él le dio a Abrahán!»


5 Así despidió Isaac a Jacob, y éste se fue a Padán Aram, donde vivía Labán, que era hijo de Betuel el arameo y hermano de Rebeca, la madre de Jacob y de Esaú.


6 Esaú vio que Isaac había bendecido a Jacob, y que lo había enviado a Padán Aram para tomar de allí una mujer. También vio que, al bendecirlo, le había dado la orden de no tomar por mujer a una cananea,


7 y que Jacob había obedecido a su padre y a su madre, y se había ido a Padán Aram.


8 Esaú vio igualmente que a Isaac, su padre, no le agradaban las cananeas,


9 así que se fue a ver a Ismael y, además de sus otras mujeres, Esaú tomó allí por mujer a Majalat, que era hermana de Nebayot e hija de Ismael, el hijo de Abrahán.


10 Jacob salió de Berseba y se fue a Jarán.


11 Al llegar a cierto lugar, se quedó allí a pasar la noche, porque el sol ya se había puesto. Tomó una de las piedras de aquel lugar y la puso como cabecera, y allí se acostó para dormir.


12 Entonces tuvo un sueño, en el que veía una escalera apoyada en la tierra, y cuyo extremo tocaba el cielo, y veía que los ángeles de Dios subían y bajaban por ella.


13 En lo alto de la escalera, veía al Señor, que le decía: «Yo soy el Señor, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. A ti y a tu descendencia les daré la tierra donde ahora estás acostado.


14 Tu descendencia será como el polvo de la tierra, y te esparcirás hacia el occidente y el oriente, hacia el norte y el sur. En ti y en tu simiente serán bendecidas todas las familias de la tierra.


15 Date cuenta de que yo estoy contigo. Yo te protegeré por dondequiera que vayas, y volveré a traerte a esta tierra. No te dejaré ni un momento, hasta que haya hecho lo que te he dicho.»


16 Cuando Jacob despertó de su sueño, dijo: «Realmente el Señor está en este lugar, y yo no lo sabía.»


17 Sintió miedo, y dijo: «¡Qué terrible es este lugar! ¡No es otra cosa que la casa de Dios y la puerta del cielo!»


18 Por la mañana Jacob se levantó y tomó la piedra que había puesto de cabecera, la levantó como un pilar, y sobre ella derramó aceite.


19 A ese lugar le puso por nombre Betel,26 aunque el primer nombre de esa ciudad era Luz.27


20 Allí Jacob hizo este voto: «Si Dios me acompaña y me protege en este viaje que ahora hago, y me da pan para comer y ropa para vestirme,


21 y me hace volver en paz a la casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios.


22 Esta piedra, que he levantado como pilar, será casa de Dios; y de todo lo que me des, apartaré el diezmo para ti.»


Génesis 29

1 Jacob siguió su camino, y llegó a la tierra de los orientales.


2 Se fijó, y vio en el campo un pozo; cerca de él había tres rebaños de ovejas, porque de ese pozo bebían los ganados. Una piedra muy grande tapaba la boca del pozo.


3 Cuando todos los rebaños se reunían, se removía la piedra que tapaba el pozo, y se daba de beber a las ovejas; después se volvía a poner la piedra sobre la boca del pozo.


4 Jacob les dijo: «Hermanos míos, ¿de dónde son ustedes?» Y ellos respondieron: «Somos de Jarán.»


5 Les dijo entonces: «¿Conocen ustedes a Labán, el hijo de Najor?» Y ellos dijeron: «Sí, lo conocemos.»


6 Jacob les dijo: «¿Se encuentra bien?» Y ellos contestaron: «Él se encuentra bien. De hecho, aquí viene su hija Raquel con las ovejas.»


7 Entonces él dijo: «Como pueden ver, aún es muy de día. Todavía no es tiempo de recoger el ganado. Denles agua a las ovejas, y llévenlas a los pastos.»


8 Pero ellos le respondieron: «No podemos hacerlo, hasta que se junten todos los rebaños. Entonces se quitará la piedra de la boca del pozo, y les daremos agua a las ovejas.»


9 Todavía estaba él hablando con ellos, cuando llegó Raquel con el rebaño de su padre, pues ella era la pastora.


10 Raquel era hija de Labán, hermano de la madre de Jacob, y el rebaño era de Labán. Cuando Jacob vio a Raquel, se acercó y removió la piedra de la boca del pozo, y dio de beber al rebaño,


11 luego besó a Raquel, y sin más se echó a llorar.


12 Entonces Jacob le dijo a Raquel que él era sobrino de su padre, pues era hijo de Rebeca. Ella corrió entonces a dar esta noticia a su padre.


13 Al oír Labán estas noticias de Jacob, hijo de su hermana, corrió a recibirlo, y lo abrazó y lo besó, y lo llevó a su casa; allí Jacob le contó a Labán todas estas cosas.


14 Y Labán le dijo: «Ciertamente, tú eres de mi propia sangre.» Y Jacob se quedó con él todo un mes.


15 Entonces Labán le dijo a Jacob: «¿Vas a trabajar para mí de balde, sólo porque eres mi sobrino? ¡Dime cuánto quieres que te pague!»


16 Labán tenía dos hijas. La mayor se llamaba Lea, y la menor se llamaba Raquel.


17 Los ojos de Lea eran tiernos, pero Raquel tenía una bella presencia y era de hermoso parecer.


18 Jacob se enamoró de Raquel, y dijo: «Por Raquel, tu hija menor, yo te serviré siete años.»


19 Y Labán respondió: «Es mejor que te la dé a ti, y no a otro hombre. Quédate conmigo.»


20 Así fue como Jacob trabajó siete años por Raquel; pero le parecieron unos cuantos días, porque la amaba.


21 Un día, Jacob le dijo a Labán: «Mi plazo se ha cumplido. Dame a mi mujer, para unirme a ella.»


22 Labán juntó entonces a todos los varones de aquel lugar, y ofreció un banquete.


23 Cuando llegó la noche, Labán tomó a su hija Lea, y se la llevó a Jacob; y él se unió a ella.


24 Además, Labán le dio a su hija Lea, por criada, a su sierva Zilpa.


25 Cuando llegó la mañana, Jacob vio que estaba con Lea; así que le dijo a Labán: «¿Qué es lo que me has hecho? ¿Acaso no te he servido por Raquel? ¿Por qué me has engañado?»


26 Y Labán respondió: «Aquí no acostumbramos dar a la hija menor antes que a la mayor.


27 Cumple esta semana, y se te dará también la otra, si trabajas para mí otros siete años.»


28 Jacob lo hizo así. Cumplió aquella semana, y Labán le dio a su hija Raquel por mujer.


29 A su hija Raquel, Labán le dio por criada a su sierva Bilá.


30 Y Jacob se unió también a Raquel, y la amó mucho más que a Lea; y trabajó para Labán siete años más.


31 Al ver el Señor que Lea era menospreciada, le dio hijos; pero Raquel era estéril.


32 Y Lea concibió y dio a luz un hijo, y le puso por nombre Rubén,28 pues dijo: «El Señor ha mirado mi aflicción, así que ahora mi marido me amará.»


33 Volvió a concebir, y dio a luz un hijo. Entonces dijo: «El Señor oyó29 que yo era menospreciada, así que también me ha dado este hijo.» Por eso le puso por nombre Simeón.


34 Concibió una vez más, y dio a luz un hijo. Y dijo: «Esta vez mi marido se unirá30 conmigo, pues ya le he dado tres hijos.» Por eso le puso por nombre Leví.


35 Todavía concibió otra vez, y dio a luz un hijo. Entonces dijo: «Esta vez alabaré31 al Señor.» Por eso le puso por nombre Judá. Y dejó de dar a luz.


Génesis 30

1 Al ver Raquel que ella no le daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana y le dijo a Jacob: «¡Dame hijos, pues de lo contrario me muero!»


2 Jacob se enojó con Raquel, y le dijo: «¿Acaso soy Dios, que le ha impedido a tu vientre dar fruto?»


3 Ella le dijo: «Aquí tienes a mi sierva Bilá. Únete a ella. Así ella dará a luz sobre mis rodillas, y también yo tendré hijos de ella.»


4 Y Raquel le dio a su sierva Bilá por mujer, y Jacob se unió a ella.


5 Y Bilá concibió, y le dio a Jacob un hijo.


6 Entonces dijo Raquel: «Dios me juzgó, y oyó también mi voz, y me dio un hijo.» Por eso le puso por nombre Dan.32


7 Bilá, la sierva de Raquel, concibió otra vez y le dio a Jacob un segundo hijo.


8 Y Raquel dijo: «Tremendas luchas he librado33 con mi hermana, y la he vencido.» Y llamó a su hijo Neftalí.


9 Al ver Lea que ella había dejado de dar a luz, tomó a su sierva Zilpa y se la dio a Jacob por mujer.


10 Y Zilpa, la sierva de Lea, le dio a Jacob un hijo.


11 Entonces dijo Lea: «¡Llegó la buena suerte!», así que le puso por nombre Gad.34


12 Zilpa, la sierva de Lea, le dio otro hijo a Jacob;


13 y Lea dijo: «¡Qué felicidad la mía! ¡Las mujeres me considerarán feliz!» Y le puso por nombre Aser.35


14 Durante la siega del trigo, Rubén fue al campo y encontró mandrágoras, las cuales llevó a Lea, su madre. Y Raquel le dijo a Lea: «Por favor, dame algunas de las mandrágoras de tu hijo.»


15 Y ella le respondió: «¿Te parece poco haberme quitado a mi marido, que ahora quieres quitarme también las mandrágoras de mi hijo?» Y Raquel le propuso: «Pues a cambio de las mandrágoras de tu hijo, Jacob dormirá contigo esta noche.»


16 En la tarde, cuando Jacob volvió del campo, Lea salió a su encuentro y le dijo: «Únete conmigo. Francamente, te he alquilado a cambio de las mandrágoras de mi hijo.» Y Jacob durmió con ella aquella noche.


17 Y Dios oyó a Lea, y ésta concibió y le dio a Jacob su quinto hijo.


18 Y dijo Lea: «Dios me ha recompensado,36 por haberle dado mi marido a mi sierva.» Por eso le puso por nombre Isacar.


19 Después Lea volvió a concebir, y le dio a Jacob su sexto hijo.


20 Entonces dijo Lea: «¡Que bello regalo me ha hecho Dios! Ahora mi marido vivirá37 conmigo, pues ya le he dado seis hijos.» Y le puso por nombre Zabulón.


21 Después dio a luz una hija, y le puso por nombre Dina.


22 Pero Dios se acordó de Raquel. La escuchó y le concedió tener hijos.


23 Y ella concibió y dio a luz un hijo. Entonces dijo: «Dios ha borrado mi vergüenza»,


24 y le puso por nombre José,38 pues dijo: «¡Quiera el Señor darme un hijo más!»


25 Por el tiempo en que Raquel dio a luz a José, sucedió que Jacob le dijo a Labán: «Déjame ir, y volveré a mi lugar, a mi propia tierra.


26 Entrégame a mis mujeres y mis hijos, por quienes te he servido, y déjame ir. Tú bien sabes cómo he trabajado para ti.»


27 Y Labán le respondió: «Si merezco que me trates con bondad, quédate. Se me ha revelado que gracias a ti el Señor me ha bendecido.»


28 Y añadió: «Dime cuánto quieres ganar, que yo te lo pagaré.»


29 Y Jacob respondió: «Tú bien sabes cómo he trabajado para ti, y cómo ha estado tu ganado conmigo.


30 Lo poco que tenías antes de mi llegada, ha crecido en gran número. Con mi llegada el Señor te ha bendecido, pero ¿cuándo haré algo también por mi propia casa?»


31 Y Labán le dijo: «¿Qué quieres que te dé?» Y Jacob respondió: «No me des nada. Si quieres hacer algo por mí, haz lo siguiente y yo volveré a cuidar de tus ovejas.


32 Hoy pasaré por todo tu rebaño, y apartaré todas las ovejas manchadas y salpicadas de color, y todas las ovejas de color oscuro, más las cabras que sean manchadas y salpicadas de color. Ésta será mi paga.


33 Así el día de mañana, cuando vengas a reconocer mi paga, mi honradez responderá por mí. Toda cabra que no sea pintada ni manchada, y toda oveja entre mis ovejas que no sea de color oscuro, se me achacará como robada.»


34 Labán dijo entonces: «Pues bien, que sea como tú dices.»


35 Ese mismo día, Labán apartó los machos cabríos manchados y rayados, y todas las cabras manchadas y salpicadas de color, y toda la que tenía en sí algo de blanco, y todas las ovejas de color oscuro, y las puso a cargo de sus hijos.


36 Luego puso tres días de camino entre él y Jacob. Mientras tanto, Jacob cuidaba el resto de las ovejas de Labán.


37 Jacob tomó entonces varas verdes de álamo, avellano y castaño, y les quitó la corteza para que se viera lo blanco de las varas;


38 luego puso las varas sin corteza en los abrevaderos, donde las ovejas venían a beber agua, y éstas se apareaban delante de las varas cuando venían a beber.


39 Así las ovejas concebían delante de las varas, y parían borregos listados, pintados y salpicados de diversos colores.


40 Entonces Jacob apartaba los corderos, y todos los oscuros y listados del hato de Labán los ponía entre su propio rebaño; luego ponía aparte su hato, y no lo juntaba con las ovejas de Labán.


41 Y cada vez que las ovejas más fuertes estaban en celo, Jacob ponía las varas en los abrevaderos, delante de las ovejas, para que concibieran a la vista de las varas;


42 pero cuando venían las ovejas más débiles, no las ponía. Así, las más débiles eran para Labán, y las más fuertes para Jacob.


43 Así fue como este hombre se hizo muy rico, y tuvo muchas ovejas, y siervas y sirvientes, así como camellos y asnos.


Génesis 31


1 Pero Jacob oyó hablar de los hijos de Labán, porque dijeron: "Jacob se ha quedado con todo lo que pertenecía a nuestro padre. Obtuvo todas sus riquezas de lo que era de nuestro padre".


2 Además, Jacob miró el rostro de Labán y pudo ver que ya no lo trataba como antes.


3 Entonces el Señor dijo a Jacob: "Regresa a la tierra de tus padres, con tus parientes, y yo estaré contigo".


4 Jacob mandó llamar a Raquel y a Lea al campo donde estaban sus ovejas,


5 y les dijo: "Me doy cuenta de que su padre ya no me trata como antes. Pero el Dios de mi padre está conmigo.


6 Tú sabes que he servido a tu padre con todas mis fuerzas,


7 y que su padre me ha engañado, pues varias veces me ha cambiado la paga. Pero Dios no le ha permitido hacerme daño.


8 Si él decía: “Te voy a pagar con los pintados”, entonces todas las ovejas parían corderos pintados; y si decía: “Te voy a pagar con los listados”, entonces todas las ovejas parían corderos listados.


9 Así Dios le quitó al padre de ustedes el ganado, y me lo dio a mí.


10 Y resulta que, cuando las ovejas estaban en celo, yo levanté la vista, y en sueños vi que los machos que cubrían a las hembras eran listados, pintados y abigarrados.


11 Entonces el ángel de Dios me habló en sueños, y yo me dispuse a escucharlo.


12 Y me dijo: “Levanta ahora los ojos, y verás que todos los machos que cubren a las hembras son listados, pintados y abigarrados. Yo he visto todo lo que Labán te ha hecho.


13 Yo soy el Dios de Betel, donde tú ungiste la piedra, y donde me hiciste un voto. Levántate ahora y sal de esta tierra, y regresa a tu tierra natal.”»


14 Raquel y Lea respondieron: «¿Acaso tenemos todavía nosotras alguna porción o herencia en la casa de nuestro padre?


15 ¿Acaso no nos considera unas extrañas, y hasta nos vendió y se ha comido por completo nuestro precio?


16 La verdad es que todas las riquezas que Dios le ha quitado a nuestro padre, ¡son de nosotras y de nuestros hijos! Así que, haz todo lo que Dios te ha dicho.»


17 Entonces Jacob se preparó y sentó a sus hijos y sus mujeres sobre los camellos,


18 luego puso en marcha todo su ganado, y todo el ganado que había adquirido, que era su ganancia de Padán Aram, y se dispuso a volver a Isaac, su padre, en la tierra de Canaán.


19 Como Labán había ido a trasquilar sus ovejas, Raquel hurtó los ídolos de su padre.


20 Jacob, por su parte, engañó a Labán el arameo al no hacerle saber que iba a fugarse.


21 Y se fugó, llevándose todo lo que tenía. Se dispuso a cruzar el Éufrates, y se enfiló hacia el monte de Galaad.


22 Al tercer día fueron a decirle a Labán que Jacob se había fugado.


23 Entonces Labán se hizo acompañar de sus parientes, y se fue tras Jacob. Después de siete días de camino, lo alcanzó en el monte de Galaad.


24 Pero esa noche Dios se le apareció en un sueño a Labán el arameo, y le dijo: «Mucho cuidado con comenzar a hablarle a Jacob bien, y acabar mal.»


25 Labán alcanzó a Jacob cuando éste había plantado su tienda en el monte, así que Labán y sus parientes acamparon en el monte de Galaad.


26 Y Labán le dijo a Jacob: «¿Qué es lo que has hecho? ¿Por qué me engañaste y trajiste a mis hijas como prisioneras de guerra?


27 ¿Por qué te fugaste a escondidas? ¿Por qué me engañaste, y no me dijiste nada? ¡Yo te habría despedido con alegría y con cantos, con tamborines y arpas!


28 ¡Ni siquiera me dejaste besar a mis hijos y mis hijas! ¡Lo que has hecho es una locura!


29 Yo tengo poder para hacerles daño; pero el Dios de tu padre me habló anoche y me dijo: “Mucho cuidado con comenzar a hablarle a Jacob bien, y acabar mal.”


30 Pero ya que tantas ganas tenías de irte a la casa de tu padre, ¿por qué me robaste mis dioses?»


31 Jacob le respondió así a Labán: «Es que tuve miedo. Yo pensé que tal vez me quitarías tus hijas por la fuerza.


32 Pero al que encuentres con tus dioses en su poder, no quedará con vida. En presencia de nuestros hermanos, reconoce lo que sea tuyo y esté en mi poder, y llévatelo.» Pero Jacob no sabía que Raquel los había hurtado.


33 Labán entró en la tienda de Jacob, luego en la tienda de Lea y en la tienda de las dos siervas, y no halló nada; entonces salió de la tienda de Lea y entró en la tienda de Raquel.


34 Pero Raquel tomó los ídolos y los puso bajo la albarda de un camello, y se sentó sobre ellos; así que Labán buscó en toda la tienda, y no los halló.


35 Y ella le dijo a su padre: «No se enoje mi señor. Es que no me puedo levantar delante de ti, porque estoy con la costumbre de las mujeres.» Y Labán buscó los ídolos, pero no los halló.


36 Entonces Jacob se enojó, y riñó con Labán. Le reclamó: «¿En qué te he faltado? ¿Cuál es mi pecado, para que me persigas con tanto ardor?


37 Ya que has rebuscado en todas mis cosas, ¿qué has hallado de todos los enseres de tu casa? Ponlo aquí, delante de mis hermanos y de los tuyos, ¡y que juzguen entre nosotros!


38 Veinte años han sido los que he estado contigo, y nunca abortaron tus ovejas ni tus cabras, ni me comí un solo carnero de tus ovejas.


39 Nunca te traje lo que las fieras arrebataron, y si algo se robaban de día o de noche, me hacías responsable y a mí me lo cobrabas.


40 De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño se me iba.


41 Esta clase de vida he tenido en tu casa durante veinte años. Catorce te serví por tus dos hijas, y seis por tu ganado, y varias veces me has cambiado la paga.


42 Si no estuviera conmigo el Dios de mi padre, el Dios de Abrahán, el Dios a quien Isaac temía, estoy seguro que me dejarías ir ahora con las manos vacías. Pero Dios ha visto mi aflicción y el trabajo de mis manos, y por eso te reprendió anoche.»


43 Labán le respondió a Jacob: «Las hijas son mis hijas, y los hijos son mis hijos; las ovejas son mis ovejas. ¡Todo lo que aquí ves me pertenece! Pero ¿qué puedo hacerles hoy a estas hijas mías, o a los hijos que ellas han tenido?


44 Ven ahora, y hagamos un pacto tú y yo, y que éste sea un testimonio entre nosotros dos.»


45 Entonces Jacob tomó una piedra, y la levantó como señal.


46 Jacob les dijo a sus parientes: «Recojan piedras». Y ellos tomaron piedras e hicieron un montón, y allí sobre el montón de piedras comieron.


47 Labán lo llamó «Yegar Sadutá»,39 y Jacob lo llamó «Galaad»40


48 porque Labán dijo: «Este montón de piedras es hoy testigo entre nosotros dos». Por eso se le conoce por el nombre de Galaad


49 y de Mispá,41 pues dijo: «Que el Señor nos vigile a ti y a mí, ahora que nos separemos el uno del otro.


50 Si acaso humillas a mis hijas, o si tomas otras mujeres además de mis hijas, nadie está con nosotros, pero Dios nos ve y es testigo entre nosotros dos.»


51 Además, Labán le dijo a Jacob: «Mira este montón de piedras y esta señal, que he levantado entre nosotros dos.


52 Que este montón de piedras y esta señal nos sirvan de testigos, de que ni tú ni yo pasaremos más allá de este montón de piedras, ni de esta señal, para hacernos daño.


53 Que el Dios de Abrahán y el Dios de Najor, el Dios de sus padres, juzgue entre nosotros.» Y Jacob juró por aquel que era el temor de Isaac, su padre.


54 Luego Jacob ofreció sacrificios en el monte, y llamó a sus hermanos a comer pan. Después de comer, pasaron la noche en el monte.


55 A la mañana siguiente Labán se levantó y besó a sus hijos y sus hijas, y los bendijo; después de eso se fue de regreso a su lugar.


Génesis 32

1 Al seguir Jacob su camino, le salieron al encuentro ángeles de Dios.


2 Cuando Jacob los vio, dijo: «Éste es un campamento de Dios.» Así que a aquel lugar lo llamó Majanayin.42


3 Jacob envió delante de sí mensajeros a Esaú, su hermano, que estaba en la tierra de Seir, en el campo de Edom,


4 y les dio las siguientes instrucciones: «Díganle a mi señor Esaú de parte de su siervo Jacob: “Hasta ahora he estado viviendo con Labán.


5 Tengo vacas, asnos y ovejas, y también siervos y siervas. Envío a decir esto a mi señor, para pedirle que me trate con bondad.”»


6 Los mensajeros volvieron a Jacob, y le dijeron: «Fuimos a ver a tu hermano Esaú, y también él viene a recibirte. Con él vienen cuatrocientos hombres.»


7 Jacob sintió mucho miedo. En su angustia, dividió en dos campamentos a la gente que venía con él, lo mismo que a las ovejas, las vacas y los camellos;


8 y dijo: «Si Esaú viene contra un campamento, y lo ataca, el otro campamento podrá escapar.»


9 También dijo Jacob: «Señor, Dios de mi padre Abrahán y Dios de mi padre Isaac, tú me dijiste: “Vuelve a tu tierra, con tus parientes, y yo te trataré bien.”


10 Yo soy menor que todas las misericordias y que toda la verdad con que has tratado a este siervo tuyo, pues crucé este Jordán solamente con mi cayado, y ahora he llegado a poseer dos campamentos.


11 ¡Por favor, líbrame de la mano de mi hermano Esaú, porque le temo! ¡No sea que venga y hiera a la madre junto con los hijos!


12 Tú has dicho: “Yo te trataré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, tan numerosa que no se puede contar.”»


13 Esa noche Jacob durmió allí, y de lo que le vino a la mano tomó un presente para su hermano Esaú:


14 doscientas cabras, veinte machos cabríos, doscientas ovejas, veinte carneros,


15 treinta camellas recién paridas con sus crías, cuarenta vacas y diez novillos, y veinte asnas y diez borricos.


16 A cada uno de sus siervos le entregó una manada, y les dijo: «Adelántense a mí, y dejen un espacio entre una y otra manada.»


17 Al primero le ordenó: «Si mi hermano Esaú te encuentra y te pregunta “¿Quién es tu amo? ¿A dónde vas? ¿Para quién es esto que vas arreando?”


18 Respóndele: “Es un presente que tu siervo Jacob te envía a ti, mi señor Esaú. Mira, él mismo viene atrás de nosotros.”»


19 Al segundo también le dio órdenes, lo mismo que al tercero y a todos los que iban tras aquellas manadas. Les dijo: «Esto es lo que le dirán a Esaú, cuando lo encuentren.


20 Y le dirán también: “Tu siervo Jacob viene atrás de nosotros.”» Y es que pensó: «Voy a calmar su enojo con el presente que va delante de mí. Después de eso lo veré cara a cara. Tal vez me perdone.»


21 Y así, el presente avanzó delante de él, y esa noche se quedó a dormir en el campamento.


22 Pero esa misma noche se levantó, tomó a sus dos mujeres, sus dos siervas y sus once hijos, y cruzó el vado de Jaboc.


23 Los tomó, y los hizo cruzar el arroyo, con todas sus posesiones.


24 De modo que Jacob se quedó solo, y un hombre luchó con él hasta la salida del sol.


25 Pero cuando ese hombre vio que no podía vencerlo, lo golpeó en la coyuntura de su muslo, y en la lucha el muslo de Jacob se descoyuntó.


26 El hombre dijo: «Déjame ir, porque ya está saliendo el sol.» Pero Jacob le respondió: «No te dejaré ir, si no me bendices.»


27 Aquel hombre le dijo: «¿Cuál es tu nombre?» Y él respondió: «Jacob».


28 Y el hombre dijo: «Tu nombre ya no será Jacob, sino Israel;43 porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.»


29 Entonces Jacob le preguntó: «Ahora hazme saber tu nombre.» Y aquel hombre respondió: «¿Para qué quieres saber mi nombre?» Y lo bendijo allí.


30 A ese lugar Jacob le puso por nombre «Peniel»,44 porque dijo: «He visto a Dios cara a cara, y sigo con vida.»


31 El sol salía cuando Jacob, que iba cojeando de la cadera, cruzó Peniel.


32 Por eso hasta el día de hoy los israelitas no comen del tendón que se contrajo, y que está en la coyuntura del muslo; porque aquel hombre golpeó a Jacob en esta parte de su muslo, en el tendón que se contrajo.


Génesis 33

1 Jacob levantó la vista, y vio que Esaú venía acompañado de cuatrocientos hombres. Entonces repartió a los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas,


2 puso primero a las siervas y sus niños, luego a Lea y sus niños, y por último a Raquel y a José;


3 luego él se adelantó a ellos, y siete veces se inclinó hasta el suelo, hasta estar cerca de su hermano.


4 Pero Esaú corrió a su encuentro y, echándose a su cuello, lo abrazó y lo besó. Y los dos lloraron.


5 Pero al levantar Esaú la vista, y ver a las mujeres y los niños, preguntó: «¿Y éstos, quiénes son?» Y Jacob respondió: «Son los niños que Dios le ha dado a este siervo tuyo.»


6 Llegaron entonces las siervas con sus niños, y se inclinaron.


7 Luego llegó Lea con sus niños, y se inclinaron; y tras ellos llegaron José y Raquel, y también se inclinaron.


8 Esaú preguntó: «¿Qué te propones hacer con todos estos grupos que me he encontrado?» Y Jacob respondió: «He querido ganarme la buena voluntad de mi señor.»


9 Y Esaú dijo: «Yo tengo ya demasiado, hermano mío. Lo que es tuyo, es tuyo.»


10 Pero Jacob respondió: «¡No, por favor! Si me he ganado tu buena voluntad, acepta mi presente. El ver tu rostro es como haber visto el rostro de Dios. Tú me has mostrado tu buena voluntad.


11 Acepta, por favor, el presente que te he traído. Dios ha sido muy bueno conmigo, y todo esto es mío.» Y tanto le insistió Jacob, que Esaú lo aceptó.


12 Luego dijo Esaú: «Vamos, pongámonos en marcha. Yo iré delante de ti.»


13 Pero Jacob le dijo: «Mi señor sabe que los niños son débiles, y que tengo ovejas y vacas recién paridas; si se les fatiga, en un solo día pueden morir todas las ovejas.


14 Ruego a mi señor adelantarse a su siervo, que yo iré poco a poco, al paso del ganado que va delante de mí y al paso de los niños, hasta alcanzar a mi señor en Seir.»


15 Esaú le dijo: «Permíteme dejar contigo parte de la gente que viene conmigo.» Y Jacob le dijo: «¿Para qué hacerlo así? Muéstreme mi señor su buena voluntad.»


16 Ese mismo día Esaú volvió a Seir por su camino,


17 y Jacob se fue a Sucot. Allí se construyó una casa, y unas cabañas para su ganado, y es por eso que a ese lugar le puso por nombre Sucot.45


18 De regreso de Padán Aram, Jacob llegó sano y salvo a la ciudad de Siquén, que está en la tierra de Canaán, y acampó delante de la ciudad;


19 por cien monedas46 compró una parte del campo a los hijos de Jamor, padre de Siquén. Allí plantó su tienda,


20 y levantó un altar, al que llamó El Elohé Israel.47


Génesis 34

1 Dina, la hija que Lea le había dado a Jacob, salió a ver a las mujeres del lugar.


2 Y la vio Siquén, hijo de Jamor el jivita, que era príncipe de aquella tierra, y tomándola con violencia se acostó con ella y la deshonró.


3 Pero tan atraído se sintió a Dina, la hija de Lea, que se enamoró de la joven y trató de ganarse su corazón.


4 Y habló Siquén con Jamor, su padre, y le dijo: «Tómame por mujer a esta joven.»


5 Llegó a oídos de Jacob que Siquén había deshonrado a Dina, su hija; pero como sus hijos estaban en el campo con su ganado, no dijo nada hasta que ellos llegaran.


6 Jamor, el padre de Siquén, fue a ver a Jacob para hablar con él.


7 Cuando los hijos de Jacob lo supieron, volvieron del campo. Y se entristecieron y enojaron mucho, porque Siquén había cometido una vileza en Israel al acostarse con la hija de Jacob. Era algo que no se debía haber hecho.


8 Jamor habló con ellos, y les dijo: «Tan atraído se siente mi hijo Siquén por la hija de ustedes, que les ruego que se la den por mujer.


9 Háganse parientes nuestros. Ustedes nos darán a sus hijas, y tomarán para ustedes a las nuestras.


10 Quédense a vivir entre nosotros. La tierra está delante de ustedes. Vivan en ella, y hagan en ella negocios. Tomen de ella posesión.»


11 Siquén también les dijo al padre de Dina y a sus hermanos: «Si acaso merezco que me traten con bondad, yo les daré lo que me pidan.


12 Aumenten a cargo mío una gran dote y muchos regalos. Yo les daré todo lo que me pidan, pero denme a la joven por mujer.»


13 Pero como Siquén había mancillado a su hermana Dina, los hijos de Jacob respondieron a éste y a su padre con engaños.


14 Les dijeron: «No podemos entregarle nuestra hermana a un hombre incircunciso. Entre nosotros, eso es algo vergonzoso.


15 Pero accederemos con esta condición: si ustedes han de ser como nosotros, todos los varones entre ustedes deben circuncidarse.


16 Entonces sí, les daremos nuestras hijas, y nosotros tomaremos las de ustedes; y habitaremos entre ustedes, y seremos un solo pueblo.


17 Pero si no nos hacen caso, y no se circuncidan, tomaremos a nuestra hija y nos iremos de aquí.»


18 Estas palabras les parecieron bien a Jamor y a su hijo Siquén.


19 Y no tardó el joven en cumplir con esa condición, porque la hija de Jacob le había agradado y él era el más distinguido de toda la casa de su padre.


20 Fueron entonces Jamor y su hijo Siquén a la puerta de su ciudad, y hablaron con los varones de su ciudad. Les dijeron:


21 «Estos varones vienen a nosotros en son de paz. Habitarán en el país, y harán negocios en él, pues hay en la tierra bastante espacio para ellos. Nosotros tomaremos sus hijas por mujeres, y les daremos las nuestras.


22 Pero estos hombres aceptan habitar entre nosotros con una condición: para que seamos un solo pueblo, todo varón entre nosotros debe ser circuncidado, así como ellos son circuncidados.


23 Su ganado y sus bienes, y todas sus bestias, serán nuestros; solamente tenemos que aceptar, y ellos habitarán con nosotros.»


24 Todos los que salían por la puerta de la ciudad obedecieron a Jamor y a su hijo Siquén, y circuncidaron a todo varón, es decir, a todos los que salían por la puerta de la ciudad.


25 Pero al tercer día, cuando los hombres experimentaban los dolores más graves, Simeón y Leví, que eran dos de los hijos de Jacob y hermanos de Dina, tomaron cada uno su espada y fueron a la ciudad, la cual estaba desprevenida, y mataron a todos los varones.


26 Mataron a filo de espada a Jamor y a su hijo Siquén, y luego de sacar a Dina de la casa de Siquén, se fueron.


27 Los otros hijos de Jacob se lanzaron sobre los muertos, y saquearon la ciudad, porque su hermana había sido deshonrada.


28 Se llevaron ovejas, vacas y asnos, y todo lo que había en la ciudad y en el campo.


29 También se llevaron todos los bienes que había en las casas, y se llevaron cautivos a todos sus niños y sus mujeres.


30 Entonces Jacob les dijo a Simeón y Leví: «Ustedes me han creado un gran problema. Me han hecho odioso a los cananeos y ferezeos, habitantes de esta tierra. Con los pocos hombres que tengo, ellos se juntarán contra mí y me atacarán, y yo y mi casa seremos destruidos.»


31 Pero ellos le respondieron: «¿Y él tenía que tratar a nuestra hermana como a una ramera?»


Génesis 35

1 Dios le dijo a Jacob: «Prepárate para ir a Betel y quedarte allí. En Betel harás un altar al Dios que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú.»


2 Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que estaban con él: «Desháganse de los dioses ajenos que hay entre ustedes; purifíquense y cámbiense de ropa,


3 y preparémonos para ir a Betel. Allí haré un altar al Dios que me respondió en el día de mi angustia, y que me ha acompañado por dondequiera que he andado.»


4 Ellos le entregaron a Jacob todos los dioses ajenos que había en su poder, y los zarcillos que llevaban en las orejas; y Jacob los enterró bajo la encina que estaba cerca de Siquén.


5 Cuando salieron, el terror de Dios cayó sobre las ciudades de los alrededores, y nadie persiguió a los hijos de Jacob.


6 Jacob y todo el pueblo que estaba con él llegaron a Luz (es decir, Betel), ciudad que está en la tierra de Canaán,


7 y Jacob edificó un altar, y a ese lugar lo llamó El Betel,48 porque allí se le había aparecido Dios cuando huía de su hermano.


8 Allí murió Débora, nodriza de Rebeca, y fue sepultada al pie de Betel, debajo de la encina, la cual fue llamada Alón Bacut.49


9 Una vez más, Dios se le apareció a Jacob cuando volvió de Padán Aram, y lo bendijo.


10 Le dijo Dios: «Tu nombre es Jacob. Pero ya no te llamarás Jacob; ahora tu nombre será Israel.» Y ése fue su nombre.


11 Y Dios también le dijo: «Yo soy el Dios omnipotente. Reprodúcete y multiplícate. De ti saldrá una nación, y reyes, y un conjunto de naciones.


12 La tierra que les he dado a Abrahán y a Isaac, te la daré a ti, y a tu descendencia después de ti.»


13 Después Dios se apartó de Jacob y del lugar donde había hablado con él.


14 En ese lugar Jacob levantó una señal de piedra, y como libación derramó aceite sobre ella.


15 Al lugar donde Dios había hablado con él, Jacob le puso por nombre Betel.


16 Después partieron de Betel. Pero aún estaban como a media legua de distancia de Efrata, cuando Raquel dio a luz, y tuvo un parto difícil.


17 Entre las dificultades de su parto, la partera le dijo: «No tengas miedo, que también tendrás este hijo.»


18 Cuando Raquel exhalaba el último suspiro (pues murió), le puso por nombre Benoní;50 pero su padre lo llamó Benjamín.51


19 Y Raquel murió y fue sepultada en el camino de Efrata, que también es Belén.


20 Sobre su sepultura, Jacob levantó un pilar, que hasta el día de hoy es la señal de la sepultura de Raquel.


21 Y partió Israel de allí, y plantó su tienda más allá de Migdal Edar.


22 Mientras Israel vivía en aquella tierra, Rubén fue y durmió con Bilá, la concubina de su padre. Pero esto llegó a oídos de Israel. Los hijos de Israel fueron doce:


23 los hijos de Lea: Rubén, el primogénito de Jacob; Simeón, Leví, Judá, Isacar y Zabulón.


24 Los hijos de Raquel: José y Benjamín.


25 Los hijos de Bilá, sierva de Raquel: Dan y Neftalí.


26 Los hijos de Zilpa, sierva de Lea: Gad y Aser. Éstos fueron los hijos que le nacieron a Jacob en Padán Aram.


27 Jacob fue a visitar a Isaac, su padre, en Mamre, es decir, la ciudad de Arba, que es Hebrón, donde habitaron Abrahán e Isaac.


28 Isaac llegó a vivir ciento ochenta años,


29 y exhaló el espíritu siendo anciano y lleno de días. Murió y fue reunido con su pueblo, y sus hijos Esaú y Jacob lo sepultaron.



Génesis 36

1 Éstos son los descendientes de Esaú, que también es Edom:


2 Éstas son las mujeres que Esaú tomó de las hijas de Canaán: Ada, hija de Elón el hitita; Aholibama, hija de Aná, el hijo de Sibón el jivita;


3 y Basemat, hija de Ismael y hermana de Nebayot.


4 El hijo que Ada le dio a Esaú fue Elifaz; el hijo que le dio Basemat fue Reuel.


5 Aholibama le dio a Jeús, Jalán y Coré. Éstos son los hijos que le nacieron a Esaú en la tierra de Canaán.


6 Esaú tomó a sus mujeres, sus hijos y sus hijas, y a todas las personas de su casa, y sus ganados y todas sus bestias, y todo cuanto había adquirido en la tierra de Canaán, y se fue a otra tierra. Así se separó de su hermano Jacob.


7 Y es que no podían habitar juntos porque los bienes de ellos eran muchos; por causa de sus ganados la tierra en donde vivían no los podía sostener,


8 así que Esaú habitó en el monte de Seir. Esaú es también Edom.


9 Éstas son las generaciones de Esaú, padre de Edom, en el monte de Seir.


10 Éstos son los nombres de los hijos de Esaú: Elifaz, hijo de Ada, mujer de Esaú; Reuel, hijo de Basemat, mujer de Esaú.


11 Los hijos de Elifaz fueron Temán, Omar, Sefó, Gatán y Cenaz.


12 Timna fue concubina de Elifaz hijo de Esaú, y el hijo que ella le dio fue Amalec. Éstos son los hijos de Ada, mujer de Esaú.


13 Los hijos de Reuel fueron Najat, Zeraj, Samá y Miza; éstos son los hijos de Basemat, mujer de Esaú.


14 Los hijos que dio a luz Aholibama, mujer de Esaú e hija de Aná, que era hijo de Sibón, fueron: Jeús, Jalán y Coré, hijos de Esaú.


15 Los jefes de entre los hijos de Esaú fueron: Los hijos de Elifaz, el primogénito de Esaú: los jefes Temán, Omar, Sefó, Cenaz,


16 Coré, Gatán y Amalec. Éstos son los jefes de Elifaz en la tierra de Edom; éstos fueron los hijos de Ada.


17 Y éstos son los hijos de Reuel, hijo de Esaú: los jefes Najat, Zeraj, Samá y Miza; éstos son los jefes de la línea de Reuel en la tierra de Edom; estos hijos vienen de Basemat, mujer de Esaú.


18 Y éstos son los hijos de Aholibama, mujer de Esaú: los jefes Jeús, Jalán y Coré; éstos fueron los jefes que descienden de Aholibama, mujer de Esaú e hija de Aná.


19 Éstos son los hijos de Esaú, y sus jefes. Esaú es también Edom.


20 Éstos son los hijos de Seir el horeo, que habitaban en aquella tierra: Lotán, Sobal, Sibón, Aná,


21 Disón, Eser y Disán; éstos son los jefes de los horeos, hijos de Seir, en la tierra de Edom.


22 Los hijos de Lotán fueron Jorí y Hemán; Timna fue hermana de Lotán.


23 Los hijos de Sobal fueron Alván, Manajat, Ebal, Sefo y Onam.


24 Los hijos de Sibón fueron Ayá y Aná. Este Aná es el que halló manantiales en el desierto, mientras cuidaba los asnos de Sibón, su padre.


25 Los hijos de Aná fueron Disón y Aholibama, hija de Aná.


26 Los hijos de Disón fueron: Hemdán, Esbán, Itrán y Querán.


27 Los hijos de Eser fueron: Bilán, Zaván y Acán.


28 Los hijos de Disán fueron: Uz y Arán.


29 Los jefes de los horeos fueron: los jefes Lotán, Sobal, Sibón, Aná,


30 Disón, Eser y Disán. Éstos fueron los jefes de los horeos en la tierra de Seir, según sus mandos.


31 Los reyes que reinaron en la tierra de Edom, antes de que los hijos de Israel tuvieran rey, fueron éstos:


32 Bela hijo de Beor, rey de Edom. El nombre de su ciudad fue Dinaba.


33 Cuando murió Bela, reinó en su lugar Jobab hijo de Zeraj, de Bosra.


34 Cuando murió Jobab, reinó en su lugar Jusán, de la tierra de Temán.


35 Cuando murió Jusán, reinó en su lugar Hadad hijo de Bedad, el que derrotó a Madián en el campo de Moab. El nombre de su ciudad fue Avit.


36 Cuando murió Hadad, reinó en su lugar Samla, de Masreca.


37 Cuando murió Samla, reinó en su lugar Saúl, de Rejobot, a la orilla del Éufrates.


38 Cuando murió Saúl, reinó en su lugar Baal Janán, hijo de Acbor.


39 Cuando murió Baal Janán hijo de Acbor, reinó en su lugar Hadar. El nombre de su ciudad fue Pau; el nombre de su mujer fue Mehitabel hija de Matred, hija de Mezab.


40 Éstos son los nombres de los jefes de Esaú por sus linajes, lugares y nombres: Timna, Alva, Jetet,


41 Aholibama, Elá, Pinón,


42 Cenaz, Temán, Mibsar,


43 Magdiel e Iram. Éstos fueron los jefes de Edom según su lugar de residencia en la tierra de su posesión. Edom es el mismo Esaú, padre de los edomitas.



Génesis 37

1 Jacob se quedó a vivir en la tierra de Canaán, donde su padre había vivido.


2 Ésta es la historia de la familia de Jacob: José tenía diecisiete años de edad, y apacentaba las ovejas con sus hermanos. El joven José estaba con los hijos de Bilá y con los hijos de Zilpa, las mujeres de su padre; y José informaba a su padre de la mala fama de ellos.


3 Israel amaba a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; por eso le hizo una túnica de diversos colores.


4 Al ver sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos ellos, lo odiaban y no podían hablarle de manera pacífica.


5 José tuvo un sueño, y se lo contó a sus hermanos. Pero ellos llegaron a odiarlo aún más.


6 Y él les dijo: «Escuchen ahora este sueño que tuve:


7 Resulta que estábamos en medio del campo haciendo manojos, y mi manojo se levantaba y se quedaba derecho, mientras que los manojos de ustedes estaban alrededor del mío y se inclinaban ante él.»


8 Sus hermanos le respondieron: «¿Acaso vas a ser tú nuestro rey, o nos vas a gobernar?» Y por causa de sus sueños y sus palabras lo odiaron aún más.


9 Pero José volvió a tener otro sueño, y se lo contó a sus hermanos. Les dijo: «Resulta que tuve otro sueño. Esta vez, el sol y la luna y once estrellas se inclinaban ante mí.»


10 Y les contó esto a su padre y a sus hermanos, y su padre lo reprendió. Le dijo: «¿Qué clase de sueño es éste que tuviste? ¿Acaso tu madre, tus hermanos y yo vendremos a postrarnos ante ti?»


11 Y sus hermanos le tenían envidia, pero su padre meditaba acerca de esto.


12 Cuando sus hermanos fueron a apacentar las ovejas de su padre en Siquén,


13 Israel le dijo a José: «Tus hermanos están apacentando las ovejas en Siquén. Ven, que voy a enviarte con ellos.» Y José respondió: «Aquí me tienes.»


14 Entonces Israel le dijo: «Anda y ve si están bien tus hermanos y las ovejas, y vuelve a darme la noticia.» Y lo envió Israel desde el valle de Hebrón, y José llegó a Siquén.


15 Mientras José andaba errante por el campo, un hombre lo halló y le preguntó: «¿Qué buscas?»


16 José respondió: «Estoy buscando a mis hermanos; por favor, hazme saber dónde están apacentando.»


17 Y aquel hombre le respondió: «Ya se fueron de aquí. Pero les oí decir que iban a Dotán.» José fue entonces en busca de sus hermanos, y los encontró en Dotán.


18 Cuando ellos lo vieron a lo lejos, antes de que él se acercara a ellos hicieron planes contra él para matarlo.


19 Se dijeron el uno al otro: «Miren, aquí viene el soñador.


20 ¡Vamos, matémoslo ya! Echémoslo en uno de los pozos, y digamos que alguna mala bestia se lo comió. ¡Y vamos a ver qué pasa con sus sueños!»


21 Pero Rubén, al oír esto, lo libró de sus manos y dijo: «No lo matemos.»


22 Además, para librarlo de sus manos y hacerlo volver a su padre, Rubén les dijo: «No derramen sangre. Arrójenlo en este pozo que está en el desierto, pero no le pongan la mano encima.»


23 Así que, cuando José llegó a donde estaban sus hermanos, ellos le quitaron su túnica, la túnica de colores que llevaba puesta,


24 y por la fuerza lo arrojaron en el pozo. Pero el pozo estaba seco; no tenía agua.


25 Luego se sentaron a comer su pan. Pero al levantar la vista, vieron que de Galaad venía una caravana de ismaelitas, con sus camellos cargados de aromas, bálsamo y mirra, que llevaban a Egipto.


26 Entonces Judá les dijo a sus hermanos: «¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y encubrir su muerte?


27 Vengan, vamos a vendérselo a los ismaelitas. No levantemos la mano contra él, pues él es nuestro hermano, nuestra propia carne.» Y sus hermanos estuvieron de acuerdo con él.


28 Cuando los mercaderes madianitas pasaron por allí, ellos sacaron del pozo a José y lo vendieron a los ismaelitas por veinte monedas de plata. Y ellos se llevaron a José a Egipto.


29 Cuando Rubén volvió al pozo y no halló a José adentro, se rasgó los vestidos;


30 luego volvió a donde estaban sus hermanos, y les dijo: «¡El niño ya no está! Y yo, ¿a dónde iré?»


31 Entonces ellos tomaron la túnica de José, degollaron un cabrito, y con la sangre tiñeron la túnica;


32 y enviaron la túnica de colores a su padre. Se la presentaron y dijeron: «Esto es lo que hemos hallado. Fíjate si es o no la túnica de tu hijo.»


33 Cuando Jacob la reconoció, dijo: «¡Es la túnica de mi hijo! ¡Alguna mala bestia se lo comió! ¡José ha sido despedazado!»


34 Entonces se rasgó los vestidos, puso cilicio sobre sus lomos, y durante muchos días guardó luto por su hijo.


35 Todos sus hijos y todas sus hijas acudieron a consolarlo, pero él no quiso ser consolado, sino que dijo: «Bajaré al sepulcro,52 donde está mi hijo, guardando luto por él.» Y lo lloró su padre.


36 En Egipto, los madianitas lo vendieron a Potifar, que era un oficial del faraón y capitán de la guardia.


Génesis 38

1 Por esos días Judá se apartó de sus hermanos y se fue a vivir con un adulamita llamado Jirá.


2 Allí Judá vio a la hija de un cananeo llamado Súa; y la tomó por mujer y se unió a ella.


3 Y ella concibió y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Er.


4 Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Onán.


5 Y volvió a concebir, y dio a luz un hijo, al que puso por nombre Sela. Judá estaba en Quezib cuando ella dio a luz.


6 Después Judá tomó una mujer para Er, su primogénito. Esa mujer se llamaba Tamar.


7 Pero Er, el primogénito de Judá, era malo a los ojos del Señor, así que el Señor le quitó la vida.


8 Entonces Judá le dijo a Onán: «Únete a la mujer de tu hermano, y cumple con tu deber de cuñado. Levanta descendencia para tu hermano.»


9 Como Onán sabía que la descendencia no sería considerada suya, para no darle descendencia a su hermano, cada vez que se allegaba a la mujer de su hermano derramaba el semen en el suelo.


10 Este hecho le desagradó al Señor, y también a él le quitó la vida.


11 Entonces Judá le dijo a Tamar, su nuera: «Quédate viuda en casa de tu padre, hasta que crezca mi hijo Sela.» Y es que pensó: «No vaya a ser que también él muera, como sus hermanos.» Y Tamar se fue, y se quedó a vivir en casa de su padre.


12 Después de mucho tiempo murió la hija de Súa, mujer de Judá. Después de consolarse, Judá fue con su amigo Jirá, el adulamita, a Timnat, donde estaban los trasquiladores de sus ovejas.


13 Y Tamar lo supo. Le dijeron: «Tu suegro está yendo a Timnat, a trasquilar sus ovejas.»


14 Entonces ella, al ver que Sela ya había crecido y que ella no era entregada a él por mujer, se quitó sus vestidos de viuda, se cubrió el rostro con un velo, y se sentó a la entrada de Enayin, junto al camino de Timnat.


15 Cuando Judá la vio, pensó que era una ramera, pues ella tenía cubierto el rostro.


16 Entonces se apartó del camino y fue hacia ella, y le dijo: «Déjame allegarme a ti.» Y es que no sabía que era su nuera. Y ella le dijo: «¿Y qué me darás por allegarte a mí?»


17 Él respondió: «Te enviaré un cabrito de mi ganado.» Pero ella le dijo: «Déjame una prenda, hasta que lo envíes.»


18 Judá le dijo: «¿Y qué prenda quieres que te dé?» Y ella respondió: «Tu sello, tu cordón, y el báculo que tienes en la mano.» Judá se los dio, y se allegó a ella, y ella concibió de él.


19 Luego se levantó y se fue; se quitó el velo con que se cubría, y volvió a vestir sus ropas de viuda.


20 Cuando por medio de su amigo el adulamita Judá envió el cabrito, para recobrar la prenda, éste ya no encontró a la mujer.


21 Les preguntó entonces a los hombres de aquel lugar: «¿Dónde está la ramera de Enayin, la que estaba junto al camino?» Y ellos le dijeron: «Aquí no ha estado ninguna ramera.»


22 El adulamita volvió entonces a Judá, y le dijo: «Ya no la encontré. Además, los hombres del lugar me dijeron: “Aquí no ha estado ninguna ramera.”»


23 Judá dijo: «Pues que se quede con las prendas, para que nadie se burle de nosotros. Que conste que yo envié este cabrito, y que tú no la hallaste.»


24 Como tres meses después, le llegó esta noticia a Judá: «Tamar, tu nuera, se ha prostituido. Y el resultado es que ha quedado embarazada.» Entonces Judá dijo: «¡Sáquenla y quémenla!»


25 Pero cuando la estaban sacando, ella envió a decir a su suegro: «Fíjate, por favor, de quién son este sello, este cordón y este báculo. Por causa del dueño de estas cosas estoy embarazada.»


26 Cuando Judá reconoció todo esto, dijo: «Ella es más justa que yo, pues no le di a mi hijo Sela.» Y nunca más tuvo relaciones con ella.


27 Y cuando llegó el momento de que diera a luz, resultó que en su vientre había gemelos;


28 y al momento de nacer, uno de ellos sacó la mano. Entonces la partera le tomó la mano, le ató un hilo escarlata, y dijo: «Éste nació primero.»


29 Pero el niño volvió a meter la mano, y entonces salió su hermano. Y la partera dijo: «¡Cómo te abriste paso!» Y le puso por nombre Fares.53


30 Después salió su hermano, el que tenía el hilo escarlata en la mano, y le puso por nombre Zeraj.


Génesis 39

1 Los ismaelitas llevaron a José a Egipto, y allá se lo compró a ellos un egipcio llamado Potifar, que era oficial del faraón y capitán de su guardia.


2 Pero el Señor estaba con José, y éste prosperó en la casa del egipcio, su amo.


3 Y su amo se dio cuenta de que el Señor estaba con él y lo hacía prosperar en todo lo que emprendía,


4 de modo que José se ganó su buena voluntad, y le servía, y su amo lo nombró mayordomo de su casa y dejó en sus manos todo lo que tenía.


5 Desde el momento en que José quedó a cargo de la casa y posesiones del egipcio, el Señor bendijo su casa por causa de José. La bendición del Señor estaba sobre todo lo que él tenía, lo mismo en la casa que en el campo.


6 El egipcio dejó en manos de José todo lo que tenía, y ya no se ocupaba más que de lo que tenía que comer. Y José era bien parecido y de bella presencia.


7 Después de esto, resultó que la mujer de su amo puso sus ojos en él y le dijo: «¡Acuéstate conmigo!»


8 Pero él se negó a hacerlo, y le dijo a la mujer de su amo: «Como puedes ver, estando yo aquí, mi señor no sabe ni lo que hay en esta casa. Ha puesto en mis manos todo lo que tiene.


9 En esta casa no hay nadie mayor que yo, ni hay nada que él me haya reservado, excepto a ti, puesto que tú eres su mujer. ¿Cómo podría yo cometer algo tan malo y pecar contra Dios?»


10 Y José hablaba con ella todos los días, pero no le hacía caso en cuanto a acostarse con ella o estar con ella;


11 pero un día entró en la casa para cumplir con sus obligaciones, y como allí no había nadie,


12 ella lo agarró de la ropa y le dijo: «Acuéstate conmigo.» Pero él dejó su ropa en las manos de ella, y salió corriendo de allí.


13 Cuando ella lo vio salir corriendo, y que había dejado su ropa en sus manos,


14 llamó a los que estaban en la casa, y les dijo: «Miren, este hebreo que mi esposo nos ha traído quiere burlarse de nosotros. Entró adonde yo estaba, para acostarse conmigo. Pero yo grité con todas mis fuerzas,


15 y cuando él me oyó gritar, dejó su ropa en mis manos y salió corriendo.»


16 Y ella dejó a su lado la ropa de José, hasta que su esposo llegó a su casa.


17 Entonces ella le repitió lo mismo. Le dijo: «El siervo hebreo que nos trajiste, entró adonde yo estaba, para burlarse de mí.


18 Pero como yo empecé a gritar, él dejó su ropa en mis manos y salió corriendo.»


19 Cuando el amo de José oyó lo que su mujer le contaba, y que le decía: «Así me ha tratado tu siervo», se puso furioso;


20 entonces agarró a José y lo puso en la cárcel, donde estaban los presos del rey. Y allí en la cárcel se quedó José.


21 Pero el Señor estaba con él y le extendió su misericordia, y le permitió ganarse la buena voluntad del jefe de la cárcel.


22 Y así el jefe de la cárcel dejó en manos de José el cuidado de todos los presos que había en aquella prisión. Todo lo que allí se hacía, lo hacía José.


23 El jefe de la cárcel no tenía que vigilar nada de lo que estaba al cuidado de José, porque el Señor estaba con José y prosperaba todo lo que él hacía.


Génesis 40

1 Después de esto sucedió que el copero y el panadero del rey de Egipto delinquieron contra su señor, el rey de Egipto,


2 y éste se enojó contra sus dos oficiales, es decir, contra el jefe de los coperos y el jefe de los panaderos,


3 y los puso en prisión, en la cárcel donde José estaba preso, es decir, en la casa del capitán de la guardia.


4 El capitán de la guardia puso a José a cargo de ellos, y él les servía, y ellos estuvieron en la prisión muchos días.


5 Allí en la prisión, en una misma noche, tanto el copero como el panadero del rey de Egipto tuvieron cada uno un sueño, y cada sueño tenía su propio significado.


6 Cuando José vino a verlos por la mañana, los miró y notó que estaban tristes.


7 Entonces les preguntó a esos oficiales del faraón, que estaban presos como él en la casa de su señor: «¿Por qué tienen hoy tan mal semblante?»


8 Ellos le dijeron: «Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo interprete.» Y José les dijo: «¿Acaso no corresponde a Dios interpretar los sueños? Cuéntenmelo ahora.»


9 Entonces el jefe de los coperos le contó su sueño a José, y le dijo: «En mi sueño, veía yo una vid delante de mí;


10 en la vid había tres sarmientos. La vid parecía brotar y arrojar su flor, y las uvas de sus racimos maduraban.


11 Yo tenía en la mano la copa del faraón, y tomaba las uvas y las exprimía en la copa, y daba al faraón la copa en su mano.»


12 José le dijo: «Ésta es la interpretación: los tres sarmientos son tres días.


13 Al cabo de tres días el faraón te levantará la cabeza y te restituirá a tu puesto, y tú le darás la copa al faraón en la mano, como solías hacerlo cuando eras su copero.


14 Así que acuérdate de mí cuando recibas ese beneficio. Yo te ruego que me trates con misericordia. Haz mención de mí ante el faraón, y sácame de esta prisión.


15 Porque a mí me secuestraron de la tierra de los hebreos, y aquí no he hecho nada para que me hayan puesto en la cárcel.»


16 Al ver el jefe de los panaderos que José había hecho una buena interpretación, le dijo: «También yo soñé que veía tres canastillos blancos sobre mi cabeza.


17 En el canastillo más alto había toda clase de manjares y pasteles para el faraón, y las aves los comían del canastillo que estaba sobre mi cabeza.»


18 José respondió, y dijo: «Ésta es la interpretación: Los tres canastillos son tres días.


19 Al cabo de tres días el faraón te levantará la cabeza, y hará que te cuelguen en la horca, y las aves te arrancarán la carne para comérsela.»


20 Al tercer día, que era el día del cumpleaños del faraón, éste ofreció un banquete para todos sus sirvientes; y en medio de sus servidores levantó la cabeza del jefe de los coperos y la cabeza del jefe de los panaderos.


21 Al jefe de los coperos lo hizo volver a su puesto, y éste daba al faraón la copa en su mano;


22 pero al jefe de los panaderos lo mandó a la horca, conforme a la interpretación que José les había hecho.


23 Pero el jefe de los coperos, lejos de acordarse de José, se olvidó de él.


Génesis 41

1 Dos años después, sucedió que el faraón tuvo un sueño, en el que se veía de pie, junto al río.


2 Del río salían siete vacas, muy hermosas y gordas, que se alimentaban de los pastos.


3 Tras ellas salían del río otras siete vacas, muy flacas y feas, que se pararon a la orilla del río, cerca de las vacas hermosas,


4 ¡y las vacas flacas y feas se comían a las siete vacas hermosas y gordas! Y el faraón se despertó.


5 Pero volvió a dormirse, y la segunda vez soñó que de una sola caña crecían siete espigas, muy hermosas y llenas de trigo,


6 y que tras ellas salían otras siete espigas, delgadas y marchitadas por el viento solano;


7 ¡y las siete espigas delgadas se comían a las siete espigas hermosas y llenas de trigo! Y el faraón se despertó, y vio que sólo era un sueño.


8 Por la mañana el faraón estaba muy agitado, y mandó llamar a todos los magos de Egipto y a todos sus sabios; y el faraón les contó sus sueños, pero no había quien se los pudiera interpretar.


9 Entonces el jefe de los coperos habló con el Faraón y le dijo: «Ahora me acuerdo de que he fallado.


10 Cuando Su Majestad se enojó contra el jefe de los panaderos y contra mí, sus siervos, nos mandó a la prisión en la casa del capitán de la guardia.


11 Y en una misma noche él y yo tuvimos un sueño, y cada sueño tenía su propio significado.


12 Allí, con nosotros, estaba un joven hebreo, siervo del capitán de la guardia; y cuando le contamos nuestros sueños, él nos interpretó lo que cada uno había soñado.


13 Y resultó que todo sucedió tal y como él nos los interpretó: yo fui restituido a mi puesto, y el otro fue enviado a la horca.»


14 El faraón mandó entonces llamar a José. Con mucha prisa lo sacaron de la cárcel, y él se afeitó y se cambió de ropa, y se presentó ante el faraón.


15 El faraón le dijo: «He tenido un sueño, y no hay quien lo interprete. Pero he oído decir que tú oyes un sueño y lo puedes interpretar.»


16 José le respondió al faraón: «No depende de mí. Pero Dios dará al faraón una respuesta propicia.»


17 Entonces el faraón le dijo: «En mi sueño, yo me veía de pie, a la orilla del río.


18 Del río salieron siete vacas muy gordas y hermosas, que se alimentaban de los pastos.


19 Detrás de ellas salieron otras siete vacas, muy flacas y feas. ¡Estaban tan flacas, que no he visto otras tan feas en toda la tierra de Egipto!


20 Y las vacas flacas y feas se comían a las primeras siete vacas gordas,


21 y éstas entraban en su panza, y nadie podía saber que las tuvieran adentro, porque se veían igual de flacas, como al principio. Entonces desperté.


22 En mis sueños también vi que siete espigas, llenas de trigo y hermosas, crecían de un mismo tallo.


23 Tras ellas crecían otras siete espigas, delgadas y marchitadas por el viento solano,


24 ¡y las espigas delgadas se comían a las siete espigas hermosas! Les he dicho esto a los magos, pero no hay quien me lo interprete.»


25 José le respondió al faraón: «El sueño de mi señor el faraón es uno solo. Dios le ha hecho saber lo que él está por hacer.


26 Las siete vacas hermosas son siete años, y las espigas hermosas también son siete años. El sueño es uno solo.


27 También las siete vacas flacas y feas que subían tras ellas son siete años, y las siete espigas delgadas y marchitadas por el viento solano serán siete años de hambre.


28 Ésta es mi respuesta a Su Majestad: Dios ha mostrado a Su Majestad lo que él está por hacer.


29 Vienen ya siete años de gran abundancia en toda la tierra de Egipto.


30 Pero a estos les seguirán siete años de hambre. Toda la abundancia será olvidada en la tierra de Egipto, porque el hambre acabará con la tierra.


31 Por causa del hambre que vendrá, y que será gravísima, esa abundancia quedará ignorada.


32 El hecho de que Su Majestad haya tenido el mismo sueño dos veces, significa que Dios ha decidido hacer esto, y que muy pronto lo hará.


33 Su Majestad debe buscarse ya un hombre inteligente y sabio, y ponerlo al frente de la tierra de Egipto.


34 Debe también poner gobernadores al frente del país, y tomar la quinta parte de lo que produzca la tierra de Egipto durante los siete años de abundancia.


35 Se deben almacenar todos los alimentos de estos buenos años que vienen, y bajo el control de Su Majestad recogerse y guardarse el trigo, para el sustento de las ciudades.


36 Estas provisiones deben quedar almacenadas para el país, para los siete años de hambre que habrá en la tierra de Egipto. Así el país no perecerá de hambre.»


37 Esto le pareció bien al faraón y a sus siervos,


38 y el faraón les dijo a sus siervos: «¿Podremos encontrar a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios?»


39 A José le dijo: «Puesto que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay nadie tan inteligente y sabio como tú.


40 Así que tú estarás al frente de mi casa, y todo mi pueblo se someterá a lo que digas; solamente en el trono seré mayor que tú.»


41 También le dijo el faraón a José: «Como ves, yo te he puesto al frente de toda la tierra de Egipto.»


42 Y el faraón se quitó su anillo de la mano, y lo puso en la mano de José; también hizo que lo vistieran con ropas de lino muy fino, y en el cuello le puso un collar de oro;


43 después hizo que subiera en su segundo carro, y que delante de él se gritara: «¡De rodillas!»;54 y lo puso al frente de toda la tierra de Egipto.


44 Luego el faraón le dijo a José: «Yo soy el faraón. Pero sin ti nadie alzará la mano ni el pie en toda la tierra de Egipto.»


45 Y el faraón le dio a José el nombre de Safenat Paneaj, y le dio por mujer a Asenat, la hija de Potifera, el sacerdote de On. Entonces José salió para recorrer toda la tierra de Egipto.


46 José tenía treinta años de edad cuando fue presentado ante el faraón, rey de Egipto. Y salió José de la presencia del faraón, y recorrió toda la tierra de Egipto.


47 En aquellos siete años de abundancia la tierra produjo en grandes cantidades.


48 Y José recogió todo el alimento de los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto, y almacenó alimento en las ciudades, y entregó a cada ciudad el alimento del campo de sus alrededores.


49 José recogió trigo en grandes cantidades, como si fuera arena del mar, al grado de no poder contarlo, porque era incontable.


50 Antes de que llegara el primer año de hambre, le nacieron a José dos hijos, los cuales le dio Asenat, la hija de Potifera, el sacerdote de On.


51 Al primogénito le puso por nombre Manasés,55 porque dijo: «Dios me ha hecho olvidar todos mis sufrimientos, y toda la casa de mi padre.»


52 Al segundo le puso por nombre Efraín;56 porque dijo: «Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción.»


53 Los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto llegaron a su fin,


54 y comenzaron a llegar los siete años de hambre, como José lo había dicho. Y hubo hambre en todos los países, pero en toda la tierra de Egipto había pan.


55 Cuando arreció el hambre en toda la tierra de Egipto, el pueblo pedía a gritos al faraón que le diera pan. Y el faraón les dijo a todos los egipcios: «Vayan a ver a José, y hagan lo que él les diga.»


56 El hambre cundía por todo el país. Entonces José abrió todos los graneros donde había trigo, y se lo vendía a los egipcios, porque el hambre arreciaba en la tierra de Egipto.


57 Y de todas partes venían a Egipto para comprar trigo de José, porque el hambre había arreciado por toda la tierra.


Génesis 42 

1 Cuando Jacob vio que en Egipto había alimentos, les dijo a sus hijos: «¿Qué hacen ahí, mirándose unos a otros?»


2 Dijo además: «Ha llegado a mis oídos que hay víveres en Egipto. Vayan allá, y compren alimentos para nosotros, para que no muramos sino que sigamos con vida.»


3 Los diez hermanos de José se dirigieron a Egipto para comprar trigo;


4 pero Jacob no envió con ellos a Benjamín, hermano de José, porque dijo: «No vaya a pasarle algo malo.»


5 Como había hambre en la tierra de Canaán, entre los que iban a comprar llegaron los hijos de Israel.


6 José era el que mandaba en el país, y quien le vendía a toda la gente de esa región, así que cuando llegaron los hermanos de José, se inclinaron ante él de cara al suelo.


7 Cuando José vio a sus hermanos, los reconoció; pero hizo como que no los conocía, y en tono áspero les dijo: «Y ustedes, ¿de dónde vienen?» Ellos respondieron: «Venimos de la tierra de Canaán, para comprar alimentos.»


8 Y José reconoció a sus hermanos, pero ellos no lo reconocieron.


9 Entonces recordó José los sueños que había tenido acerca de ellos, y les dijo: «Ustedes son espías. Han venido a ver los puntos vulnerables del país.»


10 Ellos le respondieron: «De ninguna manera, señor nuestro. Estos siervos tuyos han venido a comprar alimentos.


11 Todos nosotros somos hijos de un buen hombre. Somos gente honrada, y nunca hemos sido espías.»


12 Pero José les dijo: «No, sino que han venido a ver los puntos vulnerables del país.»


13 Ellos respondieron: «Nosotros, tus siervos, somos doce hermanos, hijos de un buen hombre de la tierra de Canaán. Nuestro hermano menor está hoy con nuestro padre, y el otro ya no vive.»


14 Pero José les dijo: «¡Tal como les dije! ¡Ustedes son espías!


15 Y con esto van a ser puestos a prueba. Les juro por la vida del faraón, que no van a salir de aquí hasta que su hermano menor venga acá.


16 Envíen a uno de ustedes, a que traiga a su hermano; pero ustedes se quedarán presos. Vamos a ver si ustedes dicen la verdad; y si no, ¡por la vida del faraón, que ustedes son espías!»


17 Y José los puso a todos en la cárcel durante tres días.


18 Al tercer día, les dijo: «Yo temo a Dios. Hagan esto y vivirán:


19 Si son gente honrada, dejen preso a uno de sus hermanos en la cárcel donde ahora están, y ustedes vayan y lleven alimento a su casa para mitigar el hambre.


20 Pero tráiganme a su hermano menor para probar sus palabras, y no morirán.» Y ellos lo hicieron así,


21 pero se decían el uno al otro: «Realmente hemos pecado contra nuestro hermano, pues lo vimos angustiarse y rogarnos, y no le hicimos caso. Por eso nos ha sobrevenido esta angustia.»


22 Rubén les respondió, y dijo: «¿Acaso no les decía yo, que no pecaran contra el niño? ¡Pero ustedes no me hicieron caso! ¡Y ahora también se nos demanda su sangre!»


23 Pero ellos no sabían que José los entendía, porque entre ellos había un intérprete.


24 Y José se apartó de ellos, y lloró. Después volvió para hablar con ellos, y de entre ellos tomó a Simeón y ante sus ojos lo aprisionó.


25 Después mandó José que llenaran sus sacos de trigo, que se les devolviera a cada uno su dinero, poniéndolo en su saco, y que les dieran comida para el camino. Y así se hizo con ellos.


26 Ellos echaron el trigo sobre sus asnos, y se fueron de allí;


27 pero cuando uno de ellos abrió su saco en el mesón, para dar de comer a su asno, vio que su dinero estaba en la boca de su saco.


28 Entonces les dijo a sus hermanos: «¡Me devolvieron mi dinero! ¡Miren, está aquí, en mi saco!» El corazón se les salía, y espantados se decían el uno al otro: «¿Qué es lo que nos ha hecho Dios?»


29 Cuando llegaron a la tierra de Canaán, le contaron a Jacob, su padre, todo lo que les había sucedido. Le dijeron:


30 «Ese hombre, el señor del país, nos habló en tono muy áspero y nos trató como a espías del país.


31 Nosotros le dijimos “Somos gente honrada, nunca hemos sido espías.


32 Somos doce hermanos, hijos de nuestro padre; uno ya no vive, y el menor está hoy con nuestro padre en la tierra de Canaán.”


33 Entonces ese hombre, el señor del país, nos dijo: “Con esto voy a saber si ustedes son gente honrada: Dejen conmigo a uno de sus hermanos, tomen alimento para el hambre de sus casas, y vayan


34 a traerme a su hermano menor. Así sabré que ustedes no son espías, sino gente honrada. Entonces les devolveré a su hermano, y ustedes podrán hacer negocios en el país.”»


35 Al momento de vaciar sus sacos, resultó que en el saco de cada uno de ellos estaba la bolsa con su dinero. Cuando ellos y su padre vieron las bolsas con su dinero, sintieron mucho miedo.


36 Pero su padre Jacob les dijo: «Ustedes me están dejando sin hijos. José ya no está con nosotros, ni Simeón tampoco, y ahora van a llevarse a Benjamín. ¡Todo esto va en contra de mí!»


37 Entonces Rubén habló con su padre, y le dijo: «Si no te devuelvo a Benjamín, puedes matar a mis dos hijos. Pon a Benjamín en mis manos, y yo te lo devolveré.»


38 Y Jacob dijo: «Mi hijo no irá con ustedes. Su hermano ha muerto, y sólo él ha quedado. Si le pasara algo malo en el camino que van a tomar, harán que mis canas bajen al sepulcro con gran pesar.»


Génesis 43 

1 El hambre dominaba en la tierra,


2 así que al consumirse todo el trigo que habían llevado de Egipto, su padre les dijo: «Regresen a Egipto, y compren algo de alimento para nosotros.»


3 Pero Judá respondió y dijo: «Ese hombre claramente nos hizo esta advertencia: “Si no traen a su hermano con ustedes, no volverán a verme.”


4 Nosotros iremos a comprar alimentos, sólo si tú envías a nuestro hermano con nosotros.


5 Si no lo envías, nosotros no iremos. Ese hombre claramente nos dijo: “Si no traen a su hermano con ustedes, no volverán a verme.”»


6 Entonces dijo Israel: «¿Por qué me hicieron ese daño, de hacerle saber a ese hombre que tenían otro hermano?»


7 Ellos respondieron: «Ese hombre nos hacía muchas preguntas acerca de nosotros y de nuestra familia. Nos preguntaba: “¿Vive todavía su padre? ¿Tienen algún otro hermano?” Y nosotros respondimos a sus preguntas. ¿Cómo íbamos a saber que él nos diría: “Traigan aquí a su hermano”?»


8 Entonces Judá le dijo a Israel, su padre: «Envía al niño conmigo, y nos prepararemos para partir. Así no moriremos, sino que seguiremos con vida tú y nosotros y nuestros hijos.


9 Yo te respondo por él. Será a mí a quien le pidas cuentas. Si no te lo devuelvo, ni lo pongo delante de ti, para siempre seré ante ti el responsable.


10 Si no nos hubiéramos tardado tanto, ¡ya hubiéramos ido y venido dos veces!»


11 Entonces Israel su padre les respondió: «Si así tiene que ser, ¡adelante! Pongan en sus sacos de lo mejor que tenemos, y llévenle a ese hombre un regalo: un poco de bálsamo, un poco de miel, aromas, mirra, nueces y almendras.


12 Lleven también una doble cantidad de dinero, junto con el dinero que encontraron en la boca de sus sacos. Tal vez fue una equivocación.


13 Tomen también a su hermano, y prepárense para volver con ese hombre.


14 Que el Dios Omnipotente haga que ese hombre se compadezca de ustedes y les devuelva a su otro hermano, y también a Benjamín. Y si he de quedarme sin hijos, ¡pues sin hijos me quedaré!»


15 Los hermanos tomaron consigo el regalo, una doble cantidad de dinero, y a Benjamín, y se dispusieron a partir hacia Egipto. Al llegar, se presentaron ante José.


16 Cuando José vio que Benjamín estaba con ellos, le ordenó al mayordomo de su casa: «Lleva a estos hombres a mi casa, y mata una res y prepárala, porque hoy al mediodía estos hombres comerán conmigo.»


17 El mayordomo cumplió las órdenes de José, y llevó a los hermanos a su casa.


18 Al ver los hermanos que eran llevados a la casa de José, les dio miedo y dijeron: «Nos han traído aquí por el dinero que antes fue devuelto en nuestros sacos. Nos han tendido una trampa. Nos atacarán y nos harán sus esclavos, junto con nuestros asnos.»


19 Se acercaron entonces al mayordomo de la casa de José, y a la entrada de la casa hablaron con él.


20 Le dijeron: «¡Ay, señor nuestro! En realidad, al principio nosotros vinimos a comprar alimentos.


21 Pero sucedió que, cuando llegamos al mesón y abrimos nuestros costales, ¡ahí estaba el dinero de cada uno de nosotros, en la boca de su costal! ¡Todo nuestro dinero, completo! Pero lo hemos vuelto a traer con nosotros.


22 También hemos traído más dinero para comprar alimentos. ¡No sabemos quién pudo haber puesto nuestro dinero en nuestros costales!»


23 El mayordomo les respondió: «Tranquilos. No tengan miedo. Yo recibí el dinero de ustedes. El Dios de ustedes y del padre de ustedes habrá puesto ese tesoro en sus costales.» Y les entregó a Simeón.


24 Y el mayordomo llevó a los hermanos a la casa de José. Allí les dio agua, y ellos se lavaron los pies, y él dio de comer a los asnos de ellos.


25 Mientras esperaban que José llegara al mediodía, pues habían oído que allí habrían de comer, ellos prepararon el regalo.


26 Cuando José llegó a la casa, ellos le presentaron el regalo que habían llevado a la casa, y se inclinaron hasta el suelo delante de él.


27 José les preguntó cómo estaban, y dijo: «¿Cómo está el padre de ustedes, el anciano de quien me hablaron? ¿Vive todavía?»


28 Ellos respondieron: «Nuestro padre está bien, y todavía vive.» Y se inclinaron ante él con reverencia.


29 José levantó los ojos y vio a Benjamín, su hermano por parte de madre, y dijo: «¿Éste es su hermano menor, de quien ustedes me hablaron?» Y añadió: «Que Dios tenga misericordia de ti, hijo mío.»


30 Pero por causa de su hermano, José se sintió muy conmovido; así que apresuradamente buscó dónde llorar. Entró entonces en su aposento, y ahí lloró.


31 Pero se contuvo y, luego de lavarse la cara, salió y dijo: «Sirvan la comida.»


32 A José le sirvieron aparte, lo mismo que a sus hermanos. También les sirvieron aparte a los egipcios que comían con él, porque los egipcios no pueden comer con los hebreos, pues para ellos es algo repugnante.


33 Los hermanos de José se sentaron delante de él, según su primogenitura, de mayor a menor y en el orden de sus edades. Y unos a otros se miraban, totalmente atónitos.


34 José tomó de las viandas que tenía delante de él, y se las dio, pero la porción de Benjamín era cinco veces mayor que la de cualquiera de ellos. Y ellos bebieron y se alegraron con él.


Génesis 44

1 José le dio esta orden al mayordomo de su casa: «Llena de alimento los costales de estos hombres con todo lo que puedan llevar, y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal.


2 Pon también mi copa de plata en la boca del costal de su hermano menor, junto con el dinero de su trigo.» Y el mayordomo hizo lo que le ordenó José.


3 Con la luz de la mañana los hermanos partieron con sus asnos.


4 Habían salido ya de la ciudad, pero aún no se habían alejado de ella, cuando José le dijo a su mayordomo: «Levántate y sigue a esos hombres, y cuando los alcances les dirás: “¿Por qué han pagado mal por bien? ¿Por qué se robaron mi copa de plata?


5 ¿Qué, no es ésta la copa en la que bebe mi señor, y con la que suele adivinar? ¡Está muy mal lo que han hecho!”»


6 Cuando el mayordomo los alcanzó, les repitió estas palabras.


7 Y ellos le respondieron: «Señor, ¿por qué nos habla usted así? ¡Jamás estos siervos suyos harían tal cosa!


8 Aquí tiene usted el dinero que hallamos en la boca de nuestros costales, y que le trajimos desde la tierra de Canaán. ¿Cómo habríamos de robar plata y oro de casa de su señor?


9 Si alguno de estos siervos suyos tiene en su poder la copa, que muera, y aun nosotros seremos siervos suyos.»


10 Y el mayordomo dijo: «Que sea como ustedes dicen. El que tenga la copa será mi siervo, y ustedes quedarán libres de culpa.»


11 De prisa ellos bajaron el costal de cada uno a tierra, y cada uno abrió su costal


12 y buscó la copa, desde el mayor hasta el menor; ¡y la copa se encontró en el costal de Benjamín!


13 Ellos se desgarraron sus vestidos, y cada uno puso la carga en su asno y juntos volvieron a la ciudad.


14 Cuando Judá y sus hermanos llegaron a la casa de José, éste aún estaba allí. Entonces se arrodillaron hasta el suelo delante de él,


15 y José les dijo: «¿Qué es lo que han hecho? ¿No saben que un hombre como yo sabe adivinar?»


16 Judá respondió: «¿Qué podemos decir a mi señor? ¿Con qué palabras podremos justificarnos? Dios ha puesto al descubierto la maldad de estos siervos de mi señor, y ahora nosotros y el que tenía la copa en su poder seremos sus siervos.»


17 José respondió: «Jamás haría yo algo así. Sólo el que tenía la copa en su poder será mi siervo. Ustedes pueden volver en paz a su padre.»


18 Entonces Judá se acercó a José, y le dijo: «¡Ay, señor mío! Ruego a mi señor permitir que este siervo suyo le diga unas palabras al oído. No se enoje mi señor con este siervo suyo. ¡Es como si yo hablara con el faraón!


19 Mi señor preguntó a estos sus siervos: “¿Tienen ustedes padre, o algún hermano?”,


20 y nosotros respondimos a mi señor: “Tenemos un padre, ya anciano, y un hermano joven y todavía pequeño, que él tuvo en su vejez. Un hermano suyo murió, y de los hijos de su madre sólo él quedó. Su padre lo ama.”


21 Mi señor dijo a sus siervos: “Tráiganmelo, y yo pondré mis ojos en él.”


22 Y nosotros dijimos a mi señor: “El niño no puede dejar a su padre. Si llegara a dejarlo, su padre morirá.”


23 Mi señor nos dijo: “Pues si su hermano menor no viene, ustedes no volverán a verme.”


24 Cuando llegamos a casa de mi padre, siervo de mi señor, le dijimos esto mismo;


25 y cuando nuestro padre nos dijo: “Vuelvan para comprar un poco de alimento para nosotros”,


26 le respondimos: “No podemos ir. Sólo iremos si nuestro hermano menor va con nosotros. Porque si él no está con nosotros, no podremos presentarnos ante ese hombre.”


27 Entonces mi padre, siervo de mi señor, nos dijo: “Ustedes saben que mi mujer me dio dos hijos.


28 Uno de ellos salió de mi presencia, y hasta ahora no he vuelto a verlo. Estoy seguro de que alguna fiera lo hizo pedazos.


29 Si ahora se llevan también de mi presencia a éste, y le sucede algo malo, harán que mis canas bajen al sepulcro por causa de ese mal.”


30 Así que, si yo vuelvo ahora a mi padre, siervo de mi señor, y el niño no va con nosotros, tan apegado está mi padre al niño


31 que, cuando no lo vea, morirá. Entonces nosotros, siervos de mi señor, haremos que las canas de nuestro padre bajen al sepulcro por causa de la tristeza.


32 Este siervo de mi señor se hizo responsable del niño ante mi padre. Yo le dije: “Padre mío, si no te lo traigo de vuelta, yo seré para siempre culpable ante ti.”


33 Por eso, ruego a mi señor permitir que yo me quede en lugar del niño. Yo seré siervo de mi señor, y que el niño se vaya con sus hermanos.


34 Porque ¿cómo podré volver sin el niño a casa de mi padre? ¡Jamás podría ver el mal que le sobrevendría a mi padre!»


Génesis 45

1 José ya no podía contenerse delante de todos los que estaban a su lado, así que exclamó: «¡Que salgan todos de mi presencia!» Así que nadie estaba con él cuando se dio a conocer a sus hermanos.


2 Y dio rienda suelta a su llanto. Y lo supieron los egipcios, y también se supo en la casa del faraón.


3 Y les dijo José a sus hermanos: «¡Yo soy José! ¿Vive todavía mi padre?» Pero sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban confundidos en su presencia.


4 Entonces José les dijo: «Acérquense a mí.» Ellos se acercaron, y él les dijo: «Yo soy José, su hermano, el que ustedes vendieron a Egipto.


5 Pero no se pongan tristes, ni lamenten el haberme vendido, porque Dios me envío aquí, delante de ustedes, para preservarles la vida.


6 Ya ha habido dos años de hambre en todo el país, y aún faltan cinco más, en los que no habrá quien are la tierra ni quien coseche nada.


7 Pero Dios me envió delante de ustedes, para preservar su descendencia en la tierra y para darles vida mediante una gran liberación.


8 Así que no son ustedes quienes me mandaron acá, sino Dios, que me ha puesto como padre del faraón y señor de toda su casa, y como gobernador de toda la tierra de Egipto.


9 ¡Pero dense prisa! Vayan con mi padre y díganle esto de mi parte: “Dios me ha hecho señor de todo Egipto. Ven a mí; no te detengas.


10 Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, junto con tus hijos y tus nietos, tus ovejas y tus vacas, y todo lo que tienes.


11 Yo te alimentaré allí, para que no te falta nada a ti ni a tu familia, ni a nada de lo que tienes, pues aún están por venir cinco años de hambre.”


12 Ustedes y mi hermano Benjamín lo están viendo, que soy yo mismo quien les habla.


13 Así que cuéntenle a mi padre de toda mi riqueza en Egipto, y de todo lo que han visto. ¡Pero dense prisa, y traigan aquí a mi padre!»


14 Y llorando, José se echó sobre el cuello de Benjamín, su hermano; y también Benjamín lloró sobre su cuello.


15 Llorando también, José besó luego a todos sus hermanos, y después sus hermanos hablaron con él.


16 La noticia llegó a la casa del faraón. Le dijeron: «Han llegado los hermanos de José», lo cual agradó al faraón y a sus siervos.


17 Entonces el faraón le dijo a José: «Diles a tus hermanos que carguen sus bestias, y que regresen a la tierra de Canaán;


18 que tomen al padre de ustedes y a sus familias, y que vengan a mí. Yo les daré a ustedes lo mejor de la tierra de Egipto, y ustedes comerán de la abundancia de la tierra.


19 Y tú, ordénales que hagan lo siguiente: que tomen de la tierra de Egipto carros para sus niños y mujeres, y que vengan y traigan al padre de ustedes.


20 Y no se preocupen por sus enseres, porque de ustedes será lo mejor de la tierra de Egipto.»


21 Los hijos de Israel lo hicieron así, y siguiendo la orden del faraón, José les dio carros y les proveyó víveres para el camino.


22 A cada uno de ellos le dio mudas de ropa, y a Benjamín le dio trescientas piezas de plata y cinco mudas de ropa.


23 A su padre le envió diez asnos cargados con lo mejor de Egipto, diez asnas cargadas de trigo, y pan y comida para el viaje de su padre.


24 Luego despidió a sus hermanos, y ellos partieron. Y él les recomendó: «No vayan peleando por el camino.»


25 Ellos salieron de Egipto y llegaron a la tierra de Canaán, a donde estaba Jacob su padre.


26 Y le dieron la noticia. Le dijeron: «¡José vive todavía! ¡Es el señor de toda la tierra de Egipto!» Pero en el fondo Jacob se afligió, porque no les creía.


27 Entonces ellos le contaron todo lo que José había dicho, palabra por palabra. Y cuando Jacob vio los carros que José había enviado para llevarlo, su espíritu revivió.


28 Entonces Israel dijo: «¡Me basta con que mi hijo José viva todavía! ¡Iré a verlo, antes de que me muera!»

Génesis 46

1 Israel se puso en marcha con todo lo que tenía. Cuando llegó a Berseba, ofreció sacrificios al Dios de Isaac, su padre.


2 Una noche, Dios le habló a Israel en una visión. Lo llamó por su nombre Jacob, y él respondió: «Aquí estoy.»


3 Dios le dijo: «Yo soy Dios, el Dios de tu padre. No tengas miedo de ir a Egipto, porque allí haré de ti una gran nación.


4 Yo iré contigo a Egipto, y también te haré volver. Y la mano de José te cerrará los ojos.»


5 Jacob partió de Berseba, y los hijos de Israel pusieron a su padre Jacob, y a sus niños y sus mujeres, en los carros que el faraón había enviado para llevarlo.


6 Tomaron sus ganados y los bienes que habían adquirido en la tierra de Canaán, y Jacob y toda su descendencia se fueron a Egipto.


7 Jacob llevo a Egipto a sus hijos y a sus nietos, a sus hijas y a las hijas de sus hijos, y a toda su descendencia. A todos ellos los llevo consigo a Egipto.


8 Éstos son los nombres de los hijos de Israel que llegaron a Egipto: Jacob y sus hijos. Rubén, primogénito de Jacob.


9 Los hijos de Rubén: Janoc, Falú, Jesrón y Carmi.


10 Los hijos de Simeón: Jemuel, Jamín, Oad, Jaquín, Sojar y Saúl, hijo de la cananea.


11 Los hijos de Leví: Gersón, Coat y Merari.


12 Los hijos de Judá: Er, Onán, Sela, Fares y Seraj. Pero Er y Onán murieron en la tierra de Canaán. Los hijos de Fares fueron Jesrón y Jamul.


13 Los hijos de Isacar: Tola, Fuvá, Job y Simerón.


14 Los hijos de Zabulón: Sered, Elón y Yajelel.


15 Éstos fueron los hijos que Lea le dio a Jacob en Padán Aram, además de su hija Dina. Sus hijos e hijas fueron un total de treinta y tres personas.


16 Los hijos de Gad: Zefón, Jaguí, Ezbón, Suni, Eri, Arodi y Areli.


17 Los hijos de Aser: Imna, Isúa, Isúi, Beria, y Seraj, la hermana de ellos. Los hijos de Beria: Jéber y Malquiel.


18 Éstos fueron los hijos que Zilpa, la sierva que Labán dio a su hija Lea, le dio a Jacob: en total, dieciséis personas.


19 Los hijos de Raquel, mujer de Jacob: José y Benjamín.


20 En la tierra de Egipto le nacieron a José dos hijos, Manasés y Efraín, que tuvo con Asenat, la hija de Potifera, el sacerdote de On.


21 Los hijos de Benjamín fueron Bela, Bequer, Asbel, Gera, Namán, Ehí, Ros, Mupín, Jupín y Ard.


22 Éstos fueron los hijos que de Raquel le nacieron a Jacob. En total, catorce personas.


23 Los hijos de Dan: Jusín.


24 Los hijos de Neftalí: Yajesel, Guni, Yéser y Silén.


25 Éstos fueron los hijos que Bilá, la sierva que Labán dio a su hija Raquel, le dio a Jacob. En total, siete personas.


26 Todos los descendientes de Jacob que llegaron a Egipto fueron un total de sesenta y seis personas, sin contar a las mujeres de los hijos de Jacob.


27 Los hijos que le nacieron a José en Egipto fueron dos. En total, los miembros de la casa de Jacob, que llegaron a Egipto, fueron setenta.


28 Cuando llegaron a la tierra de Gosén, Jacob mandó a Judá que se adelantara para pedirle a José que viniera a verlo allí.


29 José unció su carro y fue a recibir a Israel, su padre, en Gosén. Cuando lo vio, se echó sobre su cuello y lloró largamente.


30 Entonces Israel le dijo a José: «Ahora que ya he visto tu rostro, y sé que aún vives, ya puedo morirme.»


31 José les dijo a sus hermanos y a todos los de la casa de su padre: «Voy a darle la noticia al faraón. Le diré que mis hermanos y la familia de mi padre, que estaban en la tierra de Canaán, han venido a mí.


32 Le diré que son pastores de ovejas y ganaderos, y que han traído sus ovejas y sus vacas, y todo lo que tenían.


33 Cuando el faraón los llame y les pregunte a qué se dedican,


34 díganle: “Desde nuestra juventud y hasta ahora, estos siervos tuyos nos dedicamos a criar ganado, lo mismo que nuestros padres.” Esto, a fin de que ustedes se queden a vivir en la tierra de Gosén, porque a los egipcios les repugnan los pastores de ovejas.»


Génesis 47

1 José fue y le dio la noticia al faraón. Le dijo: «Mi padre y mis hermanos han venido de la tierra de Canaán. Ya están en la tierra de Gosén, con sus ovejas y sus vacas y con todas sus pertenencias.»


2 Tomó a cinco de sus hermanos, los más jóvenes, y se los presentó al faraón.


3 Éste les dijo a sus hermanos: «¿Ustedes a qué se dedican?» Y ellos le respondieron: «Estos siervos tuyos son pastores de ovejas, lo mismo que nuestros antepasados.»


4 También le dijeron al faraón: «Hemos venido a vivir en esta tierra, porque no hay pastos para las ovejas de tus siervos. En la tierra de Canaán el hambre se ha agravado. Te rogamos que permitas a tus siervos habitar en la tierra de Gosén.»


5 Entonces el faraón habló con José y le dijo: «Tu padre y tus hermanos han venido a ti.


6 Ahí tienes la tierra de Egipto. Haz que tu padre y tus hermanos habiten en lo mejor de la tierra de Gosén. Y si sabes que entre ellos hay hombres capaces, ponlos a cargo de mis ganados.»


7 José llevó también a Jacob, su padre, a la presencia del faraón, para presentárselo, y Jacob bendijo al faraón.


8 El faraón le preguntó a Jacob: «¿Cuántos años de vida tienes ya?»


9 Y Jacob le respondió: «Tengo ya ciento treinta años de andar peregrinando. Pocos y malos han sido los años que he vivido, pero aún no han llegado a ser como los años de vida de mis padres, en los días de su peregrinaje.»


10 Y Jacob bendijo al faraón, y salió de su presencia.


11 Así fue como José hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión en lo mejor de la tierra de Egipto, que es la tierra de Ramesés, tal y como lo ordenó el faraón.


12 Y José alimentó con pan a su padre y a sus hermanos, y a toda la familia de su padre, conforme al número de sus hijos.


13 En ninguna parte del país había pan, y el hambre era muy grave. Por causa del hambre decayeron la tierra de Egipto y la tierra de Canaán.


14 José recaudó todo el dinero que había en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, a cambio del grano que de él compraban. Ese dinero José lo depositó en la casa del faraón.


15 Cuando se acabó el dinero en Egipto y en Canaán, todos los egipcios fueron a ver a José y le dijeron: «Danos pan. ¿Por qué hemos de morir en tu presencia, sólo por haberse acabado el dinero?»


16 Y José les dijo: «Si se ha acabado el dinero, denme sus ganados y a cambio de ellos les daré pan.»


17 Ellos llevaron sus ganados a José, y a cambio de caballos, ovejas, vacas y asnos, es decir, a cambio de todos sus ganados, José los alimentó con pan todo aquel año.


18 Aquel año llegó a su fin, y el segundo año fueron otra vez a verlo y le dijeron: «No es un secreto para nuestro señor que el dinero ya se ha acabado, y que hasta el ganado es ya de nuestro señor. No tenemos nada que ofrecer a nuestro señor, sino nuestra tierra y nosotros mismos.


19 ¿Por qué hemos de morir ante ti, nosotros y nuestra tierra? ¡Cómpranos a nosotros y a nuestra tierra, a cambio de pan! Nosotros y nuestra tierra seremos siervos del faraón. ¡Pero danos semilla, para que sigamos con vida y no muramos, ni sea asolada la tierra!»


20 Así fue como José compró toda la tierra de Egipto, y la tierra llegó a ser propiedad del faraón, pues todos los egipcios vendieron sus tierras porque el hambre se agravó sobre ellos.


21 Al pueblo lo hizo pasar a las ciudades, de un extremo al otro del territorio de Egipto.


22 La única tierra que no compró fue la de los sacerdotes, pues ellos no vendieron su tierra porque recibían del faraón una ración, y comían la ración que el faraón les daba.


23 Y José le dijo al pueblo: «Hoy los he comprado, a ustedes y a su tierra, para que sean del faraón. Aquí tienen semilla, para que siembren la tierra.


24 Una quinta parte de la cosecha será para el faraón. Las otras cuatro partes serán para ustedes, para que siembren las tierras, y para el sustento de los que están en sus casas y la alimentación de sus niños.»


25 Ellos respondieron: «¡Nos has devuelto la vida! ¡Esperamos que nuestro señor nos halle dignos de ser siervos del faraón!»


26 Esto de dar al faraón la quinta parte de las cosechas lo estableció José por ley hasta el día de hoy en toda la tierra de Egipto. Sólo las tierras de los sacerdotes no daban esa quinta parte, porque no eran del faraón.


27 Así fue como Israel se quedó a vivir en la tierra de Egipto, en la región de Gosén. Tomaron posesión de esa tierra, y se reprodujeron y se multiplicaron en gran manera.


28 Jacob vivió diecisiete años en la tierra de Egipto; y los años de vida de Jacob fueron ciento cuarenta y siete.


29 Cuando llegó el momento de su muerte, Israel llamó a su hijo José, y le dijo: «Si puedo pedirte un favor, te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo, y me jures que me tratarás con misericordia y verdad. ¡Por favor, no me entierres en Egipto!


30 Cuando yo duerma con mis padres, llévame de aquí y sepúltame en el sepulcro de ellos.» Y José respondió: «Haré lo que tú me pides.»


31 Israel le dijo: «Júramelo». Y José se lo juró. Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de su cama.


Génesis 48

1 Después de estos acontecimientos, se dio aviso a José de que su padre estaba enfermo. Entonces él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín.


2 Y cuando se le hizo saber a Jacob que su hijo José venía a visitarlo, Israel hizo un esfuerzo y se sentó sobre la cama.


3 Y le dijo a José: «El Dios Omnipotente se me apareció en Luz, en la tierra de Canaán, y me bendijo


4 con estas palabras: “Yo haré que te reproduzcas y te multipliques. Yo haré de ti un conjunto de naciones, y esta tierra se la daré como su herencia perpetua a tu futura descendencia.”


5 En cuanto a tus dos hijos, Efraín y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto antes de que yo viniera a ti a la tierra de Egipto, son míos; son como mis hijos Rubén y Simeón.


6 Los que engendres después de ellos serán tuyos, pero se les conocerá en sus herencias por el nombre de sus hermanos.


7 Cuando yo venía de Padán, en el camino se me murió Raquel en la tierra de Canaán, como a media legua de distancia en dirección a Efrata; y allí, en el camino de Efrata, que es Belén, la sepulté.»


8 En ese momento vio Israel a los hijos de José, y dijo: «Y éstos, ¿quiénes son?»


9 Y José le respondió a su padre: «Son los hijos que Dios me ha dado aquí.» Entonces Israel le dijo: «Por favor, acércalos a mí, para que los bendiga.»


10 Tan pesados tenía Israel los ojos por la vejez, que ya no podía ver. Así que Israel los hizo acercarse a él, y entonces los besó y los abrazó.


11 Y le dijo a José: «Ya no esperaba volver a verte, y sin embargo Dios me ha permitido ver también a tu descendencia.»


12 José sacó a sus hijos de entre sus rodillas, y se inclinó hasta el suelo;


13 luego tomó a los dos y los acercó a su padre. Puso a Efraín a su derecha, que era la izquierda de Israel, y a Manasés a su izquierda, que era la derecha de Israel.


14 Entonces Israel extendió su mano derecha y, aunque Manasés era el primogénito, la puso adrede sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés.


15 Bendijo entonces a José con estas palabras: «Que el Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abrahán e Isaac, el Dios que me ha guiado toda mi vida y hasta el día de hoy,


16 el Ángel que me libra de todo mal, bendiga a estos jóvenes. Que mi nombre sea recordado por medio de ellos, junto con el nombre de mis padres Abrahán e Isaac. Y que se multipliquen grandemente en medio de la tierra.»


17 Al ver José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, se disgustó y bruscamente tomó la mano de su padre para cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés,


18 mientras le decía a su padre: «¡Así no, padre mío! ¡Éste es el primogénito! ¡Pon tu mano derecha sobre su cabeza!»


19 Pero su padre no quiso hacerlo de esa manera, sino que dijo: "Yo sé, hijo mío; ya lo se Él también llegará a ser un pueblo, y él también será engrandecido. Sin embargo, su hermano menor será mayor que él, y su descendencia formará una multitud de naciones.


20 Aquel día Israel los bendijo con estas palabras: "Cuando Israel bendiga, dirá en vuestro nombre: "Que Dios haga con vosotros como hizo con Efraín y Manasés." Y puso a Efraín antes que a Manasés.


21 Entonces Israel dijo a José: "Como puedes ver, me estoy muriendo. Pero Dios estará contigo y te hará volver a la tierra de tus antepasados.


22 Te he dado una porción mayor que a tus hermanos, una porción que tomé de los amorreos con mi espada y mi arco.


Génesis 49

1 Jacob llamó a sus hijos y les dijo: "Reúnanse, les voy a hacer saber lo que les sucederá en los últimos días.


2 »Júntense y escuchen, hijos de Jacob; escuchen a Israel, su padre.


3 »Tú, Rubén, eres mi primogénito, mi fortaleza, el principio de mi vigor; eres excelente en dignidad y en poder,


4 e impetuoso como las aguas. Pero ya no serás el principal, porque usurpaste el lecho de tu padre; ¡te envileciste al usurpar mi estrado!


5 »Simeón y Leví son chacales;57 sus espadas son armas de violencia.


6 Que no entre mi alma en sus reuniones, Ni mi honra se mezcle en su compañía. Porque en su enojo mataron hombres, Y por capricho desjarretaron toros.


7 Maldito sea su furor, tan tenaz, Y su enojo, tan implacable. Yo los dividiré en Jacob, Y los dispersaré en Israel.


8 »A ti, Judá, te alabarán tus hermanos; Sujetarás a tus enemigos por el cuello, y los hijos de tu padre se inclinarán ante ti.


9 Tú, Judá, eres un cachorro de león; tú, hijo mío, te apartaste de tu presa. Te encorvas, te echas como león; te asemejas a un león viejo. ¿Quién se atreverá a despertarte?


10 No se te quitará el cetro, Judá; Ni el símbolo de poder de entre tus pies, hasta que venga Siloh y en torno a él se congreguen los pueblos.


11 Con tu pollino atado a una vid, con tu borrico atado a una cepa, lavarás tus vestidos en vino, y en la sangre de las uvas tu manto,


12 con los ojos rojos por el vino y los dientes blancos por la leche.


13 »Zabulón habitará en puertos de mar; Será un puerto para las naves, Y sus límites llegarán hasta Sidón.


14 »Isacar es un asno arisco Que se recuesta entre los campamentos.


15 Cuando probó lo bueno del descanso y las delicias de la tierra, doblegó sus hombros ante la carga Y se entregó al trabajo de esclavos.


16 »Dan juzgará a su pueblo, Como una de las tribus de Israel.


17 Dan será como una serpiente, como una víbora junto al camino, Que muerde los talones del caballo, Y hace caer de bruces al jinete.


18 »¡Tu salvación espero, oh Señor!


19 »A Gad lo atacarán unos bandoleros, Pero él les devolverá el ataque.


20 »El pan de Aser será sustancioso; él brindará deleites dignos de un rey.


21 »Neftalí es una cierva desatada, madre de hermosos cervatos.


22 »José es una rama con frutos, rama con frutos junto a una fuente, cuyos vástagos cubren todo el muro.


23 Los arqueros lo hostilizan, y en su odio le lanzan flechas;


24 pero su arco se queda tenso, Y los brazos se les entumecen ante el poder del Fuerte de Jacob (ante el nombre del Pastor, la Roca de Israel),


25 ante el Dios de tu padre, que te ayudará, ante el Dios Omnipotente, que te bendecirá con bendiciones de los altos cielos, con bendiciones del abismo profundo, con bendiciones de los pechos y del vientre.


26 Fueron más las bendiciones de tu padre que las bendiciones de mis progenitores. Aun lo deseable de los montes eternos bajará sobre la cabeza de José, sobre la frente del príncipe de sus hermanos.


27 »Benjamín es un lobo rapaz que por la mañana se come la presa y por la tarde reparte los despojos.»


28 Éstas son todas las doce tribus de Israel, y esto es lo que su padre les dijo al bendecirlos. A cada tribu le dio su bendición.


29 Luego les dio esta orden: «Yo estoy por reunirme con mi pueblo. Sepúltenme con mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el hitita.


30 Es la cueva que está en el campo de Macpela, frente a Mamre, en la tierra de Canaán. Abraham la compró, junto con el mismo campo de Efrón el heteo, para un entierro hereditario.


31 Allí enterraron a Abraham ya Sara, su mujer; allí enterraron a Isaac ya Rebeca, su mujer; También enterré a Lea allí.


32 El campo y la cueva que está en él eran de los heteos, pero de ellos fue comprado.


33 Y cuando Ya'akov terminó de dar instrucciones a sus hijos, puso sus pies sobre la cama y expiró. Así fue al encuentro de sus antepasados.


Génesis 50 

1 Entonces José se arrojó sobre el rostro de su padre, y lloró sobre su cuerpo y lo besó.


2 Entonces envió a sus siervos los médicos para embalsamar a su padre, y ellos embalsamaron a Israel.


3 Y le guardaron luto cuarenta días, porque ése era el término de luto para los embalsamados, pero los egipcios lo lloraron setenta días.


4 Al término de los días de su luto, José habló con los de la casa del faraón, y les dijo: «Si soy digno de pedirles un favor, les ruego que hablen con el faraón en mi favor. Díganle de mi parte:


5 “Mi padre me hizo hacerle este juramento: ‘Como ves, ya estoy por morirme. Quiero que me sepultes en el sepulcro que cavé para mí en la tierra de Canaán.’ Así que, permíteme ir a sepultar a mi padre. Luego volveré.”»


6 Y el faraón dijo: «Ve y sepulta a tu padre, conforme al juramento que le hiciste.»


7 José fue a sepultar a su padre, y lo acompañaron todos los siervos del faraón y los ancianos de su casa, todos los ancianos de la tierra de Egipto,


8 toda la casa de José, y sus hermanos, y la casa de su padre. En la tierra de Gosén se quedaron solamente sus niños, y sus ovejas y sus vacas.


9 También lo acompañaron carros y gente de caballería. La comitiva era muy grande.


10 Cuando llegaron al campo de Atad, que está al otro lado del Jordán, sus lamentos y expresiones de tristeza fueron muy grandes. José, por su parte, hizo duelo por su padre durante siete días.


11 Al ver los cananeos, que habitaban esa región, el llanto que había en el campo de Atad, dijeron: «Grande es el llanto de los egipcios.» Por eso aquel lugar recibió el nombre de «Abel Mizrayin».58 Este lugar está al otro lado del Jordán.


12 Los hijos de Israel hicieron con él todo lo que él les había ordenado:


13 lo llevaron a la tierra de Canaán y lo sepultaron en la cueva del campo de Macpela, al oriente de Mamre, la cual Abrahán le compró a Efrón el hitita, junto con el campo mismo, para que fuera sepultura hereditaria.


14 Después de sepultar a su padre, José volvió a Egipto, junto con sus hermanos y con todos los que lo acompañaron.


15 Al ver los hermanos de José que su padre había muerto, dijeron: «Tal vez José nos odia, y ahora se vengará de todo el mal que le hicimos.»


16 Entonces mandaron a decirle: «José, antes de que tu padre muriera, nos pidió


17 que te dijéramos de su parte: “Te ruego que perdones la maldad y el pecado de tus hermanos, pues te trataron muy mal.” Por lo tanto, te rogamos que perdones ahora la maldad de estos siervos del Dios de tu padre.» Y mientras ellos hablaban, José comenzó a llorar.


18 Además, sus hermanos fueron y se arrodillaron delante de él, y le dijeron: «Aquí nos tienes. Somos tus siervos.»


19 Pero José les respondió: «No tengan miedo. ¿Acaso estoy en lugar de Dios?


20 Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios cambió todo para bien, para hacer lo que hoy vemos, que es darle vida a mucha gente.


21 Así que no tengan miedo. Yo les daré de comer a ustedes y a sus hijos.» Y los consoló, pues les habló con mucho cariño.


22 Y José vivió en Egipto, junto con la familia de su padre, y llegó a la edad de ciento diez años.


23 Llegó a ver a los hijos de Efraín hasta la tercera generación. También los hijos de Maquir, hijo de Manasés, fueron criados sobre las rodillas de José.


24 Un día, José les dijo a sus hermanos: «Ya estoy por morir. Pero Dios vendrá a visitarlos, y los sacará de esta tierra para llevarlos a la tierra que prometió dar a Abrahán, Isaac y Jacob.»


25 Y José hizo que los hijos de Israel le juraran, al decirles: «Dios vendrá a visitarlos. Cuando eso sea, ustedes se llevarán de aquí mis huesos.»


26 José murió a la edad de ciento diez años, y fue embalsamado y puesto en un ataúd en Egipto.

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