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Salmos libro

 

Salmos 1

1 LIBRO I 1 Bienaventurado el hombre que no anda en compañía de malvados, ni se detiene a hablar con pecadores, ni se sienta a conversar con blasfemos.


2 Que, por el contrario, se deleita en la ley del Señor, y día y noche medita en ella.


3 Ese hombre es como un árbol plantado junto a los arroyos: llegado el momento da su fruto, y sus hojas no se marchitan. ¡En todo lo que hace, prospera.


4 Con los malvados no pasa lo mismo; ¡son como el tamo que se lleva el viento!


5 Por eso los malvados y pecadores no tienen arte ni parte en el juicio ni en las reuniones de los justos.


6 El Señor conoce el camino de los justos, pero la senda de los malos termina mal.

Salmos 2

1 ¿Por qué se rebelan los pueblos? ¿Por qué conspiran las naciones?


2 Los reyes de la tierra hacen alianzas; los caudillos se declaran en contra del Señor y de su Mesías. Y dicen:


3 «¡Vamos a quitarnos sus cadenas! ¡Vamos a librarnos de sus ataduras!»


4 El que reina en los cielos se ríe; el Señor se burla de ellos.


5 Pero ya enfurecido, les habla, y con su enojo los deja turbados.


6 «Ya he establecido a mi rey sobre el monte Sión, mi lugar santo.»


7 Yo daré a conocer el decreto que el Señor me ha comunicado: «Tú eres mi hijo. En este día te he engendrado.


8 Pídeme que te dé las naciones como herencia, y tuyos serán los confines de la tierra.


9 Someterás a las naciones con cetro de hierro, y las destrozarás como a vasijas de barro.»


10 Ustedes, los reyes: ¡sean prudentes! Y ustedes, los jueces: ¡admitan la corrección!


11 Sirvan al Señor con reverencia y ríndanle culto con temor reverente.


12 Ríndanse a los pies de su Hijo, no sea que él se enoje y ustedes perezcan, pues su enojo se enciende de repente. ¡Bienaventurados son los que en él confían!

Salmos 3

1 Salmo de David, cuando huía de su hijo Absalón. 1 Señor, ¡cómo han aumentado mis enemigos! Son muchos los que me atacan,


2 son muchos los que me dicen que tú no vendrás en mi ayuda.


3 Pero tú, Señor, me rodeas como un escudo; eres mi orgullo, el que sostiene mi vida.


4 Con mi voz clamaré a ti, Señor, y tú me responderás desde tu lugar santo.


5 Yo me acuesto, y duermo y despierto, porque tú, Señor, me sostienes.


6 Aun si me rodean legiones de soldados, no tengo nada que temer.


7 Señor y Dios mío, ¡acude a rescatarme! ¡Hiere a todos mis enemigos en la mejilla! ¡Rómpeles los dientes a esos malvados!


8 A ti, Señor, te corresponde salvar; ¡derrama tus bendiciones sobre tu pueblo!

Salmos 4

1 Al músico principal. Sobre Neginot. Salmo de David. 1 Dios de mi justicia, ¡responde a mi clamor! Cuando estoy angustiado, tú me infundes aliento; ¡compadécete de mí y escucha mi oración!


2 Ustedes, hombres mortales, ¿hasta cuándo ofenderán al que es mi gloria, y amarán y buscarán la falsedad y la mentira?


3 Entérense de una vez: el Señor escoge a los hombres justos, así que me escuchará cuando yo lo invoque.


4 Pónganse a temblar, y no pequen; más bien, mediten en sus camas y guarden silencio.


5 Ofrezcan al Señor sacrificios de justicia y pongan su confianza en él.


6 Son muchos los que preguntan «¿Quién nos hará ver el bien?» ¡Que la luz de tu rostro, Señor, nos ilumine!


7 Tú pusiste en mi corazón más alegría que la de tener trigo y vino en abundancia.


8 Por eso me acuesto y duermo en paz, porque sólo tú, Señor, me haces vivir confiado.

Salmos 5

1 Al músico principal; sobre Nehilot. Salmo de David. 1 Escucha, Señor, mis palabras; toma en cuenta mis gemidos.


2 Mi rey y Dios, presta atención a mi clamor, porque a ti dirijo mi oración.


3 Oh, Señor, por la mañana escucharás mi voz; por la mañana me presentaré ante ti, y esperaré.


4 No eres un Dios que se complazca en la maldad; los malvados no pueden habitar contigo.


5 Los perversos no pueden presentarse ante ti, pues aborreces a todos los malhechores.


6 Tú, Señor, destruyes a los mentirosos, y rechazas a los asesinos y mentirosos.


7 Yo, por el contrario, y por tu gran misericordia, puedo entrar en tu templo y alabarte reverente.


8 Guíame, Señor, en tu justicia, y por causa de mis adversarios endereza tu camino delante de mí.


9 Porque en sus labios no hay sinceridad; dentro de ellos no hay más que maldad. Su garganta es como un sepulcro abierto, y su lengua sólo emite falsas alabanzas.


10 ¡Castígalos, Dios mío! ¡Que sus propios errores los hagan caer! ¡Recházalos, por sus muchos pecados, pues grande es su rebeldía contra ti!


11 Pero que se alegren todos los que en ti confían; que griten siempre de júbilo, porque tú los defiendes; que vivan felices los que aman tu nombre.


12 Tú, Señor, bendices al hombre justo; tu favor lo rodea, como un escudo.

Salmos 6

1 Al músico principal. En Neginot, sobre Seminit. Salmo de David. 1 Señor, no me reprendas en tu ira; no me castigues en tu enojo.


2 Señor, ten misericordia de mí, que estoy enfermo; sáname, pues todos mis huesos se estremecen.


3 Señor, todo mi ser se halla alterado. ¿Hasta cuándo me responderás?


4 Hazme caso, Señor, y ponme a salvo; por causa de tu misericordia, ¡sálvame!.


5 En la muerte, no hay memoria de ti; en el sepulcro no hay quien te alabe.


6 Me estoy consumiendo de tanto llorar; Todas las noches lloro amargamente y baño con lágrimas mi lecho.


7 Cansados de sufrir están mis ojos; mis adversarios los han hecho envejecer.


8 Ustedes los malvados: ¡apártense de mí, que el Señor ha escuchado mis lamentos!


9 El Señor ha atendido mis ruegos y ha aceptado mis oraciones.


10 Todos mis adversarios quedarán avergonzados; ¡huirán de pronto, totalmente humillados!

Salmos 7

1 Sigaión que David cantó al Señor por lo que dijo Cus hijo de Benjamín. 1 Señor, mi Dios, en ti confío; ¡ponme a salvo de los que me persiguen!


2 ¡No permitas que, como leones, me desgarren; que me destrocen sin que nadie me defienda!


3 Señor, mi Dios, ¿qué mal he cometido? ¿Acaso hay maldad en mis manos?


4 ¿Acaso les he pagado mal a mis aliados dejando sin más en libertad a nuestros adversarios?


5 Si es así, ¡que el enemigo me persiga! ¡Que me alcance y me haga rodar por tierra! ¡Que ponga mi honor por los suelos!


6 Señor, ¡levántate, y en tu furor enfréntate a la furia de mis adversarios! ¡Despierta, y dicta tu sentencia en mi favor!


7 Rodeado entonces de todas las naciones, reinarás sobre ellas desde el alto cielo.


8 Tú, Señor, que juzgas a las naciones, júzgame como corresponde a tu justicia, y de acuerdo con mi integridad.


9 Pon fin a la maldad de los perversos, pero mantén firme al hombre honrado, pues tú eres un Dios justo que examina el corazón y la mente.


10 Dios es mi escudo; él salva a los rectos de corazón.


11 Dios es un juez justo, siempre enojado con la gente malvada.


12 Listos tiene el arco y la espada para actuar contra ellos, si no se arrepienten.


13 Listas tiene también armas mortales; ¡ya ha preparado ardientes saetas!


14 El malvado concibe hacer el mal; tan preñado está de maldad que de él nace la mentira.


15 Ha cavado un pozo muy profundo, y en ese mismo pozo caerá.


16 Su maldad se volverá contra él; sus agravios recaerán sobre él mismo.


17 ¡Yo alabaré al Señor por su justicia! ¡Cantaré salmos al nombre del Dios altísimo!

Salmos 8

1 Al músico principal. Sobre Gitit. Salmo de David. 1 Señor y Dios nuestro, ¡cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra! ¡Has puesto tu gloria sobre los cielos!


2 Las alabanzas de los niños de pecho son tu mejor defensa contra tus enemigos; ellas silencian a tus vengativos adversarios.


3 Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, y la luna y las estrellas que has creado,


4 me pregunto: ¿Qué es el ser humano, para que en él pienses? ¿Qué es la humanidad, para que la tomes en cuenta?


5 Hiciste al hombre poco menor que un dios, y lo colmaste de gloria y de honra.


6 ¡Lo has hecho señor de las obras de tus manos! ¡todo lo has puesto debajo de sus pies!


7 ¡Todas las ovejas y todos los toros! ¡Todos los animales del bosque!


8 ¡Las aves en el cielo y los peces en el mar! ¡Todo lo que surca las profundidades del mar!


9 Señor y Dios nuestro, ¡cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!


Salmos 9

1 Al músico principal. Sobre Mut Labén. Salmo de David. 1 Señor, te alabaré de todo corazón y hablaré de todos tus portentos.


2 Por ti me alegraré, oh Dios altísimo, y cantaré alabanzas a tu nombre.


3 Ante ti, mis enemigos huyen; ruedan por el suelo y perecen.


4 Tú eres un juez justo, y desde tu trono defiendes mi causa y me haces justicia.


5 Sometes a las naciones, destruyes a los malvados, y borras para siempre su memoria.


6 Mis adversarios se han desvanecido; han quedado destruidos para siempre. Con ellos se borró el recuerdo de las ciudades que tú destruiste.


7 Pero tú, Señor, permaneces para siempre, y tienes preparado tu tribunal de justicia.


8 Con justicia juzgarás al mundo; con rectitud juzgarás a las naciones.


9 Tú, Señor, eres el refugio de los pobres; eres su amparo en momentos de angustia.


10 En ti confían los que conocen tu nombre, porque tú, Señor, proteges a los que te buscan.


11 ¡Canten al Señor, que vive en Sión! ¡Proclamen entre los pueblos sus acciones!


12 El Dios vengador se acordó de ellos; ¡no olvidó el clamor de los afligidos!


13 Señor, ¡ten misericordia de mí! ¡Mira cómo me hacen sufrir mis enemigos! Tú me libras de las puertas de la muerte,


14 para que a las puertas de Sión proclame tus alabanzas y goce de tu salvación.


15 Las naciones cayeron en el hoyo que cavaron; ¡quedaron atrapados en su propia trampa!


16 El Señor se ha revelado al hacer justicia; los malvados se enredan con sus propios hechos.


17 Esos malvados serán llevados al sepulcro, con todos los que se olvidan de Dios.


18 Porque no siempre serán olvidados los pobres, ni todo el tiempo se desvanecerá su esperanza.


19 Señor, ¡levántate y juzga a las naciones! ¡No dejes que el ser humano se envanezca! ¡Haz que las naciones comparezcan ante ti!


20 ¡Infúndeles, Señor, temor de ti! ¡Que sepan las naciones que sólo son seres humanos!

Salmos 10

1 Señor, ¿por qué estás tan lejos? ¿Por qué te escondes en momentos de angustia?


2 Arrogante, el malvado persigue al pobre; ¡pero sus propias trampas lo atraparán!


3 El injusto se jacta de sus malos deseos; alaba al ambicioso y desprecia al Señor.


4 Tan soberbio es el impío que no busca a Dios, ni le da lugar en sus pensamientos.


5 Todo el tiempo sus caminos son torcidos, desprecia a todos sus adversarios, y tus leyes están muy lejos de su vista.


6 Y se dice: «Jamás voy a tropezar. ¡Jamás me alcanzará la desgracia!»


7 Abundan en su boca maldiciones, engaños y mentiras. Bajo su lengua esconde ofensas y maldad.


8 Se acerca a las aldeas, y las acecha; tiende emboscadas para matar al inocente; pone los ojos en el desvalido.


9 Se agazapa, como el león en su cueva; luego se acerca para caer sobre el pobre y atraparlo en su red y arrebatarle sus bienes.


10 Se encoge, se agazapa, y muchos desdichados caen en sus garras.


11 Piensa para sí que Dios se ha olvidado, que esconde la cara y nunca ve nada.


12 ¡Vamos, Señor y Dios, levanta la mano! ¡No te olvides de los pobres!


13 ¿Por qué tendría que menospreciarte el malvado? ¿Por qué habría de pensar que no intervendrás?


14 Pero tú sí ves los trabajos y la humillación, y a cada uno le das su recompensa. En ti busca amparo el desvalido; ¡eres el refugio de los huérfanos.


15 ¡Rómpeles los brazos a los malvados! ¡Persigue su maldad, hasta acabar con ella!


16 Tú, Señor, reinas eternamente y para siempre; ¡borra de su tierra a las naciones!


17 Tú, Señor, escuchas las plegarias de los pobres; tú les das ánimo y les prestas atención.


18 Tú reivindicas al huérfano y al oprimido, para que los simples mortales no sigan violentando la tierra.


Salmos 11

1 Al músico principal. Salmo de David. 1 Yo confío en el Señor; ¿Por qué, entonces, me sugieren que escape a las montañas, como un ave?


2 Ciertamente, los malos preparan su arco y disponen las flechas sobre la cuerda para atacar desde las sombras a los justos.


3 ¿Pero qué puede hacer el hombre honrado cuando son socavados los cimientos?


4 El Señor está en su santo templo; el Señor tiene su trono en el cielo; él ve y examina a todos los seres humanos.


5 El Señor pone a prueba al hombre honrado, pero repudia al injusto y al violento;


6 acarrea calamidades sobre el malvado, y le lanza fuego, azufre y un viento calcinante.


7 El Señor es justo, y ama la justicia; el hombre honrado contemplará su rostro.

Salmos 12 

1 Al músico principal. Sobre Seminit. Salmo de David. 1 ¡Sálvanos, Señor, pues ya no hay gente piadosa! ¡Ya no hay en este mundo gente fiel!


2 Unos a otros se dicen mentiras; se hablan con labios zalameros e hipócritas.


3 Pero tú, Señor, destruirás todos esos labios; acabarás con toda lengua jactanciosa,


4 que dice: «Con nuestra lengua venceremos. Con los labios que tenemos, ¿quién puede dominarnos?»


5 Tú, Señor, has dicho: «Tanto se oprime a los pobres, y es tanto el clamor de los humildes, que ahora voy a levantarme para acudir en su ayuda.»


6 Las palabras del Señor son puras. Son perfectamente puras, como la plata refinada en el crisol!


7 Tú, Señor, nos protegerás; nos salvarás para siempre de esta generación,


8 aun cuando los malvados estén al acecho y la humanidad siga exaltando la vileza.

Salmos 13

1 Al músico principal. Salmo de David. 1 ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro? ¿Te olvidarás de mí para siempre?


2 ¿Hasta cuándo debo estar angustiado, y andar triste todo el día? ¿Hasta cuándo mi adversario me dominará?


3 Señor y Dios mío, mírame y respóndeme; ilumina mis ojos, y manténme con vida.


4 Que no diga mi adversario que logró vencerme. ¡Se burlará de mí si acaso caigo!


5 Yo confío en tu misericordia; mi corazón se alegra en tu salvación.


6 Te cantaré salmos, Señor, porque tú siempre buscas mi bien.

Salmos 14

1 Al músico principal. Salmo de David. 1 Dentro de sí dicen los necios: «Dios no existe.» Corrompidos están. Sus hechos son repugnantes. No hay nadie que haga el bien.


2 Desde el cielo, observa el Señor a la humanidad, para ver si hay alguien con sabiduría, que busque a Dios.


3 Pero todos se han desviado; todos a una se han corrompido. No hay nadie que haga el bien; ¡ni siquiera hay uno solo!


4 ¿Acaso no piensan esos malhechores, que devoran a mi pueblo como si fuera pan, y jamás invocan al Señor?


5 ¡Pues van a temblar de miedo; porque Dios está a favor de los justos!


6 Los malvados se burlan de los pobres, porque ellos ponen su esperanza en el Señor.


7 ¡Que venga de Sión la salvación de Israel! Cuando el Señor haga volver a su pueblo cautivo, ¡se alegrará Jacob, se regocijará Israel!

Salmos 15

1 Salmo de David. 1 Señor, ¿quién puede vivir en tu templo? ¿Quién puede habitar en tu santo monte?


2 El que vive rectamente y practica la justicia, el que es sincero consigo mismo,


3 el que no calumnia con la lengua, ni perjudica a sus amigos, ni procura el mal de su vecino;


4 el que desprecia al que Dios desprecia, pero honra al que da honra a Dios; el que cumple sus promesas aunque salga perjudicado.


5 El que no presta dinero con interés, ni acepta soborno en contra del inocente. El que así vive, jamás caerá.

Salmos 16

1 Mictam de David. 1 Cuídame, oh Dios, porque en ti confío.


2 Yo declaro, Señor, que tú eres mi dueño; que sin ti no tengo ningún bien.


3 Poderosos son los dioses del país, según todos los que en ellos se complacen.


4 ¡Pero grandes dolores esperan a sus seguidores! ¡Jamás derramaré ante ellos ofrendas de sangre, ni mis labios pronunciarán sus nombres!


5 Tú, Señor, eres mi copa y mi herencia; tú eres quien me sostiene.


6 Por suerte recibí una bella herencia; hermosa es la heredad que me asignaste.


7 Por eso te bendigo, Señor, pues siempre me aconsejas, y aun de noche me reprendes.


8 Todo el tiempo pienso en ti, Señor; contigo a mi derecha, jamás caeré.


9 Gran regocijo hay en mi corazón y en mi alma; todo mi ser siente una gran confianza,


10 porque no me abandonarás en el sepulcro, ¡no dejarás que sufra corrupción quien te es fiel.


11 Tú me enseñas el camino de la vida; con tu presencia me llenas de alegría; ¡estando a tu lado seré siempre dichoso!

Salmos 17

1 Oración de David. 1 Señor, ¡escúchame! ¡Atiende mi clamor de justicia! ¡Presta oído a mi oración, pues no brota de labios mentirosos!


2 ¡Sé tú quien me reivindique! ¡Posa tus ojos en mi rectitud!


3 Tú has examinado mi corazón; por las noches has venido a verme. ¡Ponme a prueba, que nada malo hallarás! ¡Nada malo han pronunciado mis labios!


4 Yo no hago lo que otros hacen; al contrario, tomo en cuenta tus palabras y me alejo de caminos de violencia.


5 Sostén mis pasos en tus sendas para que mis pies no resbalen.


6 Dios mío, yo te invoco porque tú me respondes; ¡inclina a mí tu oído, y escucha mis palabras!


7 Tú, que salvas de sus perseguidores a los que buscan tu protección, ¡dame una muestra de tu gran misericordia!


8 ¡Cuídame como a la niña de tus ojos! ¡Escóndeme bajo la sombra de tus alas!


9 ¡No dejes que me vean mis malvados enemigos, los opresores que quieren quitarme la vida!


10 Se regodean en su soberbia, y profieren palabras insolentes.


11 Me tienen rodeado por completo, y sólo esperan verme caer por tierra.


12 Parecen leones que esperan a su presa; parecen cachorros, echados en su escondite.


13 ¡Reacciona, Señor! ¡Enfréntate a ellos, y ponlos en vergüenza! ¡Con tu espada, ponme a salvo de esos malvados!


14 ¡Con tu mano, Señor, sálvame de estos malvados que viven obsesionados con los bienes de este mundo! ¡Ya los has saciado con tus riquezas, y hasta les sobra para sus hijos más pequeños!


15 A mí me bastará con ver tu rostro de justicia; ¡satisfecho estaré al despertar y contemplarte!

Salmos 18

1 Al músico principal. Salmo de David, siervo del Señor. David dedicó este cántico al Señor cuando el Señor lo libró de Saúl y de todos sus enemigos. Éstas son sus palabras: 1 Mi Señor, mi fortaleza, ¡yo te amo!


2 Mi Señor y Dios, tú eres mi roca, mi defensor, ¡mi libertador! Tú eres mi fuerza y mi escudo, mi poderosa salvación, mi alto refugio. ¡En ti confío!


3 Yo te invoco, Señor, porque sólo tú eres digno de alabanza; ¡tú me salvas de mis adversarios!


4 Los lazos de la muerte me rodearon; ¡me arrolló un torrente de perversidad!


5 Los lazos del sepulcro me rodearon; ¡me vi ante las trampas de la muerte!


6 Pero en mi angustia, Señor, a ti clamé; a ti, mi Dios, pedí ayuda, y desde tu templo me escuchaste; ¡mis gemidos llegaron a tus oídos!


7 La tierra tembló y se estremeció; las montañas se cimbraron hasta sus cimientos; ¡se sacudieron por la indignación del Señor!


8 Humo salía de su nariz, y por su boca brotaba fuego encendido; ¡su furor inflamaba los carbones!


9 El Señor inclinó el cielo, y descendió; bajo sus pies había una densa oscuridad.


10 Montó sobre un querubín, y voló; ¡voló sobre las alas del viento!


11 Se envolvió en un manto de sombras; se ocultó entre grises nubes, cargadas de agua.


12 De su deslumbrante presencia salieron ascuas y granizos que cruzaron las nubes.


13 El Señor lanzó un poderoso trueno; el Altísimo dejó escuchar su voz en medio de ascuas y granizos.


14 Lanzó sus flechas, y los dispersó; ¡lanzó relámpagos, y acabó con ellos!


15 El Señor dejó oír su reprensión, ¡y a la vista quedó el fondo de las aguas! De su nariz salió un intenso soplo, ¡y a la vista quedaron los cimientos del mundo!


16 Desde lo alto el Señor me tendió la mano y me rescató de las aguas tumultuosas,


17 ¡me libró de los poderosos enemigos que me odiaban y eran más fuertes que yo!


18 Me atacaron en el día de mi desgracia, pero el Señor me dio su apoyo:


19 me llevó a un terreno espacioso, y me salvó, porque se agradó de mí.


20 El Señor me premió porque soy justo; ¡porque mis manos están limpias de culpa!


21 Yo he seguido los caminos del Señor, y ningún mal he cometido contra mi Dios.


22 Tengo presentes todos sus decretos, y no me he apartado de sus estatutos.


23 Con él me he conducido rectamente, y me he alejado de la maldad;


24 él ha visto la limpieza de mis manos, y por eso ha recompensado mi justicia.


25 Señor, tú eres fiel con el que es fiel, e intachable con el que es intachable.


26 Juegas limpio con quien juega limpio, pero al tramposo le ganas en astucia.


27 Tú salvas a los humildes, pero humillas a los soberbios.


28 Señor, mi Dios, tú mantienes mi lámpara encendida; ¡tú eres la luz de mis tinieblas!


29 ¡Con tu ayuda, mi Dios, puedo vencer ejércitos y derribar murallas!


30 El camino de Dios es perfecto; la palabra del Señor, acrisolada; Dios es el escudo de los que en él confían.


31 ¡Aparte del Señor, no hay otro Dios! ¡Aparte de nuestro Dios, no hay otra Roca!


32 Dios es quien me infunde fuerzas; Dios es quien endereza mi camino;


33 Dios es quien me aligera los pies y me hace correr como un venado; Dios es quien me afirma en las alturas;


34 Dios adiestra mis manos para el combate, y me da fuerzas para tensar el arco de bronce.


35 Tú me diste el escudo de tu salvación, me sostuviste con tu mano derecha, y con tu bondad me engrandeciste.


36 Me pusiste sobre un terreno espacioso, para que mis pies no resbalaran,


37 y así pude perseguir y alcanzar a mis adversarios; ¡no volví hasta haberlos exterminado!


38 Los herí, y ya no se levantaron; ¡quedaron tendidos debajo de mis pies!


39 Tú me infundiste fuerzas para la batalla, para vencer y humillar a mis adversarios.


40 Tú los hiciste ponerse en retirada, y así acabé con los que me odiaban.


41 Clamaron a ti, Señor, pero no los atendiste; ¡no hubo nadie que los ayudara!


42 Los hice polvo, y los arrastró el viento; ¡los pisoteé como al lodo en las calles!


43 Tú me libraste de un pueblo rebelde, Y me pusiste al frente de las naciones. Gente que yo no conocía, viene a servirme;


44 gente extraña me rinde homenaje; ¡apenas me escuchan, me obedecen!


45 ¡Gente de otros pueblos se llena de miedo, y sale temblando de sus escondites!


46 ¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi roca! ¡Exaltado sea el Dios de mi salvación!


47 Es el Dios que vindica mis agravios y somete a las naciones bajo mis pies.


48 Es el Dios que me libra de mis adversarios, que me eleva por encima de mis oponentes, ¡que me pone a salvo de los violentos!


49 Por eso alabo al Señor entre los pueblos, y canto salmos a su nombre.


50 El Señor da la victoria al rey; siempre es misericordioso con su ungido, con David y con sus descendientes.

Salmos 19

1 Al músico principal. Salmo de David. 1 Los cielos proclaman la gloria de Dios; el firmamento revela la obra de sus manos.


2 Un día se lo cuenta al otro día; una noche se lo enseña a la otra noche.


3 Sin palabras, sin sonidos, sin que se escuche una sola voz,


4 su mensaje recorre toda la tierra y llega al último rincón del mundo, en donde el sol pasa la noche.


5 Y el sol, cual novio que sale del tálamo, cual si fuera un poderoso guerrero, se levanta alegre para hacer su recorrido.


6 Sale por un extremo de los cielos, y sigue su curso hasta el otro extremo, sin que nada se esconda de su calor.


7 La ley del Señor es perfecta: reanima el alma. El testimonio del Señor es firme: da sabiduría al ingenuo.


8 Los preceptos del Señor son rectos: alegran el corazón. El mandamiento del Señor es puro: da luz a los ojos.


9 El temor del Señor es bueno: permanece para siempre. Los decretos del Señor son verdaderos, y todos ellos justos.


10 Son más deseables que el oro refinado y más dulces que la miel que destila del panal.


11 Con ellos, Señor, amonestas a tu siervo, y recompensas grandemente a quien los cumple.


12 ¿Acaso hay quien reconozca sus propios errores? ¡Perdóname por los que no puedo recordar!


13 ¡No permitas que la soberbia domine a este siervo tuyo! ¡Líbrame de cometer grandes pecados, y nadie podrá entonces culparme de nada!


14 Tú, Señor, eres mi roca y mi redentor; ¡agrádate de mis palabras y de mis pensamientos!

Salmos 20

1 Al músico principal. Salmo de David. 1 Que el Señor te oiga en momentos de angustia; que te defienda el Nombre, el Dios de Jacob.


2 Que desde su templo te envíe su ayuda; que desde Sión te brinde su apoyo.


3 Que tome en cuenta tus ofrendas Y acepte con agrado tus holocaustos.


4 Que responda a los deseos de tu corazón y te conceda todas tus peticiones.


5 ¡Nos llenará de gozo el verte victorioso, y en el nombre del Dios nuestro alzaremos las banderas! ¡Que el Señor responda a todas tus plegarias!


6 Ahora sé que el Señor salvará a su ungido, que lo escuchará desde su santo cielo, y que con su diestra poderosa le dará la victoria.


7 Algunos confían en sus carros de guerra; otros confían en su caballería, Pero nosotros confiamos en el Nombre, ¡confiamos en el Señor, nuestro Dios!


8 Unos y otros flaquean, y caen por tierra, pero nosotros nos mantenemos erguidos y en pie.


9 Señor, ¡concede al rey la victoria! ¡Respóndenos cuando te invoquemos!

Salmos 21

1 Al músico principal. Salmo de David. 1 Señor, el rey se alegra por tu poder; grande es su gozo por tu salvación.


2 Le has concedido los deseos de su corazón; le has concedido todas sus peticiones.


3 Lo has recibido con grandes bendiciones; lo has coronado con fina corona de oro.


4 Te pidió muchos años de vida, y tú se los concediste.


5 Le concediste además honra y grandeza; por eso él se gloría en tu salvación.


6 Lo has bendecido para siempre; con tu presencia lo has llenado de alegría.


7 El rey confía en ti, Señor; confía en tu misericordia, Dios Altísimo; ¡por eso nunca será derrocado!


8 Su mano derribará a todos sus enemigos; su diestra destruirá a quienes lo aborrecen.


9 Cuando tú, Señor, te manifiestes, los convertirás en un horno encendido; en tu enojo los harás pedazos, y con tu fuego acabarás con ellos.


10 Borrarás de la tierra a sus descendientes, y ninguno de ellos quedará con vida.


11 Ellos tramaron hacerte daño; maquinaron insidias, pero no prevalecerán.


12 Tú los pondrás en retirada cuando dispares contra ellos tus flechas.


13 ¡Enaltece, Señor, tu gran poder, y celebraremos con salmos tu victoria!

Salmos 22

1 Al músico principal. Sobre Ajelet-sahar. Salmo de David. 1 Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos, y no vienes a salvarme? ¿Por qué no atiendes mi clamor?


2 Dios mío, te llamo de día, y no me respondes; te llamo de noche, y no hallo reposo.


3 Tú eres santo, tú eres rey; tú eres alabado por Israel.


4 Nuestros padres confiaron en ti; en ti confiaron, y tú los libraste.


5 A ti clamaron, y fueron librados; en ti confiaron, y no quedaron en vergüenza.


6 Pero yo soy más gusano que hombre; ¡un ser despreciable del que todos se burlan!


7 Los que me ven, se burlan de mí; me hacen muecas, sacuden la cabeza, y dicen:


8 «Éste puso su confianza en el Señor, ¡pues que el Señor lo salve! ¡Que venga el Señor a librarlo, ya que en él se complacía!»


9 Pero eres tú quien me dio la vida, eres tú quien me infundió confianza desde que era un niño de pecho.


10 Antes de nacer fui puesto a tu cuidado; aun estaba yo en el vientre de mi madre, y tú eras ya mi Dios.


11 No te apartes de mí, que me cerca la angustia y nadie viene en mi ayuda.


12 Mucha gente poderosa me rodea; son fuertes como toros de Basán.


13 Como leones feroces y rugientes, abren sus fauces, dispuestos a atacarme.


14 Me voy diluyendo, como el agua; tengo todos los huesos dislocados. El corazón, dentro del pecho, se me derrite como la cera.


15 Tengo seca, muy seca, la garganta; la lengua se me pega al paladar; ¡me has lanzado al polvo de la muerte!


16 Me ha cercado una banda de malvados; ¡me tienen rodeado, como perros! ¡Han taladrado mis manos y mis pies!


17 Puedo contarme todos los huesos, mientras ellos se regodean al verme.


18 Echan a la suerte mis vestidos y se los reparten por sorteo.


19 Pero tú, Señor, ¡no te alejes! Tú eres mi fuerza, ¡ven pronto en mi ayuda!


20 ¡Rescata de la espada y de esos perros la única vida que tengo!


21 ¡Sálvame de las fauces de esos leones! ¡Líbrame de los cuernos de esos búfalos!


22 Anunciaré tu nombre a mis hermanos; te alabaré en medio de la comunidad.


23 Ustedes, los que temen al Señor, ¡alábenlo! Descendientes de Jacob, ¡denle gloria! Hijos todos de Israel, ¡adórenlo!


24 El Señor no rechaza al afligido, no desprecia a los que sufren, ni esconde de ellos su rostro; cuando a él claman, les responde.


25 Yo lo alabaré en medio de la comunidad, y ante los que le temen cumpliré mis promesas.


26 Los pobres comerán, y quedarán satisfechos; los que buscan al Señor lo alabarán, y tendrán una larga vida.


27 Todos los rincones de la tierra invocarán al Señor, y a él se volverán; ¡ante él se inclinarán todas las naciones!


28 El reinado es del Señor, y él gobierna a todas las naciones.


29 Todos los poderosos de la tierra lo adorarán; todos los mortales le rendirán pleitesía, todos los que no tienen vida propia.


30 Las generaciones futuras le servirán, y hablarán del Señor a la generación venidera.


31 Se dirá a los que aún no han nacido que el Señor es justo en todo lo que hace.

Salmos 23

1 Salmo de David. 1 El Señor es mi pastor; nada me falta.


2 En campos de verdes pastos me hace descansar; me lleva a arroyos de aguas tranquilas.


3 Me infunde nuevas fuerzas y me guía por el camino correcto, para hacer honor a su nombre.


4 Aunque deba yo pasar por el valle más sombrío, no temo sufrir daño alguno, porque tú estás conmigo; con tu vara de pastor me infundes nuevo aliento.


5 Me preparas un banquete a la vista de mis adversarios; derramas perfume sobre mi cabeza y me colmas de bendiciones.


6 Sé que tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días de mi vida, y que en tu casa, oh Señor, viviré por largos días.

Salmos 24 

1 Salmo de David. 1 ¡Del Señor son la tierra y su plenitud! ¡Del Señor es el mundo y sus habitantes!


2 ¡El Señor afirmó la tierra sobre los mares! ¡El Señor la estableció sobre los ríos!


3 «¿Quién merece subir al monte del Señor? ¿Quién merece llegar a su santuario?»


4 «Sólo quien tiene limpias las manos y puro el corazón; Sólo quien no invoca a los ídolos ni hace juramentos a dioses falsos.


5 Quien es así recibe bendiciones del Señor; ¡Dios, su salvador, le hace justicia!»


6 Así son todos los que te buscan, los que buscan tu rostro, oh Dios de Jacob.


7 «¡Ustedes, puertas, levanten sus dinteles! ¡Ensánchense ustedes, puertas eternas! ¡Ábranle paso al Rey de la gloria!»


8 «¿Y quién es este Rey de la gloria?» «¡Es el Señor, el fuerte y valiente! ¡Es el Señor, el poderoso en batalla!»


9 «¡Ustedes, puertas, levanten sus dinteles! ¡Ensánchense ustedes, puertas eternas! ¡Ábranle paso al Rey de la gloria!»


10 «¿Y quién es este Rey de la gloria?» «¡Es el Señor de los ejércitos! El Señor es el Rey de la gloria!»

Salmos 25

1 Salmo de David. 1 A ti, Señor, elevo mi alma.


2 Eres mi Dios, y en ti confío; ¡no permitas que mis enemigos me avergüencen y se burlen de mí!


3 No permitas que sean avergonzados los que en ti ponen su esperanza; más bien, que sean puestos en vergüenza los que sin razón se rebelan contra ti.


4 Señor, dame a conocer tus caminos; ¡Enséñame a seguir tus sendas!


5 Todo el día espero en ti; ¡enséñame a caminar en tu verdad, pues tú eres mi Dios y salvador!


6 Recuerda, Señor, que en todo tiempo me has mostrado tu amor y tu misericordia.


7 Tú, Señor, eres todo bondad. Por tu misericordia, acuérdate de mí; pero olvídate de que en mi juventud pequé y fui rebelde contra ti.


8 El Señor es bueno y recto; por eso enseña a los pecadores el camino.


9 El Señor muestra su camino a los humildes, y los encamina en la justicia.


10 Misericordia y verdad son los caminos del Señor para quienes cumplen fielmente su pacto.


11 Señor, muy grande es mi pecado, pero haz honor a tu nombre, y perdóname.


12 ¿Quieres tú servir al Señor? Él te mostrará el mejor camino.


13 Te hará disfrutar de bienestar, y tus descendientes heredarán la tierra.


14 El Señor es amigo de quienes le temen, y confirma su pacto con ellos.


15 Señor, siempre dirijo a ti la mirada porque tú me libras de caer en la trampa.


16 Mírame, y ten compasión de mí, pues me encuentro solo y oprimido.


17 Crece en mi corazón la angustia; ¡líbrame de esta congoja!


18 ¡Mira cómo sufro y me esfuerzo! ¡Perdóname todos mis pecados!


19 ¡Mira cómo aumentan mis adversarios, y cuán grande es su odio contra mí!


20 ¡Sálvame! ¡Protégeme! ¡No me dejes quedar en vergüenza, pues en ti he puesto mi confianza!


21 ¡Protege mi integridad y rectitud, pues en ti he puesto mi esperanza!


22 ¡Salva, oh Dios, a Israel de todas sus angustias!

Salmos 26

1 Salmo de David. 1 Señor, yo me conduzco con integridad, y en ti confío sin vacilar; ¡hazme justicia!


2 ¡Ponme a prueba, Señor! ¡Examíname! ¡Escudriña mis anhelos y mis pensamientos!


3 Siempre tengo presente tu misericordia, y jamás me aparto de tu verdad.


4 No convivo con gente falsa, ni me junto con gente hipócrita.


5 Aborrezco las reuniones de los malvados, y no tengo parte con ellos.


6 Señor, mis manos están limpias de pecado, así que puedo acercarme a tu altar


7 y prorrumpir en cantos de alabanza para contar todas tus maravillas.


8 Señor, yo amo la casa en que resides, la mansión donde se posa tu gloria.


9 ¡No me arrebates la vida junto con los pecadores y asesinos!


10 ¡Tienen la maldad en la punta de los dedos! ¡Su diestra está llena de sobornos!


11 Yo, en cambio, me conduzco con integridad; ¡sálvame y ten compasión de mí!


12 Plantado estoy en terreno firme, y te bendigo, Señor, en las reuniones de tu pueblo.

Salmos 27

1 Salmo de David. 1 El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién podría yo temer? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿quién podría infundirme miedo?


2 Mis malvados enemigos me ponen en aprietos; se juntan y hacen planes de acabar conmigo, pero son ellos los que tropiezan y caen.


3 Aunque un ejército acampe contra mí, mi corazón no se amedrentará; aunque me ataquen y me declaren la guerra, en esto fincaré mi confianza:


4 Le he pedido al Señor, y sólo esto busco: habitar en su casa todos los días de mi vida, para contemplar su hermosura y solazarme en su templo.


5 Cuando vengan los días malos, él me esconderá en su santuario; me ocultará en lo más recóndito de su templo, me pondrá en lo alto de una roca.


6 Ante los enemigos que me rodean me hará levantar la cabeza, y llevaré a su templo mis ofrendas de alegría y allí cantaré salmos al Señor.


7 Señor, escúchame cuando a ti me dirija; ¡ten compasión de mí, y respóndeme!


8 A mi corazón le pides buscar tu rostro, y yo, Señor, tu rostro busco.


9 Tú eres mi Dios y salvador; ¡No escondas de mí tu rostro! No apartes con enojo a este siervo tuyo, pues siempre has sido mi ayuda. ¡No me dejes ni me desampares!


10 Podrían mi padre y mi madre abandonarme, pero tú, Señor, me recogerás.


11 Por causa de mis adversarios, enséñame, Señor, tu camino y llévame por el camino recto.


12 Testigos falsos y violentos se levantan contra mí; ¡no permitas que hagan conmigo lo que quieran!


13 ¡Yo estoy seguro, Señor, que he de ver tu bondad en esta tierra de los vivientes!


14 ¡Espera en el Señor! ¡Infunde a tu corazón ánimo y aliento! ¡Sí, espera en el Señor!

Salmos 28

1 Salmo de David. 1 Señor, tú eres mi roca. A ti clamo. ¡No te apartes de mí! De lo contrario, seré como los que bajan al sepulcro.


2 Escucha mi clamor, que pide tu ayuda, cuando levanto mis manos hacia tu santo templo.


3 No me lleves junto con los malvados, ni con los que hacen el mal; con los que hablan de paz con sus amigos pero por dentro están llenos de maldad.


4 Págales conforme a sus malas acciones; por tanta maldad que cometen, dales su merecido.


5 Hazlos caer, Señor, y no vuelvas a levantarlos, pues no han entendido tus acciones ni han prestado atención a tus obras.


6 Bendito seas, Señor, pues escuchas la voz de mis ruegos.


7 Tú, Señor, eres mi escudo y mi fuerza; en ti confía mi corazón, pues recibo tu ayuda. Por eso mi corazón se alegra y te alaba con sus cánticos.


8 Tú, Señor, infundes fuerzas a tu pueblo; tu ungido halla en ti un refugio salvador.


9 ¡Salva a tu pueblo, bendice a tu herencia! ¡Guíalos y cuida de ellos ahora y siempre!

Salmos 29

1 Salmo de David. 1 ¡Rindan al Señor, seres celestiales; rindan al Señor la gloria y el poder!


2 ¡Ríndanle la gloria digna de su nombre! ¡Adoren al Señor en su santuario hermoso!


3 La voz del Señor resuena sobre las aguas. El Dios de la gloria hace oír su voz. El Señor está sobre las muchas aguas.


4 La voz del Señor es potente. La voz del Señor es majestuosa.


5 La voz del Señor desgaja los cedros; ¡el Señor desgaja los cedros del Líbano!


6 ¡Su voz hace que los montes Líbano y Sirión salten como becerros, como búfalos pequeños!


7 La voz del Señor lanza llamas de fuego.


8 La voz del Señor hace temblar al desierto; el Señor hace temblar al desierto de Cades.


9 La voz del Señor desgaja las encinas y deja los árboles sin hojas, mientras en su templo todos proclaman su gloria.


10 El Señor es el rey eterno; ¡él ocupa su trono sobre las aguas!


11 El Señor infunde poder a su pueblo y lo bendice con la paz.

Salmos 30

1 Salmo cantado durante la dedicación de la casa. 1 Salmo de David. 1 Te alabo, Señor, porque me has salvado; porque no dejaste que mis enemigos se burlaran de mí.


2 Mi Señor y Dios, te pedí ayuda, y tú me sanaste;


3 tú, Señor, me devolviste la vida; ¡me libraste de caer en el sepulcro!


4 Ustedes, pueblo fiel del Señor, ¡canten salmos y alaben su santo nombre!


5 Su enojo dura sólo un momento, pero su bondad dura toda la vida. Tal vez lloremos durante la noche, pero en la mañana saltaremos de alegría.


6 En mi prosperidad llegué a pensar que nunca conocería la derrota.


7 Y es que tú, Señor, con tu bondad, me mantenías firme como un baluarte. Pero me diste la espalda, y quedé aterrado.


8 A ti, Señor, seguiré clamando, y jamás dejaré de suplicarte.


9 ¿Qué ganas con que yo muera, con que baje yo al sepulcro? ¿Acaso el polvo podrá alabarte? ¿Acaso el polvo proclamará tu verdad?


10 ¡Escúchame, Señor, y tenme compasión! ¡Nunca dejes, Señor, de ayudarme!


11 Tú cambias mis lágrimas en danza; me quitas la tristeza y me rodeas de alegría,


12 para que cante salmos a tu gloria. Señor, mi Dios: ¡no puedo quedarme callado! ¡siempre te daré gracias!




Salmos 31

1 Al músico principal. Salmo de David. 1 Señor, yo confío en ti; no permitas nunca que sea yo avergonzado. ¡Ponme a salvo, pues tú eres justo!


2 ¡Inclínate a escucharme! ¡Ven pronto en mi ayuda! ¡Sé tú mi roca fuerte, la fortaleza que me salve!


3 Ciertamente, tú eres mi roca y mi castillo; guíame; encamíname por causa de tu nombre.


4 Sácame de la red que me han tendido, pues tú eres mi refugio.


5 En tus manos encomiendo mi espíritu; ¡ponme a salvo, Señor, Dios de la verdad!


6 Señor, yo confío en ti, pero odio a los que adoran ídolos huecos.


7 Yo me lleno de alegría por tu misericordia, pues tú has tomado en cuenta mi aflicción y conoces las angustias de mi alma.


8 No me has puesto en manos de mi adversario; más bien, me has plantado en lugares amplios.


9 Ten misericordia de mí, Señor, porque estoy muy angustiado. Mis ojos se consumen de tristeza, lo mismo que mi alma y todo mi ser.


10 Mi vida se va consumiendo de dolor; mis años transcurren en medio de suspiros. La maldad acaba con mis fuerzas, y hasta mis huesos se van debilitando.


11 Todos mis enemigos se burlan de mí, y más aún mis vecinos; ¡soy el hazmerreír de mis conocidos! Los que me ven en la calle, huyen de mí.


12 Me han olvidado, como a los muertos; hasta parezco una vasija hecha pedazos.


13 Puedo oír cómo muchos me calumnian: «¡Hay terror por todas partes!», y mientras tanto, todos conspiran contra mí y hacen planes para matarme. ¡Sólo piensan quitarme la vida!


14 Señor, yo confío en ti, y declaro que tú eres mi Dios.


15 Mi vida está en tus manos; ¡líbrame de mis enemigos y perseguidores!


16 ¡Haz brillar tu rostro sobre este siervo tuyo! ¡Sálvame, por tu misericordia!


17 Señor, no permitas que sea yo avergonzado, porque a ti te he invocado. ¡Que sean avergonzados los impíos! ¡Que enmudezcan en el sepulcro!


18 ¡Que sean silenciados los labios mentirosos, esos que hablan mal del hombre honrado y lo tratan con soberbia y desprecio!


19 ¡Cuán grande es tu bondad, la cual reservas para los que en ti confían! ¡Delante de todos la manifiestas a los que en ti buscan refugio!


20 En lo más recóndito de tu presencia los pones a salvo de la maldad humana; les das refugio en tu tabernáculo; ¡los pones a salvo de las malas lenguas!


21 ¡Bendito seas, Señor! ¡Grande ha sido tu misericordia por mí! ¡Me pusiste en una ciudad fortificada!


22 En mi angustia llegué a pensar que me habías apartado de tu vista, pero tú escuchaste mi voz suplicante en el momento en que a ti clamé.


23 Ustedes, fieles del Señor, ¡ámenlo! El Señor cuida de quienes le son fieles, pero a los que actúan guiados por la soberbia les da el castigo que merecen.


24 Ustedes, los que esperan en el Señor, ¡esfuércense, y cobren ánimo!

Salmos 32

1 Salmo de David. Masquil. 1 Dichoso aquél cuyo pecado es perdonado, y cuya maldad queda absuelta.


2 Dichoso aquél a quien el Señor ya no acusa de impiedad, y en el que no hay engaño.


3 Mientras callé, mis huesos envejecieron, pues todo el día me quejaba.


4 De día y de noche me hiciste padecer; mi lozanía se volvió aridez de verano.


5 Te confesé mi pecado; no oculté mi maldad. Me dije: «Confesaré al Señor mi rebeldía», y tú perdonaste la maldad de mi pecado.


6 Por eso, todos tus fieles orarán a ti mientras puedas ser hallado. Aunque sufran una gran inundación, las aguas no los alcanzarán.


7 ¡Tú eres mi refugio! ¡Tú me libras de la angustia! ¡Tú me rodeas con cánticos de libertad!


8 «Yo te voy a hacer que entiendas. Voy a enseñarte el camino que debes seguir, y no voy a quitarte los ojos de encima.


9 No seas como los caballos ni como las mulas, que no quieren obedecer, y que hay que sujetarlos con la brida y el freno, pues de lo contrario no se acercan a su amo.»


10 Al malvado le esperan muchas aflicciones, pero la misericordia del Señor acompaña a todos los que confían en él.


11 Ustedes, los hombres justos, ¡alégrense y regocíjense en el Señor! Y ustedes, los de recto corazón, ¡canten todos llenos de alegría!

Salmos 33

1 1 Ustedes los justos, ¡alégrense en el Señor! ¡Hermosa es la alabanza de los hombres íntegros!


2 ¡Aclamen al Señor con arpas! ¡Alábenlo al son del salterio y del decacordio!


3 ¡Canten al Señor un cántico nuevo! ¡Canten y toquen bien y con regocijo!


4 Ciertamente, la palabra del Señor es recta; todo lo hace con fidelidad.


5 El Señor ama la justicia y el derecho; la tierra está llena de su misericordia.


6 Con su palabra, el Señor hizo los cielos; todo lo creado lo hizo con un soplo de su boca.


7 El Señor junta el agua del mar en una vasija, y pone en un depósito las profundidades del mar.


8 ¡Que toda la tierra tema al Señor! ¡Que le teman todos los habitantes del mundo!


9 El Señor habló, y todo fue creado; el Señor ordenó, y todo apareció.


10 El Señor anula los planes de las naciones; frustra las maquinaciones de los pueblos.


11 Pero los planes y pensamientos del Señor permanecen por todas las generaciones.


12 Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor, ¡el pueblo que él escogió como su propiedad!


13 El Señor observa desde los cielos; desde allí vigila a toda la humanidad.


14 Desde el lugar de su residencia contempla a todos los habitantes de la tierra.


15 El Señor formó el corazón de todos ellos, y pondera atentamente todos sus hechos.


16 El rey no se salva por tener un gran ejército, ni se escapa el valiente por tener mucha fuerza.


17 Ningún caballo es garantía de salvación; y aunque tiene mucha fuerza, no salva a nadie.


18 El Señor mira atentamente a quienes le temen, a quienes confían en su misericordia,


19 para librarlos de la muerte y darles vida en tiempos de escasez.


20 Con el alma esperamos en el Señor, pues él es nuestra ayuda y nuestro escudo.


21 Por él se alegra nuestro corazón; confiamos en su santo nombre.


22 Señor, sea tu misericordia sobre nosotros, tal y como lo esperamos de ti.

Salmos 34

1 Salmo de David. Cuando David fingió locura delante de Abimelec, éste lo echó de su presencia, y David se fue. 1 Bendeciré al Señor en todo tiempo; su alabanza estará siempre en mi boca.


2 Alabaré al Señor con toda el alma. ¡Escuchen, gente humilde, y alégrense también!


3 ¡Únanse a mí, y reconozcan su grandeza! ¡Exaltemos a una voz su nombre!


4 Busqué al Señor, y él me escuchó, y me libró de todos mis temores.


5 Los que a él acuden irradian alegría; no tienen por qué esconder su rostro.


6 Este pobre clamó, y el Señor lo oyó y lo libró de todas sus angustias.


7 Para defender a los que temen al Señor, su ángel acampa alrededor de ellos.


8 ¡Prueben ustedes mismos la bondad del Señor! ¡Dichoso aquél que en él confía!


9 Ustedes, sus fieles, teman al Señor, pues a quienes le temen nunca les falta nada.


10 Los cachorros del león chillan de hambre, pero los que buscan al Señor lo tienen todo.


11 Hijos míos, acérquense y escúchenme; voy a enseñarles a honrar al Señor.


12 ¿Quién de ustedes anhela vivir mucho tiempo? ¿Quién quiere vivir y llegar a ver el bien?


13 Eviten entonces que su lengua hable mal; eviten que sus labios profieran mentiras.


14 Apártense del mal y practiquen el bien; busquen la paz, y no la abandonen.


15 El Señor no aparta sus ojos de los justos; sus oídos están siempre atentos a su clamor.


16 El Señor vigila a los que hacen el mal Para borrar de la tierra su memoria.


17 Los justos gimen, y el Señor los escucha y los libra de todas sus angustias.


18 Cercano está el Señor para salvar a los que tienen roto el corazón y el espíritu.


19 El justo pasa por muchas aflicciones, pero el Señor lo libra de todas ellas.


20 El Señor le cuida cada uno de sus huesos, y ni uno solo de ellos se le quebrará.


21 Al malvado lo destruye su propia maldad; y los que odian al justo recibirán condenación.


22 El Señor rescata el alma de sus siervos; no serán condenados los que en él confían.

Salmos 35

1 Salmo de David. 1 Señor, defiéndeme de mis oponentes; combate a los que me atacan.


2 Echa mano del escudo y del pavés, y ven pronto en mi ayuda.


3 Toma una lanza y ataca a mis perseguidores, y dile a mi alma: «Yo soy tu salvación».


4 ¡Haz que queden confundidos y en vergüenza los que quieren matarme! ¡Que retrocedan y queden confundidos los que buscan mi mal!


5 ¡Que sean como el tamo que arrebata el viento! ¡Que el ángel del Señor los acose!


6 ¡Que sea su camino oscuro y peligroso! ¡Que el ángel del Señor los persiga!


7 Sin motivo, ellos me tendieron una trampa; sin motivo, cavaron un hoyo para mí.


8 ¡Que sean quebrantados de repente, y caigan en la trampa que antes me tendieron! ¡Que caigan en ella, para su desgracia!


9 Entonces yo me alegraré en el Señor; ¡me regocijaré en su salvación!


10 Todos mis huesos exclamarán: «Señor, ¿quién puede compararse a ti? ¡Tú libras de los fuertes a los débiles! ¡Tú libras de sus opresores a los menesterosos!»


11 Unos testigos violentos se levantan y me interrogan acerca de cosas que yo ignoro.


12 Me pagan mal el bien que les hice, y eso me duele en el alma.


13 Si estaban enfermos, yo me preocupaba; ayunaba y me vestía de cilicio. ¡Quisiera que mis oraciones volvieran a mí!


14 Yo manifestaba mi tristeza por ellos vistiéndome de luto, como por un hermano; ¡como si hubiera muerto mi propia madre!


15 Pero caí, y ellos se juntaron contra mí; se junto contra mí gente despreciable, gente que yo no conocía, y me maltrataron sin descanso.


16 ¡Como auténticos truhanes y malvivientes, rechinaban los dientes contra mí!


17 Señor, ¿cuánto más seguirás viendo esto? ¡Salva mi vida de las garras de estos leones! ¡Es la única vida que tengo!


18 Yo hablaré de ti en medio de la multitud; ¡te alabaré delante de todo el pueblo!


19 ¡No dejes que se burlen de mí los que sin causa me ven como enemigo, ni tampoco los que me odian sin motivo, ésos que se hacen señas con los ojos!


20 Son gente que no busca la paz, sino que urden planes engañosos en contra de gente inocente.


21 Se carcajean al hablar de mí, y exclaman: «¡Ja, ja! ¡Miren lo que hemos llegado a ver!»


22 Pero tú, Señor, eres testigo; ¡no te quedes callado, ni te alejes de mí!


23 ¡Señor, levántate a defenderme! ¡Dios mío, levántate y hazme justicia!


24 Señor y Dios, ¡júzgame según tu justicia, para que nadie se burle de mí!


25 Que nadie piense en su corazón: «¡Se cumplió nuestro deseo de verlo derrotado!»


26 Que la vergüenza y la confusión sean para los que buscan mi mal. Que se queden avergonzados y confundidos los que se engrandecen contra mí.


27 Pero que canten y se alegren los que están a mi favor. Que digan siempre: «¡Grande es el Señor, pues se deleita en el bienestar de su siervo!»


28 Con mi lengua proclamaré tu justicia, y a todas horas te alabaré.

Salmos 36

1 Al músico principal. Salmo de David, siervo del Señor. 1 La maldad habla al corazón del impío; en su opinión, no hay por qué temer a Dios.


2 Vive halagándose a sí mismo, seguro de que su maldad no es condenable.


3 Sus palabras son malvadas y fraudulentas; dejó de ser sabio y de practicar el bien.


4 Aun acostado hace planes malvados; va por el mal camino, y disfruta de su maldad.


5 Pero tu misericordia, Señor, llega a los cielos; ¡tu fidelidad se extiende hasta las nubes!


6 Tu justicia es como las grandes montañas; tus sentencias son como el mar profundo; ¡tú, Señor, cuidas de hombres y animales!


7 Dios mío, ¡cuán preciosa es tu misericordia! ¡La humanidad se acoge a la sombra de tus alas!


8 En tu templo se sacian de ricos alimentos; tú apagas su sed en un río de aguas deliciosas.


9 En ti se halla el manantial de la vida, y por tu luz podemos ver la luz.


10 Muestra tu misericordia a los que te conocen; muestra tu justicia a los de recto corazón.


11 No dejes que los soberbios me aplasten, ni que el poder de los impíos me sacuda.


12 Vean allí, caídos, a los que practican el mal; ¡rodaron por el suelo, y no volvieron a levantarse!

Salmos 37

1 Salmo de David. 1 No te alteres por causa de los malvados, ni sientas envidia de los que practican el mal,


2 porque pronto se marchitan, como la hierba; pronto se secan, como la hierba verde.


3 Confía en el Señor, y practica el bien; así heredarás la tierra y la verdad te guiará.


4 Disfruta de la presencia del Señor, y él te dará lo que de corazón le pidas.


5 Pon tu camino en las manos del Señor; confía en él, y él se encargará de todo;


6 hará brillar tu justicia como la luz, y tu derecho como el sol de mediodía.


7 Guarda silencio ante el Señor, y espera en él; no te alteres por los que prosperan en su camino, ni por los que practican la maldad.


8 Desecha la ira y el enojo; No te alteres, que eso empeora las cosas.


9 Un día, todos los malvados serán destruidos, pero si esperas en el Señor heredarás la tierra.


10 Un poco más, y los malvados dejarán de existir; los buscarás, pero no los hallarás.


11 Pero los humildes heredarán la tierra y disfrutarán de gran bienestar.


12 Los malvados conspiran contra los justos, y rechinan los dientes contra ellos,


13 Pero el Señor se burla de ellos porque sabe que ya viene su hora.


14 Los malvados sacan la espada, tensan el arco, para derribar a los pobres y necesitados, para acabar con los hombres cabales;


15 pero su espada les partirá el corazón, y su arco se romperá en mil pedazos.


16 Es mejor lo poco del hombre justo que las riquezas de muchos pecadores,


17 porque el Señor sostiene a los justos pero pondrá fin al poder de los malvados.


18 El Señor cuida de los hombres honrados; y mantendrá la herencia de ellos para siempre.


19 En tiempos difíciles no serán avergonzados, y en tiempos de escasez tendrán abundancia.


20 Pero los malos perecerán. Los enemigos del Señor serán consumidos. ¡Se esfumarán como el humo de la grasa de carneros!


21 El malvado pide prestado y no paga; El justo es bondadoso y comparte lo que tiene.


22 Los benditos del Señor heredarán la tierra, pero los que él maldice serán eliminados.


23 El Señor dirige los caminos del hombre cuando se complace en su modo de vida.


24 Si el hombre cae, no se queda en el suelo porque el Señor lo sostiene de la mano.


25 Yo fui joven, y ya he envejecido, pero nunca vi desamparado a un justo, ni vi a sus hijos andar mendigando pan.


26 El justo es misericordioso, y siempre presta; sus hijos son para otros una bendición.


27 Apártate del mal, y practica el bien; así vivirás para siempre.


28 Porque el Señor ama la justicia y no desampara a sus fieles; siempre les brinda su protección. Pero los hijos de los malvados serán destruidos.


29 Los justos heredarán la tierra y para siempre vivirán en ella.


30 Cuando el justo habla, imparte sabiduría; con su lengua proclama la justicia.


31 En su corazón habita la ley de su Dios; por eso sus pies nunca resbalan.


32 El impío acecha al justo con la intención de matarlo,


33 pero el Señor no lo pondrá en sus manos, ni dejará que en el juicio lo condenen.


34 Tú espera en el Señor, y sigue su camino, y él te exaltará, y heredarás la tierra; y cuando los pecadores sean destruidos, tú estarás allí para verlo.


35 Yo vi cómo el maligno era enaltecido; lo vi extenderse como verde laurel;


36 pero el tiempo pasó, y él dejó de existir; cuando lo busqué, ¡ya había desaparecido!


37 Fíjate en quienes son íntegros y justos: Hay un final venturoso para la gente pacífica.


38 Pero los pecadores serán todos destruidos; el final de los malvados será su exterminio.


39 La salvación de los justos proviene del Señor; él les da fuerzas en momentos de angustia.


40 El Señor los ayuda y los pone a salvo; los libra y los pone a salvo de los impíos porque ellos pusieron en él su esperanza.

Salmos 38 

1 Salmo de David, para recordar. 1 Señor, no me reprendas en tu enojo; ¡no me castigues en tu ira!


2 Tus flechas se han clavado en mí; ¡sobre mí has dejado caer tu mano!


3 Por causa de tu enojo, nada sano hay en mi cuerpo; por causa de mi maldad, no hay paz en mis huesos.


4 Mi pecado pesa sobre mi cabeza; ¡son una carga que ya no puedo soportar!


5 Por causa de mi locura, mis heridas supuran y apestan.


6 Estoy abrumado, totalmente abatido; ¡todo el tiempo ando afligido.


7 La espalda me arde sin cesar: ¡no hay nada sano en todo mi cuerpo!


8 Me siento débil y en gran manera agobiado; ¡mis quejas son las de un corazón atribulado!


9 Señor, tú conoces todos mis deseos; mis anhelos no te son ocultos.


10 Mi corazón se agita, me faltan fuerzas, y hasta mis ojos se van apagando.


11 Mis mejores amigos se alejan de mis males; ¡hasta mis parientes se apartan de mí!


12 Hay quienes conspiran contra mi vida; buscan mi mal y tratan de arruinarme. ¡Todo el tiempo hacen planes contra mí!


13 Pero yo cierro los oídos, y no los oigo; finjo ser mudo y no abro la boca.


14 Soy como los que no oyen ni profieren ningún reproche.


15 Señor, yo confío en ti; ¡tú, Señor mi Dios, responderás por mí!


16 Tan sólo pido que no se alegren de mí; ¡que no se burlen de mí, si acaso caigo!


17 En realidad, estoy a punto de caer, y mi dolor no me abandona.


18 Por eso, voy a confesar mi maldad; pues me pesa haber pecado.


19 Mis enemigos están sanos y fuertes; aumentan los que me odian sin razón.


20 Los que me pagan mal por bien me atacan porque prefiero hacer lo bueno.


21 Señor, ¡no me abandones! Dios mío, ¡no te alejes de mí!


22 Señor, mi salvador, ¡ven pronto en mi ayuda!

Salmos 39

1 Al músico principal. A Jedutún. Salmo de David. 1 Decidí prestar atención a mis caminos para no incurrir en pecado con mi lengua; decidí refrenar mis palabras mientras tuviera un malvado cerca de mí.


2 Y guardé un profundo silencio; ni siquiera hablaba de lo bueno. Y mi dolor se agravó.


3 En mi interior, mi corazón se enardeció; al pensar en esto, estalló mi enojo y no pude menos que decir:


4 «Señor, hazme saber qué fin tendré, y cuánto tiempo me queda de vida. ¡Quiero saber cuán frágil soy!


5 Tú me has dado una vida muy corta; ante ti, mis años de vida no son nada. ¡Ay, un simple soplo somos los mortales!


6 ¡Ay, todos pasamos como una sombra! ¡Ay, de nada nos sirve tratar de enriquecernos, pues nadie sabe para quién trabaja!


7 »Señor, ¿qué puedo esperar, si en ti he puesto mi esperanza?


8 ¡Líbrame de todos mis pecados! ¡No permitas que los necios se burlen de mí!»


9 Y volví a guardar silencio. No abrí la boca, porque tú eres quien actúa.


10 ¡Deja ya de hostilizarme, pues tus golpes están acabando conmigo!


11 Tú nos corriges al castigar nuestros pecados, pero destruyes, como polilla, lo que más amamos. ¡Ay, sólo un soplo somos los mortales!


12 Señor, ¡escucha mi oración! ¡Atiende a mi clamor! ¡No guardes silencio ante mis lágrimas! Ciertamente, para ti soy un extraño; soy un advenedizo, como mis antepasados,


13 pero déjame recobrar las fuerzas antes de que parta y deje de existir.

Salmos 40

1 Al músico principal. Salmo de David. 1 Yo puse mi esperanza en el Señor, y él inclinó su oído y escuchó mi clamor;


2 me sacó del hoyo de la desesperación, me rescató del cieno pantanoso, y plantó mis pies sobre una roca; ¡me hizo caminar con paso firme!


3 Puso en mis labios un nuevo canto, un canto de alabanza a nuestro Dios. Muchos vieron esto y temieron, y pusieron su esperanza en el Señor.


4 Dichoso el hombre que confía en el Señor y no en gente soberbia y mentirosa.


5 Tú, Señor mi Dios, has pensado en nosotros, y has realizado grandes maravillas; no es posible hablar de todas ellas. Quisiera contarlas, hablar de cada una, pero su número es incontable.


6 Las ofrendas y los sacrificios no te agradan; tú no pides holocaustos ni ofrendas de expiación, pero me has abierto los oídos.


7 Por eso dije: «Aquí vengo ya.» En el pergamino se habla de mí.


8 Hacer tu voluntad, Dios mío, me agrada; tu ley la llevo dentro de mí.


9 He proclamado tu justicia ante la gran multitud, y tú, Señor, lo sabes muy bien. No he refrenado mis labios.


10 Mi corazón no ha ocultado tu justicia. He dado a conocer tu fidelidad y tu salvación. Nunca, en la reunión de mis hermanos, dejé de hablar de tu misericordia y tu verdad.


11 Señor, ¡no me niegues tu misericordia! ¡Permite que siempre me acompañen tu misericordia y tu verdad!


12 Son muchos los males que me acechan; mi maldad se ha volcado contra mí, y me ha opacado la vista. Tengo más problemas que pelos en la cabeza; ¡estoy totalmente descorazonado!


13 Señor, ¡dígnate ayudarme! Señor, ¡ven pronto a socorrerme!


14 ¡Que sean avergonzados y confundidos todos los que buscan acabar con mi vida! ¡Que retrocedan en vergonzosa derrota todos los que buscan mi mal!


15 ¡Que sean derrotados por sus ofensas todos los que se burlan de mí!


16 Pero que se alegren todos los que te buscan; Señor, que siempre proclamen tu grandeza todos los que aman tu salvación.


17 Y a mí, que estoy pobre y afligido, ¡no me olvides, Señor! Tú eres mi ayuda y mi libertador; ¡No te tardes en responderme, Dios mío!

Salmos 41

1 Al músico principal. Salmo de David. 1 ¡Dichoso aquél que piensa en los pobres! En los días malos el Señor lo ayudará.


2 El Señor lo cuidará y le dará vida, lo hará vivir feliz en la tierra, y no lo dejará caer en manos de sus enemigos.


3 Cuando esté enfermo, el Señor lo sustentará; suavizará sus males mientras recobra la salud.


4 Yo le pido al Señor que me tenga compasión, que me sane, pues he pecado contra él.


5 Mis enemigos hablan mal de mí, y dicen: «¿Cuándo morirá? ¿Cuándo será olvidado?»


6 Si vienen a verme, sólo dicen sandeces; guardan en su mente las malas noticias, y en cuanto salen a la calle las divulgan.


7 Todos los que me odian se unen contra mí y sólo piensan malas cosas. Hasta dicen:


8 «Lo que tiene es cosa del demonio; cayó en cama, y no volverá a levantarse.»


9 Aun mi mejor amigo, en quien yo confiaba, el que comía conmigo, me ha traicionado.


10 Pero tú, Señor, ¡ten compasión de mí! ¡devuélveme la salud, y les daré su merecido!


11 Con esto sabré que soy de tu agrado: si mi enemigo no llega a burlarse de mí.


12 Y a mí, ¡sosténme por causa de mi integridad! ¡permíteme estar en tu presencia para siempre!


13 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, Por los siglos de los siglos! ¡Amén y Amén!

Salmos 42

1 LIBRO II 1 Al músico principal. Masquil de los hijos de Coré. 1 Como ciervo que brama por las corrientes de agua, así mi alma clama por ti, mi Dios.


2 Mi alma tiene sed de ti, Dios de la vida; ¿Cuándo vendré a presentarme ante ti, mi Dios?


3 Mis lágrimas son mi pan, de día y de noche, pues a todas horas me preguntan: «¿Dónde está tu Dios?»


4 Pienso en esto, y se me parte el alma; me acuerdo cuando acompañaba yo a la multitud, cuando la conducía hasta el templo de Dios entre voces de alegría y de alabanza, entre la alegría del pueblo en fiesta.


5 ¿Por qué te desanimas, alma mía? ¿Por qué te inquietas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún debo alabarlo. ¡Él es mi Dios! ¡Él es mi salvador!


6 Dios mío, mi alma está muy abatida. Por eso me acuerdo de ti desde estas tierras del Jordán, desde los montes Hermón y Mizar.


7 Un abismo llama a otro abismo, y resuena la voz de tus cascadas. Todas tus ondas y tus olas pasan sobre mí.


8 Pero tú, Señor, durante el día me enviarás tu gran misericordia, y por la noche tu cántico estará conmigo, con mi oración a ti, Dios de mi vida.


9 Dios mío y Roca mía, yo te pregunto: ¿Por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué debo andar acongojado y sufrir por la opresión del enemigo?


10 Siento un dolor mortal en los huesos cuando mis enemigos me afrentan, cuando a todas horas me preguntan: «¿Dónde está tu Dios?»


11 ¿Por qué te desanimas, alma mía? ¿Por qué te inquietas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún debo alabarlo. ¡Él es mi Dios! ¡Él es mi salvador!

Salmos 43 

1 1 Dios mío, ¡hazme justicia! ¡Defiéndeme! ¡Líbrame de gente impía, mentirosa e inicua!


2 Tú eres mi Dios, mi fortaleza; ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué debo andar acongojado y sufrir por la opresión del enemigo?


3 Envía tu luz y tu verdad; ellas me guiarán hasta tu santo monte, me conducirán hasta el templo donde habitas.


4 Me acercaré entonces a tu altar, mi Dios, y allí, mi Dios, te alabaré al son del arpa, pues tú eres mi Dios, mi gozo y alegría.


5 ¿Por qué te desanimas, alma mía? ¿Por qué te inquietas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún debo alabarlo. ¡Él es mi Dios! ¡Él es mi salvador!

Salmos 44

1 Al músico principal. Masquil de los hijos de Coré. 1 Dios nuestro, lo oímos con nuestros oídos, y nuestros padres nos lo contaron: ¡las grandes proezas que, en su favor, realizaste en los días de antaño!


2 ¡Tú mismo desalojaste a las naciones, castigaste duramente a esos pueblos, y a nuestros padres los dejaste echar raíces!


3 Porque no fue la espada lo que les dio posesión de la tierra; ni fue tampoco su brazo lo que les dio la victoria; ¡fue tu mano derecha, fue tu brazo, fue el resplandor de tu rostro, porque en ellos te complacías!


4 Dios mío, ¡tú eres mi rey! ¡Envía tu salvación al pueblo de Jacob!


5 ¡Por ti derrotaremos a nuestros enemigos! ¡En tu nombre los hundiremos en el suelo!


6 Yo no confiaría en mis flechas, ni tampoco mi espada podría salvarme;


7 pero tú puedes salvarnos de nuestros enemigos, y poner en vergüenza a los que nos odian.


8 ¡En ti, Dios nuestro, nos gloriaremos siempre, y nunca dejaremos de alabar tu nombre!


9 Pero nos has abandonado, nos has puesto en vergüenza. Ya no acompañas a nuestros ejércitos.


10 Nos has hecho retroceder ante el enemigo, y los que nos aborrecen nos despojan de todo.


11 Has dejado que nos maten como a ovejas, y nos has esparcido entre las naciones.


12 ¡Has vendido a tu pueblo de balde! ¡Nada has ganado con venderlo!


13 Nos has humillado ante nuestros vecinos; somos motivo de burla para los que nos rodean.


14 Has hecho de nosotros la burla de la gente; al vernos, todos mueven burlones la cabeza.


15 Todo el tiempo debo encarar mi vergüenza; me abruma no poder dar la cara


16 por lo que dicen los que tanto me ofenden, ¡por lo que hacen mis vengativos enemigos!


17 Aunque todo esto nos ha sucedido, jamás nos hemos olvidado de ti; jamás hemos quebrantado tu pacto.


18 Jamás ha decaído nuestro ánimo, ni nos hemos apartado de tus sendas.


19 ¡Pero tú nos arrojaste en cuevas de chacales! ¡Nos cubriste con las sombras de la muerte!


20 Dios nuestro, si nos hubiéramos olvidado de tu nombre, o si hubiéramos rendido culto a otro dios,


21 ¿acaso tú no habrías llegado a saberlo? ¡Si tú conoces los secretos más recónditos!


22 Pero por ti nos matan todo el tiempo; ¡nos consideran ovejas para el matadero!


23 ¡Despierta, Señor! ¿Por qué duermes? ¡Levántate, no te alejes para siempre!


24 ¿Por qué te escondes de nosotros? ¿Por qué te olvidas de la opresión que sufrimos?


25 Nuestro ánimo se halla por el suelo, ¡nuestros cuerpos se arrastran por la tierra!


26 ¡Levántate, ven a ayudarnos y, por tu gran misericordia, sálvanos!

Salmos 45

1 Al músico principal. Sobre Lirios. Masquil de los hijos de Coré. Cántico nupcial. 1 Rebosa mi corazón con un bello poema. Esta obra mía se la dedico al rey. ¡Mi lengua es la pluma de inspirado poeta!


2 Eres el más hermoso de los mortales; la gracia mana de tus labios; ¡por eso Dios te ha bendecido para siempre!


3 ¡Cíñete la espada, valiente guerrero, y cúbrete de honra y majestad!


4 ¡Que tengas prosperidad y gloria! ¡Cabalga defendiendo la verdad, la humildad y la justicia, guiado por tu diestra portentosa!


5 ¡Que penetren, oh rey, tus agudas flechas en el corazón de tus enemigos, y que los pueblos se rindan ante ti!


6 Oh Dios, tu trono es eterno y permanente; tu cetro real es un cetro de justicia.


7 Porque amas la justicia y odias la maldad, Dios, tu Dios, te ha ungido como rey; ha derramado en ti el perfume de alegría; ¡te eligió a ti, y no a tus compañeros!


8 Mirra, áloe y canela perfuman tus vestidos, y en los palacios de marfil te brindan alegría.


9 Entre tus favoritas hay muchas princesas; La reina, a tu derecha, luce joyas de oro de Ofir.


10 «Hija mía, inclina tu oído y préstame atención: Olvídate de tu pueblo y de la casa paterna,


11 que el rey desea poseer tu hermosura; él es tu señor, y le debes obediencia.


12 Gente de Tiro vendrá a ti con presentes; los ricos del pueblo implorarán tu favor.»


13 ¡Esplendorosa se ve la princesa en su alcoba! ¡Sus vestidos son de brocado de oro!


14 Así ataviada se presenta ante el rey, seguida por su séquito de doncellas, traídas de lejos para hacerle compañía;


15 y entre jubilosas voces de alegría serán conducidas al palacio real.


16 Tus hijos sucederán a tus padres, y los harás príncipes de toda la tierra.


17 Yo perpetuaré tu nombre para siempre, y perpetuamente los pueblos te alabarán.


Salmos 46 

1 Al músico principal. De los hijos de Coré. Cántico sobre Alamot. 1 Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en todos los problemas.


2 Por eso no tenemos ningún temor. Aunque la tierra se estremezca, y los montes se hundan en el fondo del mar;


3 aunque sus aguas bramen y se agiten, y los montes tiemblen ante su furia.


4 Los afluentes del río alegran la ciudad de Dios, el santuario donde habita el Altísimo.


5 Dios está en medio de la ciudad; por eso, la ciudad no será conmovida; ya en la mañana Dios le brinda su ayuda.


6 Braman las naciones, se tambalean los reinos, pero Dios habla y la tierra se derrite.


7 ¡Con nosotros está el Señor de los ejércitos! ¡Nuestro refugio es el Dios de Jacob!


8 ¡Vengan a ver las grandes obras del Señor! ¡Ha sembrado en la tierra gran desolación!


9 ¡Ha puesto fin a las guerras en los confines de la tierra! ¡Ha roto los arcos y despedazado las lanzas! ¡Ha arrojado al fuego los carros de guerra!


10 «¡Alto! ¡Reconozcan que yo soy Dios! ¡Las naciones me exaltan! ¡La tierra me enaltece!»


11 ¡Con nosotros está el Señor de los ejércitos! ¡Nuestro refugio es el Dios de Jacob!

Salmos 47

1 Al músico principal. Salmo de los hijos de Coré. 1 Pueblos todos, ¡agiten las manos! ¡Aclamen a Dios con voces de júbilo!


2 El Señor, el Altísimo, es en verdad temible; ¡es el gran Rey de toda la tierra!


3 El Señor humillará bajo nosotros a los pueblos; pondrá a las naciones bajo nuestros pies.


4 Escogió para nosotros la tierra que habitamos; ¡es el orgullo de Jacob, a quien amó!


5 Dios, el Señor, se ha entronizado entre aclamaciones y sonido de trompetas.


6 ¡Cantemos salmos a nuestro Dios! ¡Cantemos salmos a nuestro Rey!


7 ¡Cantémosle un salmo digno de él, porque Dios es el Rey de toda la tierra!


8 ¡Dios reina ya sobre las naciones! ¡Dios ocupa ya su santo trono!


9 Los príncipes de los pueblos se reúnen con el pueblo del Dios de Abrahán. Sal 47:10 ¡Dios merece ser grandemente exaltado, porque de él son los poderes de la tierra!

Salmos 48

1 Cántico. Salmo de los hijos de Coré. 1 ¡Grande es el Señor, nuestro Dios! ¡Digno es de grandes alabanzas en su ciudad, en su santo monte!


2 Hermosa colina es el monte de Sión, situada al norte de la ciudad del gran Rey; ¡es motivo de gozo en toda la tierra!


3 Dentro de sus fortificaciones Dios es reconocido como un refugio seguro.


4 Los reyes de la tierra se reunieron y juntos avanzaron contra la ciudad,


5 pero al verla quedaron perplejos, y desconcertados, huyeron presurosos.


6 Allí mismo les sobrevino gran temblor; ¡se retorcían de dolor, como parturientas!


7 ¡Y es que tú, con el viento solano, destrozaste las naves de Tarsis!


8 Lo que antes oímos, ahora lo hemos visto en la ciudad de nuestro Dios, en la ciudad del Señor de los ejércitos: ¡Dios afirmará su ciudad para siempre!


9 Dios nuestro, dentro de tu templo nos acordamos de tu misericordia.


10 Dios nuestro, tu nombre es digno de loor hasta los confines de la tierra; con tu diestra prodigas justicia;


11 por tus juicios se alegra el monte de Sión y se regocijan las ciudades de Judá.


12 Recorran los alrededores de Sión; paseen por ella y cuenten sus torres.


13 Observen con atención sus murallas; fíjense en sus fortificaciones, para que puedan decir a los que están por nacer:


14 «¡Éste es nuestro Dios, ahora y para siempre! ¡El Dios nuestro nos guiará más allá de la muerte!»

Salmos 49

1 Al músico principal. Salmo de los hijos de Coré. 1 Escuchen esto, pueblos todos; escuchen esto, habitantes del mundo entero;


2 lo mismo los nobles que los plebeyos, lo mismo los pobres que los ricos.


3 De mis labios brotará sabiduría; de mi corazón, sagaces reflexiones.


4 Inclinaré mi oído a los proverbios y al son del arpa explicaré su sentido.


5 ¿Por qué habré de temer en los días aciagos, cuando la maldad de mis opresores me rodea,


6 cuando los que confían en sus riquezas se jactan de sus muchas posesiones?


7 ¡Ninguno de ellos puede salvar a su hermano, ni dar nada a Dios a cambio de su vida!


8 El rescate de una vida tiene un alto precio, y ningún dinero será jamás suficiente


9 para que siga con vida para siempre y nunca llegue a experimentar la muerte.


10 Es evidente que hasta los sabios mueren; que los necios e insensatos perecen por igual, y que a otros les dejan sus riquezas.


11 Algunos piensan que sus casas serán eternas, y que las habitarán por todas las generaciones, y hasta dan su nombre a las tierras que poseen.


12 Aunque ricos, los mortales no permanecen; lo mismo que las bestias, un día perecen.


13 Este camino suyo es una locura, pero sus hijos se complacen en sus dichos,


14 mientras la muerte los lleva al sepulcro como un pastor que guía a sus rebaños; será el sepulcro su última morada. Allí desaparecerá su buen semblante, y un día los hombres justos serán sus amos.


15 Pero a mí, Dios me rescatará; ¡Dios me librará del poder del sepulcro!


16 Tú, no te preocupes cuando veas que otros se hacen ricos y agrandan sus casas,


17 pues nada se llevarán cuando mueran; sus riquezas no se las llevarán al sepulcro.


18 Aunque se sientan felices mientras vivan, y la gente los alabe cuando prosperen,


19 un día irán a reunirse con sus antepasados y nunca más volverán a ver la luz.


20 Aunque ricos, los mortales no entienden; lo mismo que las bestias, un día perecen.

Salmos 50

1 Salmo de Asaf. 1 El Señor, el Dios de dioses, ha hablado; de este a oeste ha convocado a la tierra.


2 Desde Sión, la ciudad bella y perfecta, Dios deja ver su esplendor.


3 Nuestro Dios viene, pero no en silencio. Un fuego consumidor lo precede; una poderosa tempestad lo rodea.


4 Convoca a los cielos y a la tierra, pues viene a juzgar a su pueblo.


5 «Reúnan a mi pueblo santo, a los que han hecho un pacto conmigo y me han ofrecido un sacrificio.»


6 Y los cielos declaran su justicia; declaran que Dios mismo es el juez.


7 «Escucha, Israel, pueblo mío; voy a hablar y a testificar contra ti. Yo soy Dios. Yo soy tu Dios.


8 No voy a reprenderte por tus sacrificios, ni por los holocaustos que siempre me ofreces;


9 no voy a tomar ningún becerro de tu casa, ni ningún macho cabrío de tus apriscos,


10 pues míos son todos los animales del bosque, ¡los miles de animales que hay en las colinas!


11 Mías son todas las aves de los montes; mío es todo lo que se mueve en los campos.


12 »Si yo tuviera hambre, no te lo diría, pues el mundo y su plenitud me pertenecen.


13 ¿Acaso me alimento con carne de toros, o bebo sangre de machos cabríos?


14 Yo soy el Dios Altísimo; en vez de sacrificios, ofréceme alabanzas y cúmpleme todos los votos que me hagas.


15 Invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás.»


16 Pero al malvado Dios le dice: «¿Qué tienes tú que ver con mis leyes? ¿Por qué te atreves a hablar de mi pacto?


17 ¡Si tú aborreces la corrección, y echas en saco roto mis palabras!


18 Si ves un ladrón, corres a su encuentro; ¡eres gran amigo de los adúlteros!


19 Para el mal, no mides tus palabras; con tu lengua urdes toda clase de engaños.


20 En los tribunales, hablas contra tu hermano; contra tu propio hermano profieres infamias.


21 Todo esto has hecho, y yo me he callado; habrás pensado que yo soy como tú. Pero ahora voy a reprenderte; voy a exhibir todas tus maldades.


22 »Ustedes, los que se olvidan de mí, entiendan bien esto; no vaya a ser que los despedace y no haya quien los libre de mí.


23 El que me ofrece alabanzas, me honra; al que enmiende su camino, yo lo salvaré.»

Salmos 51

1 Al músico principal. Salmo de David, cuando Natán el profeta fue a hablar con David por causa de su adulterio con Betsabé. 1 Dios mío, por tu gran misericordia, ¡ten piedad de mí!; por tu infinita bondad, ¡borra mis rebeliones!


2 Lávame más y más de mi maldad; ¡límpiame de mi pecado!


3 Reconozco que he sido rebelde; ¡mi pecado está siempre ante mis ojos!


4 Contra ti, y sólo contra ti, he pecado; ¡ante tus propios ojos he hecho lo malo! Eso justifica plenamente tu sentencia, y demuestra que tu juicio es impecable.


5 ¡Mírame! ¡Yo fui formado en la maldad! ¡Mi madre me concibió en pecado!


6 ¡Mírame! Tú amas la verdad en lo íntimo; ¡haz que en lo secreto comprenda tu sabiduría!


7 ¡Purifícame con hisopo, y estaré limpio! ¡Lávame, y estaré más blanco que la nieve!


8 ¡Lléname de gozo y alegría, y revivirán estos huesos que has abatido!


9 No te fijes ya en mis pecados; más bien, borra todas mis maldades.


10 Dios mío, ¡crea en mí un corazón limpio! ¡Renueva en mí un espíritu de rectitud!


11 ¡No me despidas de tu presencia, ni quites de mí tu santo espíritu!


12 ¡Devuélveme el gozo de tu salvación! ¡Dame un espíritu dispuesto a obedecerte!


13 Así instruiré a los pecadores en tus caminos; así los pecadores se volverán a ti.


14 Dios mío, Dios de mi salvación, ¡líbrame de derramar sangre, y mi lengua proclamará tu justicia!


15 Abre, Señor, mis labios, y mi boca proclamará tu alabanza.


16 Aún si yo te ofreciera sacrificios, no es eso lo que quieres; ¡no te agradan los holocaustos!


17 Los sacrificios que tú quieres son el espíritu quebrantado; tú, Dios mío, no desprecias al corazón contrito y humillado.


18 Por tu bondad, trata bien a Sión; ¡reconstruye las murallas de Jerusalén!


19 Te agradarás entonces con los sacrificios que mereces, con los holocaustos y ofrendas del todo quemadas; se ofrecerán entonces becerros sobre tu altar.


Salmos 52

1 Al músico principal. Masquil de David. De cuando Doeg el edomita fue a decirle a Saúl que David había estado en casa de Ajimélec. 1 Y tú, fanfarrón, ¿por qué presumes de tu maldad? ¡La misericordia de Dios es constante!


2 Tu lengua es como navaja afilada, que sólo engaña y trama hacer mal.


3 Prefieres hacer lo malo y no lo bueno, y mentir, más que decir la verdad.


4 Tu lengua es engañosa; prefieres proferir toda clase de insultos.


5 Por eso, Dios te destruirá para siempre; te arrancará del lugar donde ahora vives; ¡te desarraigará de la tierra de los vivientes!


6 Los hombres justos verán esto, y temerán; se burlarán de él, y dirán:


7 «¡Miren al que no hizo de Dios su fortaleza! ¡Miren al que confió en sus muchas riquezas y se mantuvo firme en su maldad!»


8 ¡Pero mírenme a mí! ¡Soy como un verde olivo en la casa de Dios, y en su misericordia confío ahora y siempre!


9 Yo te alabaré siempre delante de tus fieles, porque has actuado en mi favor. Por siempre confiaré en tu nombre, porque es bueno confiar en ti.

Salmos 53

1 Al músico principal. Sobre Majalat. Masquil de David. 1 Dentro de sí dicen los necios: «Dios no existe.» Corrompidos están. Sus hechos son repugnantes. No hay nadie que haga el bien.


2 Desde el cielo, Dios observa a la humanidad para ver si hay alguien con sabiduría que busque a Dios.


3 Pero todos se han desviado; todos a una se han corrompido. No hay nadie que haga el bien; ¡ni siquiera hay uno solo!


4 ¿Acaso no piensan esos malhechores, que devoran a mi pueblo como si fuera pan, y jamás invocan a Dios?


5 Ellos se estremecerán de miedo allí, donde no hay nada que temer. Dios esparcirá los huesos de los que te asedian; Dios los desechará y los dejará en vergüenza.


6 ¡Que venga de Sión la salvación de Israel! Cuando Dios haga volver a su pueblo cautivo, ¡se alegrará Jacob, se regocijará Israel!

Salmos 54

1 Al músico principal. En Neginot. Masquil de David, cuando los zifeos fueron a decir a Saúl que David estaba escondido en su tierra. 1 Dios mío, ¡sálvame por tu nombre! ¡Defiéndeme con tu poder!


2 Dios mío, ¡escucha mi oración! ¡Presta oído a las palabras de mi boca!


3 Gente extraña se ha levantado contra mí; gente violenta intenta matarme. Dios mío, ¡son gente que no te toma en cuenta!


4 Pero tú, mi Dios, eres quien me ayuda; tú, Señor, eres quien sustenta mi vida.


5 Por tu fidelidad, ¡destrúyelos! ¡Devuélveles el mal a mis enemigos!


6 Yo, Señor, te ofreceré sacrificios voluntarios, y alabaré tu nombre, porque es bueno alabarte;


7 porque tú me has librado de toda angustia, y con mis ojos he visto la ruina de mis enemigos.

Salmos 55

1 Al músico principal. En Neginot. Masquil de David. 1 Dios mío, ¡escucha mi oración! No te escondas; ¡atiende mi súplica!


2 Préstame atención; ¡respóndeme! En mi oración clamo a ti, y me conmuevo


3 por las amenazas de mis enemigos, por la opresión de los malvados. Sobre mí han descargado su iniquidad, y furiosos me persiguen.


4 Dentro de mí, el corazón me duele; sobre mí han caído terrores de muerte.


5 Me ha sobrevenido un terrible temblor, y estoy temblando de miedo.


6 ¡Cómo quisiera tener alas de paloma! ¡Así podría volar, y descansaría!


7 ¡Me escaparía muy lejos de aquí, y me quedaría a vivir en el desierto!


8 ¡Presuroso escaparía del viento borrascoso! ¡Huiría de la tempestad!


9 ¡Destrúyelos, Señor! ¡Confunde su lengua! ¡En la ciudad sólo veo violencia y rencillas,


10 que día y noche rodean sus murallas! En su interior sólo hay iniquidad y violencia;


11 en su interior sólo hay continua maldad; el fraude y el engaño no se apartan de sus calles.


12 No me ha ofendido un enemigo, lo cual yo podría tolerar; tampoco me ha atacado quien me aborrece, pues de él podría haberme escondido.


13 ¡Has sido tú, que parecías ser mi amigo, mi compañero, mi hermano del alma!


14 Tú y yo compartíamos dulces secretos, y juntos andábamos por la casa de Dios.


15 ¡Que la muerte sorprenda a mis enemigos! ¡Que desciendan vivos al sepulcro, porque en ellos y en sus casas hay maldad!


16 Por mi parte, yo clamaré a Dios; ¡el Señor vendrá a salvarme!


17 En la tarde, en la mañana, al mediodía, clamaré a Dios, y él oirá mi voz;


18 me salvará de la guerra desatada contra mí, y me hará vivir en paz, aun cuando sean muchos los que me ataquen.


19 Dios me oirá, y los humillará, pues él es el Rey eterno. Puesto que esos malvados no cambian, ni dan muestras de temer a Dios,


20 violan su pacto y extienden la mano contra los que están en paz con ellos.


21 Sus palabras son suaves, como mantequilla, pero en su corazón se libra una batalla. Sus palabras son suaves, como el aceite, pero en realidad son espadas desnudas.


22 Tú, deja tus pesares en las manos del Señor, y el Señor te mantendrá firme; el Señor no deja a sus fieles caídos para siempre.


23 Y tú, Dios mío, ¡haz que esa gente descienda al profundo pozo de la perdición! ¡Esa gente sanguinaria y mentirosa no llegará a la mitad de su vida! Pero yo, siempre confiaré en ti.

Salmos 56 

1 Al músico principal. Sobre «La paloma silenciosa en un paraje muy distante». Mictam de David, cuando los filisteos lo aprehendieron en Gat. 1 Dios mío, ten misericordia de mí, porque hay gente capaz de devorarme. Todo el tiempo me oprimen y me combaten;


2 todo el tiempo mis enemigos me pisotean; ¡son muchos los soberbios que me atacan!


3 Pero yo, cuando tengo miedo, confío en ti.


4 Confío en ti, mi Dios, y alabo tu palabra; confío en ti, mi Dios, y no tengo miedo; ¿Qué puede hacerme un simple mortal?


5 Todo el tiempo, ellos tuercen mis palabras; sólo piensan en perjudicarme.


6 Se juntan para acecharme, y vigilan cada uno de mis pasos con la intención de quitarme la vida.


7 ¡Dios mío, toma en cuenta su iniquidad y en tu furor humilla a esa gente!


8 Tú llevas la cuenta de mis huidas; tú has puesto mis lágrimas en tu redoma; más bien, las has anotado en tu libro.


9 El día que yo te pida ayuda mis enemigos serán puestos en fuga, pues yo sé que tú, mi Dios, estás de mi parte.


10 Dios mío, en ti confío y alabo tu palabra; Señor, en ti confío y alabo tu palabra.


11 Confío en ti, mi Dios, y no tengo miedo; ¿qué me puede hacer un simple mortal?


12 Dios mío, yo tengo presentes mis votos, y habré de tributarte alabanzas,


13 porque me libraste de la muerte y evitaste que mis pies tropezaran para que ante ti camine en la luz de la vida.

Salmos 57

1 Al músico principal; sobre No destruyas. Mictam de David, cuando huyó de delante de Saúl a la cueva. 1 ¡Ten misericordia de mí, Dios mío; ten misericordia de mí! Yo he puesto en ti mi confianza, y bajo la sombra de tus alas me refugiaré hasta que haya pasado el peligro.


2 Clamo a ti, Dios Altísimo, pues tú me favoreces;


3 desde los cielos vendrás en mi ayuda, enviarás tu misericordia y tu verdad, y me librarás de mis infames opresores.


4 Me encuentro en medio de gente agresiva; entre gente semejante a leones feroces. Sus colmillos parecen lanzas y saetas; su lengua es una espada aguda.


5 Tú, mi Dios, estás por encima de los cielos; ¡tu gloria domina toda la tierra!


6 Ante mí han tendido una trampa, y me siento totalmente abatido. Han cavado una fosa delante de mí, pero serán ellos los que en ella caigan.


7 Mi corazón está dispuesto, Dios mío; mi corazón está dispuesto a cantarte salmos.


8 ¡Despierta, alma mía! ¡Despierten, salterio y arpa, que voy a despertar al nuevo día!


9 Yo, Señor, te alabaré entre los pueblos; te cantaré salmos entre las naciones,


10 pues tu bondad es grande como los cielos; ¡hasta las nubes llega tu verdad!


11 Tú, mi Dios, estás por encima de los cielos; ¡tu gloria domina toda la tierra!.

Salmos 58

1 Al músico principal. Sobre «No destruyas». Mictam de David. 1 Ustedes los jueces ¿en verdad hacen justicia? Ustedes, simples mortales, ¿juzgan con rectitud?


2 Más bien, en su corazón urden hacer el mal, y luego actúan con violencia en la tierra.


3 Los impíos se desencaminan desde la matriz; se descarrían y mienten desde que nacen.


4 Son venenosos como serpientes; se tapan los oídos; son como un áspid sordo


5 que no escucha la voz de los magos, de los hábiles encantadores.


6 Dios mío, ¡rómpeles los dientes! Señor, ¡rómpeles a esos leones los colmillos!


7 ¡Que se diluyan, como el agua que corre! ¡Que sus saetas se hagan pedazos al dispararlas!


8 ¡Que se disuelvan como los caracoles! ¡Que sean como abortivos y jamás vean el sol!


9 ¡Que antes de darse cuenta ardan como espinos! ¡Que aun con vida el viento los arrebate!


10 Al verse vengados, los justos se alegrarán y se empaparán los pies en la sangre del impío.


11 Entonces se dirá: «Ciertamente, los justos serán recompensados; ciertamente, hay un Dios que juzga en la tierra.»

Salmos 59

1 Al músico principal. Sobre «No destruyas». Mictam de David, de cuando Saúl ordenó que se vigilara la casa de David para matarlo. 1 Dios mío, ¡líbrame de mis enemigos! ¡Ponme a salvo de los que me atacan!


2 ¡Líbrame de los que cometen iniquidad! ¡Sálvame de esa gente sanguinaria!


3 Gente poderosa se ha juntado contra mí, y me acecha para quitarme la vida. Y no es, Señor, por faltas o pecados míos;


4 presurosos, se disponen a atacarme sin que yo haya cometido ningún delito. ¡Míralos! ¡Despierta y ven a mi encuentro!


5 Tú eres el Señor, el Dios de los ejércitos; ¡tú eres el Dios de Israel! ¡Despierta y castiga a todas las naciones! ¡No tengas misericordia alguna de todos esos malvados y rebeldes!


6 Llegan por la noche, ladrando como perros, y rondan por toda la ciudad.


7 De su hocico salen gruñidos; con sus fauces lanzan hirientes puñales, mientras mascullan: «¿Y quién va a oírnos?»


8 Pero tú, Señor, te burlarás de ellos; ¡dejarás en ridículo a todas las naciones!


9 Con tu poder, Dios mío, me siento protegido; ¡tú, Dios mío, eres mi defensa!


10 Tú, Dios misericordioso, vienes a mi encuentro para hacerme ver derrotados a mis enemigos.


11 ¡Pero no los mates, Señor, escudo nuestro, no vaya a ser que mi pueblo se olvide! ¡Mejor humíllalos y dispérsalos con tu poder!


12 ¡Hazlos prisioneros de su soberbia porque pecan en todo lo que dicen, porque sólo profieren maldiciones y mentiras!


13 ¡Destrúyelos con tu furor! ¡Destrúyelos, y que dejen de existir! ¡Que sepan todos que Dios gobierna en Jacob y hasta los confines de la tierra!


14 Volverán por la noche, ladrando como perros, y rondarán por toda la ciudad.


15 Vagarán por las calles, buscando qué comer, pero no se saciarán, y pasarán la noche aullando.


16 Por mi parte, yo alabaré con salmos tu poder; por la mañana proclamaré tu misericordia, porque tú eres para mí una fortaleza, ¡eres mi refugio en momentos de angustia!


17 A ti y a tu poder cantaré salmos, porque tú, Dios mío, eres mi fortaleza; ¡eres mi Dios de misericordia!.

Salmos 60

1 Al músico principal. Sobre «Lirios». Testimonio. Mictam didáctico de David, de cuando estuvo en guerra contra Aram Naharayin y contra Aram de Soba, y Joab volvió y derrotó a doce mil edomitas en el valle de la Sal. 1 Dios nuestro, tú nos has desechado; en tu enojo, nos has dejado sin defensas. ¡Vuélvete ahora a nosotros!


2 Hiciste que temblara, y hendiste la tierra; ¡rellena sus fisuras, porque se desmorona!


3 Has hecho que tu pueblo presencie el desastre; nos has hecho beber un vino que aturde.


4 Has dado a tus fieles la señal de retirada para que se libren de las flechas enemigas.


5 ¡Sálvanos con tu diestra! ¡Respóndenos! ¡Así se salvará tu pueblo amado!


6 En su santuario, Dios ha sentenciado: «Con gran alegría fraccionaré Siquén y dividiré en parcelas el valle de Sucot.


7 Galaad y Manasés me pertenecen, Efraín es un yelmo en mi cabeza, y Judá es un cetro en mi mano.


8 Moab es la vasija en que me lavo, sobre Edom arrojaré mis sandalias, y sobre Filistea proclamaré mi victoria.»


9 ¿Y quién me dará entrada en Edom? ¿Quién me hará entrar en esa ciudad amurallada?


10 ¿No eres tú, mi Dios, quien nos ha desechado? ¿No eres tú quien ya no sale con nuestros ejércitos?


11 Bríndanos tu apoyo contra el enemigo, pues vana resulta la ayuda de los hombres.


12 Por ti, Dios nuestro, haremos proezas; ¡tú harás morder el polvo a nuestros enemigos!

Salmos 61

1 Al músico principal. Sobre Neginot. Salmo de David. 1 Dios mío, ¡escucha mi clamor! ¡Atiende mi oración!


2 ¡Clamo a ti desde los confines de la tierra, pues ya mi corazón desfallece! Llévame a una roca más alta que yo,


3 porque tú eres mi refugio, ¡eres fuerte torre que me protege del enemigo!


4 Yo habitaré en tu templo para siempre; bajo la sombra de tus alas estaré seguro.


5 Tú, Dios mío, has escuchado mis votos, y has dado a los que temen tu nombre la tierra que les prometiste.


6 Al rey le has concedido más días de vida, y vivirá sus años de una a otra generación.


7 Siempre reinará delante de ti, Dios nuestro, protegido por tu misericordia y tu verdad.


8 Y yo, siempre cantaré salmos a tu nombre, y todos los días te cumpliré mis votos.

Salmos 62

1 Al músico principal. A Jedutún. Salmo de David. 1 Sólo en Dios halla tranquilidad mi alma; sólo de él viene mi salvación.


2 Sólo Dios es mi salvación y mi roca; porque él es mi refugio, jamás resbalaré.


3 ¿Hasta cuándo harán planes todos ustedes con la intención de derrotar a un solo hombre? ¡Lo ven como pared desplomada! ¡Lo ven como una cerca en el suelo!


4 Conspiran para despojarlo de su grandeza; les agrada decir mentiras; ¡bendicen con los labios, pero maldicen con el corazón!


5 Sólo en Dios halla tranquilidad mi alma; sólo en él he puesto mi esperanza.


6 Sólo Dios es mi salvación y mi roca; porque él es mi refugio, no resbalaré.


7 Sólo Dios es mi salvación y mi gloria; ¡Dios es mi roca fuerte y mi refugio!


8 Pueblos todos, ¡confíen siempre en Dios! ¡Vacíen delante de él su corazón! ¡Dios es nuestro refugio!


9 Los hombres, sean ricos o sean pobres, no son más que un vapor engañoso. Puestos todos ellos en la balanza, podrá verse que no son nada.


10 No confíen en la violencia, ni pongan vanas esperanzas en la rapiña; si acaso llegan a acumular riquezas, no les entreguen su corazón.


11 Dios habló una vez, y yo lo escuché dos veces: Tuyo, Dios mío, es el poder;


12 tuya, Señor, es la misericordia; tú das a cada uno lo que merecen sus obras.

Salmos 63

1 Salmo de David, cuando estaba en el desierto de Judá. 1 Dios mío, ¡tú eres mi Dios! Yo te buscaré de madrugada. Mi alma desfallece de sed por ti; mi ser entero te busca con ansias, en terrenos secos e inhóspitos, sin agua,


2 con deseos de ver tu poder y tu gloria, como los he mirado en el santuario.


3 Tu misericordia es mejor que la vida; por eso mis labios te alaban.


4 ¡Yo te bendeciré mientras tenga vida, y en tu nombre levantaré mis manos!


5 Mi alma quedará del todo satisfecha, como si comiera los mejores platillos, y mis labios te aclamarán jubilosos


6 al pensar en ti recostado en mi lecho, al meditar en ti durante mis desvelos.


7 Porque tú has sido mi socorro, alegré viviré bajo la sombra de tus alas.


8 Mi alma está apegada a ti; tu mano derecha me brinda apoyo.


9 Los que buscan matarme y acabar conmigo caerán a lo más profundo de la tierra.


10 Los matarán a filo de espada; servirán de alimento a los chacales.


11 Pero el rey se regocijará en Dios, y todos los que juran por él serán alabados, pero la boca de los mentirosos será acallada.

Salmos 64

1 Al músico principal. Salmo de David. 1 Dios mío, ¡escucha la voz de mi queja! ¡Protege mi vida de mi temible enemigo!


2 ¡Escóndeme de esa caterva de malhechores, que en secreto conspiran y hacen planes malvados!


3 Afilan su lengua, como si fuera una espada; lanzan acres invectivas, como si fueran saetas,


4 y a escondidas hieren al hombre íntegro. Lo atacan de repente y sin temor alguno;


5 obstinados en cumplir sus inicuos designios, pretenden disimular sus trampas, creyendo que nadie los va a ver.


6 Elucubran iniquidades, investigan al detalle; y sus ideas son tan incomprensibles que no es posible penetrar en ellos.


7 ¡Pero Dios los herirá con sus saetas! ¡Sus plagas les sobrevendrán de repente!


8 Su propia lengua les será un tropiezo, y serán la burla de todos los que los vean.


9 Entonces la humanidad entera sentirá temor, y todos proclamarán las obras de Dios y entenderán el porque de sus acciones.


10 Los justos se regocijarán en el Señor y pondrán en él su confianza. ¡Todos los rectos de corazón lo alabarán!

Salmos 65

1 Al músico principal. Salmo. Cántico de David. 1 A ti, Dios mío, debemos alabarte en Sión; a ti debemos cumplir nuestros votos,


2 pues tú escuchas nuestras oraciones. A ti acude todo el género humano.


3 Nuestras malas acciones nos dominan, pero tú perdonas nuestras rebeliones.


4 ¡Cuán dichoso es aquel a quien tú escoges y lo llevas a vivir en tus atrios! Nosotros quedamos plenamente satisfechos con las bondades de tu casa, con las bendiciones de tu santo templo.


5 Tú, Dios de nuestra salvación, nos respondes con grandes actos de justicia. En ti esperan los confines de la tierra y los mares más remotos.


6 Tú te revistes de valor y con tu poder afirmas los montes.


7 Tú sosiegas el estruendo de los mares, acallas el estrépito de sus olas, y silencias el alboroto de los pueblos.


8 Tiemblan de miedo, ante tus maravillas, los que habitan en los extremos de la tierra. Tú haces que el sol grite de alegría al salir por la mañana, y al caer la tarde.


9 Tú, con la lluvia, cuidas de la tierra, y en gran manera la fecundas y enriqueces. Llenas de agua tus corrientes caudalosas y preparas el grano, cuando así lo dispones.


10 Haces que los surcos se empapen y que se nivelen los terrones; con tus lluvias los reblandeces, y bendices sus renuevos.


11 Con tu bondad engalanas el año; a tu paso vas esparciendo abundancia.


12 Los pastizales del desierto se ven rebosantes, y las colinas se revisten de alegría;


13 los llanos se saturan de rebaños, y los valles se tapizan con trigales. ¡Todo canta y lanza gritos de júbilo!.

Salmos 66

1 Al músico principal. Cántico. Salmo. 1 Ustedes, habitantes de toda la tierra, ¡aclamen a Dios con alegría!


2 ¡Canten salmos a la gloria de su nombre! ¡Cántenle gloriosas alabanzas!


3 Digan a Dios: «¡Tus obras son asombrosas! ¡Con tu gran poder sometes a tus enemigos!»


4 ¡Toda la tierra te rinde adoración y canta salmos a tu nombre!


5 Vengan a ver las obras de Dios, sus hechos sorprendentes en favor de los hombres.


6 Convirtió el mar en terreno seco, y ellos cruzaron el río por su propio pie. ¡Alegrémonos por lo que hizo allí!


7 Por su poder, él nos gobierna para siempre; sus ojos vigilan atentamente a las naciones; por eso los rebeldes no lograrán levantarse.


8 Pueblos todos: ¡bendigan a nuestro Dios! ¡Hagan resonar la voz de su alabanza!


9 Tú, Señor, nos has preservado la vida, y no has dejado que resbalen nuestros pies.


10 Tú, Dios nuestro, nos has puesto a prueba; nos has refinado como se refina la plata.


11 Pero nos dejaste caer en la trampa; ¡impusiste sobre nosotros una pesada carga!


12 Caballos y jinetes han pasado sobre nosotros; hemos pasado por el fuego y por el agua, pero al final nos has llevado a la abundancia.


13 Entraré en tu templo con holocaustos, y allí te cumpliré mis promesas,


14 las promesas que, en mi angustia, pronuncié con mis propios labios.


15 Te ofreceré holocaustos de los mejores animales, te ofreceré sahumerio de carneros y sacrificios de bueyes y machos cabríos.


16 Ustedes todos, los que temen a Dios, vengan y escuchen lo que él ha hecho conmigo.


17 Con mis labios le pedí ayuda; con mi lengua exalté su nombre.


18 Si mi corazón se hubiera fijado en la maldad, el Señor no me habría escuchado.


19 Pero lo cierto es que Dios me escuchó y atendió a la voz de mi súplica.


20 ¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi oración ni me escatimó su misericordia!.

Salmos 67 

1 Al músico principal. Sobre Neginot. Salmo. Cántico. 1 Dios mío, ¡ten misericordia de nosotros, y bendícenos! ¡Haz resplandecer su rostro sobre nosotros!


2 ¡Que sea reconocido en la tierra tu camino, y en todas las naciones tu salvación!


3 ¡Que te alaben los pueblos, Dios mío! ¡Que todos los pueblos te alaben!


4 ¡Que las naciones se llenen de gozo, porque tú juzgas a los pueblos con equidad y eres el Pastor de todas las naciones!


5 ¡Que te alaben los pueblos, Dios mío! ¡Que todos los pueblos te alaben!


6 ¡Que la tierra rinda sus frutos! ¡Que el Dios nuestro nos bendiga!


7 ¡Que nuestro Dios nos bendiga, y que todos los confines de la tierra lo teman!.

Salmos 68

1 Al músico principal. Salmo de David. Cántico. 1 ¡Levántese Dios, y sean esparcidos sus enemigos! ¡Huyan de su presencia quienes lo aborrecen!


2 Dios los despejará como si despejara el humo; ¡como si derritiera cera delante del fuego! Así perecen los impíos delante de Dios.


3 Pero los justos se alegrarán delante de Dios; ¡llenos de gozo, saltarán de alegría!


4 ¡Cantemos salmos a Dios! ¡Cantemos salmos a su nombre! ¡Exaltemos al que cabalga sobre los cielos! Su nombre es el Señor. ¡Alegrémonos en su presencia!


5 Dios, en su santo templo, es padre de los huérfanos y defensor de las viudas.


6 Dios les da un hogar a los desamparados, y rescata a los cautivos y les da prosperidad, pero a los rebeldes los hace habitar en el desierto.


7 Dios nuestro, cuando saliste al frente de tu pueblo, cuando anduviste por el desierto,


8 la tierra tembló. Al verte, Dios de Israel, los cielos derramaron su lluvia; ante tu presencia, el monte Sinaí se estremeció.


9 Tú, Dios nuestro, derramaste abundante lluvia, y a tu exhausta tierra infundiste vida.


10 En ella, oh Dios, habitan los que son tuyos; tú, por tu bondad, das al pobre lo que necesita.


11 El Señor emitió su palabra, y muchas mensajeras dieron la noticia:


12 «¡Están huyendo los reyes y sus ejércitos!» En su casa, las mujeres se repartían los despojos:


13 «Aunque ustedes se quedaron en los apriscos, también recibirán alas de paloma cubiertas de plata, con sus plumas recubiertas de oro fino.»


14 Cuando el Omnipotente esparció allí a los reyes, en el monte Salmón parecía estar nevando.


15 El monte de Basán es un monte muy alto; el monte de Basán es un monte majestuoso.


16 Ustedes, altos montes, ¿por qué miran con desdén al monte en donde Dios decidió residir? ¡El Señor habitará allí para siempre!


17 Entre miríadas de poderosos carros de guerra, tú, Señor, marchas del Sinaí a tu santuario.


18 Asciendes a lo alto, llevando contigo a los cautivos y el tributo que recibiste de gente rebelde, y entre ellos, Señor y Dios, pondrás tu habitación.


19 Bendito sea el Señor, el Dios de nuestra salvación, que todos los días nos colma de beneficios.


20 El Señor nuestro Dios es un Dios que salva; el Señor tiene poder para librarnos de la muerte.


21 Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la melena de los que andan en sus pecados.


22 El Señor ha dicho: «Yo te haré volver de Basán. Te haré volver de las profundidades del mar.


23 ¡Tus pies y la lengua de tus perros se teñirán con la sangre de tus enemigos!»


24 En el santuario, oh Dios, pueden verse tus procesiones; ¡tus marchas triunfales, mi Dios y Rey!


25 Los cantores abren la marcha, los músicos la cierran, y en medio las doncellas avanzan con panderos.


26 Ustedes, descendientes de Israel, ¡bendigan a nuestro Señor y Dios en las congregaciones!


27 Allí va el joven Benjamín, al frente de ellos, acompañado por los príncipes de Judá, los príncipes de Zabulón y los príncipes de Neftalí.


28 Dios nuestro, ¡manifiesta tu poder! ¡Confirma, oh Dios, lo que has hecho por nosotros!


29 Por causa de tu templo en Jerusalén los reyes te pagan tributo.


30 ¡Reprime a la bestia de los juncos, a ese ejército de toros y becerros! ¡Somételos! ¡Que te entreguen sus piezas de plata! ¡Dispersa a los pueblos que se complacen en la guerra!


31 ¡Que vengan a ti los príncipes de Egipto! ¡Que se apresure Etiopía a tender a ti sus manos!


32 Reinos de la tierra, ¡canten salmos a Dios! ¡Canten salmos al Señor!


33 ¡Al que cabalga sobre los altos y eternos cielos! ¡Al que hace oír su poderosa voz!


34 ¡Reconozcan el poder a Dios! Sobre Israel puede verse su magnificencia; ¡en los cielos se manifiesta su poder!


35 En su santuario, Dios es imponente; ¡el Dios de Israel da fuerza y vigor a su pueblo! ¡Bendito sea Dios!

Salmos 69

1 Al músico principal. Sobre Lirios. Salmo de David. 1 Sálvame, oh Dios, porque las aguas me han llegado hasta el cuello.


2 Me encuentro hundido en profundo pantano, y no hallo dónde poner el pie. He caído en aguas abismales, y me cubre la corriente.


3 Ya me canso de llamar; ronca está mi garganta; mis ojos desfallecen en espera de mi Dios.


4 Son más los que me odian sin motivo, que los cabellos de mi cabeza. Son muy poderosos mis enemigos, los que sin razón quieren destruirme. ¿Acaso he de pagar lo que no he robado?


5 Tú, mi Dios, sabes que soy un insensato; mis pecados no son para ti un secreto.


6 Señor, Dios de los ejércitos y Dios de Israel, ¡no permitas que por mi culpa sean avergonzados los que en ti confían! ¡No permitas que por mi culpa sean confundidos los que te buscan!


7 Por ti he sido objeto de insultos; ¡mi rostro se ha cubierto de confusión!


8 Soy un extraño para mis propios hermanos; ¡los hijos de mi madre me desconocen!


9 Y es que mi amor por tu casa me consume; ¡caen sobre mí los insultos de los que te ofenden!


10 Aflijo mi cuerpo con ayunos y sollozos, y por esto la gente me insulta.


11 Dejé mi ropa y me vestí de cilicio, y ahora soy para la gente motivo de burla.


12 Los consejeros del pueblo hablan mal de mí, ¡y hasta los borrachos me componen parodias!


13 Pero yo oro a ti, Señor, en el momento de tu buena voluntad; ¡escúchame, Dios mío, por tu gran misericordia y por la verdad de tu salvación!


14 ¡Sácame del lodo! ¡No dejes que me hunda! ¡Líbrame de los que me odian, y de las aguas profundas!


15 ¡No dejes que me ahogue la corriente! ¡No permitas que me trague el abismo, ni que este pozo cierre sobre mí sus fauces!


16 Señor, por tu bondad y misericordia, ¡respóndeme! Por tu infinita piedad, ¡dígnate mirarme!


17 ¡No le vuelvas la espalda a este siervo tuyo! ¡Date prisa, y escúchame, que estoy angustiado!


18 ¡Acércate, y ven a salvarme la vida! ¡Líbrame, por causa de mis enemigos!


19 Tú sabes de mi afrenta, mi confusión y mi oprobio; ante ti están todos mis adversarios.


20 Las burlas me han roto el corazón, y estoy acongojado. Esperaba compasión, y nadie me la tuvo; alguien que me consolara, y a nadie hallé.


21 Cuando tuve hambre, me dieron ajenjo; cuando tuve sed, me dieron vinagre.


22 ¡Que sean sus banquetes una trampa para ellos! ¡Que sus sacrificios de paz les sean un tropiezo!


23 ¡Que sus ojos se nublen y pierdan la vista! ¡Haz que pierdan para siempre su vigor!


24 ¡Descarga tu enojo sobre ellos! ¡Que el furor de tu enojo los alcance!


25 ¡Que sea destruido su campamento, y no haya en sus tiendas quien las habite!


26 Porque persiguen al que tú has herido, y divulgan el dolor de los que tú has golpeado.


27 Añade maldad a su maldad; ¡no les concedas tu perdón!


28 ¡Bórralos del libro de la vida! ¡Que no queden registrados entre los justos!


29 Pero a mí, que estoy pobre y afligido, ¡ponme, oh Dios, en alto con tu salvación!


30 Así alabaré entre cánticos tu nombre; ¡te exaltaré con alabanzas!


31 Así, Señor, te agradarás de mí más que si te ofreciera un toro o un becerro.


32 Al ver esto, los oprimidos se alegrarán. Busquen a Dios, y vivirá su corazón;


33 porque el Señor escucha a los menesterosos, y no rechaza a los que están prisioneros.


34 ¡Que lo alaben los cielos y la tierra, los mares y todo lo que hay en ellos!


35 Dios salvará a Sión, y reconstruirá las ciudades de Judá, y su pueblo las recuperará y las habitará.


36 Los descendientes de sus siervos las heredarán, y los que aman su nombre habitarán en ellas.

Salmos 70

1 Al músico principal. Salmo de David. Para conmemorar. 1 Dios mío, ¡dígnate ayudarme! Señor, ¡ven pronto a socorrerme!


2 ¡Que sean avergonzados y confundidos los que buscan acabar con mi vida! ¡Que retrocedan en vergonzosa derrota los que buscan hacerme daño!


3 ¡Que sean derrotados por sus ofensas los que se burlan de mí!


4 Pero que se alegren en ti todos los que te buscan; que los que aman tu salvación digan siempre: «¡Grande es nuestro Dios!»


5 Pero yo estoy pobre y afligido; ¡ven pronto, oh Dios, en mi ayuda! Tu eres mi ayuda; ¡eres mi libertador! ¡No tardes, Señor!.

Salmos 71

1 1 Señor, en ti busco refugio; ¡Jamás permitas que sea yo avergonzado!


2 ¡Ven a socorrerme, y líbrame, pues tú eres justo! ¡Dígnate escucharme, y ven a salvarme!


3 ¡Sé para mí una roca de refugio, en donde siempre pueda resguardarme! Sólo tú puedes decretar mi salvación, porque tú eres mi roca y mi fortaleza.


4 Dios mío, líbrame del poder de los impíos, del poder de los perversos y violentos.


5 Tú, Señor mi Dios, eres mi esperanza; tú me has dado seguridad desde mi juventud.


6 Desde el vientre de mi madre me has sostenido; ¡tú me sacaste de las entrañas de mi madre, y para ti será siempre mi alabanza!


7 Muchos se sorprenden al verme, porque tú eres para mí un sólido refugio.


8 Mis labios rebosan con tu alabanza, y proclaman tu gloria todo el día.


9 No me deseches cuando llegue a la vejez; no me desampares cuando mis fuerzas se acaben.


10 Mis enemigos hablan siempre mal de mí; se junta el grupo de los que quieren matarme,


11 y dicen: «Dios lo ha desamparado. ¡Persíganlo y atrápenlo, pues no tiene quien lo libre!»


12 Dios mío, ¡no te alejes de mí! Dios mío, ¡ven pronto a salvarme!


13 ¡Que perezcan y sean avergonzados mis adversarios! ¡Que queden confundidos y avergonzados los que buscan mi mal!


14 Pero yo siempre confiaré en ti, y más y más te alabaré.


15 Todo el día mi boca proclamará tu justicia, y tus hechos de salvación, aun cuando no puedo enumerarlos.


16 Hablaré, Señor y Dios, de tus hechos poderosos; y sólo haré memoria de tu justicia.


17 Tú, mi Dios, me has enseñado desde mi juventud, y aún ahora sigo hablando de tus maravillas.


18 No me desampares, Dios mío, aunque llegue a estar viejo y canoso, hasta que haya anunciado tu gran poder a las generaciones que habrán de venir.


19 Tu justicia, oh Dios, llega a las alturas. Tú, oh Dios, has hecho grandes cosas. ¿Quién puede compararse a ti?


20 Me has hecho ver muchas angustias y males, pero volverás a darme vida; volverás a levantarme de los abismos de la tierra,


21 aumentarás mi grandeza, y volverás a consolarme.


22 Dios mío, Santo de Israel, yo te alabaré al son del salterio, y al son del arpa alabaré tu verdad.


23 Mis labios se alegrarán cuando te cante, pues me has salvado la vida.


24 También mi lengua hablará de tu justicia todo el día, porque han quedado avergonzados y confundidos los que procuraban perjudicarme.

Salmos 72

1 Para Salomón. 1 ¡Concédele, oh Dios, al rey juzgar como tú, y concédele al hijo del rey tu justicia!


2 ¡Concédele juzgar a tu pueblo con justicia, y con buen juicio a los afligidos de tu pueblo!


3 ¡Que los montes brinden paz al pueblo, y las colinas ofrezcan justicia!


4 Así el rey juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos de los menesterosos, y aplastará a los opresores.


5 Tu pueblo te temerá de generación en generación mientras el sol y la luna existan.


6 Que sea el rey como la lluvia que cae sobre la hierba, y como el rocío que empapa la tierra


7 Que haya en sus días justicia y mucha paz, hasta que la luna deje de existir.


8 Que su dominio se extienda de mar a mar, desde el gran río hasta los límites de la tierra.


9 Que ante él se rindan los habitantes del desierto, y que sus enemigos muerdan el polvo.


10 Que los reyes de Tarsis y de las costas le paguen tributo, y que los reyes de Sabá y de Sebá le ofrezcan regalos.


11 Que todos los reyes se inclinen en su presencia, y que todas las naciones le sirvan.


12 Que salve el rey al pobre que le pida ayuda, y al afligido que no tenga quien le socorra.


13 Que se compadezca del pobre y del menesteroso, y que les salve la vida a los pobres.


14 Que los salve del engaño y de la violencia, y que la sangre de ellos sea a sus ojos muy valiosa.


15 ¡Que viva el rey! ¡Que reciba el oro de Sabá! ¡Que se ore por él siempre! ¡Que a todas horas se le bendiga!


16 ¡Que sea en las cumbres de los montes como un puñado de grano que cae en la tierra! ¡Que sea tan productivo como el monte Líbano, y que en la ciudad haya tanta gente como hierba hay en el campo!


17 ¡Que su nombre sea siempre recordado! ¡Que su nombre permanezca mientras el sol exista! ¡Que todas las naciones sean bendecidas por él, y que lo llamen bienaventurado!


18 ¡Bendito sea el Señor, el Dios de Israel! ¡Sólo el Señor hace maravillas!


19 ¡Bendito sea por siempre su glorioso nombre! ¡Que toda la tierra sea llena de su gloria! ¡Amén y Amén!


20 Aquí terminan las oraciones de David hijo de Yesé.

Salmos 73

1 LIBRO III 1 Salmo de Asaf. 1 ¡Ah, Dios es bueno con Israel, con los limpios de corazón!


2 En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies; poco faltó para que mis pasos resbalaran.


3 Y es que tuve envidia de los arrogantes, al ver cómo prosperaban esos malvados.


4 Ellos no se acongojan ante la muerte, pues están llenos de vigor.


5 No se afanan ni se ven golpeados como el resto de los mortales.


6 La soberbia es su corona, y la violencia es su vestido.


7 Tan gordos están que los ojos se les saltan; siempre satisfacen los apetitos de su corazón.


8 Entre burlas hacen planes malvados y violentos, y siempre hablan con altanería.


9 Con su boca ofenden al cielo, y con su lengua denigran a la tierra.


10 Por eso el pueblo de Dios se vuelve a ellos, y absorben sus palabras como si bebieran agua.


11 Hasta dicen: «¿Cómo va a saberlo Dios? ¡De esto no se enterará el Altísimo!»


12 ¡Bien puede verse que estos impíos se hacen ricos sin que nada les preocupe!


13 ¡Ah!, pero de nada me ha servido mantener mi corazón y mis manos sin pecado,


14 pues a todas horas recibo azotes y soy castigado todas las mañanas.


15 Si acaso llegara yo a hablar como ellos, estaría traicionando a la generación de tus hijos.


16 Me puse a pensar en esto para entenderlo, pero me resultó un trabajo muy difícil.


17 Sólo cuando entré en el santuario de Dios, pude comprender en lo que ellos van a terminar.


18 ¡Ah!, pero tú vas a hacerlos resbalar; vas a hacerlos caer en desgracia.


19 ¡En un instante acabarás con ellos! ¡Perecerán por completo, consumidos de terror!


20 Como quien despierta de un sueño, cuando tú, Señor, despiertes, harás que se desvanezcan.


21 Yo tenía el alma llena de amargura, y sentía que el corazón me punzaba.


22 Era yo tan torpe que no podía entenderlo; en tu presencia, era yo como una bestia.


23 Y no obstante, siempre he estado contigo; tú me has tomado de la mano derecha,


24 me has guiado para seguir tu consejo, y al final me recibirás en gloria.


25 ¿A quién tengo en los cielos? ¡Sólo a ti! ¡Sin ti, no quiero nada aquí en la tierra!


26 Aunque mi cuerpo y mi corazón desfallecen, tú, Dios mío, eres la roca de mi corazón, ¡eres la herencia que para siempre me ha tocado!


27 Es un hecho: los que se alejan de ti perecerán; ¡tú destruirás a todos los que de ti se aparten!


28 En cuanto a mí, ¡qué bueno es estar cerca de ti! ¡En ti, Señor, he puesto mi esperanza para proclamar todas tus obras!.

Salmos 74

1 Masquil de Asaf. 1 Dios nuestro, ¿por qué nos has desechado para siempre? ¿Por qué te has enojado contra las ovejas de tu prado?


2 Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos, la que rescataste para hacer de ella tu propio pueblo; acuérdate del monte Sión, donde has habitado.


3 Ven a ver estas ruinas interminables: ¡mira cuánto daño ha hecho el enemigo en tu santuario!


4 En medio de tus asambleas tus enemigos vociferan; han izado sus banderas en señal de victoria.


5 Levantan sus hachas y hacen destrozos, como leñadores en medio de un tupido bosque.


6 ¡Todos los tallados en madera los han hecho pedazos con sus hachas y martillos!


7 ¡Le han prendido fuego a tu santuario! ¡Han profanado y derribado el tabernáculo a tu nombre!


8 Se dijeron: «¡Destruyamos todo de una vez!», y quemaron todas las sinagogas de Dios en la tierra.


9 ¡Ya no vemos nuestras banderas! ¡Ya no hay profetas entre nosotros, ni nadie que nos diga cuánto más tenemos que aguantar!


10 Dios nuestro, ¿hasta cuándo nos afrentará el enemigo? ¿Hasta cuándo el enemigo ofenderá tu nombre?


11 ¿Por qué te quedas cruzado de brazos? ¿Por qué escondes en el pecho tu diestra?


12 Dios mío, tú eres mi rey desde tiempos antiguos; tú eres quien salva en medio de la tierra.


13 Con tu poder; partiste el mar en dos y en las aguas rompiste las cabezas de los monstruos.


14 Aplastaste las cabezas del leviatán, y lo diste por comida a los habitantes del desierto.


15 Abriste los manantiales y los ríos, y dejaste secos torrentes impetuosos.


16 Tuyo es el día, tuya es también la noche, pues tú estableciste el sol y la luna.


17 Tú estableciste todos los límites de la tierra, y formaste el verano y el invierno.


18 Acuérdate, Señor, que el enemigo te ha ofendido, y que un pueblo insensato ha blasfemado tu nombre.


19 ¡No entregues a las fieras la vida de tus tórtolas! ¡No olvides para siempre a tu pueblo afligido!


20 Acuérdate del pacto que hiciste con nosotros, pues la tierra está llena de oscuridad y violencia.


21 No permitas que los afligidos sean avergonzados; así alabarán tu nombre los afligidos y los menesterosos.


22 Dios mío, ¡levántate y defiende tu causa! Acuérdate que los necios te ofenden cada día.


23 No te olvides de los gritos de tus enemigos, cuyo alboroto a todas horas va en aumento.

Salmos 75

1 Al músico principal. Sobre «No destruyas». Salmo de Asaf. Cántico. 1 Gracias te damos, Dios mío, gracias te damos, porque tu nombre está cerca de nosotros. ¡Todos hablan de tus hechos portentosos!


2 «En el momento en que yo decida, habré de juzgar con rectitud.


3 Aunque la tierra y sus habitantes se estremezcan, Yo sostengo sus columnas.


4 A los insensatos les digo: “No sean arrogantes”, y a los impíos: “No sean orgullosos;


5 no hagan alarde de su poder; no levanten tanto la nariz.”


6 El juicio no viene del este ni del oeste, ni del desierto ni de las montañas:


7 El juicio proviene de mí, que soy Dios. A unos humillo, y a otros enaltezco.


8 Ya el cáliz del juicio está en mi mano; ya el vino mezclado se ha fermentado, y yo, el Señor, estoy por derramarlo; ¡todos los impíos de la tierra lo beberán hasta el fondo!»


9 Yo siempre hablaré de ti, te cantaré salmos, Dios de Jacob.


10 Tú deshaces todo el poder de los pecadores, pero exaltas la fuerza de los hombres justos.


Salmos 76

1 Al músico principal. Sobre Neginot. Salmo de Asaf. Cántico. 1 Dios es bien conocido en Judá; grande es su nombre en Israel.


2 En Salén está su tabernáculo, y en Sión está el lugar donde reside.


3 Allí hizo pedazos las saetas y los arcos, los escudos, las espadas y las armas de guerra.


4 ¡Glorioso eres tú, Señor, y más imponente que los montes!


5 Los valientes fueron despojados, y durmieron su sueño; ningún valiente guerrero pudo defenderse.


6 Cuando tú, Dios de Jacob, los reprendiste, jinetes y caballos quedaron desconcertados.


7 Tú, mi Dios, inspiras temor; en tu enojo, ¿quién puede sostenerse ante ti?


8 Desde los cielos dictaste tu sentencia; la tierra tuvo miedo y se quedó en suspenso


9 cuando tú, mi Dios, te levantaste para juzgar y salvar a los mansos de la tierra.


10 La ira humana redunda en tu alabanza; todos sus enojos se vuelven para ti una corona.


11 ¡Cumplamos a Dios el Señor nuestras promesas! Todos los que rodean al Dios temible, ¡tráiganle ofrendas!


12 Dios abate el ánimo de los príncipes, e infunde temor en los reyes de la tierra.

Salmos 77

1 Al músico principal. Sobre Jedutún. Salmo de Asaf. 1 Con mi voz clamé a Dios, A Dios clamé, y él me escuchó.


2 Busqué al Señor cuando me vi angustiado; por las noches, sin cesar, a él levanté mis manos; pues mi alma rehusaba ser consolada.


3 Me acordé de Dios, y me sentí conmovido; al quejarme, mi ánimo decaía.


4 Dios no me dejaba pegar los ojos; tan quebrantado estaba yo, que no podía hablar.


5 Pensaba yo en los días de antaño, en los años de tiempos pasados.


6 Me acordaba de mis cánticos nocturnos, y en mi corazón meditaba, y mi espíritu inquiría:


7 «¿Nos abandonará el Señor para siempre? ¿Acaso no volverá a tratarnos con bondad?


8 ¿Se habrá agotado para siempre su misericordia? ¿Habrá puesto fin para siempre a su promesa?


9 ¿Se habrá olvidado Dios de tener misericordia? ¿Habrá, en su enojo, puesto un límite a su piedad?»


10 También me dije: «Debo estar enfermo. ¿Cómo puedo pensar que la diestra del Altísimo ha cambiado?


11 Es mejor que haga memoria de las obras del Señor.» Sí, haré memoria de tus maravillas de antaño;


12 meditaré en todas tus obras, y proclamaré todos tus hechos.


13 Santo es, oh Dios, tu camino; ¿qué otro dios es tan grande como tú, Dios nuestro?


14 Tú eres el Dios que hace maravillas; has manifestado entre los pueblos tu poder.


15 Con tu brazo diste libertad a tu pueblo, a los descendientes de Jacob y de José.


16 Cuando las aguas te vieron, oh Dios, cuando las aguas te vieron, sintieron temor, y hasta los abismos se estremecieron.


17 Las nubes derramaron torrentes de agua, los cielos retumbaron, y atronaron tus rayos;


18 resonó en el torbellino la voz de tu trueno; tus relámpagos iluminaron el mundo, y la tierra tembló y se estremeció.


19 Te abriste paso en el mar, y atravesaste las muchas aguas, aunque nadie vio jamás tus pisadas,


20 y por medio de Moisés y de Aarón guiaste a tu pueblo como a un rebaño.

Salmos 78

1 Masquil de Asaf. 1 Pueblo mío, escucha mis enseñanzas; inclina tu oído a las palabras de mi boca.


2 Abriré mi boca y diré proverbios; hablaré de los misterios de tiempos pasados,


3 de cosas que ya hemos oído y que conocemos porque nuestros padres nos las contaron.


4 No las mantendremos ocultas a nuestros hijos, sino que diremos a las generaciones futuras que el Señor es digno de alabanza por su poder y por sus hechos portentosos.


5 El Señor estableció su ley para Jacob; le entregó sus enseñanzas a Israel, y ordenó a nuestros padres que nos las enseñaran,


6 para que las conociera la generación futura, los hijos que nos habrían de nacer, y ellos a su vez las contaran a sus hijos,


7 para que pusieran en Dios su confianza y no se olvidaran de sus grandes hechos; para que obedecieran sus mandamientos,


8 y no fueran como sus padres, gente rebelde y desobediente, gente que no entrega a Dios su corazón, y cuyo espíritu no le es fiel.


9 Los efraimitas, arqueros armados, volvieron la espalda en el día de la batalla.


10 No cumplieron con el pacto de Dios, ni quisieron ceñirse a su ley;


11 más bien, se olvidaron de sus obras, y de las maravillas que les había mostrado.


12 Allá en Egipto, en el campo de Soán, Dios hizo maravillas a los ojos de sus padres.


13 Partió el mar en dos, y los hizo pasar, conteniendo las aguas como dos murallas.


14 Durante el día los guiaba con una nube, y durante la noche con un resplandor de fuego.


15 En el desierto hendió las peñas, y les dio a beber agua de los grandes abismos:


16 ¡de la peña hizo brotar corrientes, y las aguas fluyeron como ríos!


17 Pero ellos volvieron a pecar contra Dios; en el desierto se rebelaron contra el Altísimo.


18 Decidieron poner a prueba a Dios y pidieron comida a su antojo.


19 Hablaron en contra de Dios, y dijeron: «¿Podrá Dios tendernos una mesa en el desierto?


20 Hemos visto que hirió la peña, y que brotaron aguas, y que en torrentes inundaron la tierra, ¿pero podrá también darnos pan? ¿Podrá darle carne a su pueblo?»


21 Cuando el Señor oyó esto, se indignó, y su furor se encendió contra Jacob, como un fuego; su furor se encendió contra Israel,


22 porque no tuvieron fe en Dios, ni confiaron en que él podía salvarlos.


23 Sin embargo, dio órdenes a las nubes, y abrió las compuertas de los cielos,


24 y como lluvia dejó caer sobre ellos el maná; ¡les dio a comer el trigo de los cielos!


25 ¡Los mortales comieron pan angelical! ¡Dios les envió comida hasta saciarlos!


26 Cambió la dirección del viento del este, y con su poder hizo venir el viento del sur,


27 y cayó sobre ellos carne como lluvia; ¡llovieron tantas aves como arena hay en el mar!


28 Dios las dejó caer en el campamento, y en los alrededores de sus tiendas,


29 y ellos comieron y quedaron saciados, pues Dios satisfizo su apetito.


30 Pero aun no habían calmado su hambre; aún tenían la comida en la boca,


31 cuando el furor de Dios vino sobre ellos y acabó con sus hombres más robustos; ¡Dios derribó a los mejores israelitas!


32 A pesar de todo, ellos siguieron pecando y no dieron crédito a sus grandes hechos.


33 Por eso Dios puso fin a sus días, ¡y en un soplo les quitó la vida!


34 Si Dios los hacía morir, ellos lo buscaban y con gran diligencia se volvían a él;


35 ¡se acordaban de que Dios era su refugio, de que el Dios Altísimo era su redentor!


36 Pero con los labios lo adulaban, y con la lengua le mentían.


37 En el fondo, nunca fueron rectos con él, ni se mantuvieron fieles a su pacto.


38 Dios, en su bondad, les perdonaba su maldad; más de una vez contuvo su enojo, calmó su ira y no los destruyó.


39 Se acordó de que eran mortales, ¡un simple soplo que se va y no vuelve!


40 ¡Cuántas veces lo desobedecieron en el desierto! ¡Cuántas veces lo hicieron enojar en el yermo!


41 ¡Una y otra vez ponían a prueba a Dios! ¡Provocaban al Santo de Israel!


42 No traían a la memoria su poder, ni el día en que él los libró de la angustia,


43 cuando realizó en Egipto sus señales, y sus maravillas en el campo de Soán;


44 cuando convirtió en sangre sus ríos y sus corrientes, para que no bebieran.


45 Les mandó enjambres de moscas, que los devoraban, y también ranas, que los destruían;


46 dejó que la oruga y la langosta destruyera el fruto de su trabajo.


47 Con granizo destruyó sus viñas, y con escarcha acabó con sus higueras.


48 Con granizo hizo estragos en sus ganados, y con sus rayos acabó con sus animales.


49 Descargó sobre ellos el ardor de su ira; los angustió con su enojo y su indignación, ¡con un ejército de ángeles destructores!


50 Le abrió paso a su furor y no les salvó la vida, sino que los entregó a la muerte.


51 En Egipto, en los campamentos de Cam, les quitó la vida a todos los primogénitos, a los primeros frutos de su vigor.


52 Dios hizo que su pueblo saliera como ovejas, y como un rebaño los llevó por el desierto;


53 con mano segura los fue llevando, para que no tuvieran ningún temor, mientras que el mar cubrió a sus enemigos.


54 Y los trajo a las fronteras de su tierra santa, a este monte que ganó con su mano derecha.


55 Expulsó a las naciones de la presencia de su pueblo, repartió en sorteo las tierras que les dio en propiedad, y permitió que las tribus de Israel se asentaran allí.


56 Pero ellos pusieron a prueba al Dios Altísimo; lo hicieron enojar y no obedecieron sus decretos.


57 Hicieron lo que sus padres, y se rebelaron contra él; ¡se torcieron como un arco engañoso!


58 Lo hicieron enojar con sus lugares altos; lo provocaron a celo con sus imágenes talladas.


59 Cuando Dios lo supo, se enojó y rechazó por completo a Israel.


60 Se alejó del tabernáculo de Silo, de su lugar de residencia terrenal,


61 y dejó caer en manos del enemigo el símbolo de su gloria y su poder.


62 Fue tanto su enojo contra su pueblo que los dejó caer a filo de espada.


63 Sus jóvenes fueron devorados por el fuego; sus doncellas no llegaron a oír cantos nupciales.


64 Sus sacerdotes cayeron a filo de espada, y sus viudas no lamentaron su muerte.


65 Pero el Señor despertó como de un sueño, y gritando como un guerrero que ha tomado vino,


66 hirió a sus enemigos y los puso en fuga; ¡los dejó avergonzados para siempre!


67 Desechó los campamentos de José, y no escogió a la tribu de Efraín,


68 sino que prefirió a la tribu de Judá y al monte Sión, que tanto ama.


69 Edificó su santuario semejante a las alturas, y semejante a la tierra, que afirmó para siempre.


70 Eligió a su siervo David, al que tomó de los rebaños de ovejas;


71 David cuidaba a las ovejas recién paridas, pero Dios lo puso a cuidar de su pueblo Israel, de Jacob, que es su heredad.


72 Y David cuidó de ellos con todo el corazón; con gran pericia los guió como a un rebaño.

Salmos 79

1 Salmo de Asaf. 1 Dios mío, las naciones han venido a tu país, y han profanado tu santo templo. ¡Han dejado a Jerusalén en ruinas!


2 Arrojaron por comida los cadáveres de tus fieles siervos a los animales salvajes y a las aves de rapiña.


3 Alrededor de Jerusalén derramaron su sangre como agua, y no hubo nadie que les diera sepultura.


4 Los pueblos vecinos nos ofenden; nos insultan, ¡se burlan de nosotros!


5 ¿Hasta cuándo, Señor, vas a estar enojado? ¿Para siempre arderá tu celo como un fuego?


6 ¡Descarga tu ira sobre la gente que no te conoce, sobre los reinos que no invocan tu nombre!


7 ¡Son ellos los que han consumido a Jacob, los que han dejado en ruinas sus ciudades.


8 ¡No te acuerdes de la maldad de nuestros padres! ¡Por tu bondad, ven pronto a nuestro encuentro, porque estamos totalmente abatidos!


9 Por la gloria de tu nombre, ¡ayúdanos, Dios de nuestra salvación! Por causa de tu nombre, ¡líbranos y perdona nuestros pecados!


10 Que no digan los paganos: «¿Dónde está su Dios?» ¡Que vean los paganos, y también nosotros, cómo vengas la sangre de tus siervos!


11 ¡Que llegue a tu presencia el clamor de los cautivos! Por tu gran poder, ¡salva la vida de los sentenciados a muerte!


12 Señor, ¡págales con creces a nuestros vecinos por tanta infamia con que te han deshonrado!


13 Así nosotros, que somos tu pueblo y tu rebaño, te alabaremos de generación en generación, y para siempre cantaremos tus alabanzas.

Salmos 80

1 Al músico principal. Sobre Lirios. Testimonio. Salmo de Asaf. 1 Pastor de Israel, ¡escucha! Tú, que guías a José como a una oveja, y que estás entre los querubines, ¡manifiéstate!


2 En presencia de Efraín, de Benjamín y de Manasés, ¡manifiesta tu poder y ven a salvarnos!


3 ¡Restáuranos, Dios nuestro! ¡Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvados!


4 Señor, Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo te mostrarás indignado contra la oración de tu pueblo?


5 Nos has dado a comer lágrimas en vez de pan; nos has hecho beber lágrimas en abundancia.


6 Nos has puesto en ridículo ante nuestros vecinos; nuestros enemigos se burlan de nosotros.


7 ¡Restáuranos, Dios de los ejércitos! ¡Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvados!


8 Desde Egipto trajiste una vid; expulsaste a las naciones, y la plantaste.


9 Limpiaste el terreno delante de ella, hiciste que echara raíces, y ésta llenó la tierra.


10 Los montes se cubrieron con su sombra; los cedros de Dios se cubrieron con sus sarmientos.


11 Y la vid extendió sus vástagos y sus renuevos hasta el mar, y hasta el gran río.


12 ¿Por qué derribaste sus cercas? ¡Todos los que pasan le arrancan uvas!


13 ¡Los jabalíes le hacen destrozos! ¡Las bestias salvajes la devoran!


14 Dios de los ejércitos, ¡vuélvete a nosotros! Desde el cielo dígnate mirarnos, y reconsidera; ¡ven y ayuda a esta viña!


15 ¡Es la viña que plantaste con tu diestra! ¡Es el renuevo que sembraste para ti!


16 ¡La han cortado! ¡Le han prendido fuego! ¡Déjate ver, y repréndelos, para que perezcan!


17 Pero posa tu mano sobre tu hombre elegido, sobre el hombre al que has dado tu poder.


18 Así no nos apartaremos de ti. Tú nos darás vida, y nosotros invocaremos tu nombre.


19 Señor, Dios de los ejércitos, ¡restáuranos! ¡Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvados!.

Salmos 81

1 Al músico principal. Sobre Gitit. Salmo de Asaf. 1 Cantemos con gozo a Dios, nuestra fortaleza; aclamemos con júbilo al Dios de Jacob.


2 Entonemos cánticos, al son del pandero, de la melodiosa arpa y del salterio.


3 Toquemos la trompeta en el novilunio, en el día señalado para nuestra fiesta solemne.


4 Esto es un estatuto para Israel; es una ordenanza del Dios de Jacob,


5 que la constituyó como testimonio para José cuando salió contra la tierra de Egipto. Oí un lenguaje que no pude entender:


6 «Liberé tu hombro de llevar pesada carga; tus manos dejaron de cargar los cestos.


7 En tu angustia clamaste a mí, y yo te salvé; desde el centro del trueno te respondí, y junto a las aguas de Meriba te puse a prueba.


8 »Escúchame, pueblo mío, que quiero amonestarte. ¡Cómo quisiera yo, Israel, que me escucharas!


9 No debes tener ningún dios ajeno. No debes inclinarte ante dioses extraños.


10 Yo soy el Señor, tu Dios; yo te saqué de la tierra de Egipto. Abre la boca, y yo te daré de comer.


11 »Pero tú, mi pueblo, no escuchaste mi voz; tú, Israel, no quisiste obedecerme,


12 y por tu obstinación te abandoné para que siguieras tus propios consejos.


13 ¡Ay, pueblo mío! ¡Si me hubieras escuchado! ¡Ay, Israel! ¡Si hubieras seguido mis caminos!


14 ¡En un instante habría derrotado a tus enemigos, y habría descargado mi mano sobre tus adversarios!


15 Los que me aborrecen se me habrían sometido, y yo, el Señor, pondría para siempre fin a sus días.


16 Pero a ti te alimentaría con lo mejor del trigo, y apagaría tu sed con miel extraída de la peña.»

Salmos 82

1 Salmo de Asaf. 1 Dios preside la reunión de los dioses, y en medio de ellos emite su sentencia:


2 «¿Hasta cuándo ustedes juzgarán con injusticia, y tratarán como inocentes a los impíos?


3 ¡Defiendan a los pobres y a los huérfanos! ¡Hagan justicia a los afligidos y a los menesterosos!


4 ¡Liberen a los afligidos y a los necesitados! ¡Pónganlos a salvo del poder de los impíos!


5 »Pero ustedes no saben ni entienden; ¡andan en completa oscuridad! ¡Por eso la tierra tiembla hasta sus cimientos!


6 »Alguna vez les dije: “Ustedes son dioses. Todos ustedes son hijos del Altísimo.”


7 ¡Pero ahora morirán como cualquier hombre! ¡Morirán como cualquiera de los príncipes!»


8 ¡Levántate, oh Dios, y juzga la tierra! ¡Tuyas son todas las naciones!.

Salmos 83

1 Cántico. Salmo de Asaf. 1 Dios mío, ¡no guardes silencio! Dios mío, ¡no te quedes callado!


2 Date cuenta de que tus enemigos rugen, de que te desafían los que te aborrecen.


3 Con astucia y en secreto conspiran contra tu pueblo; se han juntado y hacen planes contra tus protegidos.


4 Amenazantes dicen: «¡Vamos a destruir a Israel! ¡Borremos de la memoria el nombre de esa nación!»


5 Conspiran con un solo propósito: establecen alianzas para luchar en contra tuya


6 los campamentos edomitas e ismaelitas, y también los moabitas y los agarenos,


7 los de Gebal, los de Amón y de Amalec, los filisteos y los habitantes de Tiro.


8 También los asirios se les han unido, y brindan su apoyo a los descendientes de Lot.


9 ¡Haz con ellos lo que hiciste con Madián! ¡Trátalos como a Sísara y Jabín en el arroyo de Cisón!


10 Ellos fueron derrotados en Endor, y se convirtieron en estiércol para la tierra.


11 ¡Trata a sus capitanes y a todos sus príncipes como trataste a Oreb y a Zeeb, a Zebaj y a Salmuná,


12 esos que amenazantes decían: «¡Vamos a adueñarnos de los pastizales de Dios!»


13 Dios mío, ¡envuélvelos en un torbellino! ¡Arrástralos como hojas secas lanzadas al viento!


14 ¡Que ardan como el fuego que consume el monte! ¡Que ardan como las llamas que abrasan el bosque!


15 ¡Persíguelos con tu tempestad! ¡Hazlos temblar de miedo con tu torbellino!


16 ¡Llénales la cara de vergüenza, para que busquen, Señor, tu nombre!


17 ¡Que sean avergonzados y turbados para siempre! ¡Que sean deshonrados, y perezcan!


18 ¡Que reconozcan que tu nombre es el Señor, y que sólo tú, Altísimo, estás sobre toda la tierra!.

Salmos 84

1 Al músico principal. Sobre Gitit. Salmo de los hijos de Coré. 1 Señor de los ejércitos, ¡cuán grato es habitar en tu templo!


2 ¡Mi alma anhela ardientemente estar, Señor, en tus atrios! ¡A ti, Dios de la vida, elevan su canto mi corazón y todo mi ser!


3 Hasta los gorriones y las golondrinas hallan dónde anidar a sus polluelos: ¡cerca de tus altares, Señor de los ejércitos, rey mío y Dios mío!


4 ¡Cuán felices son los que habitan en tu templo! ¡Todo el tiempo te cantan alabanzas!


5 ¡Cuán felices son los que hallan fuerzas en ti, los que ponen su corazón en tus caminos!


6 Cuando cruzan por el valle de las lágrimas, cambian su aridez en un manantial al llenar la lluvia los estanques.


7 Van de victoria en victoria, hasta llegar a verte, oh Dios, en Sión.


8 Señor, Dios de los ejércitos, ¡oye mi oración! Dios de Jacob, ¡escúchame!


9 ¡Míranos, Dios y escudo nuestro, y posa la mirada en el rostro de tu ungido!


10 Es mejor pasar un día en tus atrios que vivir mil días fuera de ellos. ¡Prefiero estar a la puerta de tu templo, oh Dios, que vivir en las mansiones de la maldad!


11 Tú, Dios y Señor, eres sol y escudo; tú, Señor, otorgas bondad y gloria a los que siguen el camino recto, y no les niegas ningún bien.


12 Señor de los ejércitos, ¡cuán dichoso es el que en ti confía!.

Salmos 85

1 Al músico principal. Salmo de los hijos de Coré. 1 Señor, tú has sido propicio a tu tierra: has hecho volver a Jacob de su cautividad,


2 has perdonado la iniquidad de tu pueblo, has perdonado todos sus pecados,


3 has reprimido completamente tu enojo, has alejado de ti el ardor de tu ira.


4 ¡Ahora restáuranos, Dios de nuestra salvación! ¡Deja ya de estar airado contra nosotros!


5 ¿Acaso vas a estar enojado con nosotros siempre? ¿Mantendrás tu ira de una generación a otra?


6 ¿Acaso no volverás a darnos vida, para que este pueblo tuyo se regocije en ti?


7 Señor, ¡danos muestras de tu misericordia! ¡Concédenos tu salvación!


8 Escucharé lo que Dios el Señor va a decir; va a hablar de paz a su pueblo y a sus santos, para que no caigan en la locura.


9 Su salvación está cerca de quienes le temen, para que su gloria se asiente en nuestra tierra.


10 Se encontrarán la misericordia y la verdad, se besarán la justicia y la paz.


11 Desde la tierra brotará la verdad, y desde los cielos observará la justicia.


12 Además, el Señor nos dará buenas cosas, y nuestra tierra producirá buenos frutos.


13 Delante de él irá la justicia, para abrirle paso y señalarle el camino.

Salmos 86

1 Oración de David. 1 Señor, inclina tu oído y escúchame, pues me encuentro afligido y necesitado.


2 Sálvame la vida, pues te soy fiel. Dios mío, salva a tu siervo, que en ti confía.


3 Señor, ten misericordia de mí, porque a ti clamo todo el día.


4 Alegra la vida de este siervo tuyo, porque a ti, Señor, elevo mi alma.


5 Tú, Señor, eres bondadoso y sabes perdonar; ¡grande es tu misericordia para los que te invocan!


6 Señor, escucha mi oración y atiende a la voz de mis súplicas.


7 Cuando me encuentro angustiado, te llamo porque tú me respondes.


8 Señor, no hay entre los dioses otro como tú, ni hay obras que se comparen con tus obras.


9 Todas las naciones que tú, Señor, has creado vendrán y se postrarán delante de ti y glorificarán tu nombre,


10 porque sólo tú eres Dios; tú eres grande, y haces maravillas.


11 Enséñame, Señor, tu camino, para que camine yo en tu verdad. Dale firmeza a mi corazón, para que siempre tema tu nombre.


12 Señor y Dios mío, yo te alabaré con todo el corazón, y por siempre glorificaré tu nombre.


13 Grande es tu misericordia para conmigo, pues me has librado de caer en el sepulcro.


14 Dios mío, gente soberbia se levanta contra mí; gente violenta hace planes para quitarme la vida. Son gente que no te toma en cuenta.


15 Pero tú, Señor, eres un Dios compasivo y clemente, lento para la ira, pero grande en misericordia y verdad.


16 ¡Dígnate mirarme, y ten misericordia de mí! ¡Lléname de tu poder, pues soy tu siervo! ¡Protégeme, pues soy el hijo de tu sierva!


17 ¡Dame una prueba de tu bondad! ¡Que sean avergonzados los que me odian al ver que tú, Señor, me ayudas y me consuelas!.

Salmos 87

1 Salmo de los hijos de Coré. Cántico. 1 El Señor se estableció en el monte santo.


2 El amor del Señor por las puertas de Sión es mayor que su amor por todas las ciudades de Jacob.


3 De ti, ciudad de Dios, se dicen cosas gloriosas.


4 Entre los que me conocen, tengo presentes a Rajab y a Babilonia. Aquí están Filistea y Tiro, con Etiopía. Éste nació allí.


5 De Sión se dirá: «Éste y aquél nacieron en ella.» El Altísimo mismo la establecerá.


6 Al inscribir a los pueblos, el Señor anotará: «Éste nació allá.»


7 Los que cantan y danzan en ella, dirán: «Todas mis fuentes están en ti.»

Salmos 88

1 Cántico. Salmo de los hijos de Coré. Al músico principal. Para cantar sobre Majalat. Masquil de Hemán ezraíta. 1 Señor, Dios de mi salvación, delante de ti clamo noche y día.


2 Permite que mi oración llegue a tu presencia; ¡inclina tu oído a mi clamor!


3 Las calamidades me abruman; ¡ya me encuentro al borde del sepulcro!


4 ¡Hay quienes ya me dan por muerto, pues las fuerzas me abandonan!


5 Me encuentro relegado entre los muertos; como los caídos en batalla que yacen sepultados, y de los cuales ya no te acuerdas, pues fueron arrebatados de tu mano.


6 Me arrojaste en profunda fosa; ¡en el lugar de las tinieblas más profundas!


7 Has descargado tu enojo sobre mí; ¡me has afligido con tus embates de ira!


8 Has alejado de mí a mis conocidos; me has hecho repugnante a sus ojos. Me encuentro encerrado, y no puedo salir;


9 La aflicción me nubla los ojos. A ti, Señor, clamo todos los días; ¡a ti extiendo mis manos!


10 ¿Acaso manifiestas tus maravillas a los muertos? ¿Se levantarán los muertos a alabarte?


11 ¿Acaso en el sepulcro se alaba tu misericordia? ¿Se proclama acaso tu verdad entre los muertos?


12 ¿Hay en las tinieblas quien reconozca tus maravillas, o quien proclame tu justicia en la tierra del olvido?


13 ¡Pues yo sí clamo a ti, Señor! ¡Por la mañana dirijo a ti mis oraciones!


14 Señor, ¿por qué me rechazas? ¿Por qué escondes de mí tu rostro?


15 Entre aflicciones, necesidades y temores, desde mi juventud he soportado terribles penas.


16 Tu ira pesa sobre mí, y me abruma; tus terribles ataques me han vencido.


17 Como un diluvio, a todas horas me rodean; ¡me tienen completamente cercado!


18 Has alejado de mí a mis amigos y compañeros, ¡y las tinieblas son mi sola compañía!.

Salmos 89

1 Masquil de Etán ezraíta. 1 Por siempre alabaré la misericordia del Señor; de una generación a otra, mis labios exaltarán tu fidelidad.


2 Por siempre afirmaré que tu misericordia se mantendrá firme en los cielos, y que en ellos se afirmará tu verdad.


3 Tu dijiste: «He hecho un pacto con mi escogido. A mi siervo David le hice este juramento:


4 “Confirmaré tu descendencia para siempre, y afirmaré tu trono por todas las generaciones.”»


5 Señor, los cielos celebran tus maravillas; la congregación de los santos proclama tu verdad.


6 ¿Quién, Señor, se iguala a ti en los cielos? ¿Quién, Señor, se te compara entre los dioses?


7 ¡Dios temible en el concilio de los santos! ¡Dios grande y terrible sobre cuantos lo rodean!


8 Poderoso Señor, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? ¡Tu fidelidad te rodea!


9 Tú dominas la violencia del mar; cuando sus ondas se agitan, tú las sosiegas.


10 Tú aplastaste a Rajab y lo heriste de muerte; con tu brazo poderoso dispersaste a tus enemigos.


11 Tuyos son los cielos, tuya también la tierra y el mundo y su plenitud, pues tú lo fundaste.


12 Tú creaste el norte y el sur; los montes Tabor y Hermón alaban tu nombre.


13 Tuyo es el brazo poderoso; fuerte es tu mano, y exaltada tu diestra.


14 Tu trono se basa en la justicia y el derecho; la misericordia y la verdad son tus heraldos.


15 ¡Dichoso el pueblo que sabe aclamarte, y que anda, Señor, a la luz de tu rostro.


16 En tu nombre se alegrará todo el día, y en tu justicia será enaltecido.


17 Tú eres la gloria de nuestro poder; por tu buena voluntad acrecientas nuestra fuerza.


18 Tú, Señor, eres nuestro escudo; tú, Santo de Israel, eres nuestro rey.


19 En una visión a tus santos, y dijiste: «He brindado mi apoyo a un guerrero; he escogido a un joven de mi pueblo.


20 He encontrado a mi siervo David, y lo he ungido con mi santa unción.


21 Mi mano estará siempre con él; mi brazo siempre lo fortalecerá.


22 No lo sorprenderá el enemigo, ni le hará daño ningún malvado;


23 más bien, él derrotará a sus enemigos y herirá de muerte a los que lo aborrecen.


24 Mi verdad y misericordia estarán con él, y su poder será exaltado en mi nombre.


25 Con su mano izquierda dominará sobre el mar, y con su mano derecha dominará sobre los ríos.


26 Él me dirá: “Tú eres mi padre. Eres mi Dios, la roca de mi salvación”,


27 y yo lo declararé mi primogénito, ¡el más excelso de los reyes de la tierra!


28 Siempre seré con él misericordioso, y mi pacto con él se mantendrá firme.


29 Su descendencia permanecerá para siempre, y su trono durará mientras el cielo exista.


30 »Pero si sus hijos se apartan de mi ley y no andan conforme a mis decretos,


31 si transgreden mis estatutos y no cumplen mis mandamientos,


32 yo los castigaré por su rebelión; ¡los azotaré por sus iniquidades!


33 »Pero no apartaré de David mi misericordia, ni faltaré a mi verdad.


34 No me olvidaré de mi pacto, ni me retractaré de lo que he prometido.


35 Una vez he jurado por mi santidad, y no le mentiré a David.


36 Su descendencia permanecerá para siempre; su trono estará ante mí, como el sol;


37 firme para siempre, como la luna; ¡como un testigo fiel en el cielo!»


38 ¡Pero tú has rechazado a tu ungido! ¡Lo has menospreciado! ¡Te has enojado con él!


39 Has roto el pacto con tu siervo; ¡has echado por tierra su corona!


40 Has derribado todas sus murallas; ¡has destruido sus fortalezas!


41 Todos los que van por el camino lo saquean; los pueblos vecinos se burlan de él.


42 Has exaltado el poder de sus enemigos; has alegrado a todos sus adversarios.


43 Le quitaste el filo a su espada, y no lo levantaste en la batalla.


44 Pusiste fin a su motivo de orgullo, y echaste por tierra su trono.


45 Has acortado los días de su vida, y lo has cubierto de vergüenza.


46 Señor, ¿hasta cuándo seguirás escondido? ¿Arderá tu ira para siempre, como el fuego?


47 Recuerda que mi vida es muy breve; ¿Por qué creaste tan frágil al género humano?


48 ¿Quién puede vivir sin ver la muerte? ¿Quién puede salvarse del poder del sepulcro?


49 Señor, ¿dónde están tus misericordias de antaño, que una vez juraste a David por tu verdad?


50 ¡Acuérdate, Señor, del oprobio de tus siervos, del oprobio de muchos pueblos, que llevo en el pecho!


51 Tus enemigos, Señor, nos han deshonrado; ¡tus enemigos han deshonrado los pasos de tu ungido!


52 ¡Bendito sea el Señor para siempre! ¡Amén, y Amén!.

Salmos 90

1 LIBRO IV 1 Oración de Moisés, varón de Dios. 1 Señor, tú has sido nuestro refugio de una generación a otra generación.


2 Antes de que nacieran los montes y de que formaras la tierra y el mundo; desde los tiempos primeros y hasta los tiempos postreros, ¡tú eres Dios!


3 Nos devuelves al polvo cuando dices: «¡De vuelta al polvo, seres mortales!»


4 Para ti, mil años son, en realidad, como el día de ayer, que ya pasó; ¡son como una de las vigilias de la noche!


5 ¡Nos arrebatas como una violenta corriente! ¡Somos etéreos como un sueño! ¡Somos como la hierba que crece en la mañana!


6 Por la mañana crecemos y florecemos, y por la tarde se nos corta, y nos secamos.


7 Con tu furor somos consumidos; con tu ira quedamos desconcertados.


8 Tienes ante ti nuestras maldades; ¡pones al descubierto nuestros pecados!


9 Nuestra vida declina por causa de tu ira; nuestros años se esfuman como un suspiro.


10 Setenta años son los días de nuestra vida; ochenta años llegan a vivir los más robustos. Pero esa fuerza no es más que trabajos y molestias, pues los años pronto pasan, lo mismo que nosotros.


11 ¿Quién conoce la fuerza de tu ira, y hasta qué punto tu enojo debe ser temido?


12 ¡Enséñanos a contar bien nuestros días, para que en el corazón acumulemos sabiduría!


13 Señor, ¿hasta cuándo te volverás a nosotros? ¡Calma ya tu enojo con tus siervos!


14 ¡Sácianos de tu misericordia al empezar el día, y todos nuestros días cantaremos y estaremos felices!


15 ¡Danos la alegría que no tuvimos todo el tiempo que nos afligiste, todos los años en que experimentamos el mal!


16 ¡Haz que tus obras se manifiesten en tus siervos, y que tu gloria repose sobre sus hijos!


17 Señor y Dios nuestro, ¡muéstranos tu bondad y confirma la obra de nuestras manos! ¡Sí, confirma la obra de nuestras manos!

Salmos 91

1 1 El que habita al abrigo del Altísimo y se acoge a la sombra del Omnipotente,


2 dice al Señor: «Tú eres mi esperanza, mi Dios, ¡el castillo en el que pongo mi confianza!»


3 El Señor te librará de las trampas del cazador; te librará de la peste destructora.


4 El Señor te cubrirá con sus plumas, y vivirás seguro debajo de sus alas. ¡Su verdad es un escudo protector!


5 No tendrás temor de los terrores nocturnos, ni de las flechas lanzadas de día;


6 no temerás a la peste que ronda en la oscuridad, ni a la mortandad que destruye a pleno sol.


7 A tu izquierda caerán mil, y a tu derecha caerán diez mil, pero a ti no te alcanzará la mortandad.


8 ¡Tú lo verás con tus propios ojos! ¡Tú verás a los impíos recibir su merecido!


9 Por haber puesto al Señor por tu esperanza, por poner al Altísimo como tu protector,


10 no te sobrevendrá ningún mal, ni plaga alguna tocará tu casa.


11 El Señor mandará sus ángeles a ti, para que te cuiden en todos tus caminos.


12 Ellos te llevarán en sus brazos, y no tropezarán tus pies con ninguna piedra.


13 Aplastarás leones y víboras; ¡pondrás tu pie sobre leones y serpientes!


14 «Yo lo pondré a salvo, porque él me ama. Lo enalteceré, porque él conoce mi nombre.


15 Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en medio de la angustia. Yo lo pondré a salvo y lo glorificaré.


16 Le concederé muchos años de vida, y le daré a conocer mi salvación.»

Salmos 92

1 Salmo. Cántico para el día de reposo. 1 ¡Cuán bueno es alabarte, Señor! Bueno es, Altísimo, cantar salmos a tu nombre,


2 anunciar tu misericordia por la mañana, y tu fidelidad todas las noches,


3 en el decacordio y en el salterio, y con tono suave en el arpa.


4 Tú, Señor, me has alegrado con tus obras; yo me regocijo por las obras de tus manos.


5 Muy grandes son tus obras, Señor, y muy profundos tus pensamientos.


6 La gente necia no lo sabe; la gente insensata no lo entiende:


7 si los impíos brotan como la hierba, y todos los inicuos prosperan, es para ser destruidos para siempre.


8 ¡Pero tú, Señor, por siempre estás en las alturas!


9 Bien puedo ver, Señor, a tus enemigos; bien puedo ver que tus enemigos perecerán, ¡que todos los malvados serán esparcidos!


10 Pero tú me darás las fuerzas del búfalo, y me ungirás con aceite fresco.


11 Mis ojos verán la derrota de mis enemigos; ¡mis oídos oirán los gritos de angustia de mis adversarios!


12 Los justos florecerán como las palmeras; crecerán como los cedros del Líbano.


13 Serán plantados en la casa del Señor, y florecerán en los atrios de nuestro Dios.


14 Aun en su vejez darán frutos y se mantendrán sanos y vigorosos


15 para anunciar que el Señor es mi fortaleza, y que él es recto y en él no hay injusticia.

Salmos 93

1 1 ¡El Señor reina! ¡El Señor se ha vestido de magnificencia! ¡El Señor se ha revestido de gran poder! ¡El Señor afirmó el mundo, y éste no se moverá!


2 Su trono es firme desde el principio. ¡El Señor es el Rey eterno!


3 Los ríos levantaron, Señor; los ríos levantaron su voz; los ríos levantaron sus olas.


4 Tú, Señor, en las alturas, eres más poderoso que el estruendo de los mares; ¡más poderoso que las fieras olas del mar!


5 Tus testimonios, Señor, permanecen firmes; la santidad es el adorno de tu templo, por siempre y para siempre.

Salmos 94 

1 1 Tú, Señor, eres el Dios de las venganzas; ¡muéstrate, pues eres el Dios de las venganzas!


2 Tú eres el Juez de la tierra; ¡ven y dales su merecido a los soberbios!


3 ¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuando se regocijarán los impíos?


4 ¿Hasta cuándo esos malhechores seguirán jactándose de sus crímenes?


5 A tu pueblo, Señor, lo oprimen; a los que son tuyos los afligen.


6 A las viudas y a los extranjeros los matan; a los huérfanos les quitan la vida,


7 y todavía dicen: «El Señor no nos verá; el Dios de Jacob no se dará cuenta.»


8 ¡Entiéndanlo bien, gente necia e insensata! ¿Cuándo van a actuar con sabiduría?


9 ¿Acaso no oirá el que hizo los oídos? ¿Acaso no verá el que hizo los ojos?


10 ¿No va a reprender el que castiga a las naciones? ¿Acaso no sabe de ciencia el maestro del género humano?


11 El Señor conoce la mente humana, y sabe que sólo piensa tonterías.


12 Señor, ¡cuán dichosos son aquellos a quienes corriges e instruyes en tu ley!


13 En tiempos difíciles les das tranquilidad, mientras que para el impío se cava una fosa.


14 Tú, Señor, no abandonas ni desamparas al pueblo que has hecho tuyo.


15 La justicia volverá a ser justicia, y los de recto corazón irán tras ella.


16 ¿Quién me defenderá de los malvados? ¿Quién se pondrá de mi parte contra los inicuos?


17 Si el Señor no me ayudara, pronto mi ser se quedaría en silencio.


18 Cuando dije: «Estoy a punto de caer», tú, Señor, por tu bondad me sostuviste.


19 Cuando me vi abrumado por la angustia, tú me brindaste consuelo y alegría.


20 Tú no eres amigo de esos reyes inicuos que con la ley en la mano violan la ley.


21 Ellos conspiran contra la vida del justo, y condenan a muerte al que es inocente.


22 Pero tú, Señor, eres mi refugio; eres mi Dios y la roca en que confío.


23 Tú les devolverás su iniquidad, y los destruirás con su propia maldad. ¡Tú, Señor y Dios nuestro, los destruirás!

Salmos 95


1 1 ¡Vengan y con alegría aclamemos al Señor! ¡Cantemos con júbilo a la roca de nuestra salvación!


2 ¡Lleguemos ante su presencia con alabanza! ¡Aclamémosle con cánticos!


3 ¡Grande es el Señor, nuestro Dios! ¡Gran Rey es él sobre todos los dioses!


4 En su mano están las profundidades de la tierra, y las alturas de los montes son suyas.


5 Suyo es también el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra seca.


6 ¡Vengan, y rindámosle adoración! ¡Arrodillémonos delante del Señor, nuestro Creador!


7 El Señor es nuestro Dios, y nosotros somos el pueblo de su prado; ¡somos las ovejas de su mano! «Si hoy escuchan ustedes mi voz,


8 no endurezcan su corazón, como en Meriba, como en el día de Masah, en el desierto.


9 Allí los padres de ustedes me tentaron; me pusieron a prueba, aunque vieron mis obras.


10 Cuarenta años estuve disgustado con esa gente, y me dije: “El corazón de este pueblo divaga; no han conocido mis caminos.”


11 Por eso, en mi furor juré que no entrarían en mi reposo.»

Salmos 96

1 1 ¡Canten al Señor un cántico nuevo! ¡Canten al Señor todos en la tierra!


2 ¡Canten al Señor! ¡Bendigan su nombre! ¡Anuncien su salvación todos los días!


3 ¡Proclamen su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre todos los pueblos!


4 El Señor es grande, y digno de alabanza; ¡es temible, más que todos los dioses!


5 Todos los dioses de los pueblos son ídolos, pero el Señor es quien creó los cielos.


6 En su presencia hay alabanza y magnificencia; en su santuario hay poder y gloria.


7 Ustedes, familias de los pueblos, ¡tributen al Señor la gloria y el poder!


8 ¡Tributen al Señor la honra que merece su nombre! ¡Traigan sus ofrendas, y vengan a sus atrios!


9 ¡Adoren al Señor en la hermosura de la santidad! ¡Tiemblen ante él todos en la tierra!


10 Digan entre las naciones: «¡El Señor es rey! El Señor afirmó el mundo, y no será conmovido; el Señor juzga a los pueblos con justicia.»


11 ¡Que se alegren los cielos y se regocije la tierra! ¡Que brame el mar y todo lo que contiene!


12 ¡Que se alegre el campo y todo lo que hay en él! ¡Que todos los árboles del bosque rebosen de gozo


13 delante del Señor, que ya viene! ¡Sí, el Señor viene a juzgar la tierra! ¡Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad!

Salmos 97

1 1 ¡El Señor reina! ¡Que se regocije la tierra! ¡Que se alegren las muchas costas!


2 ¡El Señor está rodeado de densas nubes! ¡Su trono se basa en la justicia y el derecho!


3 ¡Un fuego avanza delante de él, que consumirá a los enemigos que lo rodean!


4 ¡Sus relámpagos alumbran el mundo! ¡Al verlos, la tierra se estremece!


5 ¡En presencia del Señor, en presencia del Señor de toda la tierra, los montes se derriten como cera!


6 Los cielos anuncian su justicia; todos los pueblos contemplan su gloria.


7 ¡Avergüéncense todos ustedes, que rinden culto a las imágenes de talla! ¡Y ustedes, que se jactan de los ídolos! ¡Póstrense ante él todos los dioses!


8 Sión lo supo, Señor, y se regocijó; las ciudades de Judá se alegraron por tus juicios,


9 porque tú, Señor, estás por encima de toda la tierra; ¡estás por encima de todos los dioses!


10 Ustedes, los que aman al Señor, ¡aborrezcan la maldad! El Señor protege la vida de sus fieles, y los libra del poder de los impíos.


11 La luz se difunde sobre los justos, y alegra a los rectos de corazón.


12 Ustedes, los justos, ¡alégrense en el Señor y alaben su santo nombre!.

Salmos 98

1 Salmo. 1 ¡Cantemos al Señor un cántico nuevo por las proezas que ha realizado! ¡Con su diestra, con su santo brazo, ha alcanzado la victoria!


2 El Señor ha dado a conocer su salvación; ¡ha revelado su justicia ante todas las naciones!


3 Se ha acordado de su misericordia y su verdad en favor del pueblo de Israel; ¡Todos los confines de la tierra son testigos de que nuestro Dios nos ha salvado!


4 ¡Canten alegres al Señor, habitantes de toda la tierra! ¡Levanten la voz, aplaudan y canten salmos!


5 ¡Canten salmos al Señor al son del arpa! ¡Al son del arpa eleven sus cantos!


6 ¡Vengan a la presencia del Señor, nuestro Rey, y aclámenlo al son de trompetas y bocinas!


7 ¡Que brame el mar y su plenitud, y el mundo y todos sus habitantes!


8 ¡Que aclamen al Señor los ríos, y que todos los montes se regocijen!


9 El Señor viene a juzgar la tierra, y juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud.

Salmos 99

1 1 ¡El Señor reina! Los pueblos tiemblan. ¡El Señor está en su trono entre los querubines! La tierra se conmueve.


2 Grande es el Señor en Sión, y exaltado sobre todos los pueblos.


3 Alabado es tu nombre grande y temible; ¡El Señor es santo!


4 Tú, poderoso Rey, amas el juicio; tú confirmas la rectitud; tú has ejercido en Jacob el derecho y la justicia.


5 ¡Exaltemos al Señor, nuestro Dios! ¡Postrémonos ante el estrado de sus pies! ¡El Señor es santo!


6 Moisés y Aarón están entre sus sacerdotes; Samuel se cuenta entre los que invocaron su nombre. Invocaron al Señor, y él les respondió.


7 En una columna de nube habló con ellos, y ellos pusieron en práctica sus testimonios; ¡cumplieron con los estatutos que les dio!


8 Señor y Dios nuestro, ¡tú les respondías! ¡Tú fuiste para ellos un Dios perdonador! ¡Tú los recompensaste por sus obras!


9 ¡Exaltemos al Señor, nuestro Dios! ¡Postrémonos ante su santo monte! ¡El Señor, nuestro Dios, es santo!

Salmos 100

1 Salmo de alabanza. 1 ¡Canten alegres al Señor, habitantes de toda la tierra!


2 ¡Sirvan al Señor con alegría! ¡Vengan a su presencia con regocijo!


3 Reconozcan que el Señor es Dios; él nos hizo, y de él somos.1 Somos su pueblo. ¡Somos las ovejas de su prado!


4 Entremos por sus puertas y por sus atrios con alabanzas y con acción de gracias; ¡Alabémosle, bendigamos su nombre!


5 ¡El Señor es bueno! ¡Su misericordia es eterna! ¡Su verdad permanece para siempre!. 

Salmos 101

1 Salmo de David. 1 Alabaré tu misericordia y tu justicia; cantaré, Señor, salmos a tu nombre.


2 Quiero entender tus perfectas enseñanzas. ¿Cuándo vendrás a mi encuentro? Así me conduciré con rectitud en mi hogar,


3 y no pondré los ojos en la injusticia. Odio a los que actúan de manera torcida; no permito que ninguno de ellos se acerque a mí.


4 Mantengo alejados a los de intenciones perversas; no tengo nada que ver con los malvados.


5 Destruiré al que con malicia deshonre a su prójimo; no toleraré a los de mirada altanera y vanidosa.


6 Me fijaré en los que son fieles, y conmigo vivirán; sólo me servirán los que vayan por el buen camino.


7 No habitará en mi casa quien cometa fraudes, ni se presentará ante mí ningún mentiroso.


8 Por las mañanas borraré del país a todos los impíos, y expulsaré de la ciudad del Señor a todos los malvados.

Salmos 102

1 Oración de alguien que sufre y que, en su angustia, expone su queja en presencia del Señor. 1 Señor, escucha mi oración; ¡deja que mi queja llegue a tus oídos!


2 No te alejes de mí cuando me veas angustiado; inclina a mí tu oído, ¡respóndeme pronto cuando te invoque!


3 Mi vida se va desvaneciendo, como el humo; mis huesos se deshacen, como tizón quemado.


4 Débil está mi corazón, y seco cual la hierba; ¡hasta me he olvidado de comer!


5 Tanto he llorado que los huesos se me pegan a la carne.


6 Soy como los pelícanos del desierto; ¡soy como los búhos de las soledades!


7 Ya no duermo, y hasta me siento como un pájaro solitario sobre el tejado.


8 Todos los días me insultan mis enemigos; se confabulan y hacen planes contra mí.


9 El pan que como, me sabe a ceniza; lo que bebo, se mezcla con mis lágrimas.


10 ¡Y es porque estás enojado conmigo! ¡Primero me elevas, y luego me dejas caer!


11 Mi vida se diluye como una sombra; ¡me voy secando como la hierba!


12 Pero tú, Señor, permaneces para siempre, y todas las generaciones te recordarán.


13 Te levantarás y tendrás misericordia de Sión, porque ya se ha cumplido su tiempo; ¡ya es hora de que le tengas misericordia!


14 Tus siervos aman cada una de sus piedras; ven sus ruinas, y se compadecen de ella.


15 Señor, las naciones honrarán tu nombre; los reyes de la tierra reconocerán tu gloria,


16 porque tú, Señor, reconstruirás a Sión, y en su esplendor serás reconocido.


17 Tendrás en cuenta la oración de los pobres, y no dejarás de escuchar sus ruegos.


18 Esto, Señor, quedará escrito para los pueblos futuros, ¡para que las generaciones del mañana te alaben!


19 Desde su alto santuario, el Señor observa; desde los cielos, el Señor contempla la tierra


20 para oír el clamor de los cautivos y dar libertad a los sentenciados a muerte;


21 para que en Sión se anuncie el nombre del Señor, ¡para que en Jerusalén se proclame su alabanza!


22 Entonces todas las naciones y todos los reinos vendrán y se unirán para servir al Señor.


23 En mi camino, el Señor me retiró su apoyo; ¡me recortó los días de mi vida!


24 Pero yo le supliqué: «Dios mío, tú vives por todas las generaciones: ¡no me reduzcas la mitad de mi vida!


25 Tú fundaste la tierra desde el principio, y con tus propias manos formaste los cielos.


26 Un día, ellos serán destruidos; envejecerán, como vestidos usados, y tú los cambiarás por otros; ¡Pero tú permanecerás!


27 ¡Tú seguirás siendo el mismo, y tus años nunca tendrán fin!


28 Los hijos de tus siervos vivirán tranquilos, y sus descendientes se afirmarán en tu presencia.

Salmos 103

1 Salmo de David. 1 ¡Bendice, alma mía, al Señor! ¡Bendiga todo mi ser su santo nombre!


2 ¡Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides ninguna de sus bendiciones!


3 El Señor perdona todas tus maldades, y sana todas tus dolencias.


4 El Señor te rescata de la muerte, y te colma de favores y de su misericordia.


5 El Señor te sacia con los mejores alimentos para que renueves tus fuerzas, como el águila.


6 El Señor imparte justicia y defiende a todos los que sufren por la violencia.


7 Dio a conocer sus caminos a Moisés; los hijos de Israel vieron sus obras.


8 El Señor es misericordioso y clemente; es lento para la ira, y grande en misericordia.


9 No nos reprende todo el tiempo, ni tampoco para siempre nos guarda rencor.


10 No nos ha tratado como merece nuestra maldad, Ni nos ha castigado como merecen nuestros pecados.


11 Tan alta como los cielos sobre la tierra, es su misericordia con los que le honran.


12 Tan lejos como está el oriente del occidente, alejó de nosotros nuestras rebeliones.


13 El Señor se compadece de los que le honran con la misma compasión del padre por sus hijos,


14 pues él sabe de qué estamos hechos; ¡él bien sabe que estamos hecho de polvo!


15 Nuestros días son como la hierba: florecemos como las flores del campo,


16 pero pasa el viento sobre nosotros y desaparecemos, sin dejar ninguna huella.


17 Pero el Señor es eternamente misericordioso; él les hace justicia a quienes le honran, y también a sus hijos y descendientes,


18 a quienes cumplen con su pacto y no se olvidan de sus mandamientos, sino que los ponen en práctica.


19 El Señor ha afirmado su trono en los cielos, y su reino domina sobre todos los reinos.


20 ¡Bendigan al Señor, ustedes, ángeles poderosos que cumplen sus órdenes y obedecen su voz!


21 ¡Bendigan al Señor todos sus ejércitos, todos ustedes, sus siervos, que cumplen su voluntad!


22 ¡Bendigan al Señor ustedes, sus criaturas, en todos los lugares de su dominio! ¡Bendice, alma mía, al Señor!

Salmos 104

1 1 ¡Bendice, alma mía, al Señor! ¡Cuán grande eres, Señor mi Dios! ¡Estás rodeado de gloria y de esplendor!


2 ¡Te has revestido de luz, como de una vestidura! ¡Extiendes los cielos como una cortina!


3 ¡Dispones tus mansiones sobre las aguas! ¡Las nubes son tu lujoso carruaje, y te transportas sobre las alas del viento!


4 ¡Los vientos son tus mensajeros! ¡Las llamas de fuego están a tu servicio!


5 Tú afirmaste la tierra sobre sus cimientos, y de allí nada los moverá.


6 ¡Con las aguas del abismo la cubriste! Las aguas se detuvieron sobre los montes,


7 pero las reprendiste, y huyeron; al escuchar tu voz, bajaron presurosas.


8 Subieron a los montes, bajaron por los valles, al sitio que les habías destinado.


9 Les pusiste un límite, que no debían cruzar, para que no volvieran a cubrir la tierra.


10 Tú llenas las fuentes con los arroyos que corren ligeros entre los montes;


11 allí apagan su sed los animales salvajes; allí los asnos monteses mitigan su sed.


12 En sus riberas anidan las aves del cielo, y entre las ramas se escuchan sus trinos.


13 Desde las alturas riegas los montes, y la tierra se sacia con el fruto de tus obras.


14 Haces crecer la hierba para los ganados, y las plantas que el hombre cultiva para sacar de la tierra el pan que come


15 y el vino que le alegra el corazón, el aceite que da brillo a su rostro, y el pan que sustenta su vida.


16 Se llenan de savia los árboles del Señor, los cedros del Líbano que él mismo plantó.


17 En sus ramas anidan las aves; en las hayas hacen su nido las cigüeñas;


18 en las altas montañas retozan las cabras monteses; en las peñas se resguardan los damanes.


19 Tú hiciste la luna para medir los tiempos; el sol sabe cuándo debe ocultarse.


20 Dejas caer las sombras, y anochece; y entonces corretean los animales salvajes.


21 Rugen los leones que van tras su presa, y reclaman la comida que Dios les provee.


22 Cuando sale el sol, corren a sus cuevas y satisfechos se tienden a descansar.


23 Sale entonces el hombre a sus labores, y trabaja hasta que cae la noche.


24 ¡Tus obras, Señor, son innumerables! ¡Todas las hiciste con gran sabiduría! ¡La tierra está llena de tus criaturas!


25 ¡Vean el vasto mar! ¡Contemplen su grandeza! En él se mueven incontables seres vivos, lo mismo grandes que pequeños.


26 Allí navegan las grandes naves; allí está Leviatán, que creaste para jugar con él.


27 Todos los seres esperan de ti que a su tiempo les des de comer.


28 Si abres tu mano y les das su pan, ellos lo toman y quedan satisfechos.


29 Si te escondes de ellos, se desconciertan; si les retiras su espíritu, mueren y vuelven al polvo.


30 Pero si envías tu espíritu, vuelven a la vida, y así renuevas la faz de la tierra.


31 ¡Sea tu gloria eterna, Señor! ¡Que te regocijen las obras que has hecho!


32 Si miras la tierra, ésta tiembla; si tocas los montes, éstos echan humo.


33 Señor, ¡toda mi vida te cantaré! Dios mío, ¡yo te cantaré salmos mientras viva!


34 Señor, dígnate agradarte de mis pensamientos, pues yo hallo en ti mi alegría.


35 Que sean borrados de la tierra los malvados; ¡que dejen de existir los malhechores! ¡Bendice, alma mía, al Señor! ¡Aleluya!

Salmos 105

1 1 ¡Alaben al Señor, invoquen su nombre! ¡Que los pueblos reconozcan sus obras!


2 ¡Canten, sí, cántenle salmos! ¡Proclamen todas sus maravillas!


3 ¡Regocíjense en su santo nombre! ¡Alégrense de corazón los que buscan al Señor!


4 ¡Busquen el poder del Señor! ¡Busquen siempre a Dios!


5 ¡Recuerden sus grandes maravillas, sus hechos prodigiosos y sus sabias sentencias!


6 Ustedes son los descendientes de Abrahán; ustedes son los hijos de Jacob, sus escogidos.


7 El Señor es nuestro Dios; en toda la tierra prevalecen sus juicios.


8 Nunca se olvida de su pacto, de la palabra que dictó para mil generaciones.


9 Fue un acuerdo que hizo con Abrahán, y que lo confirmó con Isaac.


10 Con Jacob lo estableció como decreto; con Israel lo hizo un pacto duradero


11 cuando dijo: «Te daré la tierra de Canaán como la herencia que te corresponde.»


12 Ellos no eran numerosos; eran unos simples forasteros.


13 Andaban de nación en nación, y de un reino a otro reino;


14 pero Dios no dejó que fueran agraviados, sino que por ellos castigó a los reyes


15 y dijo: «¡No toquen a mis ungidos! ¡No les hagan daño a mis profetas!»


16 Dios hizo que hubiera hambre en la tierra, y el trigo para el pan quedó destruido.


17 Pero antes envió a uno de sus hombres; envió a José, que fue vendido como esclavo.


18 Los egipcios le pusieron grilletes en los pies, y lo arrojaron tras los hierros de la cárcel.


19 Pero finalmente se cumplieron sus dichos, aunque la palabra de Dios lo puso a prueba.


20 El rey ordenó que le abrieran la cárcel; el señor que gobierna los pueblos lo liberó.


21 Lo nombró señor de su casa y lo puso a cargo de sus posesiones.


22 Le dio poder para frenar a los grandes, y sabiduría para enseñar a los sabios.


23 Fue así como Israel llegó a Egipto, como Jacob llegó a vivir en la tierra de Cam.


24 Pero el pueblo aumentó en número y se hizo más fuerte que los egipcios.


25 El corazón de los egipcios se llenó de odio, y decidieron hacerle mal a su pueblo.


26 Pero Dios envió a su siervo Moisés, lo mismo que a Aarón, su escogido.


27 Dios les dio el poder de hacer señales, y de realizar prodigios en la tierra de Cam.


28 Dejó caer sobre Egipto densa oscuridad, pero los egipcios no acataron su palabra.


29 Convirtió las aguas en sangre, y todos los peces murieron.


30 Vinieron entonces muchísimas ranas, que infestaron las cámaras reales.


31 Dios habló, y vinieron enjambres de moscas, y las casas se inundaron de piojos.


32 Dios dejó caer granizo como lluvia, y rayos de fuego rasgaron la tierra.


33 Destrozó los viñedos, secó las higueras, y desgajó los árboles de su país.


34 Dios habló otra vez, y vinieron langostas, y como plaga llegó el pulgón,


35 y se comió la hierba del país y acabó con los frutos de su tierra.


36 Hirió de muerte a todos sus primogénitos, a las primicias de su fuerza varonil.


37 Su pueblo salió cargado de oro y plata; en sus tribus no había un solo enfermo.


38 Cuando el pueblo salió, los egipcios se alegraron, pues ante ellos sentían un profundo terror.


39 En el desierto los cubría una nube, y un fuego los alumbraba de noche.


40 Pidieron comida, y Dios les mandó codornices; sació su hambre con el pan que cayó del cielo.


41 Dios partió la peña, y fluyeron aguas que corrieron como ríos por el desierto.


42 Dios se acordó de su santa palabra, y de su juramento a Abrahán, su siervo.


43 Su pueblo salió con gran gozo; sus elegidos salieron con gran júbilo.


44 Dios les dio las tierras de otras naciones, lo mismo que los frutos de esos pueblos,


45 para que obedecieran sus preceptos y cumplieran todos sus mandatos. ¡Aleluya!.

Salmos 106

1 1 ¡Aleluya! ¡Alabemos al Señor, porque él es bueno, porque su misericordia permanece para siempre.


2 ¿Quién podrá contar las grandes obras del Señor? ¿Quién podrá cantar sus alabanzas?


3 ¡Dichosos los que imparten justicia y siempre practican el derecho!


4 Señor, acuérdate de mí cuando tu bondad alcance a tu pueblo; ¡ven a brindarme tu salvación!


5 Déjame ver tu bondad hacia tus escogidos; déjame participar de la alegría de tu pueblo, y alabarte en compañía de los que son tuyos.


6 Somos tan pecadores como nuestros padres. Hemos hecho lo malo, hemos cometido maldad.


7 En Egipto, nuestros padres no entendieron tus maravillas; no se acordaron de tu gran misericordia, y a orillas del Mar Rojo se rebelaron contra ti.


8 Pero tú, Señor, por tu gran amor los salvaste y diste a conocer tu gran poder.


9 Reprendiste al Mar Rojo, y éste se secó, y tu pueblo pasó por el mar como por un desierto.


10 Tú los salvaste del poder del enemigo; ¡los rescataste del poder de sus adversarios!


11 El mar cubrió a sus perseguidores, y ninguno de ellos quedó con vida.


12 Entonces tu pueblo creyó en tu palabra, y con alegría te cantaron alabanzas.


13 Pero muy pronto olvidaron tus obras; no esperaron a conocer tus consejos.


14 Allí, en la soledad del desierto, se entregaron al desenfreno y te pusieron a prueba.


15 Tú les diste lo que pidieron, pero les enviaste una enfermedad mortal.


16 En el campamento, sintieron envidia de Moisés y de Aarón, a quien tú consagraste a tu servicio.


17 La tierra se abrió, y se tragó a Datán, y sepultó a la pandilla de Abirán.


18 El fuego se extendió entre ellos, y los impíos fueron consumidos por las llamas.


19 En Horeb se hicieron un becerro de oro, y ante esa horrenda imagen se arrodillaron;


20 ¡cambiaron la gloria de Dios por la imagen de un buey que come hierba!


21 Se olvidaron del Dios que los salvó; se olvidaron de sus grandes proezas en Egipto,


22 de las maravillas que hizo en tierra de Cam y de su paso asombroso por el Mar Rojo.


23 Dios llegó a pensar en destruirlos, pero Moisés, su escogido, se interpuso e impidió que, en su indignación, los destruyera.


24 Ellos despreciaron una tierra muy deseable, y no creyeron en las promesas de Dios.


25 En sus tiendas hablaron mal del Señor, y se negaron a escuchar su voz.


26 Entonces Dios levantó su mano contra ellos y juró que los haría morir en el desierto,


27 que los humillaría ante las naciones y los dispersaría por todos los países.


28 Pero el pueblo se sometió ante Baal Pegor, y participó de los sacrificios a un dios muerto.


29 Esto les acarreó la ira de Dios, y una plaga mortal cayó sobre ellos.


30 Pero Finés se interpuso y castigó al culpable, y entonces la plaga se detuvo.


31 Dios tomó su acción como un acto de justicia, el cual permanece por siempre y para siempre.


32 Junto a las aguas en Meriba irritaron al Señor, y por culpa de ellos le fue mal a Moisés,


33 pues hicieron que su ánimo se exaltara, y que hablara con precipitación.


34 No destruyeron a los pueblos que el Señor les ordenó destruir,


35 sino que se mezclaron con ellos y asimilaron sus malas costumbres;


36 rindieron culto a sus ídolos, y eso los llevó a la ruina;


37 ofrecieron a sus hijos y a sus hijas en sacrificio a esos demonios,


38 y así derramaron sangre inocente; sangre que fue ofrecida a los dioses de Canaán, sangre que dejó manchada la tierra.


39 Esos hechos los hicieron impuros, pues actuaron como un pueblo infiel.


40 El Señor se enfureció contra su pueblo, y sintió repugnancia por los que eran suyos.


41 Los dejó caer en manos de los paganos, y fueron sometidos por quienes los odiaban.


42 Sus enemigos los oprimieron; los sometieron bajo su poder.


43 Muchas veces el Señor los libró, pero ellos optaron por ser rebeldes, y por su maldad fueron humillados.


44 Al verlos Dios angustiados, y al escuchar su clamor,


45 se acordaba de su pacto con ellos, y por su gran misericordia los volvía a perdonar


46 y hacía que todos sus opresores les tuvieran compasión.


47 Señor y Dios nuestro, ¡sálvanos! ¡haz que regresemos de entre las naciones para que alabemos tu santo nombre, y alegres te cantemos alabanzas!


48 ¡Bendito seas Señor, Dios de Israel, desde siempre y hasta siempre! Que todo el pueblo diga: «¡Amén!» ¡Aleluya!.

Salmos 107

1 LIBRO V 1 ¡Alabemos al Señor, porque él es bueno; porque su misericordia es constante!


2 Que lo afirmen los redimidos por Dios, los que salvó del poderoso enemigo,


3 los que reunió desde lejanas tierras, Del oriente y del occidente, Del norte y del sur.


4 Perdidos en el desierto, no hallaban un camino que los llevara a una ciudad habitable.


5 Andaban hambrientos y sedientos, con el alma a punto de desfallecer.


6 En su angustia, clamaron al Señor, y él los libró de sus aflicciones,


7 los guió por un buen camino, hasta encontrar una ciudad habitable.


8 ¡Alabemos la misericordia del Señor y sus grandes hechos en favor de los mortales!


9 El Señor sacia la sed del sediento, y colma con buena comida al hambriento.


10 Algunos vivían en profunda oscuridad, prisioneros de la aflicción y las cadenas,


11 pues fueron rebeldes a los mandatos de Dios y despreciaron los proyectos del Altísimo.


12 Dios quebrantó su orgullo con trabajos pesados; caían, y no había quien los levantara.


13 Pero en su angustia clamaron al Señor, y él los salvó de toda su aflicción;


14 los sacó de la profunda oscuridad, y puso fin a su aflicción y sus cadenas.


15 ¡Alabemos la misericordia del Señor, y sus grandes hechos en favor de los mortales!


16 Él destruye las puertas de bronce, y despedaza los cerrojos de hierro.


17 Obstinados en su conducta rebelde, y afligidos por causa de sus maldades,


18 llegaron a aborrecer toda clase de alimento; ¡ya tocaban a las puertas de la muerte!


19 Pero en su angustia clamaron al Señor, Y él los libró de su aflicción.


20 Con el poder de su palabra los sanó, y los libró de caer en el sepulcro.


21 ¡Alabemos la misericordia del Señor, y sus grandes hechos en favor de los mortales!


22 ¡Ofrezcámosle sacrificios de gratitud, y jubilosos proclamemos sus obras!


23 Los marinos, que conocen el mar, con sus naves comercian en muchos lugares.


24 Allí, en lo profundo del mar, han visto las maravillosas obras del Señor.


25 Él habló, y se desató un viento tempestuoso, y gigantescas olas se encresparon.


26 Se levantaban hacia el cielo, o se hundían en el mar; y ellos se desanimaban y temblaban de miedo.


27 Inseguros, daban traspiés, como ebrios; ¡de nada les servía toda su pericia!


28 Pero en su angustia clamaron al Señor, Y él los libró de su aflicción:


29 convirtió la tempestad en bonanza, y apaciguó las amenazantes olas.


30 Ante esa calma, sonrieron felices porque él los lleva a puerto seguro.


31 ¡Alabemos la misericordia del Señor, y sus grandes hechos en favor de los mortales!


32 ¡Que lo exalte el pueblo congregado! ¡Que lo alabe el consejo de ancianos!


33 El Señor convierte ríos y manantiales, en sequedades y áridos desiertos;


34 por la maldad de sus habitantes deja estéril la tierra generosa;


35 convierte el desierto en lagunas, y la tierra seca en manantiales.


36 Allí se establecen los que sufren de hambre, y fundan ciudades donde puedan vivir.


37 Luego siembran los campos, y plantan sus viñas, y recogen abundantes cosechas.


38 Dios los bendice y les da muchos hijos, y no deja que sus ganados se reduzcan.


39 Pero si disminuyen y son humillados, es por causa de la opresión, la maldad y la congoja.


40 Pero el Señor desprecia a los tiranos, y los hace perderse en desiertos sin camino.


41 El Señor rescata al pobre de su miseria, y multiplica sus hijos como rebaños de ovejas.


42 Al ver esto, los fieles se alegran, y los malvados guardan silencio.


43 Si hay alguien sabio, que cumpla con esto, y que entienda que el Señor es misericordioso.

Salmos 108

1 Cántico. Salmo de David. 1 Mi corazón está dispuesto, Dios mío; quiero cantar salmos en tu honor.


2 ¡Despierten, salterio y arpa, que voy a despertar al nuevo día!


3 Yo, Señor, te alabaré entre los pueblos; te cantaré salmos entre las naciones,


4 pues tu bondad es más grande que los cielos; ¡hasta las nubes llega tu verdad!


5 Tú, mi Dios, estás por encima de los cielos; ¡tu gloria domina toda la tierra!


6 ¡Sálvanos con tu diestra! ¡Respóndenos! ¡Así se salvará tu pueblo amado!


7 En su santuario, Dios ha sentenciado: «Con gran alegría fraccionaré Siquén, y dividiré en parcelas el valle de Sucot.


8 Galaad y Manasés me pertenecen, Efraín es un yelmo en mi cabeza, y Judá es un cetro en mi mano.


9 Moab es la vasija en que me lavo, sobre Edom arrojaré mis sandalias, y sobre Filistea proclamaré mi victoria.»


10 ¿Y quién me dará entrada en Edom? ¿Quién me hará entrar en esa ciudad amurallada?


11 ¿No eres tú, mi Dios, quien nos ha desechado? ¿No eres tú quien ya no sale con nuestros ejércitos?


12 Bríndanos tu apoyo contra el enemigo, pues vana resulta la ayuda de los hombres.


13 Por ti, Dios nuestro, haremos proezas; ¡tú harás morder el polvo a nuestros enemigos!.

Salmos 109

1 Al músico principal. Salmo de David. 1 Dios de mi alabanza, ¡no te quedes callado!


2 Gente malvada y mentirosa habla en contra mía, y con sus mentiras me calumnia.


3 Con palabras llenas de odio me persiguen, y pelean contra mí sin tener motivo.


4 Yo los trato con amor, y ellos me pagan con odio; ¡pero yo sigo orando por ellos!


5 Les hago un bien y me pagan con un mal; me tratan con odio, aunque yo los amo.


6 ¡Que lo juzgue un juez injusto! ¡Que el maligno lo condene!


7 ¡Que sea declarado culpable! ¡Que su oración revele su maldad!


8 ¡Que sus años de vida se reduzcan, y que otro se quede con su oficio!


9 ¡Que se queden huérfanos sus hijos! ¡Que se quede viuda su mujer!


10 ¡Que sus hijos se queden sin techo, y que mendiguen el pan lejos de sus ruinas!


11 ¡Que sus acreedores les quiten todos sus bienes! ¡Que gente extraña los despoje de sus posesiones!


12 ¡Que nadie tenga de él misericordia! ¡Que nadie compadezca a sus huérfanos!


13 ¡Que no quede rastro de sus descendientes! ¡Que su nombre sea borrado de la generación siguiente!


14 Señor, ¡no olvides la maldad de su padre! ¡Ten presente el pecado de su madre!


15 Señor, ¡no pases por alto su maldad, y borra de la tierra su memoria!


16 Porque éste se olvidó de la misericordia, y persiguió hasta darle muerte al miserable que sufre y tiene roto el corazón.


17 Ya que amó la maldición, ¡que sea maldito! Despreció la bendición, ¡que nunca sea bendecido!


18 La maldad lo envolvió como un manto; como agua, penetró en todo su ser; como aceite, le caló hasta los huesos.


19 ¡Pues que lo envuelva la maldad como un manto, y que lo oprima para siempre como un cinto!


20 ¡Así les pague el Señor a los que me acusan, a los que me calumnian y buscan mi mal!


21 Pero tú, mi Señor y Dios, ¡trátame bien por causa de tu nombre! Por tu bondad y misericordia, ¡sálvame!


22 Te necesito, pues estoy muy afligido; mi corazón tiene profundas heridas.


23 Siento que me muero, como muere el día; soy sacudido como una langosta.


24 Las rodillas se me doblan por causa del ayuno, estoy tan débil que mi cuerpo desfallece.


25 Soy para la gente objeto de burla; los que me ven, mueven burlones la cabeza.


26 Señor y Dios mío, ¡ayúdame!; por tu gran misericordia, ¡sálvame!


27 Así sabrán que esto viene de tu mano, y que eres tú, Señor, quien me ha salvado.


28 No importa que me maldigan, ¡bendíceme tú! Podrán atacarme, pero quedarán avergonzados, mientras que este siervo tuyo se regocijará.


29 Cubre de vergüenza a los que me critican; ¡que la confusión los envuelva como un manto!


30 Yo te alabaré, Señor, con mucho gozo; ¡te cantaré en medio de una gran multitud!


31 Porque defiendes al que nada tiene, y lo libras de quienes lo condenan a muerte.

Salmos 110 

1 Salmo de David. 1 Palabra del Señor a mi señor: «Siéntate a mi derecha, hasta que yo ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.»


2 Desde Sión el Señor extenderá tu cetro real, para que domines a todos tus enemigos.


3 En el día de tu victoria tu ejército se te entregará por completo, sobre los montes santos. Al despertar la aurora, tu juventud se fortalecerá con el rocío.


4 El Señor lo ha prometido, y no va a cambiar de parecer: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.»


5 El Señor está a tu derecha. En el día de su ira, derrotará reyes,


6 dictará sentencia entre las naciones, y causará una gran mortandad al doblegar a los poderosos de otras naciones.


7 En el camino, beberás agua de un arroyo, y con eso recobrarás las fuerzas.

Salmos 111

1 Aleluya. 1 Alabaré al Señor de todo corazón, en compañía de la comunidad de los fieles.


2 Las obras del Señor son grandes; todos los que las desean, las buscan.


3 La creación del Señor es hermosa, y su justicia permanece para siempre.


4 El Señor es bondadoso y compasivo, y todo lo que hace merece recordarse.


5 El Señor alimenta a quienes lo honran, y nunca se olvida de su pacto.


6 Reveló a su pueblo su gran poder, y le dio en propiedad las tierras de otras naciones.


7 Todo lo que él hace es justo y verdadero; sus mandamientos son dignos de confianza.


8 Se mantendrán firmes para siempre, porque los hizo con verdad y rectitud.


9 El Señor rescató a su pueblo, y estableció su pacto para siempre. El nombre del Señor es santo y temible.


10 El principio de la sabiduría es el temor al Señor. Quienes practican esto adquieren entendimiento y alaban al Señor toda su vida.

Salmos 112

1 Aleluya. 1 Dichoso el hombre que honra al Señor y se deleita obedeciendo sus mandatos.


2 Sus hijos tendrán poder en la tierra, y serán bendecidos por su rectitud.


3 Su casa rebosará de bienestar y de riquezas, y su justicia permanecerá para siempre.


4 Para los justos, la luz brilla en las tinieblas. Dios es bueno, justo y compasivo.


5 El hombre bueno es compasivo y generoso; todos sus negocios los maneja con justicia,


6 y por eso nunca tendrá tropiezos. El hombre justo siempre será recordado;


7 vivirá sin temor a las malas noticias, y su corazón estará firme y confiando en el Señor.


8 Su corazón estará tranquilo, sin ningún temor, y llegará a ver la caída de sus enemigos.


9 El justo comparte con los pobres lo que tiene; su justicia permanece para siempre, y con mucha honra puede ostentar su poder.


10 El malvado lo ve y se enoja; rechinando los dientes, se irá consumiendo; pero sus malos deseos no prosperarán.

Salmos 113

1 Aleluya. 1 Ustedes, siervos del Señor, ¡alábenlo! ¡Alaben el nombre del Señor!


2 ¡Bendito sea el nombre del Señor desde ahora y para siempre!


3 ¡Alabado sea el nombre del Señor desde la salida del sol hasta su ocaso!


4 El Señor está por encima de todas las naciones; ¡su gloria sobrepasa las alturas de los cielos!


5 ¿Quién como el Señor nuestro Dios? El Señor tiene su trono en las alturas,


6 pero se digna inclinarse para ver lo que ocurre en el cielo y en la tierra.


7 El Señor levanta de la nada al pobre, y saca del muladar al pordiosero,


8 para darles a los dos un lugar entre los príncipes, entre los gobernantes de su pueblo.


9 El Señor concede a la mujer estéril un hogar y la alegría de tener hijos. ¡Aleluya!.

Salmos 114

1 1 Cuando los israelitas salieron de Egipto, y la familia de Jacob abandonó ese pueblo extraño,


2 Judá se convirtió en el santuario del Señor y el pueblo de Israel llegó a ser su dominio.


3 Cuando el mar vio al Señor, se retiró; también el río Jordán dejó de fluir.


4 Los montes saltaban como carneros, ¡las colinas brincaban como corderitos!


5 Dime, mar, ¿por qué te retiraste? Y tú, Jordán, ¿por qué dejaste de fluir?


6 Y ustedes, montes y colinas, ¿por qué saltaban como carneros? ¿Por qué brincaban como corderitos?


7 En presencia del Señor, la tierra tiembla; ¡tiembla en presencia del Dios de Jacob!


8 El Señor convirtió la peña en un manantial; ¡convirtió la roca en fuentes cristalinas!.

Salmos 115 

1 1 No somos nosotros, Señor, no somos nosotros dignos de nada. ¡Es tu nombre el que merece la gloria por tu misericordia y tu verdad!


2 Por qué han de preguntarnos los paganos: «¿Y dónde está su Dios?»


3 Nuestro Dios está en los cielos, y él hace todo lo que quiere hacer.


4 Los dioses de ellos son de oro y plata; son producto de la mano del hombre.


5 Tienen boca, pero no hablan; tienen ojos, pero no ven;


6 tienen orejas, pero no oyen; tienen narices, pero no huelen;


7 tienen manos, pero no palpan; tienen pies, pero no caminan; ¡de su garganta no sale ningún sonido!


8 ¡Iguales a ellos son quienes los fabrican, y todos los que en ellos ponen su confianza!


9 Pueblo de Israel, confía en el Señor; él es quien te ayuda y te protege.


10 Ustedes los sacerdotes, confíen en el Señor; él es quien los ayuda y los protege.


11 Ustedes, temerosos del Señor, confíen en él; él es quien los ayuda y los protege.


12 El Señor no nos olvida, y nos bendecirá; bendecirá al pueblo de Israel; bendecirá a los descendientes de Aarón;


13 bendecirá a los que le temen; bendecirá a los débiles y a los poderosos.


14 El Señor añadirá sus bendiciones sobre ustedes y sobre sus hijos.


15 ¡Benditos sean ustedes por el Señor, creador del cielo y de la tierra!


16 Los cielos son los cielos del Señor; a los mortales nos ha dado la tierra.


17 Los muertos, los que han bajado al sepulcro, ya no pueden alabar al Señor;


18 pero nosotros, los que aún vivimos, alabaremos al Señor ahora y siempre. ¡Aleluya!.

Salmos 116

1 1 Yo amo al Señor porque él me escucha, porque oye mi voz cargada de súplicas.


2 El Señor se digna escucharme; por eso lo invocaré mientras viva.


3 Los lazos de la muerte me envolvieron, y me angustié al verme tan cerca del sepulcro; mi vida era de angustia y de aflicción constante.


4 Pero en el nombre del Señor clamé: «Señor, ¡te ruego que me salves la vida!»


5 El Señor es justo y compasivo; nuestro Dios es todo bondad.


6 El Señor protege a la gente sencilla. Yo estuve muy enfermo, y él me levantó.


7 ¡Alma mía, ya puedes estar tranquila, porque el Señor me ha tratado con bondad.


8 Tú, Señor, me libraste de la muerte, enjugaste mis lágrimas y no me dejaste caer.


9 Por eso, Señor, mientras tenga vida, viviré según tu voluntad.


10 Yo tenía fe, aun cuando dije: «¡Es muy grande mi aflicción!»


11 Era tal mi desesperación, que exclamé: «¡No hay nadie digno de confianza!»


12 ¿Con qué voy a pagarle al Señor tantas bendiciones que de él he recibido?


13 ¡Sólo ofreciendo libaciones por su salvación, e invocando el nombre del Señor!


14 ¡Sólo cumpliendo al Señor mis promesas en presencia de todo su pueblo!


15 A los ojos del Señor es muy valiosa la muerte de quienes lo aman.


16 Señor, yo soy tu siervo; mi madre fue tu sierva, y yo también lo soy, pues me libraste de mis cadenas.


17 El sacrificio que te ofrezco es mi alabanza; voy, Señor, a proclamar tu nombre.


18 Voy a cumplirte mis promesas en presencia de todo tu pueblo,


19 en los atrios de tu templo, Señor; ¡en medio de ti, ciudad de Jerusalén! ¡Aleluya!.

Salmos 117

1 1 Ustedes, naciones todas, ¡alaben al Señor! Y ustedes, pueblos todos, ¡alaben al Señor!


2 ¡Grande es su misericordia por nosotros! ¡La fidelidad del Señor permanece para siempre! ¡Aleluya!

Salmos 118

1 1 ¡Alabemos al Señor, porque él es bueno; porque su misericordia permanece para siempre!


2 Que lo diga ahora Israel: «¡Su misericordia permanece para siempre!»


3 Que lo digan los descendientes de Aarón: «¡Su misericordia permanece para siempre!»


4 Que lo digan los temerosos del Señor: «¡Su misericordia permanece para siempre!»


5 En medio de la angustia clamé al Señor, y él me respondió y me dio libertad.


6 El Señor está conmigo; no tengo miedo de lo que simples mortales me puedan hacer.


7 El Señor está conmigo y me brinda su ayuda; ¡he de ver derrotados a los que me odian!


8 Es mejor confiar en el Señor que confiar en simples mortales.


9 Es mejor confiar en el Señor que confiar en gente poderosa.


10 Todas las naciones me han rodeado, pero en el nombre del Señor las venceré.


11 Me han rodeado y me acosan, pero en el nombre del Señor las venceré.


12 Zumban a mi alrededor, como abejas; crepitan como espinos que arden; pero en el nombre del Señor las venceré.


13 Me empujan con violencia, para hacerme caer, pero el Señor me sostendrá.


14 El Señor es mi fuerza, y a él dedico mi canto porque en él he hallado salvación.


15 En el campamento de los hombres justos se oyen gritos jubilosos de victoria: «¡La diestra del Señor hace grandes proezas!


16 ¡La diestra del Señor se ha levantado! La diestra del Señor hace grandes proezas!»


17 No voy a morir. Más bien, voy a vivir para dar a conocer las obras del Señor.


18 Aunque el Señor me castigó con dureza, no me entregó a la muerte.


19 ¡Ábranme las puertas donde habita la justicia! ¡Quiero entrar por ellas para alabar al Señor!


20 Ellas son las puertas que llevan al Señor, y por ellas entran quienes son justos.


21 Te alabo, Señor, porque me escuchas, y porque me das tu salvación.


22 La piedra que los constructores rechazaron, ha llegado a ser la piedra angular.


23 Esto viene de parte del Señor, y al verlo nuestros ojos se quedan maravillados.


24 Éste es el día que el Señor ha hecho; y en él nos alegraremos y regocijaremos.


25 Señor, ¡te ruego que vengas a salvarnos! ¡Te ruego que nos concedas la victoria!


26 ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! Desde el templo del Señor los bendecimos.


27 El Señor es Dios, y nos brinda su luz. ¡Que comience la fiesta! ¡Aten las ofrendas a los cuernos del altar!


28 Tú eres mi Dios, y siempre te alabaré; siempre, Dios mío, exaltaré tu nombre.


29 ¡Alabemos al Señor, porque él es bueno; porque su misericordia permanece para siempre!.

Salmos 119

1 Álef 1 Dichosos los de conducta perfecta, los que siguen las enseñanzas del Señor.


2 Dichosos los que cumplen sus testimonios, y lo buscan de todo corazón.


3 Ellos no cometen ninguna maldad, porque van por los caminos del Señor.


4 Tú, Señor, has ordenado que se cumplan bien tus mandamientos.


5 ¡Cómo quisiera ordenar mis caminos para cumplir con tus estatutos!


6 Así no sentiría yo vergüenza de atender a todos tus mandamientos.


7 Te alabaré con un corazón sincero cuando haya aprendido tus justas sentencias.


8 Quiero obedecer tus estatutos; ¡no me abandones del todo!


9 Bet ¿Cómo puede el joven limpiar su camino? ¡Obedeciendo tu palabra!


10 Yo te he buscado de todo corazón; ¡no dejes que me aparte de tus mandamientos!


11 En mi corazón he atesorado tus palabras, para no pecar contra ti.


12 ¡Bendito seas, Señor! ¡Permíteme aprender tus estatutos!


13 Con mis labios siempre proclamo todas las sentencias que has dictado.


14 Me alegra seguir el camino de tus testimonios más que poseer muchas riquezas.


15 Siempre medito en tus mandamientos, y fijo mi atención en tus sendas.


16 Mi alegría es el cumplir tus estatutos; ¡nunca me olvido de tus palabras!


17 Guímel Concédele a tu siervo una larga vida, y obedecer siempre tu palabra.


18 Ábreme los ojos para contemplar las grandes maravillas de tus enseñanzas.


19 En este mundo estoy de paso; ¡no escondas de mí tus mandamientos!


20 Con ansias anhela mi alma conocer en todo tiempo tus sentencias.


21 Tú reprendes a los soberbios y malvados que se apartan de tus mandamientos.


22 Aparta de mí la vergüenza y el desprecio, porque yo he cumplido con tus testimonios.


23 Los magnates se reunieron para condenarme, pero este siervo tuyo meditaba en tus estatutos.


24 Yo me deleito en tus testimonios, porque son mis mejores consejeros.


25 Dálet Me siento totalmente desanimado; ¡infúndeme vida, conforme a tu palabra!


26 Te he contado mis planes, y me has respondido; ahora dame a conocer tus estatutos.


27 Hazme entender cómo andar en tus mandatos, para que medite yo en tus maravillas.


28 La ansiedad me corroe el alma; ¡susténtame con tu palabra!


29 Apártame de andar tras la mentira, y en tu misericordia enséñame tu ley.


30 Yo he escogido seguirte fielmente; y tengo presentes tus sentencias.


31 Señor, yo me ciño a tus testimonios; ¡no permitas que sea yo avergonzado!


32 Quiero seguir la senda de tus mandamientos, porque tú le das libertad a mi corazón.


33 He Señor, guíame por el camino de tus estatutos, y yo los obedeceré hasta el fin.


34 Hazme entender tu ley, para cumplirla; la obedeceré de todo corazón.


35 Encamíname hacia tus mandamientos, porque en ellos me deleito.


36 Inclina mi corazón hacia tus testimonios, y no hacia la avaricia.


37 Aparta mis ojos de los dioses falsos, y dame vida para andar contigo.


38 Confirma tu palabra a tu siervo, porque este siervo tuyo te honra.


39 Aléjame del temor a la deshonra, porque tú eres bondadoso en tus juicios.


40 Ansío conocer tus mandamientos; ¡dame vida conforme a tu justicia!


41 Vau Señor, ten misericordia de mí, y envíame tu salvación, como lo has prometido.


42 Así responderé a los que se burlan de mí, que yo he puesto en ti mi confianza.


43 No quites de mis labios la verdad de tu palabra, pues he puesto mi esperanza en tu justicia.


44 Yo cumpliré siempre tu ley, desde ahora y para siempre.


45 Sólo así seré completamente libre, pues he buscado seguir tus mandamientos.


46 En presencia de reyes hablaré de tus testimonios, y no tendré de qué avergonzarme.


47 Tus mandamientos son mi alegría, porque los amo profundamente.


48 Con amor levanto mis manos hacia tus mandamientos, y medito en tus estatutos.


49 Záyin Recuerda las promesas que me hiciste, en las cuales he puesto mi esperanza.


50 En mi aflicción, ellas son mi consuelo; pues tu palabra me infunde nueva vida.


51 Los soberbios se burlan mucho de mí, pero ni así me aparto de tu ley.


52 Mi consuelo, Señor, es recordar que tu justicia es siempre la misma.


53 Me horroriza pensar que hay malvados que se mantienen alejados de tu ley.


54 Aunque en este mundo estoy de paso, mis canciones son tus estatutos.


55 Por las noches pienso en ti, Señor, pues quiero obedecer tu ley.


56 Esto es lo que me ha tocado: poner en práctica tus mandamientos.


57 Jet Señor, tú eres todo lo que tengo, y prometo que obedeceré tu palabra.


58 De todo corazón busco tu presencia; ten compasión de mí, conforme a tu promesa.


59 He estado pensando en mis acciones, y decidí encaminar mis pies hacia tus estatutos.


60 Voy a darme prisa, y sin tardanza cumpliré con tus mandamientos.


61 Me hallo sujeto a gente sin piedad, pero no me olvido de tu ley.


62 Me levanto a medianoche, y te alabo porque tus juicios son rectos.


63 Soy amigo de todos los que te honran, de todos los que obedecen tus preceptos.


64 Señor, tu misericordia llena la tierra; ¡enséñame tus decretos!


65 Tet Señor, tú has tratado con bondad a tu siervo, de acuerdo a lo que le prometiste.


66 Enséñame a tener sabiduría y buen juicio, pues yo creo en tus mandamientos.


67 Antes de sufrir, yo andaba descarriado; pero ahora obedezco tu palabra.


68 Tú eres bueno, y me tratas bien; enséñame tus estatutos.


69 Gente arrogante inventa mentiras en mi contra, pero yo cumplo tus mandamientos de todo corazón.


70 Esa gente tiene el corazón insensible, pero yo me regocijo con tu ley.


71 Me convino que me hayas castigado, porque así pude aprender tus estatutos.


72 Para mí, es mejor la ley que mana de tus labios que miles de monedas de oro y plata.


73 Yod Tú, con tus propias manos me formaste; dame la capacidad de comprender tus mandamientos.


74 Cuando me vean los que te honran, se alegrarán, porque en tu palabra he puesto mi esperanza.


75 Señor, yo sé que tus juicios son justos, y que por tu fidelidad me afligiste.


76 Muéstrame tu misericordia, y ven a consolarme, pues ésa fue tu promesa a este siervo tuyo.


77 Compadécete de mí, y viviré, pues en tu ley encuentro mi deleite.


78 Avergüenza a esos arrogantes que me calumnian; por mi parte, yo meditaré en tus mandamientos.


79 Que se unan a mí aquellos que te honran, aquellos que conocen tus testimonios.


80 Perfecciona mi corazón con tus estatutos, para que no tenga de que avergonzarme.


81 Caf Siento que me muero esperando tu salvación, pero sigo confiando en tu palabra.


82 Los ojos se me apagan esperando tu promesa, y me pregunto: «¿Cuándo vendrás a consolarme?»


83 Me siento tan inútil como un odre viejo, pero tengo presentes tus estatutos.


84 ¿Cuántos años más me quedan de vida? ¿Cuándo dictarás sentencia contra mis enemigos?


85 Gente altanera me han tendido trampas, pues no actúan de acuerdo con tu ley.


86 Todos tus mandamientos son verdaderos; ¡ayúdame, porque sin razón soy perseguido!


87 Poco ha faltado para que me derriben, pero ni así me he apartado de tus mandamientos.


88 ¡Dame vida, conforme a tu misericordia, para que cumpla los testimonios que has emitido!


89 Lámed Señor, tu palabra es eterna, y permanece firme como los cielos.


90 Tu fidelidad es la misma por todas las edades; tú afirmaste la tierra, y ésta permanece firme.


91 Por tus decretos, todo subsiste hoy, y todo está a tu servicio.


92 Si en tu ley no hallara mi regocijo, la aflicción ya habría acabado conmigo.


93 Jamás me olvidaré de tus mandamientos, porque con ellos me has devuelto la vida.


94 Mi vida te pertenece; ¡sálvame, Señor, pues yo estudio tus mandamientos!


95 Los malvados buscan cómo destruirme, pero yo trato de entender tus testimonios.


96 He visto que aun lo perfecto se acaba, pero tus mandamientos son eternos.


97 Mem ¡Cuánto amo yo tus enseñanzas! ¡Todo el día medito en ellas!


98 Me has hecho más sabio que a mis perseguidores, porque tus enseñanzas están siempre conmigo.


99 Entiendo más que mis maestros, porque tus testimonios son mi meditación.


100 Comprendo mejor que los ancianos, porque obedezco tus mandamientos;


101 Me he apartado de todo mal camino, para obedecer tu palabra.


102 No me he apartado de tus juicios porque eres tú quien me dirige.


103 ¡Cuán dulces son tus palabras en mi boca! ¡Son más dulces que la miel en mis labios!


104 Tus mandamientos me han dado inteligencia; por eso odio toda senda de mentira.


105 Nun Tu palabra es una lámpara a mis pies; ¡es la luz que ilumina mi camino!


106 Me comprometí, y no me arrepiento: voy a obedecer tus justas sentencias.


107 Señor, me encuentro muy afligido; dame vida, conforme a tu promesa.


108 Señor, espero que te agraden mis votos; enséñame a entender tus juicios.


109 Mi vida está siempre en peligro, pero yo no me olvido de tu ley.


110 Gente malvada me ha tendido trampas, pero yo no me he apartado de tus mandamientos.


111 Tengo tu palabra como herencia eterna, porque ellos me alegran el corazón.


112 De corazón me dispongo a cumplir tus estatutos siempre, hasta el fin de mis días.


113 Sámej No soporto a la gente hipócrita, pero amo tus enseñanzas.


114 Tú eres mi escondite; eres mi escudo; en tu palabra he puesto mi esperanza.


115 Ustedes los malhechores: ¡apártense de mí, que quiero obedecer los mandamientos de mi Dios!


116 Aliméntame con tu palabra, y viviré; ¡no permitas que se frustre mi esperanza!


117 Sosténme, y estaré a salvo, y siempre me alegraré en tus estatutos.


118 Tú humillas a los que se apartan de tus estatutos, porque su astucia es pura falsedad.


119 Consumes como a basura a todos los malvados, por eso yo amo tus testimonios.


120 Todo mi ser se estremece de temor; ¡tiemblo a causa de tus sentencias!


121 Ayin Yo practico el derecho y la justicia; ¡no me dejes caer en poder de mis enemigos!


122 Trata con bondad a este siervo tuyo; que no se aprovechen de mí los soberbios.


123 Mis ojos desfallecen esperando que me salves, y que con tu palabra me hagas justicia.


124 Trátame con misericordia, y enséñame tus estatutos.


125 Yo soy tu siervo, y quiero entender y llegar a conocer tus testimonios.


126 Señor, ¡llegó el momento de que actúes, pues los malvados han anulado tu ley!


127 Por eso yo amo tus mandamientos, porque son mejores que el oro más puro.


128 Yo estimo la rectitud y pureza de tus mandamientos; por eso me he alejado de la senda de mentira.


129 Pe Tus testimonios son admirables; por eso son el tesoro de mi alma.


130 La enseñanza de tus palabras ilumina; y hasta la gente sencilla las entienden.


131 Grandes son mi sed y mis ansias por recibir y entender tus mandamientos.


132 Mírame, y ten misericordia de mí, como la tienes con quienes te aman.


133 Ordena mis pasos con tu palabra, Para que el pecado no me domine.


134 Protégeme de los hombres violentos, porque deseo obedecer tus mandamientos.


135 Alumbra con tu presencia a este siervo tuyo, y enséñame tus estatutos.


136 De mis brota el llanto a mares, porque hay gente que no obedece tu ley.


137 Tsade Tú, Señor, eres justo, y tus sentencias son rectas.


138 Los mandamientos que nos has dado son también justos y verdaderos.


139 Pero el enojo me consume, porque mis enemigos olvidaron tu palabra.


140 Tu palabra es todo pureza; por eso yo, tu siervo, la amo.


141 Yo soy insignificante, y nada valgo, pero no me olvido de tus mandamientos.


142 Tu justicia es siempre justa, y tu ley es la verdad.


143 La aflicción y la angustia me dominan, pero el gozo de tus mandamientos me levanta.


144 Tus testimonios son siempre justos; dame entendimiento y viviré.


145 Cof Señor, yo te llamo con todo el corazón; ¡respóndeme, y cumpliré tus estatutos!


146 ¡Sálvame, pues a ti elevo mi clamor! ¡Quiero obedecer tus testimonios!


147 Clamo a ti antes de que amanezca, y me quedo esperando tu respuesta.


148 Me mantengo despierto toda la noche para meditar en tus mandatos.


149 Señor, escúchame, por tu misericordia; ¡dame vida, conforme a tu justicia!


150 Mis malvados perseguidores ya están cerca, pero de tu ley están muy lejos.


151 Pero tú, Señor, sí estás muy cerca, y todos tus mandamientos son verdad.


152 Hace tiempo llegué a conocer tus mandatos, los cuales estableciste para la eternidad.


153 Resh Mira mi aflicción, y ven a salvarme, pues no me he olvidado de tu ley.


154 ¡Defiéndeme, y ponme a salvo! ¡Dame vida con tu palabra!


155 Los malvados están lejos de tu salvación, porque no buscan tus estatutos.


156 Señor, tú eres muy bondadoso; ¡dame vida de acuerdo a tu justicia!


157 Son muchos los enemigos que me persiguen, pero yo no me aparto de tus testimonios.


158 No soporto ver a esos traidores, porque no obedecen tus palabras.


159 Señor, ¡mira cuánto amo tus mandamientos! ¡dame vida, conforme a tu misericordia!


160 La verdad es la esencia de tu palabra, y tus juicios son siempre justos.


161 Shin Los poderosos me persiguen sin motivo, pero yo respeto y honro tu palabra.


162 Es tal la alegría que me causa tu palabra que es como hallar un gran tesoro.


163 No soporto la mentira. ¡La aborrezco! Pero amo tus enseñanzas.


164 Siete veces al día te alabo porque tus juicios son siempre justos.


165 Los que aman tu ley viven en completa paz, porque saben que no tropezarán.


166 Señor, espero que me salves; mientras viva, cumpliré tus mandamientos.


167 Toda mi vida he obedecido tus estatutos, pues son el gran amor de mi vida.


168 He cumplido tus mandamientos y tus testimonios pues tú sabes todo lo que hago.


169 Tav Señor, ¡escucha mi clamor! ¡Dame entendimiento, conforme a tu palabra!


170 ¡Que llegue mi oración a tu presencia! ¡Líbrame, como lo has prometido!


171 De mis labios se desbordará la alabanza cuando me hayas enseñado tus estatutos.


172 Con mis labios proclamaré tu palabra, porque todos tus mandamientos son justos.


173 Extiende tu mano para socorrerme, porque he elegido obedecer tus mandamientos.


174 Señor, yo espero que me salves, porque me deleito en tu ley.


175 Concédeme vida para alabarte, y sosténme con tus juicios.


176 Ando sin rumbo, como oveja perdida; ¡ven en busca de este siervo tuyo que no ha olvidado tus mandamientos!

Salmos 120

1 Cántico gradual. 1 En mi angustia, clamé al Señor, y el Señor me respondió.


2 ¡Líbrame, Señor, de los mentirosos, de la gente de lengua embustera!


3 Tú, lengua mentirosa, ¿qué ganas con engañar a todos?


4 ¡Serás asaeteado con agudas flechas, ardientes como el fuego de retama!


5 ¡Ay de mí! ¡Soy un extranjero en Mesec! ¡Habito entre las tiendas de Cedar!


6 ¡Ya he convivido mucho tiempo con los que no pueden vivir en paz!


7 Aunque soy un hombre de paz, cuando les hablo, me declaran la guerra.

Salmos 121 

1 Cántico gradual. 1 Elevo mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro?


2 Mi socorro viene del Señor, creador del cielo y de la tierra.


3 El Señor no dejará que resbales; el que te cuida jamás duerme.


4 Toma en cuenta que nunca duerme el protector de Israel.


5 El Señor es tu protector; el Señor es como tu sombra: ¡siempre está a tu mano derecha!


6 Ni el sol te fatigará de día, ni la luna te agobiará en la noche.


7 El Señor te librará de todo mal; el Señor protegerá tu vida.


8 El Señor te estará vigilando cuando salgas y cuando regreses, desde ahora y hasta siempre.

Salmos 122

1 Cántico gradual. De David. 1 Yo me alegro con los que me dicen: «Vamos a la casa del Señor.»


2 Ya nuestros pies se dan prisa; ¡ya estamos, Jerusalén, ante tus puertas!


3 La ciudad de Jerusalén fue construida como centro de reunión de la comunidad.


4 Todas las tribus del Señor llegan a ella, cumpliendo con la orden dada a Israel de alabar allí el nombre del Señor.


5 Allí se encuentran los tribunales de justicia; allí está el trono de la casa de David.


6 Pidamos por la paz de Jerusalén, y porque prosperen los que te aman.


7 Que haya paz dentro de tus murallas, y se respire tranquilidad en tus palacios.


8 Por mis hermanos y mis compañeros, ruego a Dios que haya paz en ti.


9 Por el templo del Señor nuestro Dios, pido a Dios que te dé bienestar.

Salmos 123 

1 Cántico gradual. 1 Hacia ti, Señor, levanto mis ojos; hacia ti, que habitas en los cielos.


2 Nuestros ojos están puestos en ti, Señor y Dios nuestro, como los ojos de los siervos y las siervas que miran atentos a sus amos y sus amas; ¡esperamos que nos muestres tu bondad!


3 Muéstranos tu bondad, Señor; ¡muéstranos tu bondad! ¡Ya estamos cansados de que nos desprecien!


4 ¡Ya estamos cansados de tantas burlas por parte de quienes todo lo tienen! ¡Cansados de que los soberbios nos menosprecien!.

Salmos 124

1 Cántico gradual. De David. 1 Si el Señor no hubiera estado de nuestro lado —que lo reconozca el pueblo de Israel—,


2 si el Señor no hubiera estado de nuestro lado cuando todo el mundo se levantó contra nosotros,


3 nos habrían tragado vivos, pues su furia contra nosotros los quemaba;


4 ¡nos habrían arrastrado como una inundación!, ¡nos habrían sepultado como un torrente!,


5 ¡nos habrían ahogado como aguas impetuosas!


6 ¡Bendito sea el Señor, que no nos dejó caer en sus fauces!


7 ¡Escapamos como escapa el ave de la red! ¡La red se abrió, y nosotros escapamos!


8 Nuestra ayuda viene del Señor, creador del cielo y de la tierra.

Salmos 125

1 Cántico gradual. 1 Los que confían en el Señor son semejantes al monte Sión, que jamás se mueve, que siempre está en su lugar.


2 Son también semejantes a Jerusalén que está rodeada de montes: ¡la protección del Señor rodea a su pueblo desde ahora y para siempre!


3 Jamás se impondrá el cetro de los impíos sobre el país de los justos, para que los justos no caigan en la maldad.


4 Señor, bendice a los que hacen el bien, a los que son de recto corazón.


5 Pero castiga, Señor, a los que se apartan de ti; ¡recházalos junto con los malhechores! ¡Que haya paz en Israel!

Salmos 126

1 Cántico gradual. 1 Cuando el Señor nos haga volver a Sión, nos parecerá estar soñando.


2 Nuestra boca se llenará de risa; nuestra lengua rebosará de alabanzas. Entonces las naciones dirán: «¡El Señor ha hecho grandes cosas por éstos!»


3 Sí, el Señor hará grandes cosas por nosotros, y eso nos llenará de alegría.


4 Señor, ¡haz que volvamos de nuestra cautividad, y que corramos libres como los arroyos del desierto!


5 ¡Haz que los que siembran con lágrimas cosechen entre gritos de alegría!


6 ¡Que los que entre sollozos esparzan la semilla, vuelvan alegres trayendo sus gavillas!.

Salmos 127

1 Cántico gradual. De Salomón. 1 Si el Señor no edifica la casa, de nada sirve que los edificadores se esfuercen. Si el Señor no protege la ciudad, de nada sirve que los guardias la vigilen.


2 De nada sirve que ustedes madruguen, y que se acuesten muy tarde, si el pan que comen es pan de sufrimiento, y el Señor da el sueño a los que él ama.


3 Los hijos son un regalo del Señor; los frutos del vientre son nuestra recompensa.


4 Los hijos que nos nacen en nuestra juventud son como flechas en manos de un guerrero.


5 ¡Dichoso aquél que llena su aljaba con muchas de estas flechas! No tendrá de qué avergonzarse cuando se defienda ante sus enemigos.

Salmos 128 

1 Cántico gradual. 1 ¡Dichosos todos los que honran al Señor! ¡Dichosos los que van por sus caminos!


2 ¡Dichoso serás, y te irá bien, cuando te alimentes del fruto de tu trabajo!


3 En la intimidad de tu casa, tu esposa será como una vid con muchas uvas; alrededor de tu mesa tus hijos serán como retoños de olivo.


4 Así bendice el Señor a todo aquel que le honra.


5 ¡Que el Señor te bendiga desde el monte Sión! ¡Que veas en vida el bienestar de Jerusalén!


6 ¡Que llegues a ver a tus nietos! ¡Que haya paz en Israel!

Salmos 129

1 Cántico gradual. 1 Muchas han sido mis angustias desde mi juventud... —que lo reconozca el pueblo de Israel—,


2 Muchas han sido mis angustias desde mi juventud, pero no lograron vencerme.


3 Sobre mis espaldas pasaron los arados y me dejaron profundas huellas,


4 pero el Señor, que es justo, me libró de las ataduras de los malvados.


5 ¡Que huyan avergonzados todos los que odian a Sión!


6 ¡Que sean como la hierba en el tejado, que se marchita y nunca crece,


7 que no alcanza a llenar la mano del segador, ni jamás llega a formar un manojo!


8 Que nunca le digan los que pasan: «¡Que el Señor los bendiga! ¡Nosotros los bendecimos en el nombre del Señor!».

Salmos 130

1 Cántico gradual. 1 A ti clamo, Señor, desde el fondo de mi angustia.


2 ¡Escucha, Señor, mi voz! ¡Que no se cierren tus oídos al clamor de mi súplica!


3 Señor, si te fijaras en nuestros pecados, ¿quién podría sostenerse en tu presencia?


4 Pero en ti hallamos perdón, para que seas reverenciado.


5 Señor, toda mi vida he esperado en ti, y he confiado en tus promesas.


6 Yo te espero, Señor, con toda el alma, como esperan los centinelas la mañana, como esperan los vigilantes el nuevo día.


7 Israel, confía en el Señor, porque el Señor es misericordioso; ¡en él hay abundante redención!


8 El Señor salvará a Israel de todos sus pecados.

Salmos 131

1 Cántico gradual; de David. 1 Señor, mi corazón no es vanidoso, ni son altaneros mis ojos; no busco realizar grandes proezas, ni hazañas que excedan a mis fuerzas.

2 Me porto con mesura y en sosiego, como un niño recién amamantado; ¡soy como un niño recién amamantado, que está en brazos de su madre!

3 Israel, ¡confía en el Señor desde ahora y para siempre!.

Salmos 132

1 Cántico gradual. 1 Señor, acuérdate de David y de sus muchas aflicciones;

2 acuérdate, Poderoso de Jacob, de la promesa que te hizo, cuando dijo:

3 «No voy a refugiarme en mi casa, ni voy a entregarme al descanso;

4 no me permitiré un momento de sueño, ni pegaré los ojos para dormirme,

5 hasta que el Señor, el Poderoso de Jacob, tenga un lugar digno dónde residir.»

6 En Efrata oímos hablar del arca, y la hallamos en los campos del bosque.

7 ¡Vamos! ¡Entremos en el santuario! ¡Arrodillémonos ante el estrado de sus pies!

8 ¡Ven, Señor, a tu lugar de reposo! ¡Ven, con tu arca poderosa!

9 ¡Que tus sacerdotes se revistan de justicia, y que se alegre el pueblo que te es fiel!.

10 Puesto que amas a tu siervo David, no le des la espalda, que es tu elegido.

11 El Señor le hizo a David un juramento, del cual no va a retractarse: «A tus hijos los pondré en tu trono,

12 si ellos obedecen mi pacto. Yo les enseñaré mis testimonios, y también sus hijos y descendientes te sucederán en el trono para siempre.»

13 El Señor eligió a Sión, y decidió establecer allí su santuario.

14 «En este lugar viviré para siempre; aquí es donde quiero establecer mi trono.

15 Multiplicaré el alimento de mi pueblo, para que los pobres se sacien de pan.

16 Los sacerdotes se cubrirán de triunfo, y el pueblo del Señor cantará de alegría.

17 Allí renacerá el poder de David, y mantendré encendida la lámpara de mi elegido.

18 A sus enemigos los dejaré confundidos, pero la corona de David mantendrá su esplendor.»

 

Salmos 133

1 Cántico gradual. De David. 1 ¡Qué bueno es, y qué agradable, que los hermanos convivan en armonía!.

2 Es como el buen perfume que resbala por la cabeza de Aarón, y llega hasta su barba y hasta el borde de sus vestiduras.

3 Es como el rocío del monte Hermón, que cae sobre los montes de Sión. Allí el Señor ha decretado para su pueblo bendición y vida para siempre.

Salmos 134

1 Cántico gradual. 1 Ustedes todos, siervos del Señor, que por las noches vigilan su templo, ¡bendigan al Señor!.

2 ¡Levanten las manos hacia el santuario y bendigan al Señor!.

3 ¡Que te bendiga desde Sión el Señor, creador del cielo y de la tierra!.

Salmos 135

1 Aleluya. 1 ¡Alabado sea el nombre del Señor! ¡Que lo alaben todos sus siervos,

2 los que sirven en el templo del Señor, los que están en los atrios de nuestro Dios!.

3 ¡Alaben al Señor, porque él es bueno! ¡Canten salmos a su nombre, por su bondad!.

4 El Señor eligió a Jacob como su propiedad; hizo que Israel fuera su propio pueblo.

5 Yo sé bien que el Señor nuestro Dios es grande, ¡que es más grande que todos los dioses!

6 El Señor hace todo lo que él quiere, en los cielos y en la tierra, en los mares y en los abismos profundos.

 

7 Desde lo más remoto de la tierra hace que las nubes se levanten, envía los relámpagos que acompañan la lluvia, y abre las puertas para que salgan los vientos.

8 A los primogénitos egipcios les quitó la vida; lo hizo con los hombres y con las bestias.

9 Allí en Egipto, al faraón y a sus siervos les advirtió con prodigios y señales.

10 El Señor destruyó a muchas naciones, y les quitó la vida a reyes poderosos:

11 a Sijón, rey de los amorreos; a Og, rey de Basán; y a todos los reyes cananeos.

12 Todo el territorio que esos reyes habitaban se lo dio en propiedad a su pueblo Israel.

13 Señor, tu nombre es eterno; por todas las generaciones serás recordado,

14 porque tú, Señor, defiendes a tu pueblo y te compadeces de tus siervos.

15 Los dioses de los paganos son de oro y plata, y están hechos por la mano del hombre.

16 Tienen boca, pero no hablan; tienen ojos, pero no ven;

17 orejas tienen, pero no oyen, y en sus labios no hay aliento de vida.

18 Iguales a ellos son quienes los fabrican, y todos los que ponen su confianza en ellos.

19 Ustedes los israelitas, ¡bendigan al Señor! Ustedes los sacerdotes, ¡bendigan al Señor!

20 Ustedes los levitas, ¡bendigan al Señor! Ustedes temerosos del Señor, ¡bendigan al Señor!

21 ¡Bendito sea desde Sión el Señor, que habita en Jerusalén! ¡Aleluya!.

Salmos 136

1 ¡Alabemos al Señor, porque él es bueno! ¡Su misericordia permanece para siempre!.

 

2 Alabemos al Dios de dioses; ¡su misericordia permanece para siempre!.

3 Alabemos al Señor de señores; ¡su misericordia permanece para siempre!.

4 El Señor hace grandes maravillas. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

5 El Señor creó los cielos con sabiduría. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

6 El Señor extendió la tierra sobre las aguas. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

7 El Señor formó las grandes lumbreras. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

8 El Señor hizo el sol para dominar en el día. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

9 Y la luna y las estrellas para dominar en la noche. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

10 El Señor hirió de muerte a los primogénitos egipcios. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

11 El Señor sacó de Egipto a los israelitas. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

12 Lo hizo con mano fuerte y brazo extendido. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

13 El Señor partió en dos el Mar Rojo. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

14 El Señor hizo pasar por él a Israel. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

15 El Señor sepultó en el Mar Rojo al faraón y a su ejército. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

16 El Señor condujo a su pueblo por el desierto. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

17 El Señor hirió de muerte a grandes reyes. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

18 El Señor les quitó la vida a reyes poderosos. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

19 A Sijón, el rey de los amorreos. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

20 También a Og, el rey de Basán. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

21 Esas tierras se las dio en propiedad a su pueblo. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

22 Fueron la herencia de su pueblo Israel. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

23 El Señor se acuerda de nosotros cuando estamos abatidos. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

24 El Señor nos libra de nuestros enemigos. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

25 El Señor alimenta a todos los seres vivos. ¡Su misericordia permanece para siempre!.

26 ¡Alabemos al Dios de los cielos! ¡Su misericordia permanece para siempre!.

Salmos 137

1 Junto a los ríos de Babilonia, Nos sentábamos a llorar al acordarnos de Sión.

2 Sobre los sauces de la ciudad colgamos nuestras arpas.

3 Los que nos capturaron, nos pedían que cantáramos. Nuestros opresores nos pedían estar contentos. Decían: «¡Canten algunos de sus cánticos de Sión!».

4 ¿Y cómo podríamos cantarle al Señor en un país extranjero?.

5 Jerusalén, si acaso llego a olvidarme de ti, ¡que la mano derecha se me tulla!.

6 Jerusalén, ¡que la lengua se me pegue al paladar, si acaso no llego a recordarte ni te pongo por encima de mis alegrías!.

7 Señor, recuerda lo que decían los edomitas el día que Jerusalén fue destruida: «¡Arrásenla, destrúyanla hasta sus cimientos!».

8 ¡También tú, Babilonia, serás arrasada! ¡Dichoso el que te dé tu merecido por todo el mal que nos hiciste!.

9 ¡Dichoso el que agarre a tus niños y los estrelle contra las rocas!.

Salmos 138

1 Salmo de David. 1 Te alabaré de todo corazón, y ante todos los dioses te cantaré salmos.


2 De rodillas, y en dirección a tu santo templo, alabaré tu nombre por tu misericordia y fidelidad, por la grandeza de tu nombre y porque tu palabra está por encima de todo.


3 Cuando te llamé, me respondiste, y mi alma desfallecida se llenó de vigor.


4 Señor, ¡que todos los reyes de la tierra te alaben al escuchar tu palabra!


5 ¡Que alaben tus caminos, Señor, porque grande, Señor, es tu gloria!


6 Tú, Señor, estás en las alturas, pero te dignas atender a los humildes; en cambio, te mantienes alejado de los orgullosos.


7 Cuando me encuentre angustiado, tú me infundirás nueva vida; Me defenderás de la ira de mis enemigos, y con tu diestra me levantarás victorioso.


8 Tú, Señor, cumplirás en mí tus planes; tu misericordia, Señor, permanece para siempre. Yo soy creación tuya. ¡No me desampares!

Salmos 139

1 Al músico principal. Salmo de David. 1 Señor, tú me has examinado y me conoces;


2 tú sabes cuando me siento o me levanto; ¡desde lejos sabes todo lo que pienso!


3 Me vigilas cuando camino y cuando descanso; ¡estás enterado de todo lo que hago!


4 Todavía no tengo las palabras en la lengua, ¡y tú, Señor, ya sabes lo que estoy por decir!


5 Tu presencia me envuelve por completo; la palma de tu mano reposa sobre mí.


6 Saber esto rebasa mi entendimiento; ¡es tan sublime que no alcanzo a comprenderlo!


7 ¿Dónde puedo esconderme de tu espíritu? ¿Cómo podría huir de tu presencia?


8 Si subiera yo a los cielos, allí estás tú; si me tendiera en el sepulcro, también estás allí.


9 Si levantara el vuelo hacia el sol naciente, o si habitara en los confines del mar,


10 aun allí tu mano me sostendría; ¡tu mano derecha no me soltaría!


11 Si quisiera esconderme en las tinieblas, y que se hiciera noche la luz que me rodea,


12 ¡ni las tinieblas me esconderían de ti, pues para ti la noche es como el día! ¡Para ti son lo mismo las tinieblas y la luz!


13 Tú, Señor, diste forma a mis entrañas; tú me formaste en el vientre de mi madre!


14 Te alabo porque tus obras son formidables, porque todo lo que haces es maravilloso. ¡De esto estoy plenamente convencido!


15 Aunque en lo íntimo me diste forma, y en lo más secreto me fui desarrollando, nada de mi cuerpo te fue desconocido.


16 Con tus propios ojos viste mi embrión; todos los días de mi vida ya estaban en tu libro; antes de que me formaras, los anotaste, y no faltó uno solo de ellos.


17 Dios mío, ¡cuán preciosos me son tus pensamientos! ¡Cuán vastos son en su totalidad!


18 Si los contara, serían más que la arena; si terminara de contarlos, tú aún estarías allí.


19 Dios mío, ¡quítales la vida a los malvados! ¡Aparta de mí a la gente violenta,


20 a esos enemigos tuyos que blasfeman y se burlan de ti!


21 Señor, tú sabes que odio a los que te odian, que mi enojo se enciende contra tus enemigos.


22 Son para mí totalmente aborrecibles; ¡los considero mis peores enemigos!


23 Señor, examina y reconoce mi corazón: pon a prueba cada uno de mis pensamientos.


24 Así verás si voy por mal camino, y me guiarás por el camino eterno.

Salmos 140

1 Al músico principal. Salmo de David. 1 Señor, líbrame de los malvados; ¡protégeme de los violentos!


2 Esa gente siempre está tramando el mal, y no hay un día en que no busque pleito.


3 Su lengua es aguda como de serpiente; sus labios destilan veneno mortal.


4 Señor, ¡protégeme de la gente malvada! ¡Líbrame de la gente violenta, que quiere hacerme caer!


5 Son gente soberbia, que me tiende trampas; gente que a mi paso pone redes con la intención de hacerme tropezar.


6 Yo, Señor, declaro que tú eres mi Dios; ¡dígnate, Señor, prestar oído a mi súplica!


7 Tú, Señor mi Dios, eres mi poderoso salvador; ¡tú me proteges en el día de la batalla!


8 ¡No permitas, Señor, que triunfen los malvados! ¡Frustra sus planes! ¡Que no se sientan superiores!


9 En cuanto a los malvados que me rodean, ¡que su propia maldad los destruya!


10 ¡Que caigan sobre ellos carbones encendidos! ¡Que sean arrojados al fuego! ¡Que caigan en un foso profundo y no vuelvan a salir!


11 ¡Que esos mentirosos no afiancen su poder! ¡Que el mal alcance y derribe a los violentos!


12 Yo sé que tú, Señor, defiendes a los pobres y les haces justicia a los afligidos.


13 Por eso los hombres justos y rectos alaban tu nombre y vivirán en tu presencia.

Salmos 141

1 Salmo de David. 1 Señor, a ti clamo; ¡ven pronto a mí! ¡Escúchame cuando te llame!


2 ¡Recibe mi oración como ofrenda de incienso, y mis manos levantadas como ofrenda de la tarde!


3 Señor, pon un vigilante en mi boca; ¡ponle un sello a mis labios!


4 No dejes que mi corazón caiga en la maldad, ni me dejes cometer actos inicuos, ni que me junte con los malvados y participe en banquetes de malhechores.


5 Que el hombre honrado me castigue, será un acto de misericordia, pero no quiero que sobre mi cabeza se derrame el perfume de los malvados. En mis oraciones pido sin cesar que reprendas sus malas acciones,


6 que sus gobernantes sean despeñados, y que hagan caso de la verdad de mis palabras.


7 Nuestros huesos se dispersan a la orilla del sepulcro como se dispersa la tierra tras los surcos que deja el arado.


8 Por eso, Señor y Dios, mis ojos te buscan. En ti confío. ¡No me desampares!


9 Protégeme de las trampas que los malvados arman y tienden contra mí.


10 ¡Hazlos caer en sus propias trampas, y permíteme ponerme a salvo!.

Salmos 142

1 Masquil de David. Oración que hizo cuando estaba en la cueva. 1 Con mi voz clamo al Señor; con mi voz le pido su misericordia.


2 En su presencia expongo mi queja; en su presencia expreso mi angustia.


3 Cuando estoy por rendirme, tú, Señor, sabes por dónde debo ir. En mi camino me han tendido trampas.


4 Miro a un lado y me doy cuenta de que a nadie le intereso; refugio no tengo, y a nadie le importo.


5 Señor, yo clamo a ti, porque tú eres mi única esperanza; ¡eres todo lo que tengo en esta vida!


6 ¡Atiende mi queja, porque estoy desesperado! ¡Líbrame de los que me persiguen, pues en fuerzas me superan!


7 ¡Líbrame de la angustia que me oprime, y así podré alabar tu nombre! Así me rodearán los hombres honrados al ver que me has tratado con bondad.

Salmos 143

1 Salmo de David. 1 Señor, escucha mi oración atiende a mi súplica. Tú eres justo y fiel; ¡respóndeme!


2 Pero no me juzgues con dureza, pues ante ti nadie puede justificarse.


3 Mi enemigo me ha perseguido con saña; ha puesto mi vida por los suelos. Me hace vivir en tinieblas, como los muertos.


4 Mi espíritu está totalmente deprimido; tengo el corazón totalmente deshecho.


5 Cuando evoco los días de antaño, y me acuerdo de tus grandes proezas y pienso en todo lo que has hecho,


6 elevo mis manos hacia ti, pues tengo sed de ti. ¡Soy como tierra seca!


7 Señor, ¡respóndeme, que mi espíritu se apaga! ¡No te escondas de mí, o seré contado entre los muertos!


8 Muéstrame tu misericordia por la mañana, porque en ti he puesto mi confianza. Muéstrame el camino que debo seguir, porque en tus manos he puesto mi vida.


9 Señor, líbrame de mis enemigos, pues tú eres mi refugio.


10 Tú eres mi Dios; enséñame a hacer tu voluntad, y que tu buen espíritu me guíe por caminos rectos.


11 Señor, por tu nombre, vivifícame; por tu justicia, líbrame de la angustia;


12 por tu misericordia, acaba con mis enemigos; ¡destruye a los que atentan contra mi vida, porque yo soy tu siervo!

Salmos 144

1 Salmo de David. 1 ¡Bendito seas, Señor, mi roca! Tú me entrenas para la batalla; fortaleces mis manos para el combate.


2 Tú eres mi castillo de misericordia, mi fortaleza, mi libertador; eres mi escudo, y en ti me refugio; ¡tú haces que los pueblos se sometan a mí!


3 Señor, ¿qué son los mortales para que te preocupes por ellos? ¿Qué son los seres humanos para que los tome en cuenta?


4 Los mortales son una ilusión pasajera; su vida pasa como una sombra.


5 Señor, inclina los cielos y desciende; toca los montes y hazlos humear.


6 Dispersa con tus relámpagos a mis enemigos, lanza contra ellos tus dardos de fuego, y confúndelos;


7 extiende tu mano desde las alturas, y rescátame del mar, porque me ahogo; líbrame del poder de esos extraños


8 cuya boca dice cosas sin sentido y cuyo poder es un poder falso.


9 Señor, voy a dedicarte un canto nuevo; lo cantaré al son del arpa y del salterio.


10 Tú eres quien da la victoria a los reyes; tú libras de la espada a tu siervo David.


11 ¡Rescátame! ¡Líbrame del poder de gente extraña, cuya boca dice cosas sin sentido y cuyo poder es un poder falso.


12 Que nuestros hijos, en su juventud, crezcan como plantas vigorosas. Que nuestra hijas sean hermosas como las columnas labradas de un palacio.


13 Que nuestros graneros se llenen y rebosen con toda clase de grano. Que nuestros ganados en el campo se multipliquen por cientos y miles.


14 Que nuestros bueyes resistan el trabajo. Que no nos tomen por asalto ni nos lleven cautivos, ni haya pánico en nuestras calles.


15 ¡Dichoso el pueblo que tiene todo esto! ¡Dichoso el pueblo cuyo Dios es el Señor!


Salmos 145

1 Salmo de alabanza; de David. 1 Te exaltaré, mi Dios, mi Rey; por siempre y siempre bendeciré tu nombre.


2 Todos los días te bendeciré, por siempre y siempre alabaré tu nombre.


3 Grande es el Señor, y digno de suprema alabanza; su grandeza es inescrutable.


4 Todas las generaciones celebrarán tus obras, y darán a conocer tus grandes proezas.


5 Hablarán de tu gloria y majestad, y yo proclamaré tus hechos maravillosos.


6 Reconocerán el poder de tus sublimes obras, y yo daré a conocer tu grandeza.


7 Divulgarán el recuerdo de tu inmensa bondad, y a grandes voces dirán que tú eres justo.


8 El Señor es compasivo y lleno de ternura; lento para la ira y grande en misericordia.


9 El Señor es bueno con todos, y se compadece de toda su creación.


10 Señor, ¡que toda tu creación te alabe! ¡Que te bendiga todos tus fieles!


11 ¡Que proclamen la gloria de tu reino! ¡Que den a conocer tu poder!


12 ¡Que conozcan todos tus hechos poderosos y la gloriosa majestad de tu reino!


13 Tu reino es un reino de todos los siglos; tu dominio durará por todas las generaciones.


14 Tú, Señor, levantas a los que tropiezan, y reanimas a los que están fatigados.


15 Todos fijan en ti su mirada, y tú les das su comida a su tiempo.


16 Cuando abres tus manos, colmas de bendiciones a todos los seres vivos.


17 Tú, Señor, eres justo en todo lo que haces, y todo lo haces con misericordia.


18 Tú, Señor, estás cerca de quienes te invocan, de quienes te invocan con sinceridad.


19 Tú respondes a las peticiones de quienes te honran; escuchas su clamor, y los salvas.


20 Tú, Señor, proteges a los que te aman, pero destruyes a los malvados.


21 Señor, mis labios proclamarán tu alabanza. ¡Que la humanidad entera bendiga tu santo nombre desde ahora y hasta siempre!

Salmos 146

1 Aleluya. 1 Alaba, alma mía, al Señor.


2 Mientras yo viva, alabaré al Señor; todos los días de mi vida le cantaré salmos.


3 No pongan su confianza en los poderosos, ni en ningún mortal, porque no pueden salvar.


4 El día que mueren, vuelven a la tierra, y ese mismo día todos sus planes se acaban.


5 ¡Dichosos los que confían en el Dios de Jacob, los que cuentan con la ayuda de Dios, el Señor!


6 El Señor creó los cielos y la tierra, y el mar y todos los seres que contiene. El Señor siempre cumple su palabra;


7 hace justicia a los oprimidos, y da de comer a los que tienen hambre. El Señor da libertad a los cautivos,


8 y les devuelve la vista a los ciegos; El Señor levanta a los caídos; y ama a los que practican la justicia.


9 El Señor protege a los extranjeros y sostiene a las viudas y a los huérfanos, pero tuerce el camino de los malvados.


10 El Señor reinará por siempre; ¡Sión, el Señor es tu Dios eterno! ¡Aleluya!.

Salmos 147

1 1 ¡Aleluya! ¡Cuán bueno es cantar salmos a nuestro Dios! ¡Cuán grato y hermoso es alabarlo!


2 El Señor reconstruye a Jerusalén, y hace volver a los israelitas desterrados.


3 El Señor reanima a los descorazonados, y sana sus heridas.


4 El Señor creó todas la estrellas del cielo, y a cada una le puso nombre.


5 Nuestro Señor es grande y poderoso, y su sabiduría no tiene límite.


6 El Señor exalta a los humildes, y humilla hasta el polvo a los malvados.


7 ¡Cantemos alabanzas al Señor! ¡Cantemos salmos a nuestro Dios al son del arpa!


8 El Señor cubre de nubes los cielos, y hace que llueva sobre la tierra; El Señor hace crecer la hierba de los montes;


9 da de comer a los ganados, y también a los polluelos de los cuervos, cuando piden.


10 El Señor no se deleita en los caballos briosos, ni se complace en la agilidad de los jinetes;


11 El Señor se complace en los que le honran, y en los que confían en su misericordia.


12 Jerusalén, ¡alaba al Señor! Sión, ¡alaba a tu Dios!


13 El Señor refuerza los cerrojos de tus puertas, y bendice a los que habitan dentro de tus muros.


14 El Señor mantiene en paz tus fronteras, y te sacia con lo mejor del trigo.


15 El Señor envía su palabra a la tierra, y sus órdenes se cumplen de inmediato.


16 Cae la nieve como copos de lana, y la escarcha se esparce como ceniza.


17 Deja caer las piedrecillas de granizo; y a causa del frío todo se congela.


18 Pero da otra orden, y el hielo se derrite; sopla el viento, y las aguas vuelven a correr.


19 El Señor comunicó a Jacob, que es Israel, sus estatutos y sus sentencias.


20 No hizo lo mismo con ninguna otra nación; nadie más conoció sus mandamientos. ¡Aleluya!.

Salmos 148

1 Aleluya. 1 ¡Alabado sea el Señor desde los cielos! ¡Alabado sea el Señor en las alturas!


2 ¡Que alaben al Señor todos sus ángeles! ¡Que alaben al Señor todos sus ejércitos!


3 ¡Que alaben al Señor el sol y la luna! Que alaben al Señor las estrellas refulgentes!


4 ¡Que alaben al Señor los cielos de los cielos, y las aguas que están sobre los cielos!


5 ¡Alabado sea el nombre del Señor! El Señor dio una orden, y todo fue creado.


6 Todo quedó para siempre en su lugar; el Señor dio una orden que no se debe alterar.


7 Que alaben al Señor, desde la tierra, los monstruos marinos y el mar profundo;


8 el fuego y el granizo, la nieve y el rocío, y el viento tempestuoso que ejecuta su palabra;


9 los montes y las colinas, los árboles frutales y los cedros,


10 los animales salvajes y los domésticos, los reptiles y los pájaros,


11 los reyes de la tierra y todos los pueblos, todos los jefes y gobernantes de la tierra,


12 los jóvenes y las doncellas, los ancianos y los niños.


13 ¡Alabado sea el nombre del Señor! ¡Sólo su nombre merece ser exaltado! ¡Su gloria domina los cielos y la tierra!


14 ¡Que alaben al Señor todos sus fieles! ¡Que lo alabe Israel, su pueblo cercano! ¡El Señor ha dado poder a su pueblo! ¡Aleluya!.

Salmos 149

1 Aleluya. 1 ¡Canten al Señor un cántico nuevo! ¡Alábenlo en la comunidad de los justos!


2 ¡Que Israel se alegre en su creador! ¡Que los hijos de Sión se regocijen por su Rey!


3 ¡Que dancen en honor a su nombre! ¡Que le canten al son de arpas y panderos!


4 El Señor se complace en su pueblo, y bendice a los humildes con su salvación.


5 ¡Que se alegren sus fieles por su triunfo! ¡Que salten de alegría allí, en su lecho!


6 ¡Que exalten a Dios a voz en cuello mientras agitan en sus manos las espadas!


7 ¡Que se venguen de todas las naciones! ¡Que castiguen a todos los pueblos!


8 ¡Que sujeten a sus reyes con grilletes, y a sus jefes con cadenas de hierro!


9 ¡Que ejecuten en ellos la sentencia escrita! Esto será motivo de alegría para los fieles. ¡Aleluya!.

Salmos 150

1 Aleluya. 1 ¡Alabado sea Dios en su templo! ¡Alabado sea en la majestad del firmamento!


2 ¡Alabado sea por sus proezas! ¡Alabado sea por su imponente grandeza!


3 ¡Alabado sea el Señor al son de trompetas! ¡Alabado sea el Señor con salterio y arpa!


4 ¡Alabado sea al ritmo del pandero! ¡Alabado sea con flautas e instrumentos de cuerda!


5 ¡Alabado sea con campanillas sonoras! ¡Alabado sea con campanillas jubilosas!


6 ¡Que todo lo que respira alabe al Señor! ¡Aleluya!.




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